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martes, 1 de marzo de 2011

Centro de almacenaje de cocacólicos anónimos (CACA)

Hoy, primero de marzo de 2011 es un día muy especial para mí. No lo era, hasta hoy; porque yo, Pith Zahot, alias El enemigo público hago una formal declaración ante todos los hermanos bloggers:
Primeramente hago oficial el anuncio de que a partir de hoy, se inaugura un centro de rehabilitación, cuyo director y fundador es su servidor. Dicho centro ayudará a rehabilitarse a las personas con un problema como el mío… y de ahí viene el anuncio más importante por comunicarles:
A partir de hoy prometo solemnemente ante todos mis lectores, que reduciré hasta eliminar el hábito de ingerir Coca-Cola hasta tiempo indefinido.

Sí señores, así como lo leen. Precisamente por eso decidí fundar este centro, que como ven en el título llevará el nombre de CENTRO DE ALMACENAJE DE COCACÓLICOS ANÓNIMOS (CACA).

“Pero ¿por qué “de almacenaje”?” Se preguntarán ustedes. Y la respuesta es muy simple.

El CACA cumplirá la función de rehabilitar a todas las personas que sufran el problema de la ingesta descontrolada del mencionado refresco u otros parecidos; pero para cumplir con el cometido, puede hacerse de dos maneras: si la persona reconoce que tiene un problema y por propia voluntad acepta la ayuda que se le brindará, entonces el almacenaje lo llevará en su interior, es decir, él mismo está encarcelando el deseo de beber refresco para que no se le escape.

Sin embargo, si la persona con dicho problema no acepta que lo tiene, ni la ayuda proporcionada, entonces el almacenaje será físico, pues tendrá que encerrarse a dicha persona en el CACA contra su voluntad, para someterla a diversas torturas físicas y psicológicas con el mero fin de que abandone el vicio (esto no equivale a una privación ilegal de la libertad, ni tampoco viola los derechos humanos... que quede claro). Nos reservamos el derecho de admisión y el derecho a revelar nuestros métodos de rehabilitación.

“¿Y por qué te decidiste a crear este centro y a dejar de tomar Coca, si eras tan feliz?” También se preguntarán.

Las razones son sencillas: El otro día felizmente me dispuse a disfrutar de unas suculentas gorditas de chicharrón con un grupo de amigos míos. Al llegar al establecimiento tomamos asiento y dimos nuestra orden al mesero. Pero cuando él preguntó qué íbamos a tomar, todos, absolutamente todos los demás pidieron aguas; de horchata, limón, jamaica, mineral… y únicamente yo tuve el descaro de pedir un refresco. Aquello me dejó pensando, además de que me dio harrrrta vergüenza. Ahí fue donde me di cuenta que tengo un problema y decidí remediarlo.

Pero por si fuera poco, al día siguiente mi hermana me contó una historia de terror, la cual yo ya conocía, pero ella me la contó en otra versión. Resulta que una amiga le enseñó a mi hermana un correo que unos amigos le mandaron a su amiga y que le mostró a mi hermana quien vino a platicarme lo que el correo decía y que unos amigos le mandaron a su amiga (de mi hermana)… (ok, me ofusqué) en donde escribieron las consecuencias a corto y largo plazo del exceso en el consumo de bebidas gaseoso-azucaradas. Aquello terminó por decidirme.

Habiéndoles expresado mis planes, requeriré de todo su apoyo moral y psicológico para cumplir con mi propósito. Pero también quiero saber quienes están a favor o en contra de mi decisión.

Además, las inscripciones al CACA están abiertas desde hoy para todo el iluso que decida entrar.

Por su cooperación, gracias.

Nota:
El contenido de este post es verídico en un 15%

miércoles, 16 de febrero de 2011

Me interesas tú, porque me interesa él.

