-Oye, ¿Cómo viste a Rodrigo, no lo notaste extraño? --Preguntó Diego a Paula con un dejo de interés mal disimulado--.
-La verdad no sé, yo estaba más preocupada por ocultar mi nerviosismo…
-Pues lo hiciste muy bien. Me sorprendió la tranquilidad con la que lo saludaste y platicaste con él. Yo creo que él estaba más nervioso, y... sigo pensando que su actitud no era normal.
Mientras se desarrollaba esta conversación, Diego y Paula caminaban tranquilamente por la explanada de una plaza pública. Los sucesos ocurridos durante aquellos recientes días, tenían a ambos muy pensativos. Ahora Paula se sentía confundida; era obvio que ella también había notado algo diferente en Rodrigo, pero no estaba segura a qué atribuírselo.
Por su parte, Diego estaba seguro de que Rodrigo tenía algo en mente, y podría apostar a que el interés de Rodrigo hacia Paula había aumentado a raíz de la carta recibida, y del rompimiento con su novia. Además, estaba Mauro y su confesión por supuesto... pero había algo más que lo inquietaba: Paula era una amiga muy querida, la conocía de varios años atrás y la estimaba mucho, así que le importaba la decisión que fuera a tomar. Pero... ¿era únicamente por el cariño que le tenía?
Al día siguiente Diego se encontró con Mauro y, por supuesto, el tema que Diego temía no tardó en surgir:
-¿Y qué hay de nuevo, has hablado con Paula? -preguntó Mauro.
-Ehh... sí, de hecho ayer estuve con ella. Por cierto, te mandó saludar.
-Que bien… Y qué tal, ¿todavía no ves algún cambio en ella?
-No, en realidad todo parece igual, o al menos esa impresión me dio. Creo que es mejor que esperaras un poco más, que siguieras siendo su amigo hasta que ella se sienta más atraída hacia ti, por lo pronto no te precipites. Claro, es lo que yo opino.
-Si, tienes razón. Es difícil estar con ella y no poder expresarle lo que siento, pero creo que es lo mejor por lo pronto. Pero tú síguele hablando bien de mí, ¿eh?
-Claro, tú de eso no te preocupes.
Por el rostro de Diego cruzó una sombra imperceptible para Mauro, y no dijo nada más del tema.
Aquel domingo había quedado de salir con Mauro para divertirse y pasar un buen rato, pero la tarde le pareció eterna. Cuando al fin regresó a su casa, no perdió un minuto y se dirigió al teléfono para llamarle a Paula:
-¿Hola? -respondió ella al tercer tono.
-¿Paula?
-¿Si?
-Hola, habla Diego. ¿Cómo estás?
-Bien, gracias. Estoy terminando algunos pendientes, ¿y tú?
-No me quejo. Acabo de regresar de con Mauro, fuimos al Auto-show, tú sabes, cosas de hombres. Por cierto, le di tus saludos, y él también te manda saludar.
-Ah, muchas gracias. Qué bueno que se divirtieron, --Diego esbozó una sonrisa irónica—yo me la pasé ocupada todo el día.
-Mmm, pobre de ti. ¿Y sigues ocupada? ¿Te interrumpo?
-No, para ti siempre tengo tiempo. Además ya terminé lo que estaba haciendo. ¿Por qué, quieres hablar?
-Bueno, no exactamente, en realidad te quería invitar a tomar un café el miércoles, y entonces sí platicar.
-Perfecto, me parece buena idea. También yo quería hablar contigo, no hemos tenido mucho tiempo...”
Diego hizo un gesto extraño-Si, ya sé de qué quieres hablar. Y no te culpo.
-Bueno, sí es de la persona que estás pensando, pero no del tema que te imaginas.
-Ok, entiendo. Es de Rodrigo ¿cierto?
-Claro. Pero dejémoslo así, el miércoles te digo de qué se trata.
-De acuerdo. Entonces paso por ti como a las 6, ¿Está bien?
-Si muy bien. Nos vemos entonces. Cuídate.
-Igualmente, hasta el miércoles. Chao.
Y colgaron.
Al dejar la bocina sobre el aparato, Diego suspiró muy hondo y se quedó pensativo unos segundos. Su semblante reflejaba la angustia en su mente. ¿Qué era lo que tenía que hacer? La lucha que había en su interior no lo dejaba pensar con claridad. Al menos, tendría tres días para aclarar sus ideas... -¡Tres días! Serán eternos y cortos a la vez, -pensó desesperado.
Se fue a acostar por fin al dar las 12 de la noche, pero le fue imposible dormir bien. En su trabajo al siguiente día no mejoraron las cosas, y es que su concentración no era la misma aquella mañana, y por eso se ganó el reclamo de algunos compañeros por tareas mal realizadas, y de su jefe inmediato por la tardanza en finalizar algunas otras.
Para su fortuna, llegó la hora de almorzar, y él prefirió salir a comprar algo fuera de la oficina para despejarse. Al ir caminando rumbo a un establecimiento de comida rápida, sonó su celular, y se sobresaltó. Reponiéndose, lo tomó y contestó:
-¿Hola?
-Que onda amigo, soy Mauro, ¿cómo estás? ¿No te interrumpo?
Diego trató de que su voz sonara calmada y normal al contestar. Obviamente ya sabía quién era desde antes de responder la llamada, pero aprovechó el tono sobresaltado de su voz para darle un aire de sorpresa. -Hola. No te preocupes, estoy en la hora del almuerzo. ¿Porqué, necesitas algo?
-Bueno en realidad solo quería platicarte algo.
-Dime, mientras compro algo.
-De acuerdo. Lo que sucede es que… ya he tomado una decisión, y te lo quise comentar, pues porque eres mi amigo, y para que me digas que opinas. Tal vez no cambie la decisión, pero aún así me interesa saber lo que piensas: mi intención es invitar a Paula a salir este miércoles, y de una vez por todas empezar a darle a entender lo que siento; y total, si se da el momento y el lugar, tal vez me sincere con ella. Quizás...
