miércoles, 31 de marzo de 2010

SÓLO NADA

Después de todas las batallas liberadas,
Todas las canciones cantadas
Y las ilusiones apiladas;
Este corazón, tanto que por ti ha sufrido,
Tanto que por ti ha latido
Y, ¿qué ha conseguido?

No supiste valorar lo que te di;
Así como aposté, ¡todo lo perdí!
Todo lo que gané, fue sólo nada…
El desprecio de la mujer por tanto tiempo amada
Tu belleza sin igual cayó en la mano equivocada.

Nadie como yo te ha conocido,
Nadie, a tu corazón, ha comprendido.
Aunque por tu orgullo no lo hayas aceptado,
El velo de tu indiferencia he razgado
Y la barrera de tus miedos he derrumbado.

Solo hay un miedo que no te pude arrancar
Y que tú tampoco quisiste superar:
No quisiste darme la oportunidad
De demostrarte que podría darte felicidad.

Pero no juzgo tu decisión,
Solo pido de tu parte comprensión;
Pido el cariño que una vez me diste
Y la amistad que tú me prometiste…
Si es que para eso no tienes objeción,
Niña ¡reina de mi corazón!

Y si aún así quieres cambiar de decisión
Y quiere correr el riesgo tu corazón,
Solo hazme una pequeña señal
Y comencemos el ritual
Para convertir este sueño en algo real.

De: David Martínez

PENSAMIENTO LATERAL Y ACERTIJOS (SOLUCIONES)

Yo no sé si sea la edad, o las numerosas tareas que tengo que realizar a diario (Sarcasmo), pero he notado que últimamente se me van las cabras al monte a pastar, y eso que por lo regular no hay mucho de donde pastar en los montes. He estado tentado a tomar medidas más drásticas al respecto, más que solo poner un recordatorio en mi celular, o repetirme mentalmente varias veces lo que tengo que hacer para recordarlo, o incluso pedirle a alguien con buena memoria que me recuerde mis pendientes… más bien, debería amarrarme un hilito al dedo meñique ¿no creen?

Y ustedes dirán: “¿Y toda esta letanía para qué?”
Y yo les diré: “yo sabré lo que escribo, es mi blog ¿no?”
Y ustedes dirán: “¡muchacho majadero!”
Y yo les diré: si no les gusta, vayan a leer otro blog (pero me arrepentiré en cuanto lo diga, por que de por sí tengo pocos seguidores y corriéndolos…)”
Y ustedes dirán: “¡ajá! Esto se lo sacó de la familia peluche, cuando Adela Micha Conduce el programa Bigpeluche y pronuncia un diálogo parecido.”
Y yo les diré: “así es, está divertido ¿no?”
Y entonces nos reconciliaremos.

Pero, ¿qué iba a escribir? Ah, ya: la idea era publicar los resultados de los acertijos planteados hace algunos días. Y es que, como decía, se me había olvidado publicarlos.

Así que, si aún no los han leído o no los han tratado de resolver, y tienen ganas o curiosidad de hacerlos, dejen de leer esta entrada y busquen la que se llama “pensamiento lateral y acertijos” que se encuentra en las etiquetas “Críticas constructivas” o en “El mundo de hoy”.

Luego de leer dicha entrada y de resolver los acertijos a su juicio, entonces regresen a este y lean los resultados comparándolos con los suyos, y comprueven qué tan inteligentes son.

Luego dejen sus comentarios al respecto, porque, como dije el lunes, y ahora agravo mi amenaza: Al que entre, y no comente, le echo al perrito chihuahua tuerto del amigo Aquiles Jesús (y para los amigos Aquiles Jechu).

Así que, aquí están los resultados:

1. LO QUE DIJO EL REO: El reo dice: "Me vais a matar en la silla eléctrica". Y piensan los verdugos: si es verdad lo que ha dicho, no podemos matarlo en la silla eléctrica, puesto que esta forma de ejecución habíamos quedado en reservarla para el caso de que mintiera. Pero, por otra parte, si lo matamos en la horca, habrá mentido en su afirmación, así que tampoco podemos matarlo en la horca porque esta forma de matarlo era para el caso de que dijera la verdad.

2. LA MONEDA MAS PESADA DE TODA LA DOCENA: Jacinto separa las monedas en tres conjuntos de cuatro monedas cada uno. Coloca cuatro monedas en un plato y cuatro en el otro. Las otras cuatro monedas las deja sobre la mesa. Si los dos platos de la balanza se equilibran quiere decir que la moneda falsa es una de las cuatro de la mesa. En cambio si uno de los platos pesa mas que el otro, es éste el que tiene la falsa moneda. En la primera pesada, pues, averigua en cual de los tres conjuntos de cuatro monedas está la moneda falsa. La segunda pesada la hace colocando dos de esas cuatro monedas en uno de los platos y las otras dos monedas en el otro, con lo que logra averiguar en qué conjunto de solo dos monedas está la falsa. La última pesada, evidentemente, la hará colocando esas dos monedas una en cada plato. La que pese más es la falsa.

