viernes, 14 de mayo de 2010

Crónica de una muerte estúpida

El 13 de mayo del presente año, sucedió un suceso que, en lo sucesivo, no estaba contemplado y que, por supuesto, no deja de ser sobresaliente.

Hallábame caminando por los intrincados callejones de nuestra, aunque fea, querida ciudad, cuando de repente escurrió una idea por mi cabeza abriéndose paso entre mis tormentosos pensamientos. Dicha idea fue intensificándose, hasta que, convirtiéndose en una necesidad imperiosa, tuve que ponerlo en práctica.

Así pues, me detuve al frente de un ostentoso portón de lo que supuse, era una lujosa casa, cuyos dueños debían estar atiborrados (o coloquialmente, “forrados”) de dinero. Misma razón por la cuál mi sentimiento fue más fuerte, decidiéndome así a realizar mi proyecto. Inmediatamente me puse en movimiento, y colocando mi cuerpo en posición erecta, procedí a pararme sobre las puntas de mis pies, y estirando, asimismo, mi mano derecha para lograr mi propósito, presioné el botón que, mediante un mecanismo eléctrico, produjo un sonido muy peculiar que indicaba a los amos de dicha casa que había una persona en las afueras de ésta y que tendrían que abrir la puerta.

Exactamente luego de haber logrado mi cometido, procedí a imprimir velocidad a mis movimientos, y, mediante el impulso de mis extremidades inferiores, alternándolas una después de la otra, me fui corriendo.

Definitivamente esto no fue del agrado de la señora que atendió a la puerta, y el lector lo entenderá cuando le relate lo siguiente: Al asomar ella su mirada, notó que la persona que había hecho sonar el timbre ya no estaba ahí, por lo cual procedió a asomarse por completo a la calle y, con dicho proceder, pudo descubrir mi paradero, luego de lo cual concluyó que yo había sido el culpable de haber interrumpido sus quehaceres y que, además, era por nada de importancia.

¡Imagínese, oh caro lector, su indignación! Emprendió una gran gritería, impeliendo numerosas expresiones peyorativas alusivas a su servidor, y la familia de éste.

Claro, era lógico que al ver el enrojecimiento de su rostro y escuchar los sonidos que brotaban abruptamente de su boca y que llegaban en ondas a mis oídos, cojiera mucho más miedo, e imprimiera mayor velocidad a mi andar, aunque nunca descubrí cómo lo logré.

Sin embargo, todavía ocurriría otra cosa: Al percibir toda aquella escandalería, procedí a inclinar levemente mi cabeza hacia mi lado izquierdo, favoreciendo la acústica y logrando así que las ondas del sonido producido por las cuerdas bucales de la señora llegaran más claramente a mis órganos auditivos. Debido a lo anterior, gran parte de mi atención que antes estaba concentrada en el camino que recorría a grandes velocidades, se vió atraída y distraída de su tarea primordial.

Entonces, unos metros más adelante, sucedió lo inevitable: Un poste de "material" (well, whatever that means) se interpuso entre el camino y yo. Ocurrióme entonces lo más desagradable que puede sucederle a un mortal como yo: la coalición fue brutal, devastadora.

Luego del cruel impacto, mi cuerpo se desplomó víctima de la ley de la gravedad, quedando de bruces en el suelo caliente de la acera. El sentido escapó, huyó despavorido de mi cabeza, y por consiguiente, de mi cuerpo entero. Entonces, no supe más de él.

¿Qué me sucedió? ¿Cómo es que ahora lo relato? Son preguntas que no contestaré específicamente, solo puedo decir que el título de la entrada es demasiado gráfico.

Continuará...

martes, 11 de mayo de 2010

El estrés en el trabajo

Esta mañana, luego de levantarme como de costumbre a las tantas de la madrugada y de tomar mi nutritivo desayuno rico en grasas y productos animales, procedí a dirigirme hacia mi ordenador para instalarme como es mi costumbre, frente a mi monitor apagado (sí, apagado, ¿qué objeto tendría el prenderlo?), he recibido un correo bastante peculiar, y procedo a compartírselos textualmente:

