Tomando en cuenta los datos recopilados hasta hoy, y habiendo observado detenidamente el comportamiento de mi madre en los últimos días, he llegado a una desastrosa y dolorosa conclusión:
soy el plato de segunda mesa en la vida de mi madre...
-Ejem, ¿O sea, cómo?-Dirán ustedes. Bueno, es que he notado que cuando mi mamá y yo andamos por la calle solos, o estamos en la casa de todos ustedes, ya sea haciendo quehacer, echando flojera, viendo tele, filosofando de la vida, etc, pero solo ella y yo estamos a gusto, sin discutir ni pelear, salvo contadísimas excepciones.
"Mas sin en cambio", si de pronto resulta que se encuentra alguien más con nosotros, llámese mi papá o mis hermanos... no sé, pero siento que paso a segundo plano, porque comienza a enojarse y a regañarme por cualquier cosa, y a pensar que todo lo que hago es en contra suya. O si me pide que la ayude en algo, si lo hago, se imagina que lo hago de malas y se enoja. Y si no lo hago, obviamente también se enoja. Pero si yo le digo que se imagina el hecho de que lo haga de malas, pss también se enoja... ni cómo hacerle.
Por eso yo decía que solo me quiere cuando no hay otra persona en la casa, ¿será? ¿O me lo imagino?
* * *
Amigos míos, lamento haberles hecho leer esto, pero no he tenido nada de tiempo ni demasiadas ideas para publicar otras cosas. Además estoy súper enojado porque el Messenger lleva días sin dejar que me conecte, aunque creo que no es el servicio en sí, si no más bien mi computadora Chafamex. Pero, ustedes disculparán la tardanza, y aún así no me olvido de ustedes.
¿ok Is varnis 10 4 chido liro liro? Sale pues, me voy antes de tirar más aceite.
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jueves, 4 de noviembre de 2010
martes, 24 de agosto de 2010
Mi reflejo
Hacía buen rato que me sentía ausente, fuera del tiempo y del espacio, divagando entre mis miedos, angustias y pensamientos más confusos.
De pronto me descubro frente al espejo de mi habitación, de espaldas a él y con los brazos cruzados sobre el pecho. Estoy con la cabeza baja y con el rostro sudoroso de tanto pensar y pensar, dándole vueltas al mismo asunto.
Ahora soy consciente de lo que sucedió el día de hoy y del por qué me encuentro aquí tan agitado. Claro, todo empezó cuando al salir de mi casa, la gente fijaba su mirada en mí, penetrante, escudriñadora y sobre todo con una fascinación y curiosidad morbosas. Examinaban mis movimientos, mis gestos, ademanes y expresiones a detalle. Tanto así, que a los niños se les solían atravesar algunos postes por el camino, y al estar tan absortos observándome, sus cabezas rebotaban con ellos sin remedio. Los adultos por su parte lo hacían más disimuladamente, pero sin lograr ocultarse de mi perspicacia, si así le podemos llamar. Era irritante sentir todas aquellas miradas sobre mi espalda siguiéndome y acosándome por doquier. Mi cara enrojecía y mi gesto se congeló en una eterna mueca de disgusto y frustración.
Aún no logro comprender qué es lo que sucedió hoy, por qué es que las personas tenían qué estar viéndome y criticándome... ¿cuál era la diferencia en mí con respecto a todos los demás? ¿Por qué nunca me había sentido tan marginado antes y qué había cambiado desde la última vez que salí a la calle?
Ahora lo comprendo: precisamente esa era mi intención al venir a detenerme frente al espejo, el descubrir de una vez por todas qué es lo que tanto atraía la curiosidad malsana de las personas. No tiene que ver con nada de mi interior, porque de ser así, no me comerían con la mirada. Evidentemente, era algo exterior, superficial, visible.
Sin embargo tengo ya buen rato parado aquí, de espaldas a mi reflejo. Mis pies me gritan, me exigen un movimiento para librarlos de mi peso. Mis manos sudan frío y mis lagrimales caprichosos exigen liberar dos lágrimas, contrario a mi voluntad. Tal vez... quizás tengo miedo encontrarme de frente con ese rasgo, esa característica que me hace tan distinto y tan señalable entre la gente. No me atrevo a recibir el grito de mi reflejo sobre mi rostro, penetrándome como la hoja de una espada de dos filos. Aún así, es necesario hacerlo para enfrentarme con él, no hay mejor modo de superarlo o bien, caer derrotado de una vez por todas, liberándome de todas formas de esta terrible angustia.
Lentamente dejo caer los brazos a mis costados: Palpo mi pantalón de mezclilla que se ciñe a mis piernas y mis caderas pero... no tiene nada que ver este asunto con mi vestimenta, ¿verdad?
-No seas cobarde y enfréntate --me digo a mí mismo--, no puede haber nada peor que la incertidumbre.