-Espera, ¿dijiste el miércoles? -lo interrumpió Diego impulsivamente.
-Ehh… sí, ¿por qué?
Entonces Diego se dio cuenta de lo que había hecho y rectificó: -No no, continúa. -Pateó una piedra mientras que con la mano libre se rascaba la cabeza.
-Bueno, es eso, quizás funcione. ¿O tú que crees?
-Bueno, es tu decisión. Yo en realidad no estoy muy seguro de que sea lo adecuado, pero si tú te sientes preparado y crees que ella pueda reaccionar bien, bueno... pudiera suceder.
Diego estaba muy incómodo con esa conversación, y lo denotaban sus constantes titubeos y evasivas.
-Te noto muy extraño, -replicó Mauro inquieto -¿te sucede algo?
-No es nada. Tal vez el estrés en la oficina, hoy ha estado pesado el trabajo. -No supo si su mentira sonaría convincente pero continuó —Hay veces que el jefe se levanta de malas, sobre todo los lunes.
-Está bien, trata de no inquietarte demasiado. -Tampoco estuvo seguro Diego de que su amigo se lo dijera por haberse tragado el cuento o por restarle importancia a su evasiva —Entonces, está dicho: el miércoles…
-Oye, ¿no crees que el miércoles es muy pronto? ¿Porqué no te esperas una o dos semanas más?
-Sí lo pensé, pero la verdad ya me cansé de esperar. Si va a funcionar, igual será el miércoles que dentro de dos semanas, y si no, así me puedo estar durante un mes y nada va a cambiar.
Diego sonrió irónicamente, de momento no supo que contestar, pero luego dijo: -Como quieras.
Entonces tuvo el presentimiento de que su vida no volvería a ser la misma a partir de aquel momento. —Bueno, te dejo. Ya voy a comprar mi comida y tengo poco tiempo para comerla. Si quieres te marco en la noche.
-De acuerdo. De cualquier modo pensaba llamarle a Paula ahora mismo. Espero encontrarla en su oficina. Nos vemos luego.
-Adiós.
Diego no pudo evitar sentir un poco de remordimiento, pero tal vez ya no había mucho que hacer.
Mauro sabía que su amigo no era el mismo. Por alguna razón aquella llamada le había dejado un mal sabor de boca. Y lo peor era que no tenía idea de qué sucedía, o si de verdad pasaba algo. Pero ¿qué podría ser? ¿No era Diego su mejor amigo? -¿Entonces por qué rayos te preocupas? -Se preguntó regañándose por su desconfianza.
En aquel momento cruzó por su mente un rostro, y todo lo demás pasó a segundo plano. Tomó el teléfono y marcó. Esperó unos segundos y la voz de la mujer que deseaba escuchar le respondió: -Hola Mauro. ¿Cómo estás? Milagro que me llamas a mi trabajo.
Por supuesto Mauro se desconcertó por un segundo, pero era obvio que Paula reconoció su número en el identificador. -Hola niña. Pudiste haberme permitido cambiar las frases de identificación de costumbre… pero está bien. --ambos rieron suavemente —Y bueno, disculpa por no haberte hablado últimamente, solo que no me gusta interferir en el desarrollo de la empresa donde laboras entreteniéndote al teléfono en horas hábiles.
Volvieron a reír, y Mauro creyó haber iniciado con el pie derecho.
-Claro, sobre todo porque yo soy el conducto de tantos documentos trascendentales para esta empresa –replicó Paula satíricamente.
-Bueno, aunque voy a ser breve, espero no interrumpir ninguna transacción comercial de ámbito internacional que…
-¡Basta! –interrumpió Paula entre risas —En vez de utilizar tu habitual intrincado lenguaje, mejor dime para qué soy buena.
-Está bien, aunque ya me cortaste la inspiración. Te llamo solo para invitarte a tomar una nieve, o algo así, para que podamos platicar un rato. ¿Te parece?
-Si claro, suena bien, ¿Pero cuándo, hoy?
-No no, hoy es muy apresurado, y mañana yo tengo cosas que hacer en la noche. ¿Qué te parece el miércoles?
-Mmm… es que el miércoles ya tengo planes.
En cuanto escuchó eso, palabras sueltas tomaron forma de golpe en la cabeza de Mauro, y sintió nuevamente el aguijonazo cruel de la desconfianza.
-¿Con Diego?-Preguntó con recelo.
-S… sí, –titubeó de pronto Paula -¿Te lo dijo él?
-No exactamente –y su semblante se ensombreció —pero creo que ya lo sabía.
-¿Por qué? ¿Qué te dijo Diego?
-Nada… olvídalo. Entonces lo dejamos para después.
-Si claro, cuando tú quieras, el jueves o el viernes también estoy libre.
-Déjame ver. De cualquier modo yo te aviso luego. Ya me tengo que ir, tengo que completar unos contratos.
-Está bien, cuídate mucho, avísame cuándo quieres que salgamos.
-OK. Chao.
Mauro colgó el teléfono con otro humor completamente diferente que cuando lo había tomado para llamarla. Por supuesto que no era nada raro que Diego saliera a pasear con Paula puesto que eran muy buenos amigos. El problema radicaba en que Diego no le había comentado nada tan solo unos minutos antes, y aún más, lo inquietaba aquel titubeo al mencionarle el día en que pensaba invitar a Paula. ¿Por qué no simplemente dijo que ya tenía planes con ella? ¿Por qué no lo detuvo cuando le comentó que iba a llamar a Paula en ese momento para invitarla, y aún más, cuando le había confesado que había decidido declararle sus sentimientos?