Morrita:
-¡Hola!
Morrito:
-Hola.
Morrita:
-Me da gusto verte.
Morrito:
-Ah ¿Sí? ¿Por qué?
Morrita:
-Pues porque eres genial, me caes súper bien.
Morrito:
-Hombre… muchas gracias.
Morrita:
-No, de nada. ¿Y qué haces?
Morrito:
-Conquistando al mundo.
Morrita:
-Ah, qué bien. Oye, ¿tu amigo Zambombo tiene correo?
Morrito:
-Sí…
Morrita:
-¿Me lo pasas por favor?
Morrito:
-Sabía que lo pedirías… jajaja… pero sí, es: ***
Morrita:
-Jaja, gracias. Oye… ¿Y no sabes si se conecta seguido?
Morrito:
-Ah, tienes mucho interés eeeh…
Morrita:
-Ash, no, solo preguntaba.
Morrito:
-Sí, claro. Pero sí se conecta, sé feliz.
Morrita:
-Ah, gracias. Pero no le digas nada, ¡por favor, nada de nada!
Morrito:
-Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja. Así que es cierto.
Morrita:
-Ps tal vez.
Morrito:
-Está bien, no diré nada.
Morrita:
-Oye, pero tú tampoco estás mal.
Morrito:
-Sí, claro. Te creo.
Morrita:
-¿Sabes? Me gusta platicar contigo. Pero ya me tengo que ir, adiós.
Morrito:
-Ok, que te vaya bien, pero antes dime: ¿Por qué te gusta platicar conmigo?
Morrita:
-Porque es fácil hablar contigo (entiéndase: “porque me serviste perfectamente para lo que te necesitaba”). Adiós entonces.
Morrito:
-Ah ¡gracias! Qué linda eres (de verdad…) Chao.

Nota:

¡Y no, no estoy ardido! ¿O sí?

martes, 11 de enero de 2011

Un dolor cegador

Imaginen por un momento la siguiente situación con todas sus aristas:
Resulta que un día cualquiera al despertar, sufren de un tremendo dolor de cabeza, punzante, constante y agobiante. Definitivamente, no será un día normal, empezando por el hecho de que el dolor es tan intenso que no les será posible asistir al trabajo, pues no les dejaría desempeñar libremente sus actividades. No porque no tengan la capacidad, pues sus manos, pies, ojos, boca, cerebro, etcétera, se encuentran bien, sólo que el dolor nubla las habilidades, retraza los reflejos y combustiona las cadenas de ideas convirtiéndolas en cenizas.

Ahora bien, es lógico pensar que el estado de ánimo no será el mismo, el humor varía considerablemente. No soportan que las personas les hablen, o si acaso no les molestara tanto, tendrían que ser temas que no fueran difíciles de comprender, pues forzar su mente equivaldría a echarle leña al fuego. No es precisamente que estén enojados y echando chispas, simplemente que no es tan fácil conservar una sonrisa en el rostro en todo momento.

El día es largo y tedioso, su cuerpo pide a gritos –como es normal—su actividad física, salir a la calle, gozar de los rayos del sol, la compañía de personas y la convivencia cotidiana; todo lo cual es imposible disfrutar con dicha dolencia aquejándoles. Ah, pero además la gente no quiere venir a visitarlos a ver cómo se encuentran porque 1) todos tienen cosas qué hacer, 2) no todos están dispuestos a aguantar el humor que se cargan hoy o 3) no es algo de tanta gravedad… ¿o sí?

Por si faltara algo, los analgésicos más potentes no hacen efecto y la jaqueca continúa, todo movimiento brusco lo aumenta, los destellos de luz son puñales para sus ojos y el aburrimiento los estresa más. No pueden ver televisión porque… duele, no pueden utilizar la computadora ni nada por el estilo. En todo caso escuchar música relajante, si bien les va. ¡Bah, pues si no pueden ni prepararse una comida elaborada porque el maldito dolor se intensifica! Así pues, pasarán el día entero como ancianitos quejumbrosos en la cama. Pero ¿y si el dolor se extendiera por dos días?, ¿tres?, ¿una semana?