Claro, mi cerebro dibuja pedazos de razón en mis pensamientos, y creo que dadas las circunstancias, he de completar el cuadro de forma razonable también. Al fin, empiezo a girar pero aún con los ojos cerrados hasta quedar de frente. Con la mano derecha retiro el sudor que perla mi frente y al mismo tiempo la refresco con mi mano helada. Al fin me decido a abrir los ojos para visualizarme.
La cruda realidad me abofetea sin piedad.
-¡Pero esto no es nuevo! --pienso-- Esto es algo de todos los días, solo que... lo olvidé por unos segundos.
¡Pero la gente no lo olvida jamás! ¡Ellos recuerdan muy bien la pequeña gran diferencia! Mi puño hace añicos el espejo en un segundo, como si así pudiera cambiar la fría verdad de que... no puedo contemplar mi reflejo.
De pronto me descubro frente al espejo de mi habitación, de espaldas a él y con los brazos cruzados sobre el pecho. Estoy con la cabeza baja y con el rostro sudoroso de tanto pensar y pensar, dándole vueltas al mismo asunto.
Ahora soy consciente de lo que sucedió el día de hoy y del por qué me encuentro aquí tan agitado. Claro, todo empezó cuando al salir de mi casa, la gente fijaba su mirada en mí, penetrante, escudriñadora y sobre todo con una fascinación y curiosidad morbosas. Examinaban mis movimientos, mis gestos, ademanes y expresiones a detalle. Tanto así, que a los niños se les solían atravesar algunos postes por el camino, y al estar tan absortos observándome, sus cabezas rebotaban con ellos sin remedio. Los adultos por su parte lo hacían más disimuladamente, pero sin lograr ocultarse de mi perspicacia, si así le podemos llamar. Era irritante sentir todas aquellas miradas sobre mi espalda siguiéndome y acosándome por doquier. Mi cara enrojecía y mi gesto se congeló en una eterna mueca de disgusto y frustración.
Aún no logro comprender qué es lo que sucedió hoy, por qué es que las personas tenían qué estar viéndome y criticándome... ¿cuál era la diferencia en mí con respecto a todos los demás? ¿Por qué nunca me había sentido tan marginado antes y qué había cambiado desde la última vez que salí a la calle?
Ahora lo comprendo: precisamente esa era mi intención al venir a detenerme frente al espejo, el descubrir de una vez por todas qué es lo que tanto atraía la curiosidad malsana de las personas. No tiene que ver con nada de mi interior, porque de ser así, no me comerían con la mirada. Evidentemente, era algo exterior, superficial, visible.
Sin embargo tengo ya buen rato parado aquí, de espaldas a mi reflejo. Mis pies me gritan, me exigen un movimiento para librarlos de mi peso. Mis manos sudan frío y mis lagrimales caprichosos exigen liberar dos lágrimas, contrario a mi voluntad. Tal vez... quizás tengo miedo encontrarme de frente con ese rasgo, esa característica que me hace tan distinto y tan señalable entre la gente. No me atrevo a recibir el grito de mi reflejo sobre mi rostro, penetrándome como la hoja de una espada de dos filos. Aún así, es necesario hacerlo para enfrentarme con él, no hay mejor modo de superarlo o bien, caer derrotado de una vez por todas, liberándome de todas formas de esta terrible angustia.
Lentamente dejo caer los brazos a mis costados: Palpo mi pantalón de mezclilla que se ciñe a mis piernas y mis caderas pero... no tiene nada que ver este asunto con mi vestimenta, ¿verdad?
-No seas cobarde y enfréntate --me digo a mí mismo--, no puede haber nada peor que la incertidumbre.
Claro, mi cerebro dibuja pedazos de razón en mis pensamientos, y creo que dadas las circunstancias, he de completar el cuadro de forma razonable también. Al fin, empiezo a girar pero aún con los ojos cerrados hasta quedar de frente. Con la mano derecha retiro el sudor que perla mi frente y al mismo tiempo la refresco con mi mano helada. Al fin me decido a abrir los ojos para visualizarme.
La cruda realidad me abofetea sin piedad.
-¡Pero esto no es nuevo! --pienso-- Esto es algo de todos los días, solo que... lo olvidé por unos segundos.
¡Pero la gente no lo olvida jamás! ¡Ellos recuerdan muy bien la pequeña gran diferencia! Mi puño hace añicos el espejo en un segundo, como si así pudiera cambiar la fría verdad de que... no puedo contemplar mi reflejo.
jueves, 19 de agosto de 2010
Criaturas por montones
Era una tarde tranquila y normal. El cielo estaba muy nublado, negro por donde lo vieras. Era evidente que la vecina se atormentaba… quise decir, que la tormenta se avecinaba. Aún así me parecía que había un aroma de paz en el ambiente. Estando sin mucho que hacer, mi mamá se me acercó y me propuso que la acompañara a ella y a mi hermana a la tienda de autoservicio, donde compraríamos lo esencial para sobrevivir la semana. Acepté y en seguida nos pusimos en camino. La música contenida en mi iPod me hacía más placentero el viaje y me hacía disfrutar aún más de aquella tarde… poco me imaginaba lo que me sucedería minutos después.