Al llegar a su casa no se sintió mejor. Estaba muy inquieto y no encontraba cómo distraerse. Entró en su estudio y vio el foquito de la contestadora parpadeando: “3 mensajes nuevos” marcaba la pantalla. Por supuesto no debía de ser nada bueno. “Enfrenta tus miedos”, pensó Diego y pulsó el botón para escucharlos… el primero era de su hermana, lo invitaba a cenar el viernes a su casa. El segundo era de un compañero de la oficina encargándole que llevara unos pendientes al día siguiente. Y el último era de Paula: -Diego, soy Paula. Nada más te hablaba para confirmar lo del miércoles, y para preguntarte algo: hoy me llamó Mau…
-¡Rayos!.
-…ro, y me invitó a salir el mismo día, pero me dijo que había hablado contigo y que tú no le habías dicho nada. No sé, tal vez sea mi imaginación pero sentí como que había un problema entre ustedes. Mmm… bueno tal vez estoy exagerando pero él se quedó muy extraño cuando colgamos. Si puedes háblame.
Diego ya lo esperaba en cierto modo pero no pudo evitar sentirse más tenso todavía. No tuvo elección y decidió llamar a Paula. Platicaron brevemente, pues ya era noche y ambos tenían que levantarse temprano al día siguiente. Diego solo le confirmó el plan, y además le explicó que cuando Mauro le había llamado, él estaba algo ocupado y distraído y que no había prestado mucha atención a la conversación, pero que no era nada de lo que temía ella. Paula pareció conforme con la explicación, y se despidieron.
En aquellos dos días restantes Diego siempre tuvo el temor de recibir una llamada no deseada, cosa que nunca sucedió para su fortuna. Y al fin, el miércoles por la tarde, se apresuró a salir temprano de su oficina y dirigirse a casa de Paula para recogerla. Al llegar, ella ya lo estaba esperando. Juntos subieron al coche y se encaminaron a un restaurante muy “bonito y agradable”, según dijo Diego, al cuál la iba a invitar a cenar.
Efectivamente, al llegar, el restaurante fue del agrado de Paula, porque, además de bonito, era muy elegante, cosa que ella no se esperaba a tal grado. Tomaron su mesa y pidieron una bebida.
-Y bien, ¿De qué querías platicar? -Preguntó Paula intrigada.
-Bueno, es algo personal, pero mejor platícame tú primero que pasa con Rodrigo.
-De acuerdo, al fin que es algo muy simple. ¿Te acuerdas para qué te dije que le iba a entregar la carta?
-Ehh... bueno, creo que tu idea era desahogarte ¿no? Solo para sacarte la espina por decirlo así.
-Exacto. Yo creí que era una tontería, porque temía que en lugar de sacarlo de mi mente, en realidad solo me ilusionaría con alguna respuesta favorable de su parte, y entonces iba a ser peor. Pero increíblemente, funcionó.
-¿A qué te refieres?-Preguntó Diego sorprendiéndose a sí mismo por la excesiva emoción que sonó en su voz.
-Bueno, el otro día lo encontré en mi trabajo; parece que estaba haciendo algunos trámites porque su empresa realizó algunos servicios a la mía. Y claro, yo esperaba ponerme súper nerviosa y hacer el ridículo frente a él, sobre todo porque no tenía compañía. Pero en lugar de eso, de verdad, sentí que ya no me importaba, lo saludé, platiqué un momento con él de lo más normal, pero ya no fue lo mismo. Lo que creo es que ya pasó a la historia.
-¿De verdad? Bueno, me da gusto por ti, creo… de todos modos, ¿Eso es lo que querías no? ¿Olvidarlo?
-Si, yo buscaba resignación, porque sabía que no tenía oportunidad con él. Pero hay otro problema… Mmm, aunque no sé si deba decírtelo.
-¿Por qué? Sabes que puedes confiar en mí.
-Claro claro, no es eso. Es que temo que pienses mal de mí.
-Bueno, si asesinaste a alguien, tal vez llegue a tener mis reservas.
Ambos rieron espontáneamente, y Diego sintió liberarse un poco de la tención acumulada.
-Tonto… --No podía dejar de reírse-- ¡Claro que no! En realidad es algo menos grave, o al menos eso espero. Lo que sucede es que, acabo de olvidar a Rodrigo, pero…
-¿Qué?
-Está bien. Creo que estoy enamorada de otra persona.
Aquello fue algo completamente inesperado para Diego. Definitivamente no contaba con eso, y ahora no sabía ni qué pensar. Obviamente, su nerviosismo empeoró notablemente.
-¿En serio? Pero…
-Bueno, en realidad no estoy tan segura, pero eso creo al menos de principio.
-Y… ¿se puede saber de quién?
-¡Por supuesto que no! No hasta que tú me platiques cuál es tu situación.
-¡¡Pfff!!, no me hagas esto. –Diego había terminado por destrozar la servilleta con la que jugueteaba por debajo de la mesa, y ninguno de los dos había tocado siquiera su bebida. —Si no me platicas de quién se trata, yo no me voy a poder concentrar para platicarte mi asunto.
-¡Al contrario! –Replicó Paula, quien tampoco podía quedarse quieta con sus manos algo sudadas y temblorosas —Mejor que no te diga hasta después…
Entonces apareció el mesero con las cartas. No habían notado que sus bebidas estaban intactas, y rieron nerviosamente. Aún así, pidieron algo ligero para comer, prácticamente para despedir pronto al mesero.
-Ya estuvo bien de tonterías, quiero que me platiques que te pasa. -Lo instó Paula.
-Está bien. –Dijo con un gran suspiro. —Sucede que… bueno, debes entenderme, no sé si estoy haciendo lo correcto, así que será difícil para mí, pero de cualquier forma te lo diré: Yo también creo estar enamorado. Y el problema es que no sé si es la persona correcta o no.