“OOOssssshhhhhhh!!!!!!!
Me aguanto, te juro que me aguanto. Pero a veces es imposible no desesperarme cuando una de mis compañeritas no deja el teléfono un solo segundo del día. Que ya le habló a su mamá a ver si ya viene a vender su meeeeen…cionado mole, que si ya llegó, que camino va a tomar, que si le entregaron el lonche a su hija, que cómo le fue a la niña en la escuela, ¿no te entregaron tu lonche? Deja le llamó a mi mamá, papá, hermana, esposo y hasta vecina para informarles que el encargo de entregarle el lonche a su “nena” no fue hecho hasta que el abuelito fue a la escuela a asegurarse de eso…. Y ya dejando ese tema… EL CHISME DEL DÍA y una recopilación de los de la semana, criticar a dos que tres familiares, que hicieron esto, aquello, descripción completa de diálogos, expresiones faciales, ademanes… en tal caso yo haría así o asá. AAh! Y para rematar, repetirle tooooooda la misma historia a la jefa. Entonces llamarle de nuevo a la mamá: ¿ya llegates a la casa? ¿quién vino por ti? ¿cómo te fue? ¿cuánto vendites? (aunque ya sabe, puesto que bajó a verla mientras vendía), ¿cómo está mi hija? ¿ya comió? (el show del lonche no bastó?), etc., etc., etc.
Uuuffff!!!! Tres segundos después de por fin desocupar el teléfono, otra compañera lo toma y la historia se repite… Gracias a Dios que hoy no vino la más “querida” de todas ellas…
Weno, ya me siento mejor, gracias por escuchar. Que buena idea, mejor te lo voy a escribir que platicártelo por teléfono o al llegar… así me desahogo súper bien y no te sientes mal porque levante la voz debido a mi indignación (lo siento, pero te suele ocurrir).
Gracias, Bye.
Atte.***”

No tengo la más mínima idea de quién rayos proceda este enigmático correo. Pero, me alegró el día. Aún así, ando rastreando la identidad del remitente. Si tienen algunas ideas para identificarlo, háganmelas saber a la brevedad.

domingo, 9 de mayo de 2010

Mi fin de semana. ¿Me da una pellizcada de... de nalga por favor? Y diuna vez, una de bubi

Yo que ustedes, dejaría de leer inmediatamente esta entrada. Pero si continúan, aquí hay constancia de que se los advertí...

Hace aproximadamente 3 horas, me fui caminando con mi hermana y un amigo a Villasunción. Durante el camino, no sucedió nada.

Llegamos al mencionado centro comercial, y procedimos a poner nuestras asentaderas en una banquita muy coqueta. Entonces, una hora después, me paré para estirarme, y mi hermana me palpó o más bien me apretujó, me torteó, etc, la nalga izquierda, abarcándola casi totalmente con su mano (ella dice que me iba a agarrar el brazo y que no se fijó... juzguen ustedes).

Luego de otra media hora, nos paramos y nos venimos caminando de regreso.

Le metí el pie dos veces a mi hermana, motivo por el cual ella me pellizcó una bubi... Acto seguido, me saqué un moco y se lo aventé a un niño que venía a mi derecha.

Este extrabruto... digo, exabrupto, solo sirve para no ser el único que sufra dichas desdichas tan desdichadamente desdichadas, acaecidas al desdichado autor.

Caso de la vida real. Si quieren fotos de mi nalga apretada, contáctenmennn.

miércoles, 5 de mayo de 2010

LOS HERMOSOS OJOS VERDES de Patroclo

Pith Zahot:
¿Hacia dónde estás volteando, amor? Porque siento que no me estás MIRANDO.

Ariadna (VISIBLEMENTE sorprendida):
Pues hacia el frente, corazón, porque si no, nos caemos… ¿no VES que yo soy tus OJOS?

Pith Zahot (meditando):
"Mentirosa, bien sé hacia dónde está VIENDO. Pero no puedo decir nada, porque entonces la contrariada sería ella..."

Ariadna (interrumpiendo los pensamientos de aquel):
¿Por qué te has quedado tan pensativo, cariño?

Pith Zahot:
No es nada, pensaba en la dicotomía entre el cielo y el infierno.

Ariadna:
Amor, pero si sabes que el infierno como lo pintan no existe… habla y dime en qué pensabas.

Pith Zahot (con un suspiro):
De acuerdo: pensaba en que sé exactamente hacia qué rumbo iba tu MIRADA cuando te lo pregunté.