3. LAS PEINETAS DE LA FERIA: Si la tercera niña dijo "no, no puedo", se deduce ya que las dos niñas que estaban delante no tenían ambas peineta blanca, pues entonces hubiera deducido que la suya habría de ser roja, ya que solo hay dos blancas. Así que, una de tres, la primera era blanca y la segunda roja, o la primera era roja y la segunda blanca o las dos primeras eran rojas. Pero al preguntarle a la niña segunda dijo "yo tampoco puedo". Esto quiere decir que la primera, que es la única peineta que ve, no era blanca, porque entonces hubiera deducido que la suya era roja. Por tanto la primera de las tres niñas, al oír la segunda respuesta, supo ya que la peineta que llevaba sobre su cabeza era roja.

4. LAS ETIQUETAS: Supongamos que, por ejemplo, la primera caja tiene etiqueta de "bolígrafos", la segunda "grapas" y la tercera "lápices". Si el empleado abre, pongamos por caso, la primera caja, "bolígrafos" y ve que contiene grapas, ya sabe que la segunda, con la etiqueta "grapas", es la de los lápices y la tercera, con la etiqueta "lápices" es la de los bolígrafos, pues todas las etiquetas estaban erróneamente colocadas.

5. CON LOS RELOJES DE ARENA: Ponemos a vaciar simultáneamente los dos relojes de arena. Cuando se termine de vaciar el de 5 quedará tres minutos todavía al de 8. Le damos la vuelta al de 5 inmediatamente, con lo que cuando termine el de 8, es decir, cuando hayan pasado 8 minutos, habrán transcurrido tres en el de 5, por lo que, inmediatamente le damos la vuelta al de 5 para que termine dentro de tres minutos, que sumados a los 8 minutos medidos en el reloj de 8, son los 11 minutos que se pretendían medir.

6. REPARTIR LOS OCHO LITROS: El tonelero llenó la jarra de 3 e, inmediatamente, pasó su contenido a la jarra de 5. Luego volvió a llenar la jarra de 3 litros, con lo cual en la jarra de 8 ya solo quedaban dos litros. Empezó a añadir el contenido de la jarra de 3 al contenido de la jarra de 5, y le sobró exactamente un litro que quedó en la jarra de 3. Los cinco litros contenidos en la jarra de 5 los pasa a la jarra de 8, que contendrá ahora 7 litros, y el litro que permanece en la jarra de 3 lo pasa a la jarra de 5. Finalmente, desde los 7 litros de la jarra de 8 llena la jarra de 3 y añade su contenido a la jarra de 5, que como contenía un litro, ahora contendrá 4 litros, mientras en la jarra de 8 también quedan 4 litros.

7. LAS CANICAS: Juan tenía 5 y Raúl tenía 7.

8. EL BOCATA COMPARTIDO: Las 20 pesetas del fondo no hay que sumarlas, sino restarlas. No falta dinero, pues han pagado 270 pesetas menos 20, o, sea, 250 pesetas, por el bocata, y las otras 20 pesetas quedaron en el fondo.

9. PROBLEMA DEL PASO DEL RÍO: Debe pasar primero a la cabra y dejarla en la otra orilla. A continuación, volver a por el lobo y dejarlo también en la otra orilla, pero regresando a buscar el arbusto volviendo a traerse a la cabra, para que el lobo no la mate. Dejará la cabra en la orilla inicial y se llevará al arbusto que dejará en la otra orilla junto al amigo lobo. No queda sino regresar a recoger de nuevo a la cabra.

10. LA CESTA DE LOS HUEVOS: 59 huevos


¿Cuántos lograron resolver correctamente?

Cumplido mi deber con mis lectores intelectuales, ahora estaré más tranquilo. Ya sé porqué no podía dormir durante estas semanas. Ojalá los disfruten.

lunes, 29 de marzo de 2010

¡HASTA PARA ROBAR SON MALETAS!

Era un hermoso día soleado de… bueno, no recuerdo la estación del año, pero debió de ser hermoso el día. Yo era uno más de los estudiantes de aquella secundaria que aún permanece en mis recuerdos, y cursaba segundo año de dichos estudios. Aquel día, dentro de nuestro horario de clases estaba Educación Física (Patéticamente llamada por el programa de educación en nuestro maravilloso país, porque, en la mayoría de las escuelas, ni es educación, ni tampoco son ejercicios que verdaderamente desarrollen el físico del alumno, y no me refiero a que sea un equivalente a un gimnasio, pero ¡por favor! La mayoría de los maestros que las imparten trabajan su medio turno de educadores, y el otro de ingenieros de reubicación de tierra (albañiles)).