-¿Qué? –Aquella era una noche de sorpresas. Paula tampoco tenía la menor idea de aquello y se ruborizó ligeramente. —Vaya, parece que he estado muy distraída con tantas cosas en mi cabeza, que ni lo había notado. Y supongo que me vas a chantajear para que yo te diga el nombre y luego tú me digas el tuyo ¿Verdad?
Rieron, pero visiblemente diferente, cada uno ocultaba su sentimiento con la risa.
-Sí, era el plan, pero puesto que lo has descubierto antes de ponerse en práctica, tendré que echar mano del plan B. Voy a tener que confesar.
-Bueno… adelante.
Paula estaba muy inquieta, y no lo disimulaba en lo más mínimo. Afortunadamente Diego no lo notaba, porque él estaba igual o peor. Tal vez este sea el momento cumbre de nuestra historia, cuando Diego, inclinándose hacia enfrente para acercarse a ella por encima de la mesa y tomando su mano helada dijo:
-¡Estoy enamorado de ti!
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miércoles, 24 de marzo de 2010
viernes, 12 de marzo de 2010
EL "DESPERTAR" DE UNA NOCHE DE VERANO II
¿Recuerdan a nuestros amigos Diego, Rodrigo, Mauro y Paula? ¿Y el dilema en el que se encontró Diego al escuchar la confesión de Mauro? Aquí la novela continúa, pero no con lo que se decidió a hacer por fin Diego, si no más bien, la historia se abre y muestra otros sucesos.
Recordarán que Paula no estaba interesada en Mauro más que con una bonita amistad, debido a que sentía atracción hacia Rodrigo, que, inclusive, ya se lo había confesado tiempo atrás. Lo único que sabemos al respecto, es que Rodrigo no había correspondido a esta declaración, pero lo que no sabemos es cómo Paula le dio a conocer lo que sentía a Rodrigo. Tampoco sabemos qué sucede en la vida amorosa de Rodrigo, y otros detalles relevantes.
Aunque suene muy gastado, el amor de Paula se remonta a muchos años atrás, aproximadamente unos 10 años. Sí, 10 años.
La primera vez que lo vio fue en una obra de teatro en la que Rodrigo participó, y a la que Paula fue invitada –no por él, obviamente, porque no se conocían por ese entonces--. Al verlo en el escenario, a Paula le pareció atractivo a primera vista; le agradó su porte, su expresión, y hasta sus ademanes, aunque no lo pudo ver muy de cerca. Pero en eso quedó todo.
Sin embargo, un breve tiempo después, la mejor amiga de Paula (a quien llamaremos Rocío) le prometió presentarla con un muchacho que, según decía ella, era muy atrayente y agradable de tratar. Paula accedió, y prometieron verse en un evento donde Rocío se lo iba a presentar.
Se llegó el día y las dos amigas se encontraron. Rocío condujo a Paula a aquel muchacho y, cuál sería la sorpresa de Paula al ver que era efectivamente el mismo joven al que había visto en la obra de teatro que tanto le había encantado. Ahí comenzó el desarrollo de los sentimientos de Paula por él. No se trataban mucho, ni tampoco se veían muy a menudo; pero cada que Paula lo veía, su corazón saltaba de emoción y nerviosismo al mismo tiempo.
El tiempo pasó y fueron pocas las oportunidades que se presentaban para estar con él; aún así, Paula no podía evitar que creciera poco a poco su atracción por Rodrigo.
Por cierto, debido a que Paula era muy reservada, nunca quiso platicar con nadie aquellos sentimientos, ni siquiera con su íntima amiga. Por lo tanto, como suele suceder en este tipo de enredos amorosos, su amiga comenzó a cortejar a Rodrigo, y, más aún, a salir con él. Paula se sentía dolida, pero no con su amiga, si no consigo misma al ver que le era indiferente a Rodrigo y también al ver su poca o nula capacidad para acercarse o llamar su atención. Así que finalmente, decidió dejarlo por la paz, y verlo simplemente como un amor platónico, como los que hay muchos.
Siguió transcurriendo el tiempo, sin que por eso disminuyera el amor de Paula, y más todavía debido a que el papá de Paula y de Rodrigo eran conocidos y a menudo tenían asuntos qué atender con motivo de su trabajo.
Para esto, Paula nunca había tenido noticias de que a Rodrigo le interesara alguna persona en especial, y mucho menos había escuchado de que hubiera iniciado alguna relación. Sin embargo, empezaron a correr los rumores de que él tenía tratos cada vez más frecuentes con una muchachita conocida suya, y que incluso, sus papás –de la muchacha y de Rodrigo—eran íntimos amigos. Como era de suponerse, estas no fueron noticias alentadoras.
Poco a poco los rumores fueron creciendo hasta que se hizo oficial la noticia: Rodrigo tenía novia. Por supuesto el ánimo de Paula se ensombreció bastante por varios días. Diego –quien todo el tiempo había estado al tanto de todo esto, incluidos los pensamientos de Paula—trató de animarla, y esto porque según él, la relación de Rodrigo con su novia no parecía ser muy sólida. Pero lo que más le reprochaba Diego a Paula era que, si era de tal magnitud su cariño por Rodrigo, cómo era que nunca le había dejado ver un poco de su interés, o siquiera hubiera tratado de conocerlo e inducirlo a conocerla a ella por consecuencia.
A su vez, Paula argumentaba que no se sentía con los medios suficientes como para llamar la atención de él, que era tan popular. Ella solo se limitaba a saludarlo cuando él se acercaba y tenía ese detalle con ella, pero hasta ahí.
El problema aquí queridos lectores y novelófilos, fue cuando Paula tuvo la certeza de quién era la novia de Rodrigo. Solamente tuvo la oportunidad de conocerla en una ocasión en la que salieron a pasear junto con otros amigos –antes de que fueran novios ella y Rodrigo—y desde entonces le había parecido completamente desagradable. En personalidad, en físico y hasta en comportamiento. ¿Se dan una idea de la reacción de Paula al enterarse que precisamente ella era la famosa noviecita de Rodrigo? Por supuesto, aunque la misma Paula no se consideraba apta para acercarse a él, muchísimo menos lo era ella, ¡y peor! Para ser su novia.
