Morrita:
-¡Hola!
Morrito:
-Hola.
Morrita:
-Me da gusto verte.
Morrito:
-Ah ¿Sí? ¿Por qué?
Morrita:
-Pues porque eres genial, me caes súper bien.
Morrito:
-Hombre… muchas gracias.
Morrita:
-No, de nada. ¿Y qué haces?
Morrito:
-Conquistando al mundo.
Morrita:
-Ah, qué bien. Oye, ¿tu amigo Zambombo tiene correo?
Morrito:
-Sí…
Morrita:
-¿Me lo pasas por favor?
Morrito:
-Sabía que lo pedirías… jajaja… pero sí, es: ***
Morrita:
-Jaja, gracias. Oye… ¿Y no sabes si se conecta seguido?
Morrito:
-Ah, tienes mucho interés eeeh…
Morrita:
-Ash, no, solo preguntaba.
Morrito:
-Sí, claro. Pero sí se conecta, sé feliz.
Morrita:
-Ah, gracias. Pero no le digas nada, ¡por favor, nada de nada!
Morrito:
-Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja. Así que es cierto.
Morrita:
-Ps tal vez.
Morrito:
-Está bien, no diré nada.
Morrita:
-Oye, pero tú tampoco estás mal.
Morrito:
-Sí, claro. Te creo.
Morrita:
-¿Sabes? Me gusta platicar contigo. Pero ya me tengo que ir, adiós.
Morrito:
-Ok, que te vaya bien, pero antes dime: ¿Por qué te gusta platicar conmigo?
Morrita:
-Porque es fácil hablar contigo (entiéndase: “porque me serviste perfectamente para lo que te necesitaba”). Adiós entonces.
Morrito:
-Ah ¡gracias! Qué linda eres (de verdad…) Chao.
Nota:
¡Y no, no estoy ardido! ¿O sí?
Mostrando las entradas con la etiqueta Vómitos verbales. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Vómitos verbales. Mostrar todas las entradas
miércoles, 16 de febrero de 2011
jueves, 4 de noviembre de 2010
El otro hombre en la vida de mamá
Tomando en cuenta los datos recopilados hasta hoy, y habiendo observado detenidamente el comportamiento de mi madre en los últimos días, he llegado a una desastrosa y dolorosa conclusión:
soy el plato de segunda mesa en la vida de mi madre...
-Ejem, ¿O sea, cómo?-Dirán ustedes. Bueno, es que he notado que cuando mi mamá y yo andamos por la calle solos, o estamos en la casa de todos ustedes, ya sea haciendo quehacer, echando flojera, viendo tele, filosofando de la vida, etc, pero solo ella y yo estamos a gusto, sin discutir ni pelear, salvo contadísimas excepciones.
"Mas sin en cambio", si de pronto resulta que se encuentra alguien más con nosotros, llámese mi papá o mis hermanos... no sé, pero siento que paso a segundo plano, porque comienza a enojarse y a regañarme por cualquier cosa, y a pensar que todo lo que hago es en contra suya. O si me pide que la ayude en algo, si lo hago, se imagina que lo hago de malas y se enoja. Y si no lo hago, obviamente también se enoja. Pero si yo le digo que se imagina el hecho de que lo haga de malas, pss también se enoja... ni cómo hacerle.
Por eso yo decía que solo me quiere cuando no hay otra persona en la casa, ¿será? ¿O me lo imagino?
* * *
Amigos míos, lamento haberles hecho leer esto, pero no he tenido nada de tiempo ni demasiadas ideas para publicar otras cosas. Además estoy súper enojado porque el Messenger lleva días sin dejar que me conecte, aunque creo que no es el servicio en sí, si no más bien mi computadora Chafamex. Pero, ustedes disculparán la tardanza, y aún así no me olvido de ustedes.
¿ok Is varnis 10 4 chido liro liro? Sale pues, me voy antes de tirar más aceite.
soy el plato de segunda mesa en la vida de mi madre...
-Ejem, ¿O sea, cómo?-Dirán ustedes. Bueno, es que he notado que cuando mi mamá y yo andamos por la calle solos, o estamos en la casa de todos ustedes, ya sea haciendo quehacer, echando flojera, viendo tele, filosofando de la vida, etc, pero solo ella y yo estamos a gusto, sin discutir ni pelear, salvo contadísimas excepciones.
"Mas sin en cambio", si de pronto resulta que se encuentra alguien más con nosotros, llámese mi papá o mis hermanos... no sé, pero siento que paso a segundo plano, porque comienza a enojarse y a regañarme por cualquier cosa, y a pensar que todo lo que hago es en contra suya. O si me pide que la ayude en algo, si lo hago, se imagina que lo hago de malas y se enoja. Y si no lo hago, obviamente también se enoja. Pero si yo le digo que se imagina el hecho de que lo haga de malas, pss también se enoja... ni cómo hacerle.
Por eso yo decía que solo me quiere cuando no hay otra persona en la casa, ¿será? ¿O me lo imagino?
* * *
Amigos míos, lamento haberles hecho leer esto, pero no he tenido nada de tiempo ni demasiadas ideas para publicar otras cosas. Además estoy súper enojado porque el Messenger lleva días sin dejar que me conecte, aunque creo que no es el servicio en sí, si no más bien mi computadora Chafamex. Pero, ustedes disculparán la tardanza, y aún así no me olvido de ustedes.