Ahora bien, para que se entienda el contexto de esta anécdota, he de aclarar que yo no participaba en dicha clase debido a mi supuesta falta de capacidades, puesto que es muy complicado para mí realizar los intrincados movimientos corporales a los que son sometidos los alumnos (sarcasmo). Por lo cual, comúnmente esperaba la clase entera sentado en una banca de la zona del patio principal de la escuela, donde mis demás compañeros se esforzaban por cumplir con las altas exigencias del mentor. Y claro, poniendo en la balanza si prefería explicar y demostrarle al profesor que yo sí podía realizar dichos ejercicios, o bien, quedarme una clase entera echando flojera, comprenderá el lector que no iba a desperdiciar tan buena oportunidad (insisto: Los ciegos somos tontos… ¿eeeh?).

Ah, ahora recuerdo la fecha del año en que se desarrollaron los acontecimientos que voy a narrar: debió de ser algún día durante el invierno, por que, como verá el lector a continuación, yo permanecí dentro del salón ese día debido a que me era difícil mantenerme a la intemperie y conservar el calor corporal sin hacer ningún movimiento para lograrlo… entonces no era un día soleado ni tan bonito…

Cómo iba a imaginar lo que sucedería a continuación: El silencio era absoluto, bueno, con excepción de los intermitentes gritos que procedían de algún lugar lejano dentro de la misma escuela. Yo repasaba algunos apuntes de clases pasadas (créanlo o no, me gustaba aprovechar aquel tiempo para leer mis notas sobre clases que verdaderamente eran de mi interés como Matemáticas, Física elemental, o incluso Química). Cuando, de pronto, alguien entró sigilosamente en el salón.

Claro, no era nada extraño que de vez en cuando alguien entrara en busca de algún objeto personal olvidado en su mochila, o bien alguna compañera que tenía la necesidad de ir al baño, y a falta de papel en los sanitarios de “damas”, venían por un poco. Aún así, algo me decía que esa no era una de aquellas ocasiones. Quien fuera que hubiera entrado, venía con un propósito diferente, y lo noté en seguida porque, ni tardo ni perezoso/a, comenzó a registrar desesperadamente las mochilas del lado opuesto del salón al que yo me encontraba.

Cuando vi, porque yo todo lo veo, (sé lo que están pensando, pero no sean cerrados, entiendan la metáfora) que ya era la tercer mochila que esculcaba, me decidí a intentar algo y le pregunté:
“¿Quién eres?”
“Soy del otro grupo, pero vine por algo que me prestó Paola pero ya me voy”, estúpidamente me contestó. Y efectivamente, acto seguido salió del salón.

Cuando regresaron todos mis compañeros yo no quise comentar nada, y no por idiota o cobarde, sino porque, si efectivamente era como me había dicho el extraño, No habría problema; pero si no, y yo me atrevía a acusar a alguien, el primer sospechoso –obviamente—sería yo, debido a que era el único que se quedaba en el salón en aquella clase. Por lo tanto decidí permanecer expectante: si alguien echaba de menos algún objeto personal, y yo fuera el acusado como seguramente sucedería, entonces entraría en defensa; de lo contrario el asunto quedaría ahí.

Como me lo temía, una compañera no encontró su dinero en el lugar donde lo había dejado, y la acusación contra mi persona, mi integridad, mi moral, etc, no se hizo esperar. Jmmm
Todo mundo me tachaba de ladrón, de aprovechado, de patán, y otros adjetivos un poco más subidos de tono que no plasmaré por respeto al lector y a mi blog. Había llegado la hora de mi defensa, aunque claro, tenía todo en mi contra ¿quién me iba a creer que alguien entró con pretexto de tomar algo prestado, cuando el único que se quedaba en el salón sin quien lo vigilara era yo?

El maestro pidió hablar conmigo en una clase posterior, y me llevó aparte. Me dijo que yo siempre le había parecido un alumno ejemplar, tranquilo, respetuoso, inteligente, etc, pero que había un problema... ¡Pfff! Entonces lo interrumpí, porque la verdad me da mucha flojera los rodeos y le dije que ya sabía lo que quería hablar conmigo. Únicamente le expresé con convicción que no era yo la persona a la que estaba buscando, que yo sabía quien había sido, pero no estaba en posición de acusar a nadie así como así. Y apelé al César (bueno bueno, al sistema de justicia de la escuela).

Debido a mis esfuerzos durante todo el tiempo que estuve en la escuela, yo era un alumno respetado y querido por los maestros, mis calificaciones eran buenas, y nunca habían tenido queja mía de ninguna especie (aunque hacía travesuras, nunca se enteraban los maestros). Así que la primera en defenderme fue la trabajadora social, coloquialmente llamada “la triny”, puesto que su nombre de pila era Trinidad. Ella me dijo que confiaba en que yo no lo había hecho, pero que si le podía ayudar a atrapar al culpable. Entonces dudé: El Sistema de justicia de la escuela integrado por la trabajadora social, las prefectas, los coordinadores y en dado caso el director mismo, no contaba con un sistema de protección de testigos eficiente; así que si yo acusaba a alguien, probablemente mi integridad estaría en serio peligro.