Pero el tiempo siguió pasando y la parejita parecía cada vez más unida y enamorada, así que poco a poco Paula iría persuadiéndose de hacer algo completamente fuera de lo convencional en ella, fuera de lo ordinario.
Con los ánimos de Diego y de otra amiga de Paula, comenzó a redactar una carta para Rodrigo. En principio ella tenía bien en mente que no se la entregaría, que solo era como desahogo personal. Pero luego fue variando de opinión: Comenzó a pensar en dársela como anónima, así él se enteraría de que alguien lo amaba en secreto, pero no se percataría de quién era. Luego meditó en la posibilidad de rebelar su identidad de forma sutil; para que si él era lo suficientemente inteligente como para descubrirla, bien, si no, mejor sería.
En efecto, preparó la carta --que por cierto era extensa, puesto que plasmaba muchos de los recuerdos de ella-- pero con el remitente anónimo. Sin embargo, de último momento, Diego y otra amiga de Paula terminaron por convencerla para que indicara su identidad, al fin y al cabo, no tenía nada que perder. Para sorpresa de todos, incluida ella misma, lo hizo.
El plan era entregársela de forma indirecta, es decir, por un intermediario. Y a falta de alguien más adecuado, eligieron a un niño al azar.
La carta llegó a su destinatario y fue leída por el mismo. Algún tiempo después… la contestación de Rodrigo llegó.
Antes de saber exactamente lo que Rodrigo respondió –aunque en esencia ya lo conocemos—hace falta aclarar que Paula no pretendía que Rodrigo dejara a su novia, es decir, no era una carta agresiva con el fin de llamar desesperadamente la atención de él y que cambiara de parecer con respecto a su elección de pareja. Más bien, solo era con el propósito de hacer del conocimiento de Rodrigo lo que Paula sentía, pero con mucho respeto; esto tenía el fin de que Paula se desahogara y, tal vez, la ayudara a superar aquel enamoramiento.
Pues bien, Rodrigo dejó claro que él estaba muy adherido a su novia, y que probablemente lo estaría en el futuro. Pero también indicó que le había sorprendido la forma tan delicada y sentida de expresárselo de parte de Paula, y que apreciaba y agradecía ese cariño. Porque, de hecho, Rodrigo tenía la equivocada idea de que a Paula no le agradaba, porque siempre se mostraba reservada o distante con él. Pero ahora entendía todo.
En fin, Paula quedó conforme, aunque triste, y, efectivamente, le sirvió de mucho el externarlo directamente con él.
Pero esto no fue todo. Un breve tiempo después, Diego y Paula se enteraron de algo que los sorprendió mucho: Rodrigo y su novia habían terminado su relación. Al principio no eran problemas propios de la pareja, sino externos. Pero más adelante corrieron otros rumores. Aparentemente, uno de los amigos de Rodrigo tenía interés por su exnovia, y además, ella no le era tan indiferente.
En una ocasión posterior, Rodrigo y Paula se encontraron casualmente en un lugar público. Él se acercó a saludarla, y Paula se portó con un porte y tranquilidad envidiables. Se saludaron, cambiaron frases de cortesía habituales, pero... Diego --quien también estuvo presente-- notó algo bastante extraño en Rodrigo. Platicaron unos minutos y finalmente se despidieron.
En la mente de Diego empezaron a revolverse muchos pensamientos encontrados y confusos. Pero una de las preguntas que más resonaron en su cabeza fue:
“¿Y Mauro?”
Recordarán que Paula no estaba interesada en Mauro más que con una bonita amistad, debido a que sentía atracción hacia Rodrigo, que, inclusive, ya se lo había confesado tiempo atrás. Lo único que sabemos al respecto, es que Rodrigo no había correspondido a esta declaración, pero lo que no sabemos es cómo Paula le dio a conocer lo que sentía a Rodrigo. Tampoco sabemos qué sucede en la vida amorosa de Rodrigo, y otros detalles relevantes.
Aunque suene muy gastado, el amor de Paula se remonta a muchos años atrás, aproximadamente unos 10 años. Sí, 10 años.
La primera vez que lo vio fue en una obra de teatro en la que Rodrigo participó, y a la que Paula fue invitada –no por él, obviamente, porque no se conocían por ese entonces--. Al verlo en el escenario, a Paula le pareció atractivo a primera vista; le agradó su porte, su expresión, y hasta sus ademanes, aunque no lo pudo ver muy de cerca. Pero en eso quedó todo.
Sin embargo, un breve tiempo después, la mejor amiga de Paula (a quien llamaremos Rocío) le prometió presentarla con un muchacho que, según decía ella, era muy atrayente y agradable de tratar. Paula accedió, y prometieron verse en un evento donde Rocío se lo iba a presentar.
Se llegó el día y las dos amigas se encontraron. Rocío condujo a Paula a aquel muchacho y, cuál sería la sorpresa de Paula al ver que era efectivamente el mismo joven al que había visto en la obra de teatro que tanto le había encantado. Ahí comenzó el desarrollo de los sentimientos de Paula por él. No se trataban mucho, ni tampoco se veían muy a menudo; pero cada que Paula lo veía, su corazón saltaba de emoción y nerviosismo al mismo tiempo.
El tiempo pasó y fueron pocas las oportunidades que se presentaban para estar con él; aún así, Paula no podía evitar que creciera poco a poco su atracción por Rodrigo.