Nos apeamos de la camioneta y nos dirigimos a la entrada del establecimiento. Inmediatamente luego de haber cruzado la puerta, tuve la visión más horrorosa que jamás había imaginado: un enjambre compuesto por lo que parecían ser millones de criaturas extrañas y diminutas y que daban la impresión de salir de todos los recovecos de la tienda inundaban los pasillos, abarrotaban el ambiente y hacían que el aire se sintiera pesado, contaminado y dañino para mi cuerpo. Al mismo tiempo, entre toda aquella multitud de especímenes extraños, se movían otros más grandes que sí tenían la apariencia de seres humanos comunes y corrientes, pero lo que me hacía dudar de que lo fueran era que se movían con toda calma y tranquilidad entre aquel ejército de criaturitas, que incluso los tocaban y les hablaban sin inmutarse. Yo estaba horrorizado.
Lo peor del caso era que mi mamá y mi hermana parecían compartir la misma reacción que los humanos que se movían por la tienda, pues no se detuvieron ni se sorprendieron lo más mínimo ante tamaño espectáculo; más aún, me impulsaban a seguir avanzando hacia el interior de aquel infierno.
Yo no podía más… estaba a punto de soltar un tremendo alarido de desesperación en reacción a las estridentes vocecitas que lastimaban mis tímpanos y que procedían de las bocas de aquellas criaturas. Entonces sentí una mano en mi hombro que me sobresaltó hasta el punto de soltar un “¡ay!” de sorpresa, que también espantó a mi hermana, que era la que me tocaba. Tras recuperar la calma --si así le podemos llamar--, me dijo:
-¿Qué fregados te pasa? ¡Me asustaste!
Y le contesté inquieto y temblando:
-¿Pues qué no ves a donde estamos entrando? Y todas esas cosas moviéndose y llenando este lugar… ¡vámonos de aquí!
-Cómo eres payaso, ¿qué no ves que son niños? No sabía que le tenías fobia a los niños.
De pronto la venda cayó de mis ojos, y noté que esa era la razón por la que no podía distinguir bien esas figuras. Efectivamente, eran niños, acompañados por sus papás que estaban comprando todo tipo de artículos y llevándolos a las cajas registradoras para pagarlos. Entonces mi semblante cambió radicalmente; se dibujó una boba sonrisa en mi rostro y me puse colorado de vergüenza.
Sin embargo, aquella experiencia me hizo ponerme a pensar profundamente, y meditar sobre un asunto.
A mí siempre me han parecido muy bonitos y encantadores los niños; de hecho en mi caso personal, siempre quise ser un niño para siempre jamás, así tipo Peter Pan. Pero hay algo que sí me preocupó: ¿cómo era posible que hubiera tal falta de conciencia y consideración en las personas –sean casadas o no—como para estar trayendo niños a este mundo a diestra y siniestra como si fueran conejitos en criadero?
Pero dejemos el tiempo pasado en mis verbos, porque esto es precisamente lo que se ve hoy día. En lugar de que se reduzca la fabricación en serie de seres humanos diminutos, pareciera ser que hay un premio al que más logre tener. Es verdaderamente inconcebible, inconsciente, inhumano, inmoral, irrazonable, insensato y hasta estúpido el que, viendo cómo está la situación actual en cuanto a economía, salud, seguridad personal y familiar, alimentación, estabilidad moral y mental, etc, se sigan empeñando en llenar a este país de niños inocentes que solo vienen a sufrir injustamente.
No estoy criticando ni condenando a quienes tengan el deseo de tener un hijo y lo hagan realidad con toda responsabilidad. Esa es una decisión puramente personal, pero son más los niños traídos al mundo por irresponsabilidades que los deseados de verdad… pero no comencemos de nuevo.
Total, si quieren tener hijos sin control, váyanse a Europa donde el promedio de edad es de puro vejete.
Ya, lo dije y lo sostengo.
* * *
Por cierto, me disculpo por mi ausencia en estos parajes, mas no andaba muerto, andaba de parranda. No les prometo escribir muy seguido, pero tampoco los abandonaré.
* * *
Nota:
Si ya están esperando un hijo y este post les hizo reflexionar sobre la irresponsabilidad de traer niños sin control, no sean tarugos y no piensen en el aborto. Ups, creo que no lo habían pensado hasta que lo mencioné.¬¬ Total, olvídenlo.