Además había otro problema: aunque yo sabía quién era la que me había contestado (sí, era mujer), no tenía la absoluta certeza, por que no tenía mucho tiempo de haberse cambiado a nuestro grupo, y aún no me familiarizaba del todo con su voz. En efecto, decidí no acusar a nadie y dejar que las cosas cayeran por su propio peso. La trabajadora social –como dije antes—me defendió, y puesto que no se encontraron pruebas contundentes de mi supuesta culpabilidad, se me exoneró, pero me tuvieron bajo la lupa los compañeros por buen tiempo.

En fin, ¿qué creen que pasó escasas dos semanas después? Atraparon a la misma de quien yo sospechaba robándose otras cosas de otra mochila, y fue expulsada de la escuela. Ya sabrán, todos mis compañeros me pedían perdón por haberme acusado sin fundamentos, y por haber desconfiado de mí.

Moraleja:
Si vas a ser una mala persona, ¡no seas maleta y hazlo bien!

***

Pasando a otros temas y antes de terminar, solo quiero advertirles algo: me he encontrado con la constante de que muchos entran sin dejar huella de su presencia, así que solo deseo hacer una atenta pero firme advertencia:
a todo al que entre y no deje comentario, ¡le dejo ir a mi perrito chihuahua!

Dejando claro eso, me voy. ¡Y ya les dije! (el autor sale asotando la puerta)

viernes, 26 de marzo de 2010

VISIÓN DE COLORES TÁCTILES

Hoy quisiera compartir con ustedes algo que descubrí hace ya algunas semanas y que me pareció por demás interesante. Tardé algún tiempo en decidirme a escribirlo debido a que tenía la intención de investigar más al respecto, y encontrar información que respaldara y explicara ampliamente Mi teoría(aparentemente esto no es nada nuevo, yo ya había escuchado algo al respecto pero en primera instancia creí que era brujería). Sin embargo, aparentemente hay pocos avances en la investigación de esta… capacidad, por decirlo de alguna forma, o, por el contrario, es nula o pobre mi habilidad para encontrar dicha información.

En fin, les platico lo sucedido:
Me encontraba tranquilamente caminando el día de autos (dícese de “un día cualquiera”) junto a mi madre, cuando, al ir palpando los pedazos de paredes, y secciones de barandales, enrejados, portones, etc que tenía a mi alcance, percibí algo que me llamó la atención.

Comencé a preguntarle a mi progenitora los colores de cada cosa, al principio; y luego de las primeras comparaciones, empecé a aventurarme y decir de qué color era cada cosa, y dicho sea de paso, lo hacía acertadamente.

Apartir de entonces, se empezaron a realizar investigaciones al respecto en el Centro de Investigaciones y estabilización del ciego (CEINESCI), ubicado en… mi casa (suya también). El personal de dicho centro está integrado por… mi (suyo también), y cuenta también con aportaciones de amigos y familiares, por lo cual es gente instruída para profundizar en dichos temas.

¿a qué me refiero? Los resultados que han arrojado las indagaciones, muestran que los colores pueden identificarse de forma abstracta por medio del tacto. Es decir, se pueden diferenciar los colores claros de los oscuros valiéndonos de sentir el calor que retienen o que reflejan los objetos.

Lo explico más ampliamente: Los objetos expuestos directamente al calor, y más específicamente a la luz solar, tienen diferentes reacciones:
A) En el caso de los objetos de colores oscuros (obviamente este fenómeno es más evidente en el color negro), retienen el calor, lo que provoca que se calienten rápidamente.
B) Por el contrario, en el caso de los objetos con colores claros, reflejan la luz solar, y por lo tanto, se mantienen fríos o tibios al tacto.

Ahora bien, sucede algo sobresaliente en el caso opuesto: Si dichos objetos se encuentran a la sombra, es decir, que no reciban directamente el calor del sol, ocurre lo siguiente:
A) Los colores oscuros se mantienen fríos al tacto.
B) Y en el caso de los colores claros, su temperatura es tibia, mucho menos fría que los colores oscuros. (Recuerden, esto solo sucede en el caso de que no reciban directamente el calor del sol.)

Interesante ¿no? Por supuesto es un método sujeto a equivocaciones; depende mucho de la temperatura del ambiente y de las circunstancias. Si un objeto de color claro está expuesto directamente durante mucho tiempo al calor del sol junto con un o de color oscuro, será sumamente difícil diferenciarlos.