Ahora, les explico toda esta letanía:
Es lógico que a la gente en general le cueste trabajo, por más que se esfuerce, el comprender lo que es estar ciego. Por ello, como un ejercicio de reflexión decidí utilizar esta metáfora para darles una idea más clara de lo que es. Los que sean observadores ya habrán ligado muchas de las características de la circunstancia planteada arriba a lo que significa carecer de la vista, pero aún así, arrojaré más luz sobre la comparación.

Para empezar, notarán que tanto la jaqueca como la discapacidad visual son constantes; es decir, no es intermitente, puesto que se sufre cada segundo del día. Por lo tanto, es imposible olvidarlo o dejar de pensar en ello. Igualmente, aunque no incapacita el cuerpo entero, sí merma considerablemente la realización de actividades simples, tanto seglares como necesidades básicas personales.

También afecta directamente las actividades de esparcimiento y las relaciones personales, debido, en gran manera, al estado de ánimo del individuo que también se ve minado frecuentemente.

¿Notan lo parecido de las circunstancias? Y todavía si quieren encontrarle más detalles, regresen a leer nuevamente la metáfora con todo el cuadro en mente. Es fácil imaginarse lo que es sufrir una jaqueca un día entero, pero imaginen padecerla durante meses o años sin interrupción ni disminución. Definitivamente, todo tipo de discapacidad tiene sus lados más oscuros, pero sin duda la discapacidad visual es una de las más desesperantes y desgastantes en el sentido emocional y/o psicológico, puesto que aunque se es una persona normal en todo otro aspecto, no sirve de mucho en la práctica, pues todas las demás capacidades físicas se ven directamente afectadas.

Teniendo esto presente, podrán comprender un poco más el entorno en el que tengo que desarrollarme a diario; intentando entre otras cosas, superarme a mí mismo, parecer normal ante los demás, mantener un nivel intelectual promedio a pesar de las trabas que pone este mundo, luchar contra los sentimientos de inutilidad, tener el carácter suficiente para olvidar por ciertos momentos que soy ciego, mantener la máxima atención en el entorno que me rodea tanto al desplazarme, percibir gestos y expresiones de mis interlocutores y con todo eso tratar de estar de buen humor… y la lista es extensísima.

Claro, la gente como yo necesitamos que nos traten como a personas normales sin hacernos notar a cada momento nuestra incapacidad. Pero al mismo tiempo conservar un equilibrio, comprendiendo la situación y los probables desequilibrios emocionales que nos aquejan esporádicamente.

Por tanto, la moraleja es: nunca tengan una jaqueca cuando estén ciegos…¬¬

jueves, 4 de noviembre de 2010

El otro hombre en la vida de mamá

Tomando en cuenta los datos recopilados hasta hoy, y habiendo observado detenidamente el comportamiento de mi madre en los últimos días, he llegado a una desastrosa y dolorosa conclusión:
soy el plato de segunda mesa en la vida de mi madre...

-Ejem, ¿O sea, cómo?-Dirán ustedes. Bueno, es que he notado que cuando mi mamá y yo andamos por la calle solos, o estamos en la casa de todos ustedes, ya sea haciendo quehacer, echando flojera, viendo tele, filosofando de la vida, etc, pero solo ella y yo estamos a gusto, sin discutir ni pelear, salvo contadísimas excepciones.

"Mas sin en cambio", si de pronto resulta que se encuentra alguien más con nosotros, llámese mi papá o mis hermanos... no sé, pero siento que paso a segundo plano, porque comienza a enojarse y a regañarme por cualquier cosa, y a pensar que todo lo que hago es en contra suya. O si me pide que la ayude en algo, si lo hago, se imagina que lo hago de malas y se enoja. Y si no lo hago, obviamente también se enoja. Pero si yo le digo que se imagina el hecho de que lo haga de malas, pss también se enoja... ni cómo hacerle.

Por eso yo decía que solo me quiere cuando no hay otra persona en la casa, ¿será? ¿O me lo imagino?