¿ok Is varnis 10 4 chido liro liro? Sale pues, me voy antes de tirar más aceite.
viernes, 10 de septiembre de 2010
La razón habla por mí
Había sido un día largo, no tanto como cuando creía que tenía el poder de conquistar el mundo a la noche, pero lo suficiente como para fatigar mi espíritu y mi cuerpo. Llegué a casa sin ánimos de hablar, ni siquiera de encontrarme a nadie antes de tropezar con la cama. Sin embargo, me topé con una silla cómoda en el camino, y para recuperar un poco de energías de manera que me permitieran arrastrarme hasta la cama, decidí sentarme.
Entonces lo vi, o lo escuché, o lo sentí… realmente no lo recuerdo. Ahí estaba parado frente a mí con las manos tapándose la cara y con el evidente ademán de querer llorar.
-Cállate –le dije--. ¡Cállate! No quiero que empieces de nuevo, ya sé que cuando estás así es porque algo hiciste. No entiendes, ¿verdad? Cada que tú pierdes el equilibrio en algún asunto, el que termina pagando los platos rotos soy yo. A ti nadie te ve, nadie te conoce, no pueden echarte la culpa sobre nada. En cambio a mí… ¡a mí! Todo mundo puede culparme de lo que tú haces sin que se den cuenta siquiera de que te lo advertí antes. Pero además, si te hacen daño, ¡yo soy el que tiene que andar cuidándote hasta que te recuperes! ¿Te acuerdas de aquella vez, Corazón, cuando te embriagaste de amor? Sí, fue terrible. Tus incoherencias al hablar brotaban sin control. Vomitabas palabras dulzonas y empalagosas, mezcladas con sentimientos de esperanzas e ilusiones sin fundamento; y claro, todo por el exceso de amor en tu estómago y que rápidamente se filtraba en tus venas… el que no vomitabas en el suelo de la habitación, claro. No podías ni caminar, pues no mantenías el equilibrio sobre tus dos prioridades. Y por si fuera poco, la típica necedad del borracho… imposible hacerte razonar. Y lo peor: apestabas a amor tan intensamente que penetrabas toda la casa.
-No seas exagerado, si fue muy bonito todo aquello, se sentía tan bien… parecía estar volando, como si fuera caminando sobre las nubes…
-¡Cállate! Ni me lo menciones, porque cada que empiezas a decirlo es porque traes algo entre manos. Se te olvida lo que pasó después, ¿verdad? Acuérdate de la tremenda cruda que te dio. No querías que te hablara, que te dijera el mal que habías hecho porque mis palabras lastimaban tus oídos y las sentías demasiado fuertes para ti, sin darte cuenta que era yo el único que te quería ayudar. Ya no te soporto, ¿sabes? No solamente es cuando te da por enamorarte; también sueles perder el control con tus resentimientos, tus malditos celos, tu rabia, etc. ¿Crees que es fácil andar enmendando lo que provocas en las demás personas? Y todo por no hacerme caso cuando te doy mis consejos. ¿No ves que la Razón debe mandar sobre tí? Pero en fin… ¿ahora qué es lo que te pasa?
-No es nada, solo que ayer me dieron una bofetada en plena cara y creo que no me lo merecía. Y ya me conoces, en el instante me dio mucho coraje, pero ahora tengo que llorar para desahogarme.
-Lo sé, yo tampoco entiendo del todo por qué la gente te trata así a veces; porque no eres malo, aunque seas molesto.
-Gracias…
-De todas formas, Corazón, siéntate aquí y abrázame, que tal vez yo también necesito un poco de descanso y consuelo por parte tuya.
Entonces se sentó a mi lado y me abrazó. Por supuesto, no pudo contenerse. Es un insoportable sentimental, así que rompió a llorar suavemente sobre mi hombro. Claro que me compadecí al verlo así, pero tampoco podía hacer demasiado por consolarlo, también yo me sentía mal. Cuando la Razón de la demás gente holgazanea sin cesar, me confunde tanto el actuar de esa gente que me fatiga mucho el descifrarlo. Por eso, lo único que atiné a decirle fue:
-No hagas caso, esa gente no sabe lo que hace. Mañana te voy a ayudar a que conquistes a una mujer hermosa, ¿quieres?
Por primera vez en la noche, lo vi sonreír. Espero que no se enoje conmigo cuando descubra que solo fue un embuste. No puedo permitirle enamorarse otra vez.
Entonces lo vi, o lo escuché, o lo sentí… realmente no lo recuerdo. Ahí estaba parado frente a mí con las manos tapándose la cara y con el evidente ademán de querer llorar.
-Cállate –le dije--. ¡Cállate! No quiero que empieces de nuevo, ya sé que cuando estás así es porque algo hiciste. No entiendes, ¿verdad? Cada que tú pierdes el equilibrio en algún asunto, el que termina pagando los platos rotos soy yo. A ti nadie te ve, nadie te conoce, no pueden echarte la culpa sobre nada. En cambio a mí… ¡a mí! Todo mundo puede culparme de lo que tú haces sin que se den cuenta siquiera de que te lo advertí antes. Pero además, si te hacen daño, ¡yo soy el que tiene que andar cuidándote hasta que te recuperes! ¿Te acuerdas de aquella vez, Corazón, cuando te embriagaste de amor? Sí, fue terrible. Tus incoherencias al hablar brotaban sin control. Vomitabas palabras dulzonas y empalagosas, mezcladas con sentimientos de esperanzas e ilusiones sin fundamento; y claro, todo por el exceso de amor en tu estómago y que rápidamente se filtraba en tus venas… el que no vomitabas en el suelo de la habitación, claro. No podías ni caminar, pues no mantenías el equilibrio sobre tus dos prioridades. Y por si fuera poco, la típica necedad del borracho… imposible hacerte razonar. Y lo peor: apestabas a amor tan intensamente que penetrabas toda la casa.