De aquí en adelante, si van caminando por la calle, y ven a alguna persona palpando como un ciego las paredes, autos, barandales, portones, postes, anuncios, etc, que se encuentren a su alcance sin ningún motivo aparente, ¿qué quiere decir?
Simple: que leyeron el blog de David, y están poniendo a prueba su teoría.

Les informamos a todos nuestros lectores que, para su beneplácito, se siguen llevando a cabo las investigaciones correspondientes para perfeccionar esta técnica. Y ultimadamente, si les da igual si se investiga o no, sépase que yo no opino lo mismo.

Con su permiso, paso a retirarme, tengo más cosas que hacer… ¿o no?

Que quede constancia de que esto ha sido

miércoles, 24 de marzo de 2010

EL "DESPERTAR" DE UNA NOCHE DE VERANO III

-Oye, ¿Cómo viste a Rodrigo, no lo notaste extraño? --Preguntó Diego a Paula con un dejo de interés mal disimulado--.
-La verdad no sé, yo estaba más preocupada por ocultar mi nerviosismo…
-Pues lo hiciste muy bien. Me sorprendió la tranquilidad con la que lo saludaste y platicaste con él. Yo creo que él estaba más nervioso, y... sigo pensando que su actitud no era normal.

Mientras se desarrollaba esta conversación, Diego y Paula caminaban tranquilamente por la explanada de una plaza pública. Los sucesos ocurridos durante aquellos recientes días, tenían a ambos muy pensativos. Ahora Paula se sentía confundida; era obvio que ella también había notado algo diferente en Rodrigo, pero no estaba segura a qué atribuírselo.

Por su parte, Diego estaba seguro de que Rodrigo tenía algo en mente, y podría apostar a que el interés de Rodrigo hacia Paula había aumentado a raíz de la carta recibida, y del rompimiento con su novia. Además, estaba Mauro y su confesión por supuesto... pero había algo más que lo inquietaba: Paula era una amiga muy querida, la conocía de varios años atrás y la estimaba mucho, así que le importaba la decisión que fuera a tomar. Pero... ¿era únicamente por el cariño que le tenía?

Al día siguiente Diego se encontró con Mauro y, por supuesto, el tema que Diego temía no tardó en surgir:
-¿Y qué hay de nuevo, has hablado con Paula? -preguntó Mauro.
-Ehh... sí, de hecho ayer estuve con ella. Por cierto, te mandó saludar.
-Que bien… Y qué tal, ¿todavía no ves algún cambio en ella?
-No, en realidad todo parece igual, o al menos esa impresión me dio. Creo que es mejor que esperaras un poco más, que siguieras siendo su amigo hasta que ella se sienta más atraída hacia ti, por lo pronto no te precipites. Claro, es lo que yo opino.
-Si, tienes razón. Es difícil estar con ella y no poder expresarle lo que siento, pero creo que es lo mejor por lo pronto. Pero tú síguele hablando bien de mí, ¿eh?
-Claro, tú de eso no te preocupes.
Por el rostro de Diego cruzó una sombra imperceptible para Mauro, y no dijo nada más del tema.

Aquel domingo había quedado de salir con Mauro para divertirse y pasar un buen rato, pero la tarde le pareció eterna. Cuando al fin regresó a su casa, no perdió un minuto y se dirigió al teléfono para llamarle a Paula:
-¿Hola? -respondió ella al tercer tono.
-¿Paula?
-¿Si?
-Hola, habla Diego. ¿Cómo estás?
-Bien, gracias. Estoy terminando algunos pendientes, ¿y tú?
-No me quejo. Acabo de regresar de con Mauro, fuimos al Auto-show, tú sabes, cosas de hombres. Por cierto, le di tus saludos, y él también te manda saludar.
-Ah, muchas gracias. Qué bueno que se divirtieron, --Diego esbozó una sonrisa irónica—yo me la pasé ocupada todo el día.
-Mmm, pobre de ti. ¿Y sigues ocupada? ¿Te interrumpo?
-No, para ti siempre tengo tiempo. Además ya terminé lo que estaba haciendo. ¿Por qué, quieres hablar?
-Bueno, no exactamente, en realidad te quería invitar a tomar un café el miércoles, y entonces sí platicar.
-Perfecto, me parece buena idea. También yo quería hablar contigo, no hemos tenido mucho tiempo...”
Diego hizo un gesto extraño-Si, ya sé de qué quieres hablar. Y no te culpo.
-Bueno, sí es de la persona que estás pensando, pero no del tema que te imaginas.
-Ok, entiendo. Es de Rodrigo ¿cierto?
-Claro. Pero dejémoslo así, el miércoles te digo de qué se trata.
-De acuerdo. Entonces paso por ti como a las 6, ¿Está bien?
-Si muy bien. Nos vemos entonces. Cuídate.
-Igualmente, hasta el miércoles. Chao.
Y colgaron.