* * *

Amigos míos, lamento haberles hecho leer esto, pero no he tenido nada de tiempo ni demasiadas ideas para publicar otras cosas. Además estoy súper enojado porque el Messenger lleva días sin dejar que me conecte, aunque creo que no es el servicio en sí, si no más bien mi computadora Chafamex. Pero, ustedes disculparán la tardanza, y aún así no me olvido de ustedes.

¿ok Is varnis 10 4 chido liro liro? Sale pues, me voy antes de tirar más aceite.

lunes, 27 de septiembre de 2010

La razón habla por mí. Parte II

Me había ausentado por algunas horas de mi hogar, pero ahora venía por fin de regreso. Algo me decía que no debía estar demasiado tiempo fuera de él, ya que pudiera necesitárseme para una u otra cosa.

Al fin llegué, pero encontré la puerta de la entrada semicerrada. Entonces, me asaltó un escalofrío que me recorrió entero. No fue un presentimiento, más bien algo como una deducción. El lugar era lúgubre e inquietante. Reinaba un absoluto silencio en todas las habitaciones, o al menos, no me llegaba ningún sonido claro.

Entonces lo vi: al entrar en la habitación principal me apareció el cuadro más espantoso imaginable. En el suelo, atado de pies y manos se encontraba él, salpicado de sangre en el rostro, con pequeñas gotas secas que le daban una imagen aún más aterradora. Pero no estaba desmayado ni dormido, sino que se encontraba bañado en un mar de lágrimas y ahogado por un nudo de sollozos.

-¿Pero qué rayos te sucedió? –Le pregunté inclinándome sobre él-- ¿Quién te ha hecho esto?
Él no podía responderme. El llanto se lo impedía por completo, este que de hecho se había intensificado nada más verme entrar a la alcoba. Yo traté de tranquilizarlo poco a poco, mientras lo desataba con mucho cuidado tratando de no lastimarlo más, pues las cuerdas se le habían undido en su piel, rasgándola incluso en algunas partes. Lo levanté y lo coloqué suavemente en la cama, mientras él se iba sosegando, hasta el grado de poder hablarme.
-Lo siento… perdóname por favor…
-¿Perdonarte yo? ¿De qué he de perdonarte? Mira cómo estás corazón. ¿Dime quién te hizo semejante atrocidad!
-Fue mi culpa… yo me dejé engañar y la dejé entrar a la casa. Es que se veía tan linda, tan bonita que… no pude negarle entrar cuando me lo pidió. Su voz era dulce y decía que venía a hacerme compañía. El perfume que emanaba de ella era embriagador, y al final me convenció.
-¿Pero por qué te hizo esto? ¿Qué fue lo que pasó?
-No lo sé en realidad… cuando entró me trató bien por un rato, pero luego pareció enloquecer, y comenzó a gritarme y luego a burlarse de mí. Entonces e quedó callada y parecía que estaba tramando algo. Yo más bien creía que estaba recapacitando, y más lo creí porque cuando volvió a hablar otra vez lo hacía tranquilamente y de manera persuasiva. Me dijo que cerrara los ojos y que me pusiera de espaldas a ella. Entonces fue cuando me ató de pies y manos, y me dejó recargado en la pared. Yo pensé que estaba jugando, pero cuando abrí los ojos vi que tomaba un plumón y comenzaba a pintarme la cara… ¡como a un payaso! Luego se empezó a burlar de mí con descaro, y me decía que era un tonto, que era muy fácil engañarme. Entonces me tiró al suelo y me dijo que ahí me quedaría hasta que tú volvieras, si es que no tardabas demasiado y… volvió a carcajearse en mi cara. Por fin, tomó sus cosas y se disponía a salir, pero antes, me dio dos cachetadas… y todavía, me dio un beso en la megilla, para que su esencia se quedara impregnada en mí, para seguir haciéndome sufrir aun cuando no estuviera aquí… ¡todavía puedo olerla…!