-No seas exagerado, si fue muy bonito todo aquello, se sentía tan bien… parecía estar volando, como si fuera caminando sobre las nubes…
-¡Cállate! Ni me lo menciones, porque cada que empiezas a decirlo es porque traes algo entre manos. Se te olvida lo que pasó después, ¿verdad? Acuérdate de la tremenda cruda que te dio. No querías que te hablara, que te dijera el mal que habías hecho porque mis palabras lastimaban tus oídos y las sentías demasiado fuertes para ti, sin darte cuenta que era yo el único que te quería ayudar. Ya no te soporto, ¿sabes? No solamente es cuando te da por enamorarte; también sueles perder el control con tus resentimientos, tus malditos celos, tu rabia, etc. ¿Crees que es fácil andar enmendando lo que provocas en las demás personas? Y todo por no hacerme caso cuando te doy mis consejos. ¿No ves que la Razón debe mandar sobre tí? Pero en fin… ¿ahora qué es lo que te pasa?
-No es nada, solo que ayer me dieron una bofetada en plena cara y creo que no me lo merecía. Y ya me conoces, en el instante me dio mucho coraje, pero ahora tengo que llorar para desahogarme.
-Lo sé, yo tampoco entiendo del todo por qué la gente te trata así a veces; porque no eres malo, aunque seas molesto.
-Gracias…
-De todas formas, Corazón, siéntate aquí y abrázame, que tal vez yo también necesito un poco de descanso y consuelo por parte tuya.
Entonces se sentó a mi lado y me abrazó. Por supuesto, no pudo contenerse. Es un insoportable sentimental, así que rompió a llorar suavemente sobre mi hombro. Claro que me compadecí al verlo así, pero tampoco podía hacer demasiado por consolarlo, también yo me sentía mal. Cuando la Razón de la demás gente holgazanea sin cesar, me confunde tanto el actuar de esa gente que me fatiga mucho el descifrarlo. Por eso, lo único que atiné a decirle fue:
-No hagas caso, esa gente no sabe lo que hace. Mañana te voy a ayudar a que conquistes a una mujer hermosa, ¿quieres?
Por primera vez en la noche, lo vi sonreír. Espero que no se enoje conmigo cuando descubra que solo fue un embuste. No puedo permitirle enamorarse otra vez.
Categoría:
sentimentalismos,
Vómitos verbales
jueves, 19 de agosto de 2010
Criaturas por montones
Era una tarde tranquila y normal. El cielo estaba muy nublado, negro por donde lo vieras. Era evidente que la vecina se atormentaba… quise decir, que la tormenta se avecinaba. Aún así me parecía que había un aroma de paz en el ambiente. Estando sin mucho que hacer, mi mamá se me acercó y me propuso que la acompañara a ella y a mi hermana a la tienda de autoservicio, donde compraríamos lo esencial para sobrevivir la semana. Acepté y en seguida nos pusimos en camino. La música contenida en mi iPod me hacía más placentero el viaje y me hacía disfrutar aún más de aquella tarde… poco me imaginaba lo que me sucedería minutos después.
Nos apeamos de la camioneta y nos dirigimos a la entrada del establecimiento. Inmediatamente luego de haber cruzado la puerta, tuve la visión más horrorosa que jamás había imaginado: un enjambre compuesto por lo que parecían ser millones de criaturas extrañas y diminutas y que daban la impresión de salir de todos los recovecos de la tienda inundaban los pasillos, abarrotaban el ambiente y hacían que el aire se sintiera pesado, contaminado y dañino para mi cuerpo. Al mismo tiempo, entre toda aquella multitud de especímenes extraños, se movían otros más grandes que sí tenían la apariencia de seres humanos comunes y corrientes, pero lo que me hacía dudar de que lo fueran era que se movían con toda calma y tranquilidad entre aquel ejército de criaturitas, que incluso los tocaban y les hablaban sin inmutarse. Yo estaba horrorizado.
Lo peor del caso era que mi mamá y mi hermana parecían compartir la misma reacción que los humanos que se movían por la tienda, pues no se detuvieron ni se sorprendieron lo más mínimo ante tamaño espectáculo; más aún, me impulsaban a seguir avanzando hacia el interior de aquel infierno.
Yo no podía más… estaba a punto de soltar un tremendo alarido de desesperación en reacción a las estridentes vocecitas que lastimaban mis tímpanos y que procedían de las bocas de aquellas criaturas. Entonces sentí una mano en mi hombro que me sobresaltó hasta el punto de soltar un “¡ay!” de sorpresa, que también espantó a mi hermana, que era la que me tocaba. Tras recuperar la calma --si así le podemos llamar--, me dijo:
-¿Qué fregados te pasa? ¡Me asustaste!
Y le contesté inquieto y temblando:
-¿Pues qué no ves a donde estamos entrando? Y todas esas cosas moviéndose y llenando este lugar… ¡vámonos de aquí!
-Cómo eres payaso, ¿qué no ves que son niños? No sabía que le tenías fobia a los niños.
De pronto la venda cayó de mis ojos, y noté que esa era la razón por la que no podía distinguir bien esas figuras. Efectivamente, eran niños, acompañados por sus papás que estaban comprando todo tipo de artículos y llevándolos a las cajas registradoras para pagarlos. Entonces mi semblante cambió radicalmente; se dibujó una boba sonrisa en mi rostro y me puse colorado de vergüenza.