Al dejar la bocina sobre el aparato, Diego suspiró muy hondo y se quedó pensativo unos segundos. Su semblante reflejaba la angustia en su mente. ¿Qué era lo que tenía que hacer? La lucha que había en su interior no lo dejaba pensar con claridad. Al menos, tendría tres días para aclarar sus ideas... -¡Tres días! Serán eternos y cortos a la vez, -pensó desesperado.

Se fue a acostar por fin al dar las 12 de la noche, pero le fue imposible dormir bien. En su trabajo al siguiente día no mejoraron las cosas, y es que su concentración no era la misma aquella mañana, y por eso se ganó el reclamo de algunos compañeros por tareas mal realizadas, y de su jefe inmediato por la tardanza en finalizar algunas otras.

Para su fortuna, llegó la hora de almorzar, y él prefirió salir a comprar algo fuera de la oficina para despejarse. Al ir caminando rumbo a un establecimiento de comida rápida, sonó su celular, y se sobresaltó. Reponiéndose, lo tomó y contestó:
-¿Hola?
-Que onda amigo, soy Mauro, ¿cómo estás? ¿No te interrumpo?
Diego trató de que su voz sonara calmada y normal al contestar. Obviamente ya sabía quién era desde antes de responder la llamada, pero aprovechó el tono sobresaltado de su voz para darle un aire de sorpresa. -Hola. No te preocupes, estoy en la hora del almuerzo. ¿Porqué, necesitas algo?
-Bueno en realidad solo quería platicarte algo.
-Dime, mientras compro algo.
-De acuerdo. Lo que sucede es que… ya he tomado una decisión, y te lo quise comentar, pues porque eres mi amigo, y para que me digas que opinas. Tal vez no cambie la decisión, pero aún así me interesa saber lo que piensas: mi intención es invitar a Paula a salir este miércoles, y de una vez por todas empezar a darle a entender lo que siento; y total, si se da el momento y el lugar, tal vez me sincere con ella. Quizás...
-Espera, ¿dijiste el miércoles? -lo interrumpió Diego impulsivamente.
-Ehh… sí, ¿por qué?
Entonces Diego se dio cuenta de lo que había hecho y rectificó: -No no, continúa. -Pateó una piedra mientras que con la mano libre se rascaba la cabeza.
-Bueno, es eso, quizás funcione. ¿O tú que crees?
-Bueno, es tu decisión. Yo en realidad no estoy muy seguro de que sea lo adecuado, pero si tú te sientes preparado y crees que ella pueda reaccionar bien, bueno... pudiera suceder.
Diego estaba muy incómodo con esa conversación, y lo denotaban sus constantes titubeos y evasivas.
-Te noto muy extraño, -replicó Mauro inquieto -¿te sucede algo?
-No es nada. Tal vez el estrés en la oficina, hoy ha estado pesado el trabajo. -No supo si su mentira sonaría convincente pero continuó —Hay veces que el jefe se levanta de malas, sobre todo los lunes.
-Está bien, trata de no inquietarte demasiado. -Tampoco estuvo seguro Diego de que su amigo se lo dijera por haberse tragado el cuento o por restarle importancia a su evasiva —Entonces, está dicho: el miércoles…
-Oye, ¿no crees que el miércoles es muy pronto? ¿Porqué no te esperas una o dos semanas más?
-Sí lo pensé, pero la verdad ya me cansé de esperar. Si va a funcionar, igual será el miércoles que dentro de dos semanas, y si no, así me puedo estar durante un mes y nada va a cambiar.
Diego sonrió irónicamente, de momento no supo que contestar, pero luego dijo: -Como quieras.
Entonces tuvo el presentimiento de que su vida no volvería a ser la misma a partir de aquel momento. —Bueno, te dejo. Ya voy a comprar mi comida y tengo poco tiempo para comerla. Si quieres te marco en la noche.
-De acuerdo. De cualquier modo pensaba llamarle a Paula ahora mismo. Espero encontrarla en su oficina. Nos vemos luego.
-Adiós.
Diego no pudo evitar sentir un poco de remordimiento, pero tal vez ya no había mucho que hacer.