Nos apeamos de la camioneta y nos dirigimos a la entrada del establecimiento. Inmediatamente luego de haber cruzado la puerta, tuve la visión más horrorosa que jamás había imaginado: un enjambre compuesto por lo que parecían ser millones de criaturas extrañas y diminutas y que daban la impresión de salir de todos los recovecos de la tienda inundaban los pasillos, abarrotaban el ambiente y hacían que el aire se sintiera pesado, contaminado y dañino para mi cuerpo. Al mismo tiempo, entre toda aquella multitud de especímenes extraños, se movían otros más grandes que sí tenían la apariencia de seres humanos comunes y corrientes, pero lo que me hacía dudar de que lo fueran era que se movían con toda calma y tranquilidad entre aquel ejército de criaturitas, que incluso los tocaban y les hablaban sin inmutarse. Yo estaba horrorizado.
Lo peor del caso era que mi mamá y mi hermana parecían compartir la misma reacción que los humanos que se movían por la tienda, pues no se detuvieron ni se sorprendieron lo más mínimo ante tamaño espectáculo; más aún, me impulsaban a seguir avanzando hacia el interior de aquel infierno.
Yo no podía más… estaba a punto de soltar un tremendo alarido de desesperación en reacción a las estridentes vocecitas que lastimaban mis tímpanos y que procedían de las bocas de aquellas criaturas. Entonces sentí una mano en mi hombro que me sobresaltó hasta el punto de soltar un “¡ay!” de sorpresa, que también espantó a mi hermana, que era la que me tocaba. Tras recuperar la calma --si así le podemos llamar--, me dijo:
-¿Qué fregados te pasa? ¡Me asustaste!
Y le contesté inquieto y temblando:
-¿Pues qué no ves a donde estamos entrando? Y todas esas cosas moviéndose y llenando este lugar… ¡vámonos de aquí!
-Cómo eres payaso, ¿qué no ves que son niños? No sabía que le tenías fobia a los niños.
De pronto la venda cayó de mis ojos, y noté que esa era la razón por la que no podía distinguir bien esas figuras. Efectivamente, eran niños, acompañados por sus papás que estaban comprando todo tipo de artículos y llevándolos a las cajas registradoras para pagarlos. Entonces mi semblante cambió radicalmente; se dibujó una boba sonrisa en mi rostro y me puse colorado de vergüenza.
Sin embargo, aquella experiencia me hizo ponerme a pensar profundamente, y meditar sobre un asunto.
A mí siempre me han parecido muy bonitos y encantadores los niños; de hecho en mi caso personal, siempre quise ser un niño para siempre jamás, así tipo Peter Pan. Pero hay algo que sí me preocupó: ¿cómo era posible que hubiera tal falta de conciencia y consideración en las personas –sean casadas o no—como para estar trayendo niños a este mundo a diestra y siniestra como si fueran conejitos en criadero?
Pero dejemos el tiempo pasado en mis verbos, porque esto es precisamente lo que se ve hoy día. En lugar de que se reduzca la fabricación en serie de seres humanos diminutos, pareciera ser que hay un premio al que más logre tener. Es verdaderamente inconcebible, inconsciente, inhumano, inmoral, irrazonable, insensato y hasta estúpido el que, viendo cómo está la situación actual en cuanto a economía, salud, seguridad personal y familiar, alimentación, estabilidad moral y mental, etc, se sigan empeñando en llenar a este país de niños inocentes que solo vienen a sufrir injustamente.
No estoy criticando ni condenando a quienes tengan el deseo de tener un hijo y lo hagan realidad con toda responsabilidad. Esa es una decisión puramente personal, pero son más los niños traídos al mundo por irresponsabilidades que los deseados de verdad… pero no comencemos de nuevo.
Total, si quieren tener hijos sin control, váyanse a Europa donde el promedio de edad es de puro vejete.
Ya, lo dije y lo sostengo.
* * *
Por cierto, me disculpo por mi ausencia en estos parajes, mas no andaba muerto, andaba de parranda. No les prometo escribir muy seguido, pero tampoco los abandonaré.
* * *
Nota:
Si ya están esperando un hijo y este post les hizo reflexionar sobre la irresponsabilidad de traer niños sin control, no sean tarugos y no piensen en el aborto. Ups, creo que no lo habían pensado hasta que lo mencioné.¬¬ Total, olvídenlo.
lunes, 14 de junio de 2010
Para sus peores momentos de locura, llame a...
Grabación de la contestadora del Instituto de Salud Mental
Gracias por llamar al Instituto de Salud Mental, su más sana compañía en sus momentos de mayor locura:
• Si usted es obsesivo-compulsivo, presione repetidamente el número 1.
• Si usted es co-dependiente, pídale a alguien que presione el número 2 por usted.
• Si usted tiene múltiples personalidades, presione el 3, 4, 5, y 6.
• Si usted es paranoico, nosotros ya sabemos quién es usted, sabemos lo que hace, y sabemos lo que quiere. Espere en la línea mientras rastreamos su llamada.