Sin embargo, aquella experiencia me hizo ponerme a pensar profundamente, y meditar sobre un asunto.
A mí siempre me han parecido muy bonitos y encantadores los niños; de hecho en mi caso personal, siempre quise ser un niño para siempre jamás, así tipo Peter Pan. Pero hay algo que sí me preocupó: ¿cómo era posible que hubiera tal falta de conciencia y consideración en las personas –sean casadas o no—como para estar trayendo niños a este mundo a diestra y siniestra como si fueran conejitos en criadero?
Pero dejemos el tiempo pasado en mis verbos, porque esto es precisamente lo que se ve hoy día. En lugar de que se reduzca la fabricación en serie de seres humanos diminutos, pareciera ser que hay un premio al que más logre tener. Es verdaderamente inconcebible, inconsciente, inhumano, inmoral, irrazonable, insensato y hasta estúpido el que, viendo cómo está la situación actual en cuanto a economía, salud, seguridad personal y familiar, alimentación, estabilidad moral y mental, etc, se sigan empeñando en llenar a este país de niños inocentes que solo vienen a sufrir injustamente.
No estoy criticando ni condenando a quienes tengan el deseo de tener un hijo y lo hagan realidad con toda responsabilidad. Esa es una decisión puramente personal, pero son más los niños traídos al mundo por irresponsabilidades que los deseados de verdad… pero no comencemos de nuevo.
Total, si quieren tener hijos sin control, váyanse a Europa donde el promedio de edad es de puro vejete.
Ya, lo dije y lo sostengo.
* * *
Por cierto, me disculpo por mi ausencia en estos parajes, mas no andaba muerto, andaba de parranda. No les prometo escribir muy seguido, pero tampoco los abandonaré.
* * *
Nota:
Si ya están esperando un hijo y este post les hizo reflexionar sobre la irresponsabilidad de traer niños sin control, no sean tarugos y no piensen en el aborto. Ups, creo que no lo habían pensado hasta que lo mencioné.¬¬ Total, olvídenlo.
Nos apeamos de la camioneta y nos dirigimos a la entrada del establecimiento. Inmediatamente luego de haber cruzado la puerta, tuve la visión más horrorosa que jamás había imaginado: un enjambre compuesto por lo que parecían ser millones de criaturas extrañas y diminutas y que daban la impresión de salir de todos los recovecos de la tienda inundaban los pasillos, abarrotaban el ambiente y hacían que el aire se sintiera pesado, contaminado y dañino para mi cuerpo. Al mismo tiempo, entre toda aquella multitud de especímenes extraños, se movían otros más grandes que sí tenían la apariencia de seres humanos comunes y corrientes, pero lo que me hacía dudar de que lo fueran era que se movían con toda calma y tranquilidad entre aquel ejército de criaturitas, que incluso los tocaban y les hablaban sin inmutarse. Yo estaba horrorizado.
Lo peor del caso era que mi mamá y mi hermana parecían compartir la misma reacción que los humanos que se movían por la tienda, pues no se detuvieron ni se sorprendieron lo más mínimo ante tamaño espectáculo; más aún, me impulsaban a seguir avanzando hacia el interior de aquel infierno.
Yo no podía más… estaba a punto de soltar un tremendo alarido de desesperación en reacción a las estridentes vocecitas que lastimaban mis tímpanos y que procedían de las bocas de aquellas criaturas. Entonces sentí una mano en mi hombro que me sobresaltó hasta el punto de soltar un “¡ay!” de sorpresa, que también espantó a mi hermana, que era la que me tocaba. Tras recuperar la calma --si así le podemos llamar--, me dijo:
-¿Qué fregados te pasa? ¡Me asustaste!
Y le contesté inquieto y temblando:
-¿Pues qué no ves a donde estamos entrando? Y todas esas cosas moviéndose y llenando este lugar… ¡vámonos de aquí!
-Cómo eres payaso, ¿qué no ves que son niños? No sabía que le tenías fobia a los niños.
De pronto la venda cayó de mis ojos, y noté que esa era la razón por la que no podía distinguir bien esas figuras. Efectivamente, eran niños, acompañados por sus papás que estaban comprando todo tipo de artículos y llevándolos a las cajas registradoras para pagarlos. Entonces mi semblante cambió radicalmente; se dibujó una boba sonrisa en mi rostro y me puse colorado de vergüenza.
Sin embargo, aquella experiencia me hizo ponerme a pensar profundamente, y meditar sobre un asunto.
A mí siempre me han parecido muy bonitos y encantadores los niños; de hecho en mi caso personal, siempre quise ser un niño para siempre jamás, así tipo Peter Pan. Pero hay algo que sí me preocupó: ¿cómo era posible que hubiera tal falta de conciencia y consideración en las personas –sean casadas o no—como para estar trayendo niños a este mundo a diestra y siniestra como si fueran conejitos en criadero?
Pero dejemos el tiempo pasado en mis verbos, porque esto es precisamente lo que se ve hoy día. En lugar de que se reduzca la fabricación en serie de seres humanos diminutos, pareciera ser que hay un premio al que más logre tener. Es verdaderamente inconcebible, inconsciente, inhumano, inmoral, irrazonable, insensato y hasta estúpido el que, viendo cómo está la situación actual en cuanto a economía, salud, seguridad personal y familiar, alimentación, estabilidad moral y mental, etc, se sigan empeñando en llenar a este país de niños inocentes que solo vienen a sufrir injustamente.