“Qué clase de persona hace estas cosas, qué cobarde, qué infamia…” Mientras pensaba en esto, al girarme a mi derecha alcancé a ver un montón de sueños en un rincón, y al acercarme un poco más, vi que estaban hechos pedazos.
-¿Y esto? ¿Ella lo hizo mientras estabas amarrado?
Otra vez rompió en llanto, impidiéndole contestarme en un buen rato. Cuando volvió a dominarlo un poco, me dijo:
-No… no fue ella…
-¿Entonces?
-Ella me… me obligó a que yo lo hiciera, antes de atarme las manos, aunque ya me había atado los pies para que no huyera.
-¿Pero cómo te obligó? ¡Podías haberte negado!
-Sí… pero ella empuñaba el látigo de su desprecio. Más me valía hacerle caso. Además, me puso de rodillas ante ella mientras lo hacía, para...
-...para ¿humillarte?
-...¡sí...!
-¡Pero por qué lo permitiste! Está visto que no puedo dejarte solo un momento… sabía que no debía salir y dejarte aquí. ¡Pero esto no es justo! Definitivamente no había razón para que ella actuara así contigo. Pero te prometo corazón, que no volveré a dejarte solo por ninguna circunstancia. Te mantendré conmigo, y estarás a salvo. Si es necesario te haré dormir un largo letargo, no importa que se forme hielo en tu interior. Porque con ese hielo y con mi coraje, vengaré el daño que te han hecho… juro que lo haré…

Entonces no pude más… y abrazándolo, rompimos a llorar amargamente.

viernes, 30 de julio de 2010

crunch-crunch

Les tengo una mala, muy mala noticia: tristemente no podré continuar relatándoles la Historia de Nadie, e incluso ya no podrán ver por aquí los capítulos anteriormente publicados. Las razones son personales y de peso, así que no me juzguen, ¿de acuerdo? Sin embargo, no todo es malo, pienso recompensarlos. Como prueba de ello les traigo un pequeño relato que espero que les agrade. Pero recuerden, que cualquier parecido con la realidad, es mera coincidencia.

* * * * *

Todos sabemos que hay momentos en la vida en que es maravilloso encontrarse con un amigo de la infancia luego de años de no saber nada de él.

Así le sucedió a su servilleta, y como es lógico, no quisimos dejar pasar la oportunidad de irnos a comer juntos, ya que disponíamos de unas horas libres, y ya de paso, también tomar unos alimentos.

Y es que con tanto tiempo sin vernos, teníamos mucha gente qué comer. Así que el chisme empezó en cuanto subí a su automóvil.

Al llegar al restaurante, escogimos una mesa cómoda, amplia y apartada donde pudiéramos estar a gusto, puesto que lo que teníamos qué decirnos era de gran trascendencia.

En seguida fuimos atendidos por una mesera que… bueno, con decirles que en cuanto nos tomó la orden y se retiró para traernos lo que le pedimos, mi amigo la devoró con la mirada. Ya se imaginarán cómo estaba.

No tardó mucho en regresar la chica con nuestros platillos, y mi amigo seguía alimentando su imaginación.

Entonces no tuvimos más fuerza de voluntad, y sin poder soportarnos más (las ganas claro, él y yo nos caemos rebien), comenzamos a comernos una gordita de carnitas. Y es que me empezó a contar unos chismes de ella… sobre todo porque nos caía bien gorda a los dos. Y vaya que está gordita de carnitas, de cachetes, de papada, etc. Entonces sí empezamos a degustar nuestros platillos, para que no se enfriaran.