Por cierto, debido a que Paula era muy reservada, nunca quiso platicar con nadie aquellos sentimientos, ni siquiera con su íntima amiga. Por lo tanto, como suele suceder en este tipo de enredos amorosos, su amiga comenzó a cortejar a Rodrigo, y, más aún, a salir con él. Paula se sentía dolida, pero no con su amiga, si no consigo misma al ver que le era indiferente a Rodrigo y también al ver su poca o nula capacidad para acercarse o llamar su atención. Así que finalmente, decidió dejarlo por la paz, y verlo simplemente como un amor platónico, como los que hay muchos.
Siguió transcurriendo el tiempo, sin que por eso disminuyera el amor de Paula, y más todavía debido a que el papá de Paula y de Rodrigo eran conocidos y a menudo tenían asuntos qué atender con motivo de su trabajo.
Para esto, Paula nunca había tenido noticias de que a Rodrigo le interesara alguna persona en especial, y mucho menos había escuchado de que hubiera iniciado alguna relación. Sin embargo, empezaron a correr los rumores de que él tenía tratos cada vez más frecuentes con una muchachita conocida suya, y que incluso, sus papás –de la muchacha y de Rodrigo—eran íntimos amigos. Como era de suponerse, estas no fueron noticias alentadoras.
Poco a poco los rumores fueron creciendo hasta que se hizo oficial la noticia: Rodrigo tenía novia. Por supuesto el ánimo de Paula se ensombreció bastante por varios días. Diego –quien todo el tiempo había estado al tanto de todo esto, incluidos los pensamientos de Paula—trató de animarla, y esto porque según él, la relación de Rodrigo con su novia no parecía ser muy sólida. Pero lo que más le reprochaba Diego a Paula era que, si era de tal magnitud su cariño por Rodrigo, cómo era que nunca le había dejado ver un poco de su interés, o siquiera hubiera tratado de conocerlo e inducirlo a conocerla a ella por consecuencia.
A su vez, Paula argumentaba que no se sentía con los medios suficientes como para llamar la atención de él, que era tan popular. Ella solo se limitaba a saludarlo cuando él se acercaba y tenía ese detalle con ella, pero hasta ahí.
El problema aquí queridos lectores y novelófilos, fue cuando Paula tuvo la certeza de quién era la novia de Rodrigo. Solamente tuvo la oportunidad de conocerla en una ocasión en la que salieron a pasear junto con otros amigos –antes de que fueran novios ella y Rodrigo—y desde entonces le había parecido completamente desagradable. En personalidad, en físico y hasta en comportamiento. ¿Se dan una idea de la reacción de Paula al enterarse que precisamente ella era la famosa noviecita de Rodrigo? Por supuesto, aunque la misma Paula no se consideraba apta para acercarse a él, muchísimo menos lo era ella, ¡y peor! Para ser su novia.
Pero el tiempo siguió pasando y la parejita parecía cada vez más unida y enamorada, así que poco a poco Paula iría persuadiéndose de hacer algo completamente fuera de lo convencional en ella, fuera de lo ordinario.
Con los ánimos de Diego y de otra amiga de Paula, comenzó a redactar una carta para Rodrigo. En principio ella tenía bien en mente que no se la entregaría, que solo era como desahogo personal. Pero luego fue variando de opinión: Comenzó a pensar en dársela como anónima, así él se enteraría de que alguien lo amaba en secreto, pero no se percataría de quién era. Luego meditó en la posibilidad de rebelar su identidad de forma sutil; para que si él era lo suficientemente inteligente como para descubrirla, bien, si no, mejor sería.
En efecto, preparó la carta --que por cierto era extensa, puesto que plasmaba muchos de los recuerdos de ella-- pero con el remitente anónimo. Sin embargo, de último momento, Diego y otra amiga de Paula terminaron por convencerla para que indicara su identidad, al fin y al cabo, no tenía nada que perder. Para sorpresa de todos, incluida ella misma, lo hizo.
El plan era entregársela de forma indirecta, es decir, por un intermediario. Y a falta de alguien más adecuado, eligieron a un niño al azar.
La carta llegó a su destinatario y fue leída por el mismo. Algún tiempo después… la contestación de Rodrigo llegó.
Antes de saber exactamente lo que Rodrigo respondió –aunque en esencia ya lo conocemos—hace falta aclarar que Paula no pretendía que Rodrigo dejara a su novia, es decir, no era una carta agresiva con el fin de llamar desesperadamente la atención de él y que cambiara de parecer con respecto a su elección de pareja. Más bien, solo era con el propósito de hacer del conocimiento de Rodrigo lo que Paula sentía, pero con mucho respeto; esto tenía el fin de que Paula se desahogara y, tal vez, la ayudara a superar aquel enamoramiento.
Pues bien, Rodrigo dejó claro que él estaba muy adherido a su novia, y que probablemente lo estaría en el futuro. Pero también indicó que le había sorprendido la forma tan delicada y sentida de expresárselo de parte de Paula, y que apreciaba y agradecía ese cariño. Porque, de hecho, Rodrigo tenía la equivocada idea de que a Paula no le agradaba, porque siempre se mostraba reservada o distante con él. Pero ahora entendía todo.
En fin, Paula quedó conforme, aunque triste, y, efectivamente, le sirvió de mucho el externarlo directamente con él.
Pero esto no fue todo. Un breve tiempo después, Diego y Paula se enteraron de algo que los sorprendió mucho: Rodrigo y su novia habían terminado su relación. Al principio no eran problemas propios de la pareja, sino externos. Pero más adelante corrieron otros rumores. Aparentemente, uno de los amigos de Rodrigo tenía interés por su exnovia, y además, ella no le era tan indiferente.
En una ocasión posterior, Rodrigo y Paula se encontraron casualmente en un lugar público. Él se acercó a saludarla, y Paula se portó con un porte y tranquilidad envidiables. Se saludaron, cambiaron frases de cortesía habituales, pero... Diego --quien también estuvo presente-- notó algo bastante extraño en Rodrigo. Platicaron unos minutos y finalmente se despidieron.