• Si usted sufre de alucinaciones, presione el 7 y su llamada será transferida al departamento de 'Elefantes Rosados'.
• Si usted es esquizofrénico, escuche cuidadosamente, y una pequeña voz le dirá cuál número presionar.
• Si usted es depresivo, no importa cual número marque. Nadie le va a contestar.
• Si usted sufre de amnesia, presione 8 y diga en voz alta su nombre, dirección, teléfonos, cédula, fecha de nacimiento, estado civil y el apellido de soltera de su madre.
• Si usted sufre de estrés post-traumático, presione lentamente la tecla # hasta que alguien se apiade de usted.
• Si usted sufre de indecisión, deje su mensaje luego de escuchar el tono, o antes del tono, o después del tono, o durante el tono. En todo caso, espere el tono.
• Si sufre de pérdida de la memoria a corto plazo, presione 9. Si sufre de pérdida de la memoria a corto plazo, presione 9. Si sufre de pérdida de la memoria a corto plazo, presione 9. Si sufre de pérdida de la memoria a corto plazo, presione 9.
• Si tiene la autoestima baja, por favor cuelgue. Todos nuestros operadores están ocupados atendiendo a personas más importantes que usted.
Gracias por llamar al Instituto de Salud Mental, su más sana compañía en sus momentos de mayor locura:
• Si usted es obsesivo-compulsivo, presione repetidamente el número 1.
• Si usted es co-dependiente, pídale a alguien que presione el número 2 por usted.
• Si usted tiene múltiples personalidades, presione el 3, 4, 5, y 6.
• Si usted es paranoico, nosotros ya sabemos quién es usted, sabemos lo que hace, y sabemos lo que quiere. Espere en la línea mientras rastreamos su llamada.
• Si usted sufre de alucinaciones, presione el 7 y su llamada será transferida al departamento de 'Elefantes Rosados'.
• Si usted es esquizofrénico, escuche cuidadosamente, y una pequeña voz le dirá cuál número presionar.
• Si usted es depresivo, no importa cual número marque. Nadie le va a contestar.
• Si usted sufre de amnesia, presione 8 y diga en voz alta su nombre, dirección, teléfonos, cédula, fecha de nacimiento, estado civil y el apellido de soltera de su madre.
• Si usted sufre de estrés post-traumático, presione lentamente la tecla # hasta que alguien se apiade de usted.
• Si usted sufre de indecisión, deje su mensaje luego de escuchar el tono, o antes del tono, o después del tono, o durante el tono. En todo caso, espere el tono.
• Si sufre de pérdida de la memoria a corto plazo, presione 9. Si sufre de pérdida de la memoria a corto plazo, presione 9. Si sufre de pérdida de la memoria a corto plazo, presione 9. Si sufre de pérdida de la memoria a corto plazo, presione 9.
• Si tiene la autoestima baja, por favor cuelgue. Todos nuestros operadores están ocupados atendiendo a personas más importantes que usted.
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El mundo de hoy,
Los peores miedos del autor
domingo, 6 de junio de 2010
La hombre y el mujer
Érase una vez, en un país muy, muy cercano, un hombre que no era hombre, y una mujer que no era mujer. Él (que más bien era ella) tenía cuerpo de hombre aunque no lo fuera, y tenía gustos de hombre también. Ella (que más bien era él) igualmente tenía cuerpo de mujer, y gustos de mujer.
Sin embargo en el caso de él (que más bien era ella), era sumamente sensible, cariñoso, sentimental, meloso, detallista, etc. Y en el caso de ella (que más bien era él), era demasiado ruda, aguerrida, calzonuda, combativa, enérgica, etc.
Por tanto, entre ellos dos existía una amistad muy fuerte, pues se entendían a la perfección. Por ejemplo, cuando él (que más bien era ella) quería platicarle algo a ella (que más bien era él) y ella (que más bien era él) lo interrumpía constantemente, él (que más bien era ella) se ponía triste o se enojaba o se sentía, como toda mujer, y por lo tanto ella (que más bien era él) le propinaba un Zape y le decía:
-No chilles, no seas niña (cosa que le era sentimentalmente imposible, porque a pesar de que físicamente era hombre, él… --¡upss! No puedo abrir otro paréntesis dentro de un paréntesis, se vería raro. Mejor abramos un corchete y continuemos.—[que más bien era ella] con su conducta y mentalidad no podía dejar de parecerse a una mujer).
Aún así, pese a existir tal compatibilidad entre ellos, les era imposible desarrollar otro sentimiento que no fuera el de amistad, debido a circunstancias muy específicas.
Por tanto, para no sentirse solos, estaban decididos a encontrar una pareja para cada cual. Pero por supuesto el problema radicaba en encontrar las personas que les fueran afines.