Cuando estábamos en eso, se le ocurrió preguntarme al muy infeliz, que si sabía cómo se hacían los bebés. --¡Por favor! ¡Pero si estás en la universidad!--, le dije indignado. Y él me insistía que le dijera cómo era que se hacían los niños. A pesar de mi incomodidad, tuve qué contestarle y le dije:
-Pues… se hacen… bueno, depende mucho.
-Pero ¿depende de qué? –Me preguntó el descarado. –Pues… depende de lo que coman, así se hacen, idiota…

Él asintió, y continuamos comiendo gente. Mientras estaba contándome sus vivencias, extendió la mano y tomó una pierna de pollo sin que yo pudiera detenerlo. Entonces ocurrió lo inevitable: la chamaca agredida le hizo comerse tremenda bofetada, que a mi amigo no le quedaron ganas de contestarle, y ella se alejó súper enchilada.

Pero la cosa no paró ahí. Cuando terminamos con nuestros alimentos se me antojó algo más, así que llamé a la mesera y le pedí que nos trajera unos cueritos bien preparados, y que fuera cuanto antes, y junto con ellos unas cervecitas para disfrutarlos mejor. Ella lo apuntó y se alejó. ¡Cuál sería mi sorpresa cuando vimos regresar a la chamaca ésta con tres strippers listos para la acción, y claro, con las cerbezas que pedí! ¡Úuups! ¿Tendríamos facha de gays, para que la mesera entendiera tan literal mi pedido? Bueno, no era momento de masticar el asunto. En seguida tomamos las sillas como defensa para evitar que se nos acercaran mientras nos explicábamos con ellos. Entonces la mesera lo digirió y entendió lo que pedíamos. Los muchachos se retiraron meditabajos y cabizbundos, y nosotros nos volvimos a sentar. Obvio nos quedó un mal sabor de boca por el momento que pasamos.

Ya para retirarnos, por si me faltaba algo, cuando pedimos la cuenta y mientras esperábamos que nos la trajeran, le empecé a contar a mi amigo que sufría de problemas estomacales y también que sufría de colitis. Claro que él se extrañó, pues no veía la razón de mis malestares. El problema fue que yo no noté que la guapísima mesera –que con motivo de tantas cosas que me habían ocurrido en su presencia, ya comenzaba a parecerle simpático y parecía coquetearme—se acercó a darnos la cuenta, justo cuando yo le decía a mi amigo que traía el intestino muy inflamado y me urgía ir a desempacar, evacuar, descomer, etc. La niña hizo cara de asco y se alejó rápidamente… ¡qué coraje! Así fue que se cumplió en mí el dicho de:
Del plato a la sopa, se cae la boca.
O esa es la idea.

Cuando íbamos de salida del lugar, mi amigo tomó un tenedor y picó con él un sope que era de la señora de la mesa de al lado (sí, al sope, tonto, tarado, etc, de su esposo), pero la mujer lo defendió en seguida y le sacó el mole a mi amigo… un plato de mole que pidió para llevarle a su mamá.

Vaya aventuras, por eso no es nada bueno encontrarte con este tipo de amigos ocasionales, puesto que te meten en muchos líos. Lo bueno de todo esto es que me dejó una moraleja: siempre acude al baño antes de ir a comer con un amigo.

domingo, 6 de junio de 2010

La hombre y el mujer

Érase una vez, en un país muy, muy cercano, un hombre que no era hombre, y una mujer que no era mujer. Él (que más bien era ella) tenía cuerpo de hombre aunque no lo fuera, y tenía gustos de hombre también. Ella (que más bien era él) igualmente tenía cuerpo de mujer, y gustos de mujer.

Sin embargo en el caso de él (que más bien era ella), era sumamente sensible, cariñoso, sentimental, meloso, detallista, etc. Y en el caso de ella (que más bien era él), era demasiado ruda, aguerrida, calzonuda, combativa, enérgica, etc.

Por tanto, entre ellos dos existía una amistad muy fuerte, pues se entendían a la perfección. Por ejemplo, cuando él (que más bien era ella) quería platicarle algo a ella (que más bien era él) y ella (que más bien era él) lo interrumpía constantemente, él (que más bien era ella) se ponía triste o se enojaba o se sentía, como toda mujer, y por lo tanto ella (que más bien era él) le propinaba un Zape y le decía:
-No chilles, no seas niña (cosa que le era sentimentalmente imposible, porque a pesar de que físicamente era hombre, él… --¡upss! No puedo abrir otro paréntesis dentro de un paréntesis, se vería raro. Mejor abramos un corchete y continuemos.—[que más bien era ella] con su conducta y mentalidad no podía dejar de parecerse a una mujer).