En la mente de Diego empezaron a revolverse muchos pensamientos encontrados y confusos. Pero una de las preguntas que más resonaron en su cabeza fue:
“¿Y Mauro?”
Categoría:
EL "DESPERTAR" DE UNA NOCHE DE VERANO
miércoles, 24 de febrero de 2010
EL "DESPERTAR" DE UNA NOCHE DE VERANO I
Les voy a platicar una historia, que, como el título lo indica, es sumamente parecida a las propuestas televisivas y literarias conocidas como novelas.
Esta se desarrolla en una ciudad común, con gente común, y en colonias comunes e incluso de las colonias populares de dicha ciudad.
Se trata de un muchacho (al que llamaremos Diego), que tiene dos amigos: uno llamado Mauro, y su amiga llamada Paula (también han sido cambiados los nombres).
En cierta ocación, estando con su querido amigo Mauro, Diego escuchó de labios del susodicho amigo la confesión de sus sentimientos románticos de él hacia Paula. Para ser sinceros, Diego ya lo esperaba, pero no tenía la absoluta certeza, por lo que no se había atrevido a comentar nada anterior a esto.
Mauro no estaba tan seguro de exponer sus sentimientos ante Paula, debido a que no tenía la certeza de ser bien correspondido, y ante aquella situación, la amistad mantenida hasta ese momento con ella se vería seriamente afectada por obvias razones.
Diego sí estaba seguro de que, si Mauro le expresaba sus sentimientos a Paula, sería rechazado, puesto que la mente de ella seguía enfocada en otra persona, que aunque no existía nada entre ellos a pesar de que Paula ya le había abierto su corazón a esta persona (a quien llamaremos Rodrigo), aún así ella no deja de guardar esperanzas en el fondo de su ser. Así que Diego no supo que responderle a Mauro pero lo único que le dijo es que lo pensara bien antes de decidirse si hablar o callar.
Tiempo después, Diego se encontró con Paula en el msn, y después de un buen rato de plática sobre cosas sin importancia ni trascendencia, Paula le confesó algo a Diego que lo pondría en un dilema: Según ella, Paula había encontrado en Mauro a alguien muy especial, que aunque no tenía sentimientos románticos hacia él, sí la hacía sentir muy a gusto, la hacía sentirse querida, respetada, y además era muy divertido pasar tiempo con él. A lo que Diego le preguntó: “¿Y no crees que darle demasiada atención a Mauro sería estar jugando con sus sentimientos en caso de que él se sintiera atraído hacia ti?”
A lo que ella le respondió que no, que estaba alerta al respecto, y que si ella hubiera notado algún enamoramiento por parte de Mauro hacia ella, ya no le hablaría precisamente para evitar darle una impresión que ella no deseaba. Según Paula, lo que Mauro sentía por ella era un sincero cariño como amigos, pero nada más.
Ahí fue donde Diego entró en un dilema muy difícil de resolver:
1.- si le decía a Paula la confesión de Mauro, a) estaría traicionando la confianza de su querido amigo, y B) Haría que Paula se alejara definitivamente de Mauro y rompería con esa bonita amistad.
2.- Si, por el contrario, platicara con Mauro lo que Paula le había dicho sobre los sentimientos solamente de cariño hacia él, a) También estaría echando a perder la relación, puesto que Mauro probablemente se desilusionaría y cortaría toda relación con Paula al saber que no existe ninguna posibilidad de ser correspondido en su amor, o B) Mauro tal vez malinterpretara la idea, y basándose en ese cariño profesado de parte de Paula hacia él, quisiera ir más allá y tratara de conquistar su corazón –cosa que Diego sabía que no sucedería porque él conocía el amor secreto de Paula hacia el antes mencionado Rodrigo—y ocurriría lo inevitable: Paula notaría las intenciones de Mauro y gradualmente se alejaría de él sin mayores explicaciones.
3.- Por otra parte, si Diego decidiera quedarse al margen y no comentarles nada a ninguno de los dos, quizás de pronto Mauro se decidiera por fin a expresarle directamente su sentir a Paula, y por los obvios resultados, Diego se sentiría culpable por no haberlo evitado, puesto que él sabía lo que estaba ocurriendo en ambos corazones, y entonces se lamentaría por no haberse decidido por una de las dos opciones expuestas antes.
Recordemos que todas estas posibilidades son viables, debido a que el amor es total y absolutamente impredecible –eso en el caso de las reacciones probables en Mauro--, y las mujeres también lo son –en el caso de Paula--.
¿Cómo se metió en este lío nuestro amigo Diego?
¿Qué resolvería hacer a final de cuentas?
Tal vez me decida a publicar la continuación de esta historia novelera/realista, o tal vez no. De cualquier modo dejen sus comentarios sobre lo que ustedes harían en un hipotético caso similar.
Bueno, antes de retirarme –o largarme como diría mi parte geniosa--, quiero explicar algo: me he encontrado con el comentario frecuente de algunos de mis lectores de que no han encontrado la manera de publicar su comentario; a continuación les doy una sencilla explicación para hacerlo para los que tengan este problema (esperando no confundirlos aún más):
1.- Entren a mi querido blogcito tecleando en la barra de direcciones de su explorador la respectiva dirección de dicho sitio web.
2.- Busquen la entrada en donde deseen hacer su comentario, y, habiéndola localizado, den clic sobre el título de la entrada (por ejemplo en este caso es: "EL "DESPERTAR" DE UNA NOCHE DE VERANO I") o bien, en la parte de abajo, donde termina el texto de la respectiva entrada, hay un enlace donde dice “x comentarios” (“x” corresponde al número de comentarios hechos hasta ese momento) y den clic sobre el mencionado enlace.
3.- A continuación abrirá la página de la entrada que elijieron y de bajo el cuadro de edición donde deberán introducir su comentario. Ingrésenlo y escojan la opción de comentar como anónimo si no tienen un blog propio, y si lo tienen, esta explicación probablemente está de más para tales personas.