No estoy criticando ni condenando a quienes tengan el deseo de tener un hijo y lo hagan realidad con toda responsabilidad. Esa es una decisión puramente personal, pero son más los niños traídos al mundo por irresponsabilidades que los deseados de verdad… pero no comencemos de nuevo.
Total, si quieren tener hijos sin control, váyanse a Europa donde el promedio de edad es de puro vejete.
Ya, lo dije y lo sostengo.
* * *
Por cierto, me disculpo por mi ausencia en estos parajes, mas no andaba muerto, andaba de parranda. No les prometo escribir muy seguido, pero tampoco los abandonaré.
* * *
Nota:
Si ya están esperando un hijo y este post les hizo reflexionar sobre la irresponsabilidad de traer niños sin control, no sean tarugos y no piensen en el aborto. Ups, creo que no lo habían pensado hasta que lo mencioné.¬¬ Total, olvídenlo.
miércoles, 2 de junio de 2010
Sentimientos insensibles
¿Qué haces cuando la soledad te acompaña
la verdad es la que te engaña?
¿Qué, cuando las virtudes son defectos
y todo lo exacto es imperfecto?
La valentía se vuelve cobarde
y cuando algo suave te toca, sientes que te arde.
Es inútil todo lo que aprendes
y eres hábil en lo que no entiendes.
Los amigos son identidades utópicas
y el amor es como las drogas psicotrópicas,
que primero te dan felicidad y alegría, pero no son auténticas.
La gente que te rodea te tiene aislado
y el camino que recorres de pronto está truncado.
Los días te parecen tan lentos y tan largos
pero los demás no tienen tiempo ni para tomar unos tragos.
La realidad se esfuma y se convierte en un sueño
y de lo supuestamente tangible, tampoco eres dueño.
¡La tranquilidad está tan inquieta!
Y la sobriedad se tropieza con cualquier banqueta.
La libertad te mira desde dentro de una jaula con sendos candados
y las energías te tienen a ti y a tus ganas fuertemente atados.
La alegría tiene tantos días llorando
que la tristeza se levantó y la está consolando.
La compasión se hartó y lanzó un alarido
porque el optimismo todavía sigue deprimido.
Y entonces, cuando no sabes si puede ocurrir algo peor,
la prudencia se levanta y da su consejo con furor:
"Hagan lo que yo, y consíganse una amiga,
¡y quién mejor que la locura, que es tan divertida!"
la verdad es la que te engaña?
¿Qué, cuando las virtudes son defectos
y todo lo exacto es imperfecto?
La valentía se vuelve cobarde
y cuando algo suave te toca, sientes que te arde.
Es inútil todo lo que aprendes
y eres hábil en lo que no entiendes.
Los amigos son identidades utópicas
y el amor es como las drogas psicotrópicas,
que primero te dan felicidad y alegría, pero no son auténticas.
La gente que te rodea te tiene aislado
y el camino que recorres de pronto está truncado.
Los días te parecen tan lentos y tan largos
pero los demás no tienen tiempo ni para tomar unos tragos.
La realidad se esfuma y se convierte en un sueño
y de lo supuestamente tangible, tampoco eres dueño.
¡La tranquilidad está tan inquieta!
Y la sobriedad se tropieza con cualquier banqueta.
La libertad te mira desde dentro de una jaula con sendos candados
y las energías te tienen a ti y a tus ganas fuertemente atados.
La alegría tiene tantos días llorando
que la tristeza se levantó y la está consolando.
La compasión se hartó y lanzó un alarido
porque el optimismo todavía sigue deprimido.
Y entonces, cuando no sabes si puede ocurrir algo peor,
la prudencia se levanta y da su consejo con furor:
"Hagan lo que yo, y consíganse una amiga,
¡y quién mejor que la locura, que es tan divertida!"
Categoría:
poemas,
sentimentalismos,
Vómitos verbales
domingo, 9 de mayo de 2010
Mi fin de semana. ¿Me da una pellizcada de... de nalga por favor? Y diuna vez, una de bubi
Yo que ustedes, dejaría de leer inmediatamente esta entrada. Pero si continúan, aquí hay constancia de que se los advertí...
Hace aproximadamente 3 horas, me fui caminando con mi hermana y un amigo a Villasunción. Durante el camino, no sucedió nada.
Llegamos al mencionado centro comercial, y procedimos a poner nuestras asentaderas en una banquita muy coqueta. Entonces, una hora después, me paré para estirarme, y mi hermana me palpó o más bien me apretujó, me torteó, etc, la nalga izquierda, abarcándola casi totalmente con su mano (ella dice que me iba a agarrar el brazo y que no se fijó... juzguen ustedes).
Luego de otra media hora, nos paramos y nos venimos caminando de regreso.
Le metí el pie dos veces a mi hermana, motivo por el cual ella me pellizcó una bubi... Acto seguido, me saqué un moco y se lo aventé a un niño que venía a mi derecha.
Este extrabruto... digo, exabrupto, solo sirve para no ser el único que sufra dichas desdichas tan desdichadamente desdichadas, acaecidas al desdichado autor.
Caso de la vida real. Si quieren fotos de mi nalga apretada, contáctenmennn.
Hace aproximadamente 3 horas, me fui caminando con mi hermana y un amigo a Villasunción. Durante el camino, no sucedió nada.
Llegamos al mencionado centro comercial, y procedimos a poner nuestras asentaderas en una banquita muy coqueta. Entonces, una hora después, me paré para estirarme, y mi hermana me palpó o más bien me apretujó, me torteó, etc, la nalga izquierda, abarcándola casi totalmente con su mano (ella dice que me iba a agarrar el brazo y que no se fijó... juzguen ustedes).