Y claro, a las mujeres de ese tiempo ya no les gustaban los hombres como él (que más bien era ella), sino que preferían un hombre en toda la extensión de la palabra. Y en el otro caso, a los hombres no les agradaba una mujer de esas características, como las de ella (que más bien era él), porque se sentían dominados y no dominadores.
Pero centrémonos principalmente en él (que más bien era ella), quien luego de tanto buscar y luchar, logró encontrar a una mujer (que sí era ella) que lo comprendía, lo aceptaba y sobre todo lo amaba tal y como era.
Su relación prosperó, creció en afecto hasta llegar a ser novios. Luego siguieron avanzando hasta el grado de quedar comprometidos, e incluso se fijó la fecha para contraer nupcias.
Sin embargo, es lógico que no iban a vivir por siempremente felices; tenía qué haber un pero. Ella (que sí era ella), había olvidado comentar algo de trascendental importancia en la relación y que al exponerlo, surgió un problema de carácter biológico, psicológico, psiquiátrico y ecológico. Sí, afectaría la ecología del planeta porque ella (que sí era ella) dijo:
-Amor, cuando nosotros tengamos nuestros HIJOS…
¡cataplum! La calamidad se derrumbó sobre la cabeza de él (que más bien era ella). Y consistía en lo siguiente: si él era ella, pero ella sí era ella, aunque biológicamente él (que más bien era ella) seguía siendo él, y ella (que sí era ella) seguía siendo ella… ¿qué serían los hijos?
Como resultado de este tremendo dilema --que, como dije, fue desastroso en sentido psicológico y psiquiátrico--, la razón de él (que más bien era ella) sufrió una severa conmoción, dejándolo completa y perdidamente loco.
Fue encerrado en su casa por el resto de sus días, confinado a chatear con las mujeres que lo aceptaran en su Messenger; pero por supuesto, sin dejar nunca de lado su personalidad de un atento y distinguido caballero (que más bien era ella).
Sin embargo en el caso de él (que más bien era ella), era sumamente sensible, cariñoso, sentimental, meloso, detallista, etc. Y en el caso de ella (que más bien era él), era demasiado ruda, aguerrida, calzonuda, combativa, enérgica, etc.
Por tanto, entre ellos dos existía una amistad muy fuerte, pues se entendían a la perfección. Por ejemplo, cuando él (que más bien era ella) quería platicarle algo a ella (que más bien era él) y ella (que más bien era él) lo interrumpía constantemente, él (que más bien era ella) se ponía triste o se enojaba o se sentía, como toda mujer, y por lo tanto ella (que más bien era él) le propinaba un Zape y le decía:
-No chilles, no seas niña (cosa que le era sentimentalmente imposible, porque a pesar de que físicamente era hombre, él… --¡upss! No puedo abrir otro paréntesis dentro de un paréntesis, se vería raro. Mejor abramos un corchete y continuemos.—[que más bien era ella] con su conducta y mentalidad no podía dejar de parecerse a una mujer).
Aún así, pese a existir tal compatibilidad entre ellos, les era imposible desarrollar otro sentimiento que no fuera el de amistad, debido a circunstancias muy específicas.
Por tanto, para no sentirse solos, estaban decididos a encontrar una pareja para cada cual. Pero por supuesto el problema radicaba en encontrar las personas que les fueran afines.
Y claro, a las mujeres de ese tiempo ya no les gustaban los hombres como él (que más bien era ella), sino que preferían un hombre en toda la extensión de la palabra. Y en el otro caso, a los hombres no les agradaba una mujer de esas características, como las de ella (que más bien era él), porque se sentían dominados y no dominadores.
Pero centrémonos principalmente en él (que más bien era ella), quien luego de tanto buscar y luchar, logró encontrar a una mujer (que sí era ella) que lo comprendía, lo aceptaba y sobre todo lo amaba tal y como era.
Su relación prosperó, creció en afecto hasta llegar a ser novios. Luego siguieron avanzando hasta el grado de quedar comprometidos, e incluso se fijó la fecha para contraer nupcias.
Sin embargo, es lógico que no iban a vivir por siempremente felices; tenía qué haber un pero. Ella (que sí era ella), había olvidado comentar algo de trascendental importancia en la relación y que al exponerlo, surgió un problema de carácter biológico, psicológico, psiquiátrico y ecológico. Sí, afectaría la ecología del planeta porque ella (que sí era ella) dijo:
-Amor, cuando nosotros tengamos nuestros HIJOS…
¡cataplum! La calamidad se derrumbó sobre la cabeza de él (que más bien era ella). Y consistía en lo siguiente: si él era ella, pero ella sí era ella, aunque biológicamente él (que más bien era ella) seguía siendo él, y ella (que sí era ella) seguía siendo ella… ¿qué serían los hijos?
Como resultado de este tremendo dilema --que, como dije, fue desastroso en sentido psicológico y psiquiátrico--, la razón de él (que más bien era ella) sufrió una severa conmoción, dejándolo completa y perdidamente loco.