Ariadna (con un tono burlesco):
Pero tú ni VES… ¿Cómo rayos ibas a saber hacia dondeMIRABA?

Pith Zahot:
No, pero mi instinto me lo indicó infaliblemente.

Ariadna:
¿De verdad? Y según tu “instinto”, ¿hacia donde MIRABA, pues?

Pith Zahot:
¿Para qué decirlo? Solo te molestarás más… de acuerdo, de acuerdo, no me VEAS así, te lo diré: estabas VIENDO a Patroclo directamente a sus OJAZOS VERDES.

Ariadna (todavía más sorprendida e incómoda):
¡Pero tú ni VES! ¿Cómo sabes eso?

Pith Zahot (con la misma calma que le caracteriza):
Por favor, no soy estúpido. Hace ya tiempo que lo observas, sé que te gusta su MIRADA y sobre todo esos OJOS VERDES tan VISTOSOS.

Ariadna (algo ruborizada):
Pero… pero… ¿cómo puedes tú saber eso? ¿Quién te ha dicho semejante cosa?

Pith Zahot:
Eso no importa, lo que importa es que hasta ahora no lo has negado, y que tú sola me estás confirmando algo que solo era una ligera sospecha.

Ariadna:
¡Claro que no! Yo solo…

Pith Zahot (perdiendo la calma):
¡Ya basta! No me digas más, no me trates de VER la cara y no lo niegues ahora, amor. Ambos sabemos que esa pregunta de “¿qué tiene él que no tenga yo?” sería estúpida. ¡Acéptalo! Adoras sus OJOS VERDES.

Ariadna (con la MIRADA baja):
Lo siento, de verdad lo lamento. Es que… yo te quiero a ti, pero al VER sus hermosos OJOS VERDES... no pude evitar MIRARLOS y luego se volvió un vicio; no podía dejar de alimentarme de la luz de sus hermosos OJOS VERDES y de su MIRADA tan triste y tan encantadora que me llena el alma, que me hace vibrar, que me estremece cuando la VEO, que me mueve el suelo, que…

Pith Zahot:
¡Respira mujer, respira! ¡No tienes qué echarme en cara todas sus bellezas OCULARES!

Ariadna (luego de tomar estrepitosamente el aire):
Pero no te enojes conmigo… o qué, ¿estás celoso? ¿Es eso? ¿Ahora resulta que eres celoso e inseguro? ¿Me vas a hacer una escenita? ¿VES moros con tranchetes?

Pith Zahot (ya muy molesto pensó):
“¡Yo no VEO nada!" –Y luego dijo-- ¿Y por qué no? ¡Tú sabes que nunca lo he sido, pero si hay algo contra lo que no puedo luchar y perfectamente pudiera celar a mi chica es precisamente por esto! ¿Cómo puedo yo saber cuándo estás VIENDO los OJOS de otro hombre? ¿Cómo saber qué es lo que te gusta de la MIRADA de aquel que vas VIENDO y MIENTRAS tranquilamente sigues caminando al lado de este tonto que no te puede ofrecer absolutamente nada al respecto? ¡Nunca te he celado hasta ahora! ¡Gané tu corazón a pulso, con todas mis cualidades te fui enamorando hasta que llegaste a ser para mí por mis méritos! ¡Luché contra todo lo que te ofrecían todos los demás y vencí, me gané tu corazón! –Luego, bajando el tono y visiblemente más triste que enfadado prosiguió—Y ahora resulta que te fijas en LOS HERMOSOS OJOS VERDES de Patroclo.

No importa, amada mía, vete con él y déjame aquí si es lo que quieres. Luego VEREMOS qué es lo que sí tengo yo, que no tenga él.

lunes, 3 de mayo de 2010

Rebuznante redundancia

Estoy algo confundido: aún recuerdo perfectamente aquellos lejanos días de mi juventud en los que yo creía que el amor era algo perfectamente bioquímico, y que incluso me dí a la tarea de investigar un artículo que lo explicara en palabras entendibles para todos nosotros. Sin embargo, ahora mi confusión radica en que, esta mañana, al rebisar mi abandonada vandeja de entrada de mi servidor de correo electrónico, encuentro numerosos mensajes con promesas de amor eterno a cambio del reenvío de algunos correos con información perfectamente inútil para los usuarios de esta herramienta. Pero, si por el contrario, borras dichos mensajes sin compartirlos con determinada cantidad de contactos, serás maldecido con la mala suerte en el amor por x cantidad de años…