Luego de otra media hora, nos paramos y nos venimos caminando de regreso.
Le metí el pie dos veces a mi hermana, motivo por el cual ella me pellizcó una bubi... Acto seguido, me saqué un moco y se lo aventé a un niño que venía a mi derecha.
Este extrabruto... digo, exabrupto, solo sirve para no ser el único que sufra dichas desdichas tan desdichadamente desdichadas, acaecidas al desdichado autor.
Caso de la vida real. Si quieren fotos de mi nalga apretada, contáctenmennn.
Categoría:
Las peores desdichas,
sentimentalismos,
Vómitos verbales
lunes, 3 de mayo de 2010
Rebuznante redundancia
Estoy algo confundido: aún recuerdo perfectamente aquellos lejanos días de mi juventud en los que yo creía que el amor era algo perfectamente bioquímico, y que incluso me dí a la tarea de investigar un artículo que lo explicara en palabras entendibles para todos nosotros. Sin embargo, ahora mi confusión radica en que, esta mañana, al rebisar mi abandonada vandeja de entrada de mi servidor de correo electrónico, encuentro numerosos mensajes con promesas de amor eterno a cambio del reenvío de algunos correos con información perfectamente inútil para los usuarios de esta herramienta. Pero, si por el contrario, borras dichos mensajes sin compartirlos con determinada cantidad de contactos, serás maldecido con la mala suerte en el amor por x cantidad de años…
Aaaagh, traté de decirlo de forma educada y agradable, pero no puedo más: ahora resulta que he acumulado un total de 5,872 años de mala suerte en el amor (me puse a sumar todos los años que tenía cada mensaje…). En serio, camaradas, mánden mensajes con alguna utilidad, ¿de acuerdo? (“El mundo no cambiará, deja de hacerte ilusiones”. –Mí mismo, nota mental--)
*****
Dejando de lado este intempestivo inicio, a falta de algo mejor como introducción, les platico que ayer por fin tuve la dicha de mover el bote luego de mi larga ausencia en las fiestas que se celebran con ese propósito. Sí, hasta terminé bailando banda, pasito duranguense, y algo de tambora… cosa que jamás creí que haría, y no por chocante, sino por mis nulas habilidades.
Estuvimos en un sencillo salón de fiestas, que más que salón era jardín, aunque tenía el aspecto de un cuartito tirándole a parque, solo que con un enrejado que le daba un ligero toque acogedor al aire libre que denotaba su simple e intrincado decorado…
Era pequeño aunque amplio, con una pista de baile más bien reducida pero grande, al tamaño aproximado del promedio.
Así y todo, fuimos felices. Yo fui acompañado de mi hermana y un íntimo amigo de la familia, quien no decidió siquiera zapatear en su mismo lugar; sí, quemémoslo: el señor no se dignó ni a bailar los ojos durante toda la fiesta. Y aún así, lo quiero aunque lo odio… ¿comienzo con mis rodeos de nuevo?
Yo por mi parte, me sentía como bolsa de papas del tamaño familiar –y no por presumir, luego verán las razones—porque me rolaban entre todos, o mejor dicho todas, no bailé con hombres porque sí soy chocante en cuanto a eso.
Ahí me topé con varias amigas que no había visto (frases literales, me topé porque me dí un cabezaso con ellas al bailar de mala manera, y también es cierto que no las he visto aún…), y además me las encontré luego de un largo tiempo sin poder saludarlas y platicar con ellas; de ahí la razón de que me rolaran entre todas para bailar.
Así las cosas. Disfruté mucho de la tarde/noche de ayer. Pero si están pensando que este es un post con buenos ánimos, que por fin estoy contento luego de muchas entradas agrias y amargosas en las que el limón me hacía caras al chuparlo, están rotundamente equivocados: este escrito tiene como objeto el echarles en cara que yo disfruté de una fiesta ayer y ustedes no, que bailé con numerosas chamacotas de buen ver y ustedes no, que hice el ridículo sin que me diera pena por ello y ustedes no… y si sí, platíquenmelo y aquí nos peleamos para ver cuál fue el mejor.
Y por si fuera poco esta explicación para demostrarles que sigo siendo el enemigo público de siempre, les cuento otra cosa: en cuanto puse pie en mi casa, fui regañado por los administradores de la misma. No digo que fue una gritería y una pelea aguerrida, aunque tampoco fue leve, solo que era agresiva con tintes suaves, luego de lo cual me dí cuenta de que no hubo tal… ¿podeis creerlo? ¡Regañarme por llegar a las 10:30 de la nocturna noche!
¿Alguien tiene una fórmula especial para hacer frente al enfado que provocan los padres en edades páusicas (sea andro o meno…)? Claro, aparte del ya popular “ignóralos”, porque sé por experiencia propia que eso no funciona.
Listo, leyeron mi basura de calidad, porque como me acaba de decir mi estimado Danielov: “no donde quiera se consigue basura de calidad hoy día.” Y luego agregó: “[pero] si me decepciona y me sale con cualquier mediocridad de basura, yo sí le pego.” Entonces, adelante. Solo un favor: ¡en la cara no, que de eso vivo!
Y ya, antes de que aparezca el conocido “publicado por” y entonces ¡puf!, esfumarme, nada más quiero llamar su atención al mencionado pie: les presento mi nueva y renovada recién estrenada identidad (espero no haber sido muy redundante de nuevo…).