Fue encerrado en su casa por el resto de sus días, confinado a chatear con las mujeres que lo aceptaran en su Messenger; pero por supuesto, sin dejar nunca de lado su personalidad de un atento y distinguido caballero (que más bien era ella).
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Las peores desdichas,
Los peores miedos del autor
miércoles, 5 de mayo de 2010
LOS HERMOSOS OJOS VERDES de Patroclo
Pith Zahot:
¿Hacia dónde estás volteando, amor? Porque siento que no me estás MIRANDO.
Ariadna (VISIBLEMENTE sorprendida):
Pues hacia el frente, corazón, porque si no, nos caemos… ¿no VES que yo soy tus OJOS?
Pith Zahot (meditando):
"Mentirosa, bien sé hacia dónde está VIENDO. Pero no puedo decir nada, porque entonces la contrariada sería ella..."
Ariadna (interrumpiendo los pensamientos de aquel):
¿Por qué te has quedado tan pensativo, cariño?
Pith Zahot:
No es nada, pensaba en la dicotomía entre el cielo y el infierno.
Ariadna:
Amor, pero si sabes que el infierno como lo pintan no existe… habla y dime en qué pensabas.
Pith Zahot (con un suspiro):
De acuerdo: pensaba en que sé exactamente hacia qué rumbo iba tu MIRADA cuando te lo pregunté.
Ariadna (con un tono burlesco):
Pero tú ni VES… ¿Cómo rayos ibas a saber hacia dondeMIRABA?
Pith Zahot:
No, pero mi instinto me lo indicó infaliblemente.
Ariadna:
¿De verdad? Y según tu “instinto”, ¿hacia donde MIRABA, pues?
Pith Zahot:
¿Para qué decirlo? Solo te molestarás más… de acuerdo, de acuerdo, no me VEAS así, te lo diré: estabas VIENDO a Patroclo directamente a sus OJAZOS VERDES.
Ariadna (todavía más sorprendida e incómoda):
¡Pero tú ni VES! ¿Cómo sabes eso?
Pith Zahot (con la misma calma que le caracteriza):
Por favor, no soy estúpido. Hace ya tiempo que lo observas, sé que te gusta su MIRADA y sobre todo esos OJOS VERDES tan VISTOSOS.
Ariadna (algo ruborizada):
Pero… pero… ¿cómo puedes tú saber eso? ¿Quién te ha dicho semejante cosa?
Pith Zahot:
Eso no importa, lo que importa es que hasta ahora no lo has negado, y que tú sola me estás confirmando algo que solo era una ligera sospecha.
Ariadna:
¡Claro que no! Yo solo…
Pith Zahot (perdiendo la calma):
¡Ya basta! No me digas más, no me trates de VER la cara y no lo niegues ahora, amor. Ambos sabemos que esa pregunta de “¿qué tiene él que no tenga yo?” sería estúpida. ¡Acéptalo! Adoras sus OJOS VERDES.
Ariadna (con la MIRADA baja):
Lo siento, de verdad lo lamento. Es que… yo te quiero a ti, pero al VER sus hermosos OJOS VERDES... no pude evitar MIRARLOS y luego se volvió un vicio; no podía dejar de alimentarme de la luz de sus hermosos OJOS VERDES y de su MIRADA tan triste y tan encantadora que me llena el alma, que me hace vibrar, que me estremece cuando la VEO, que me mueve el suelo, que…
Pith Zahot:
¡Respira mujer, respira! ¡No tienes qué echarme en cara todas sus bellezas OCULARES!
Ariadna (luego de tomar estrepitosamente el aire):
Pero no te enojes conmigo… o qué, ¿estás celoso? ¿Es eso? ¿Ahora resulta que eres celoso e inseguro? ¿Me vas a hacer una escenita? ¿VES moros con tranchetes?
Pith Zahot (ya muy molesto pensó):
“¡Yo no VEO nada!" –Y luego dijo-- ¿Y por qué no? ¡Tú sabes que nunca lo he sido, pero si hay algo contra lo que no puedo luchar y perfectamente pudiera celar a mi chica es precisamente por esto! ¿Cómo puedo yo saber cuándo estás VIENDO los OJOS de otro hombre? ¿Cómo saber qué es lo que te gusta de la MIRADA de aquel que vas VIENDO y MIENTRAS tranquilamente sigues caminando al lado de este tonto que no te puede ofrecer absolutamente nada al respecto? ¡Nunca te he celado hasta ahora! ¡Gané tu corazón a pulso, con todas mis cualidades te fui enamorando hasta que llegaste a ser para mí por mis méritos! ¡Luché contra todo lo que te ofrecían todos los demás y vencí, me gané tu corazón! –Luego, bajando el tono y visiblemente más triste que enfadado prosiguió—Y ahora resulta que te fijas en LOS HERMOSOS OJOS VERDES de Patroclo.