Aaaagh, traté de decirlo de forma educada y agradable, pero no puedo más: ahora resulta que he acumulado un total de 5,872 años de mala suerte en el amor (me puse a sumar todos los años que tenía cada mensaje…). En serio, camaradas, mánden mensajes con alguna utilidad, ¿de acuerdo? (“El mundo no cambiará, deja de hacerte ilusiones”. –Mí mismo, nota mental--)

*****

Dejando de lado este intempestivo inicio, a falta de algo mejor como introducción, les platico que ayer por fin tuve la dicha de mover el bote luego de mi larga ausencia en las fiestas que se celebran con ese propósito. Sí, hasta terminé bailando banda, pasito duranguense, y algo de tambora… cosa que jamás creí que haría, y no por chocante, sino por mis nulas habilidades.

Estuvimos en un sencillo salón de fiestas, que más que salón era jardín, aunque tenía el aspecto de un cuartito tirándole a parque, solo que con un enrejado que le daba un ligero toque acogedor al aire libre que denotaba su simple e intrincado decorado…

Era pequeño aunque amplio, con una pista de baile más bien reducida pero grande, al tamaño aproximado del promedio.

Así y todo, fuimos felices. Yo fui acompañado de mi hermana y un íntimo amigo de la familia, quien no decidió siquiera zapatear en su mismo lugar; sí, quemémoslo: el señor no se dignó ni a bailar los ojos durante toda la fiesta. Y aún así, lo quiero aunque lo odio… ¿comienzo con mis rodeos de nuevo?

Yo por mi parte, me sentía como bolsa de papas del tamaño familiar –y no por presumir, luego verán las razones—porque me rolaban entre todos, o mejor dicho todas, no bailé con hombres porque sí soy chocante en cuanto a eso.

Ahí me topé con varias amigas que no había visto (frases literales, me topé porque me dí un cabezaso con ellas al bailar de mala manera, y también es cierto que no las he visto aún…), y además me las encontré luego de un largo tiempo sin poder saludarlas y platicar con ellas; de ahí la razón de que me rolaran entre todas para bailar.

Así las cosas. Disfruté mucho de la tarde/noche de ayer. Pero si están pensando que este es un post con buenos ánimos, que por fin estoy contento luego de muchas entradas agrias y amargosas en las que el limón me hacía caras al chuparlo, están rotundamente equivocados: este escrito tiene como objeto el echarles en cara que yo disfruté de una fiesta ayer y ustedes no, que bailé con numerosas chamacotas de buen ver y ustedes no, que hice el ridículo sin que me diera pena por ello y ustedes no… y si sí, platíquenmelo y aquí nos peleamos para ver cuál fue el mejor.

Y por si fuera poco esta explicación para demostrarles que sigo siendo el enemigo público de siempre, les cuento otra cosa: en cuanto puse pie en mi casa, fui regañado por los administradores de la misma. No digo que fue una gritería y una pelea aguerrida, aunque tampoco fue leve, solo que era agresiva con tintes suaves, luego de lo cual me dí cuenta de que no hubo tal… ¿podeis creerlo? ¡Regañarme por llegar a las 10:30 de la nocturna noche!

¿Alguien tiene una fórmula especial para hacer frente al enfado que provocan los padres en edades páusicas (sea andro o meno…)? Claro, aparte del ya popular “ignóralos”, porque sé por experiencia propia que eso no funciona.

Listo, leyeron mi basura de calidad, porque como me acaba de decir mi estimado Danielov: “no donde quiera se consigue basura de calidad hoy día.” Y luego agregó: “[pero] si me decepciona y me sale con cualquier mediocridad de basura, yo sí le pego.” Entonces, adelante. Solo un favor: ¡en la cara no, que de eso vivo!

Y ya, antes de que aparezca el conocido “publicado por” y entonces ¡puf!, esfumarme, nada más quiero llamar su atención al mencionado pie: les presento mi nueva y renovada recién estrenada identidad (espero no haber sido muy redundante de nuevo…).