4.- Por último den clic o entrar sobre el votón que dice “publicar comentario” y… ¡listo! Habrán cumplido su objetivo.
Amigos ahora sí me voy. Ojalá les siga agradando mi humilde blog, y lo que tengan que sugerir añádanlo en sus comentarios. ¡chao!
Esta se desarrolla en una ciudad común, con gente común, y en colonias comunes e incluso de las colonias populares de dicha ciudad.
Se trata de un muchacho (al que llamaremos Diego), que tiene dos amigos: uno llamado Mauro, y su amiga llamada Paula (también han sido cambiados los nombres).
En cierta ocación, estando con su querido amigo Mauro, Diego escuchó de labios del susodicho amigo la confesión de sus sentimientos románticos de él hacia Paula. Para ser sinceros, Diego ya lo esperaba, pero no tenía la absoluta certeza, por lo que no se había atrevido a comentar nada anterior a esto.
Mauro no estaba tan seguro de exponer sus sentimientos ante Paula, debido a que no tenía la certeza de ser bien correspondido, y ante aquella situación, la amistad mantenida hasta ese momento con ella se vería seriamente afectada por obvias razones.
Diego sí estaba seguro de que, si Mauro le expresaba sus sentimientos a Paula, sería rechazado, puesto que la mente de ella seguía enfocada en otra persona, que aunque no existía nada entre ellos a pesar de que Paula ya le había abierto su corazón a esta persona (a quien llamaremos Rodrigo), aún así ella no deja de guardar esperanzas en el fondo de su ser. Así que Diego no supo que responderle a Mauro pero lo único que le dijo es que lo pensara bien antes de decidirse si hablar o callar.
Tiempo después, Diego se encontró con Paula en el msn, y después de un buen rato de plática sobre cosas sin importancia ni trascendencia, Paula le confesó algo a Diego que lo pondría en un dilema: Según ella, Paula había encontrado en Mauro a alguien muy especial, que aunque no tenía sentimientos románticos hacia él, sí la hacía sentir muy a gusto, la hacía sentirse querida, respetada, y además era muy divertido pasar tiempo con él. A lo que Diego le preguntó: “¿Y no crees que darle demasiada atención a Mauro sería estar jugando con sus sentimientos en caso de que él se sintiera atraído hacia ti?”
A lo que ella le respondió que no, que estaba alerta al respecto, y que si ella hubiera notado algún enamoramiento por parte de Mauro hacia ella, ya no le hablaría precisamente para evitar darle una impresión que ella no deseaba. Según Paula, lo que Mauro sentía por ella era un sincero cariño como amigos, pero nada más.
Ahí fue donde Diego entró en un dilema muy difícil de resolver:
1.- si le decía a Paula la confesión de Mauro, a) estaría traicionando la confianza de su querido amigo, y B) Haría que Paula se alejara definitivamente de Mauro y rompería con esa bonita amistad.
2.- Si, por el contrario, platicara con Mauro lo que Paula le había dicho sobre los sentimientos solamente de cariño hacia él, a) También estaría echando a perder la relación, puesto que Mauro probablemente se desilusionaría y cortaría toda relación con Paula al saber que no existe ninguna posibilidad de ser correspondido en su amor, o B) Mauro tal vez malinterpretara la idea, y basándose en ese cariño profesado de parte de Paula hacia él, quisiera ir más allá y tratara de conquistar su corazón –cosa que Diego sabía que no sucedería porque él conocía el amor secreto de Paula hacia el antes mencionado Rodrigo—y ocurriría lo inevitable: Paula notaría las intenciones de Mauro y gradualmente se alejaría de él sin mayores explicaciones.
3.- Por otra parte, si Diego decidiera quedarse al margen y no comentarles nada a ninguno de los dos, quizás de pronto Mauro se decidiera por fin a expresarle directamente su sentir a Paula, y por los obvios resultados, Diego se sentiría culpable por no haberlo evitado, puesto que él sabía lo que estaba ocurriendo en ambos corazones, y entonces se lamentaría por no haberse decidido por una de las dos opciones expuestas antes.
Recordemos que todas estas posibilidades son viables, debido a que el amor es total y absolutamente impredecible –eso en el caso de las reacciones probables en Mauro--, y las mujeres también lo son –en el caso de Paula--.
¿Cómo se metió en este lío nuestro amigo Diego?
¿Qué resolvería hacer a final de cuentas?
Tal vez me decida a publicar la continuación de esta historia novelera/realista, o tal vez no. De cualquier modo dejen sus comentarios sobre lo que ustedes harían en un hipotético caso similar.
Bueno, antes de retirarme –o largarme como diría mi parte geniosa--, quiero explicar algo: me he encontrado con el comentario frecuente de algunos de mis lectores de que no han encontrado la manera de publicar su comentario; a continuación les doy una sencilla explicación para hacerlo para los que tengan este problema (esperando no confundirlos aún más):
1.- Entren a mi querido blogcito tecleando en la barra de direcciones de su explorador la respectiva dirección de dicho sitio web.
2.- Busquen la entrada en donde deseen hacer su comentario, y, habiéndola localizado, den clic sobre el título de la entrada (por ejemplo en este caso es: "EL "DESPERTAR" DE UNA NOCHE DE VERANO I") o bien, en la parte de abajo, donde termina el texto de la respectiva entrada, hay un enlace donde dice “x comentarios” (“x” corresponde al número de comentarios hechos hasta ese momento) y den clic sobre el mencionado enlace.
3.- A continuación abrirá la página de la entrada que elijieron y de bajo el cuadro de edición donde deberán introducir su comentario. Ingrésenlo y escojan la opción de comentar como anónimo si no tienen un blog propio, y si lo tienen, esta explicación probablemente está de más para tales personas.
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EL "DESPERTAR" DE UNA NOCHE DE VERANO
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