Aaaagh, traté de decirlo de forma educada y agradable, pero no puedo más: ahora resulta que he acumulado un total de 5,872 años de mala suerte en el amor (me puse a sumar todos los años que tenía cada mensaje…). En serio, camaradas, mánden mensajes con alguna utilidad, ¿de acuerdo? (“El mundo no cambiará, deja de hacerte ilusiones”. –Mí mismo, nota mental--)
*****
Dejando de lado este intempestivo inicio, a falta de algo mejor como introducción, les platico que ayer por fin tuve la dicha de mover el bote luego de mi larga ausencia en las fiestas que se celebran con ese propósito. Sí, hasta terminé bailando banda, pasito duranguense, y algo de tambora… cosa que jamás creí que haría, y no por chocante, sino por mis nulas habilidades.
Estuvimos en un sencillo salón de fiestas, que más que salón era jardín, aunque tenía el aspecto de un cuartito tirándole a parque, solo que con un enrejado que le daba un ligero toque acogedor al aire libre que denotaba su simple e intrincado decorado…
Era pequeño aunque amplio, con una pista de baile más bien reducida pero grande, al tamaño aproximado del promedio.
Así y todo, fuimos felices. Yo fui acompañado de mi hermana y un íntimo amigo de la familia, quien no decidió siquiera zapatear en su mismo lugar; sí, quemémoslo: el señor no se dignó ni a bailar los ojos durante toda la fiesta. Y aún así, lo quiero aunque lo odio… ¿comienzo con mis rodeos de nuevo?
Yo por mi parte, me sentía como bolsa de papas del tamaño familiar –y no por presumir, luego verán las razones—porque me rolaban entre todos, o mejor dicho todas, no bailé con hombres porque sí soy chocante en cuanto a eso.
Ahí me topé con varias amigas que no había visto (frases literales, me topé porque me dí un cabezaso con ellas al bailar de mala manera, y también es cierto que no las he visto aún…), y además me las encontré luego de un largo tiempo sin poder saludarlas y platicar con ellas; de ahí la razón de que me rolaran entre todas para bailar.
Así las cosas. Disfruté mucho de la tarde/noche de ayer. Pero si están pensando que este es un post con buenos ánimos, que por fin estoy contento luego de muchas entradas agrias y amargosas en las que el limón me hacía caras al chuparlo, están rotundamente equivocados: este escrito tiene como objeto el echarles en cara que yo disfruté de una fiesta ayer y ustedes no, que bailé con numerosas chamacotas de buen ver y ustedes no, que hice el ridículo sin que me diera pena por ello y ustedes no… y si sí, platíquenmelo y aquí nos peleamos para ver cuál fue el mejor.
Y por si fuera poco esta explicación para demostrarles que sigo siendo el enemigo público de siempre, les cuento otra cosa: en cuanto puse pie en mi casa, fui regañado por los administradores de la misma. No digo que fue una gritería y una pelea aguerrida, aunque tampoco fue leve, solo que era agresiva con tintes suaves, luego de lo cual me dí cuenta de que no hubo tal… ¿podeis creerlo? ¡Regañarme por llegar a las 10:30 de la nocturna noche!
¿Alguien tiene una fórmula especial para hacer frente al enfado que provocan los padres en edades páusicas (sea andro o meno…)? Claro, aparte del ya popular “ignóralos”, porque sé por experiencia propia que eso no funciona.
Listo, leyeron mi basura de calidad, porque como me acaba de decir mi estimado Danielov: “no donde quiera se consigue basura de calidad hoy día.” Y luego agregó: “[pero] si me decepciona y me sale con cualquier mediocridad de basura, yo sí le pego.” Entonces, adelante. Solo un favor: ¡en la cara no, que de eso vivo!
Y ya, antes de que aparezca el conocido “publicado por” y entonces ¡puf!, esfumarme, nada más quiero llamar su atención al mencionado pie: les presento mi nueva y renovada recién estrenada identidad (espero no haber sido muy redundante de nuevo…).
Categoría:
Críticas constructivas,
Ocasiones especiales,
Vómitos verbales
miércoles, 21 de abril de 2010
La controversia pega más...
Hoy quiero hacer algo que se ha estado llevando a cabo desde hace tiempo en mi blog, solo que de manera informal: quiero abrir un debate.
Les dejo mi tema, y luego platíquenme sus opiniones a favor o en contra de las mías, y de ahí lo desarrollaremos.
“Capacidades diferentes”… mmm… “capacidades diferentes”, ¿diferentes de quién? ¿Diferentes de los demás…?
Veamos
Un ciego: ¿no puede oler, oír, palpar, caminar, hablar, sonreír, saltar, cantar, imaginar, inventar, comer… como todos los demás?
Un sordo: ¿No puede ver, amar, sentir, abrazar, correr, escribir, aprender, razonar, burlarse de mí, practicar deporte… como todos los demás?
Y no le sigo, para no aburrirlos, estimados lectores. Pero creo que queda clara la idea: ¿quiere decir entonces, que una persona “normal y completa” no puede desarrollar y poseer las habilidades que tiene una persona que padece alguna discapacidad? ¿O viceversa?
Por qué no nos ponemos a pensar un poquito, y utilizamos ese maravilloso don del que fuimos dotados: el raciocinio.
Se le conoce como una persona con “capacidades diferentes” a aquella que desarrolla habilidades comúnmente escasas entre las personas “normales”, con el fin de sobrevivir en este mundo debido a la falta de una capacidad “FÍSICA” (“FÍSICA” entiéndase, y también téngase en cuenta que un problema mental, igualmente es físico, puesto que recide en la disfunción de cierto aspecto del cerebro, órgano físico del cuerpo humano). Pero veamos: ¿es realmente el caso de que –como dije antes--, las personas normales no puedan desarrollar esas habilidades que por estricta necesidad son más patentes en la gente con discapacidad?