Mauro sabía que su amigo no era el mismo. Por alguna razón aquella llamada le había dejado un mal sabor de boca. Y lo peor era que no tenía idea de qué sucedía, o si de verdad pasaba algo. Pero ¿qué podría ser? ¿No era Diego su mejor amigo? -¿Entonces por qué rayos te preocupas? -Se preguntó regañándose por su desconfianza.
En aquel momento cruzó por su mente un rostro, y todo lo demás pasó a segundo plano. Tomó el teléfono y marcó. Esperó unos segundos y la voz de la mujer que deseaba escuchar le respondió: -Hola Mauro. ¿Cómo estás? Milagro que me llamas a mi trabajo.
Por supuesto Mauro se desconcertó por un segundo, pero era obvio que Paula reconoció su número en el identificador. -Hola niña. Pudiste haberme permitido cambiar las frases de identificación de costumbre… pero está bien. --ambos rieron suavemente —Y bueno, disculpa por no haberte hablado últimamente, solo que no me gusta interferir en el desarrollo de la empresa donde laboras entreteniéndote al teléfono en horas hábiles.
Volvieron a reír, y Mauro creyó haber iniciado con el pie derecho.
-Claro, sobre todo porque yo soy el conducto de tantos documentos trascendentales para esta empresa –replicó Paula satíricamente.
-Bueno, aunque voy a ser breve, espero no interrumpir ninguna transacción comercial de ámbito internacional que…
-¡Basta! –interrumpió Paula entre risas —En vez de utilizar tu habitual intrincado lenguaje, mejor dime para qué soy buena.
-Está bien, aunque ya me cortaste la inspiración. Te llamo solo para invitarte a tomar una nieve, o algo así, para que podamos platicar un rato. ¿Te parece?
-Si claro, suena bien, ¿Pero cuándo, hoy?
-No no, hoy es muy apresurado, y mañana yo tengo cosas que hacer en la noche. ¿Qué te parece el miércoles?
-Mmm… es que el miércoles ya tengo planes.
En cuanto escuchó eso, palabras sueltas tomaron forma de golpe en la cabeza de Mauro, y sintió nuevamente el aguijonazo cruel de la desconfianza.
-¿Con Diego?-Preguntó con recelo.
-S… sí, –titubeó de pronto Paula -¿Te lo dijo él?
-No exactamente –y su semblante se ensombreció —pero creo que ya lo sabía.
-¿Por qué? ¿Qué te dijo Diego?
-Nada… olvídalo. Entonces lo dejamos para después.
-Si claro, cuando tú quieras, el jueves o el viernes también estoy libre.
-Déjame ver. De cualquier modo yo te aviso luego. Ya me tengo que ir, tengo que completar unos contratos.
-Está bien, cuídate mucho, avísame cuándo quieres que salgamos.
-OK. Chao.

Mauro colgó el teléfono con otro humor completamente diferente que cuando lo había tomado para llamarla. Por supuesto que no era nada raro que Diego saliera a pasear con Paula puesto que eran muy buenos amigos. El problema radicaba en que Diego no le había comentado nada tan solo unos minutos antes, y aún más, lo inquietaba aquel titubeo al mencionarle el día en que pensaba invitar a Paula. ¿Por qué no simplemente dijo que ya tenía planes con ella? ¿Por qué no lo detuvo cuando le comentó que iba a llamar a Paula en ese momento para invitarla, y aún más, cuando le había confesado que había decidido declararle sus sentimientos?

Al llegar a su casa no se sintió mejor. Estaba muy inquieto y no encontraba cómo distraerse. Entró en su estudio y vio el foquito de la contestadora parpadeando: “3 mensajes nuevos” marcaba la pantalla. Por supuesto no debía de ser nada bueno. “Enfrenta tus miedos”, pensó Diego y pulsó el botón para escucharlos… el primero era de su hermana, lo invitaba a cenar el viernes a su casa. El segundo era de un compañero de la oficina encargándole que llevara unos pendientes al día siguiente. Y el último era de Paula: -Diego, soy Paula. Nada más te hablaba para confirmar lo del miércoles, y para preguntarte algo: hoy me llamó Mau…
-¡Rayos!.
-…ro, y me invitó a salir el mismo día, pero me dijo que había hablado contigo y que tú no le habías dicho nada. No sé, tal vez sea mi imaginación pero sentí como que había un problema entre ustedes. Mmm… bueno tal vez estoy exagerando pero él se quedó muy extraño cuando colgamos. Si puedes háblame.

Diego ya lo esperaba en cierto modo pero no pudo evitar sentirse más tenso todavía. No tuvo elección y decidió llamar a Paula. Platicaron brevemente, pues ya era noche y ambos tenían que levantarse temprano al día siguiente. Diego solo le confirmó el plan, y además le explicó que cuando Mauro le había llamado, él estaba algo ocupado y distraído y que no había prestado mucha atención a la conversación, pero que no era nada de lo que temía ella. Paula pareció conforme con la explicación, y se despidieron.

En aquellos dos días restantes Diego siempre tuvo el temor de recibir una llamada no deseada, cosa que nunca sucedió para su fortuna. Y al fin, el miércoles por la tarde, se apresuró a salir temprano de su oficina y dirigirse a casa de Paula para recogerla. Al llegar, ella ya lo estaba esperando. Juntos subieron al coche y se encaminaron a un restaurante muy “bonito y agradable”, según dijo Diego, al cuál la iba a invitar a cenar.