No importa, amada mía, vete con él y déjame aquí si es lo que quieres. Luego VEREMOS qué es lo que sí tengo yo, que no tenga él.
¿Hacia dónde estás volteando, amor? Porque siento que no me estás MIRANDO.
Ariadna (VISIBLEMENTE sorprendida):
Pues hacia el frente, corazón, porque si no, nos caemos… ¿no VES que yo soy tus OJOS?
Pith Zahot (meditando):
"Mentirosa, bien sé hacia dónde está VIENDO. Pero no puedo decir nada, porque entonces la contrariada sería ella..."
Ariadna (interrumpiendo los pensamientos de aquel):
¿Por qué te has quedado tan pensativo, cariño?
Pith Zahot:
No es nada, pensaba en la dicotomía entre el cielo y el infierno.
Ariadna:
Amor, pero si sabes que el infierno como lo pintan no existe… habla y dime en qué pensabas.
Pith Zahot (con un suspiro):
De acuerdo: pensaba en que sé exactamente hacia qué rumbo iba tu MIRADA cuando te lo pregunté.
Ariadna (con un tono burlesco):
Pero tú ni VES… ¿Cómo rayos ibas a saber hacia dondeMIRABA?
Pith Zahot:
No, pero mi instinto me lo indicó infaliblemente.
Ariadna:
¿De verdad? Y según tu “instinto”, ¿hacia donde MIRABA, pues?
Pith Zahot:
¿Para qué decirlo? Solo te molestarás más… de acuerdo, de acuerdo, no me VEAS así, te lo diré: estabas VIENDO a Patroclo directamente a sus OJAZOS VERDES.
Ariadna (todavía más sorprendida e incómoda):
¡Pero tú ni VES! ¿Cómo sabes eso?
Pith Zahot (con la misma calma que le caracteriza):
Por favor, no soy estúpido. Hace ya tiempo que lo observas, sé que te gusta su MIRADA y sobre todo esos OJOS VERDES tan VISTOSOS.
Ariadna (algo ruborizada):
Pero… pero… ¿cómo puedes tú saber eso? ¿Quién te ha dicho semejante cosa?
Pith Zahot:
Eso no importa, lo que importa es que hasta ahora no lo has negado, y que tú sola me estás confirmando algo que solo era una ligera sospecha.
Ariadna:
¡Claro que no! Yo solo…
Pith Zahot (perdiendo la calma):
¡Ya basta! No me digas más, no me trates de VER la cara y no lo niegues ahora, amor. Ambos sabemos que esa pregunta de “¿qué tiene él que no tenga yo?” sería estúpida. ¡Acéptalo! Adoras sus OJOS VERDES.
Ariadna (con la MIRADA baja):
Lo siento, de verdad lo lamento. Es que… yo te quiero a ti, pero al VER sus hermosos OJOS VERDES... no pude evitar MIRARLOS y luego se volvió un vicio; no podía dejar de alimentarme de la luz de sus hermosos OJOS VERDES y de su MIRADA tan triste y tan encantadora que me llena el alma, que me hace vibrar, que me estremece cuando la VEO, que me mueve el suelo, que…
Pith Zahot:
¡Respira mujer, respira! ¡No tienes qué echarme en cara todas sus bellezas OCULARES!
Ariadna (luego de tomar estrepitosamente el aire):
Pero no te enojes conmigo… o qué, ¿estás celoso? ¿Es eso? ¿Ahora resulta que eres celoso e inseguro? ¿Me vas a hacer una escenita? ¿VES moros con tranchetes?
Pith Zahot (ya muy molesto pensó):
“¡Yo no VEO nada!" –Y luego dijo-- ¿Y por qué no? ¡Tú sabes que nunca lo he sido, pero si hay algo contra lo que no puedo luchar y perfectamente pudiera celar a mi chica es precisamente por esto! ¿Cómo puedo yo saber cuándo estás VIENDO los OJOS de otro hombre? ¿Cómo saber qué es lo que te gusta de la MIRADA de aquel que vas VIENDO y MIENTRAS tranquilamente sigues caminando al lado de este tonto que no te puede ofrecer absolutamente nada al respecto? ¡Nunca te he celado hasta ahora! ¡Gané tu corazón a pulso, con todas mis cualidades te fui enamorando hasta que llegaste a ser para mí por mis méritos! ¡Luché contra todo lo que te ofrecían todos los demás y vencí, me gané tu corazón! –Luego, bajando el tono y visiblemente más triste que enfadado prosiguió—Y ahora resulta que te fijas en LOS HERMOSOS OJOS VERDES de Patroclo.
No importa, amada mía, vete con él y déjame aquí si es lo que quieres. Luego VEREMOS qué es lo que sí tengo yo, que no tenga él.
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