Aún así, pese a existir tal compatibilidad entre ellos, les era imposible desarrollar otro sentimiento que no fuera el de amistad, debido a circunstancias muy específicas.

Por tanto, para no sentirse solos, estaban decididos a encontrar una pareja para cada cual. Pero por supuesto el problema radicaba en encontrar las personas que les fueran afines.

Y claro, a las mujeres de ese tiempo ya no les gustaban los hombres como él (que más bien era ella), sino que preferían un hombre en toda la extensión de la palabra. Y en el otro caso, a los hombres no les agradaba una mujer de esas características, como las de ella (que más bien era él), porque se sentían dominados y no dominadores.

Pero centrémonos principalmente en él (que más bien era ella), quien luego de tanto buscar y luchar, logró encontrar a una mujer (que sí era ella) que lo comprendía, lo aceptaba y sobre todo lo amaba tal y como era.

Su relación prosperó, creció en afecto hasta llegar a ser novios. Luego siguieron avanzando hasta el grado de quedar comprometidos, e incluso se fijó la fecha para contraer nupcias.

Sin embargo, es lógico que no iban a vivir por siempremente felices; tenía qué haber un pero. Ella (que sí era ella), había olvidado comentar algo de trascendental importancia en la relación y que al exponerlo, surgió un problema de carácter biológico, psicológico, psiquiátrico y ecológico. Sí, afectaría la ecología del planeta porque ella (que sí era ella) dijo:

-Amor, cuando nosotros tengamos nuestros HIJOS…

¡cataplum! La calamidad se derrumbó sobre la cabeza de él (que más bien era ella). Y consistía en lo siguiente: si él era ella, pero ella sí era ella, aunque biológicamente él (que más bien era ella) seguía siendo él, y ella (que sí era ella) seguía siendo ella… ¿qué serían los hijos?

Como resultado de este tremendo dilema --que, como dije, fue desastroso en sentido psicológico y psiquiátrico--, la razón de él (que más bien era ella) sufrió una severa conmoción, dejándolo completa y perdidamente loco.

Fue encerrado en su casa por el resto de sus días, confinado a chatear con las mujeres que lo aceptaran en su Messenger; pero por supuesto, sin dejar nunca de lado su personalidad de un atento y distinguido caballero (que más bien era ella).

domingo, 9 de mayo de 2010

Mi fin de semana. ¿Me da una pellizcada de... de nalga por favor? Y diuna vez, una de bubi

Yo que ustedes, dejaría de leer inmediatamente esta entrada. Pero si continúan, aquí hay constancia de que se los advertí...

Hace aproximadamente 3 horas, me fui caminando con mi hermana y un amigo a Villasunción. Durante el camino, no sucedió nada.

Llegamos al mencionado centro comercial, y procedimos a poner nuestras asentaderas en una banquita muy coqueta. Entonces, una hora después, me paré para estirarme, y mi hermana me palpó o más bien me apretujó, me torteó, etc, la nalga izquierda, abarcándola casi totalmente con su mano (ella dice que me iba a agarrar el brazo y que no se fijó... juzguen ustedes).

Luego de otra media hora, nos paramos y nos venimos caminando de regreso.

Le metí el pie dos veces a mi hermana, motivo por el cual ella me pellizcó una bubi... Acto seguido, me saqué un moco y se lo aventé a un niño que venía a mi derecha.

Este extrabruto... digo, exabrupto, solo sirve para no ser el único que sufra dichas desdichas tan desdichadamente desdichadas, acaecidas al desdichado autor.

Caso de la vida real. Si quieren fotos de mi nalga apretada, contáctenmennn.