Efectivamente, al llegar, el restaurante fue del agrado de Paula, porque, además de bonito, era muy elegante, cosa que ella no se esperaba a tal grado. Tomaron su mesa y pidieron una bebida.
-Y bien, ¿De qué querías platicar? -Preguntó Paula intrigada.
-Bueno, es algo personal, pero mejor platícame tú primero que pasa con Rodrigo.
-De acuerdo, al fin que es algo muy simple. ¿Te acuerdas para qué te dije que le iba a entregar la carta?
-Ehh... bueno, creo que tu idea era desahogarte ¿no? Solo para sacarte la espina por decirlo así.
-Exacto. Yo creí que era una tontería, porque temía que en lugar de sacarlo de mi mente, en realidad solo me ilusionaría con alguna respuesta favorable de su parte, y entonces iba a ser peor. Pero increíblemente, funcionó.
-¿A qué te refieres?-Preguntó Diego sorprendiéndose a sí mismo por la excesiva emoción que sonó en su voz.
-Bueno, el otro día lo encontré en mi trabajo; parece que estaba haciendo algunos trámites porque su empresa realizó algunos servicios a la mía. Y claro, yo esperaba ponerme súper nerviosa y hacer el ridículo frente a él, sobre todo porque no tenía compañía. Pero en lugar de eso, de verdad, sentí que ya no me importaba, lo saludé, platiqué un momento con él de lo más normal, pero ya no fue lo mismo. Lo que creo es que ya pasó a la historia.
-¿De verdad? Bueno, me da gusto por ti, creo… de todos modos, ¿Eso es lo que querías no? ¿Olvidarlo?
-Si, yo buscaba resignación, porque sabía que no tenía oportunidad con él. Pero hay otro problema… Mmm, aunque no sé si deba decírtelo.
-¿Por qué? Sabes que puedes confiar en mí.
-Claro claro, no es eso. Es que temo que pienses mal de mí.
-Bueno, si asesinaste a alguien, tal vez llegue a tener mis reservas.
Ambos rieron espontáneamente, y Diego sintió liberarse un poco de la tención acumulada.
-Tonto… --No podía dejar de reírse-- ¡Claro que no! En realidad es algo menos grave, o al menos eso espero. Lo que sucede es que, acabo de olvidar a Rodrigo, pero…
-¿Qué?
-Está bien. Creo que estoy enamorada de otra persona.
Aquello fue algo completamente inesperado para Diego. Definitivamente no contaba con eso, y ahora no sabía ni qué pensar. Obviamente, su nerviosismo empeoró notablemente.
-¿En serio? Pero…
-Bueno, en realidad no estoy tan segura, pero eso creo al menos de principio.
-Y… ¿se puede saber de quién?
-¡Por supuesto que no! No hasta que tú me platiques cuál es tu situación.
-¡¡Pfff!!, no me hagas esto. –Diego había terminado por destrozar la servilleta con la que jugueteaba por debajo de la mesa, y ninguno de los dos había tocado siquiera su bebida. —Si no me platicas de quién se trata, yo no me voy a poder concentrar para platicarte mi asunto.
-¡Al contrario! –Replicó Paula, quien tampoco podía quedarse quieta con sus manos algo sudadas y temblorosas —Mejor que no te diga hasta después…

Entonces apareció el mesero con las cartas. No habían notado que sus bebidas estaban intactas, y rieron nerviosamente. Aún así, pidieron algo ligero para comer, prácticamente para despedir pronto al mesero.
-Ya estuvo bien de tonterías, quiero que me platiques que te pasa. -Lo instó Paula.
-Está bien. –Dijo con un gran suspiro. —Sucede que… bueno, debes entenderme, no sé si estoy haciendo lo correcto, así que será difícil para mí, pero de cualquier forma te lo diré: Yo también creo estar enamorado. Y el problema es que no sé si es la persona correcta o no.
-¿Qué? –Aquella era una noche de sorpresas. Paula tampoco tenía la menor idea de aquello y se ruborizó ligeramente. —Vaya, parece que he estado muy distraída con tantas cosas en mi cabeza, que ni lo había notado. Y supongo que me vas a chantajear para que yo te diga el nombre y luego tú me digas el tuyo ¿Verdad?
Rieron, pero visiblemente diferente, cada uno ocultaba su sentimiento con la risa.
-Sí, era el plan, pero puesto que lo has descubierto antes de ponerse en práctica, tendré que echar mano del plan B. Voy a tener que confesar.
-Bueno… adelante.
Paula estaba muy inquieta, y no lo disimulaba en lo más mínimo. Afortunadamente Diego no lo notaba, porque él estaba igual o peor. Tal vez este sea el momento cumbre de nuestra historia, cuando Diego, inclinándose hacia enfrente para acercarse a ella por encima de la mesa y tomando su mano helada dijo:
-¡Estoy enamorado de ti!