Ahora bien, ¿por qué se comenzó a utilizar esta denominación para dichas personas? Aparentemente, y según la idea más extendida, se debe a que es incorrecto llamarles “discapacitados”, puesto que, a pesar de sufrir algún impedimento X, según sea el caso, se valen de las tan mencionadas “capacidades diferentes”, para sobresalir entre el vulgo.
Sin embargo, consultemos el significado literal, y veamos si está correctamente empleado el término o no:
Discapacidad: “Cualidad de un discapacitado.”
Discapacitado: “adj. Dicho de una persona: Que tiene impedida o entorpecida alguna de las actividades cotidianas consideradas normales, por alteración de sus funciones intelectuales o físicas.” (Significados tomados literalmente de el diccionario de la Real Academia Española.)
Entonces, ¿cuál es el problema? ¿no es verdad que tienen impedido algún aspecto físico o intelectual?
Opinión personal: En mi experiencia, nunca me ha afectado de ningún modo la denominación popular de mi condición. Aunque varios utilicen el término invidente (mal utilizado por cierto, porque alguien vidente no es el que ve, si no más bien, se utiliza para denominar a una persona con la supuesta capacidad de ver el futuro o leer la mente), y otros, ciego (en este caso sí, bien utilizado), no tengo reparo en ninguna de las dos, y mucho menos si me dicen discapacitado o persona con capacidades diferentes. El problema radica en que al referirse a mi persona o a alguno de diversa condición dentro del mismo ámbito, es la actitud lo que entra en conflicto conmigo. A veces sin quererlo, puede incluso rayar en la hipocresía. Pórtense a la altura de las circunstancias. Para esto hay que ser inteligentes, y muy, pero muy observadores. La persona con x deficiencia, es exactamente “igual” (y lo pongo entre comillas porque ninguno es igual a otro, pero me refiero en el aspecto general) a los demás, con excepción de el impedimento en cuestión.
Claro está, si algún individuo sufre de impedimentos intelectuales, hay que ser muy disernidores, porque ya dependerá de la situación de cada quien.
Y particularmente, los que son realmente hipócritas y con todo conocimiento de causa, son los gobiernos (¿o será que son idiotas?). Supuestamente ponen rampitas en las aseras, para que los colegas en sillas de ruedas no batallen al subir pero, justo enfrente y sin espacio de maniobra… un poste, una caseta telefónica, un anuncio.
Pregonan los valores morales a favor de los discapacitados, o bien, como ellos presumen, “las personas con capacidades diferentes” y hacen alarde de que nosotros tenemos las mismas oportunidades y derechos pero, no nos dan trabajo, no fomentan la cultura, no existe un lugar con la infrestructura, moviliario, inmoviliario, material, tecnología y personal adecuado para nuestro uso (y hablo exclusivamente de nuestro país, y más específicamente de nuestro estado).
Y para muestra:
El otro día necesitaba urgentemente imprimir un documento al sistema braille (sistema utilizado por los ciegos para la lectura y escritura, que se caracteriza por las letras en relieve, formadas por puntos u orificios practicados en un papel), y había escuchado de varias personas el testimonio de que en la biblioteca central de la UAA existía la tecnología para ello. Supuestamente contaba con un espacio donde había literatura en braille, así como computadoras equipadas con el lector de pantalla adecuado para desenvolvernos, y una impresora braille. Afortunadamente conozco a una persona (muy amiga mía que merece mención honorífica por su paciencia y amistad hacia su servilleta) que está estudiando comunicaciones en dicha universidad, y le pedí de favor que me imprimiera dicho documento, después de lo cual yo pasaría a recogerlo. Pues bien, cuando me llamó para que pasara por él, y luego de que me presenté en la biblioteca de la universidad, donde otros dos chavos que se portaron muy bien conmigo estaban corrigiendo los errores de redacción y sintaxis del documento, conocí el lugar del que tanto me habían hablado: no, no hay literatura en braille disponible, no cuentan con el software apropiado, y bueno, la impresora existe, pero más que todo sobrevive al largo transcurrir de las primaveras, pues es más vieja que mi certificado de primaria.
En fin, me decidí a no decir nada, pues, a pesar de todo, quizás me sirviera de algo, y además se me estaba haciendo un favor (aunque luego de impreso el documento me cobrarían por el papel, claro). En cuanto a los amigos que me ayudaron a imprimirlo, no tengo palabras suficientes para agradecerles su tiempo y paciencia, y además de amabilidad. Pero de la calidad del trabajo --obviamente que los culpables son los administradores del lugar, y sostenido por el gobierno--, sí tengo mucho de qué quejarme.
Para no hacérselas más larga, porque ya es, el documento no me sirvió absolutamente de nada. La impresora escribe lo que le da la gana, y no lo que está en el archivo .doc encomendado a sus fierros.
Así las cosas. Pero, ¿y qué? Este post es uno más de los que no servirán de nada o de muy poco.
Bueno sí: me ayudan a distraerme de mis preocupaciones, porque yo estoy en la adolescencia y mi madre en la menopausia y mi padre en la andropausia (a ver si amanezco vivo por decir mentiras como estas…), y claro, tiene que haber roces estando todos aquí metidos el día entero.
Pero ya me desvié del tema: la idea era que yo no estoy de acuerdo con la denominación “Capacidades diferentes”.
Pero en este post, es mucho muy importante su opinión… ¿me la regalan? Y peleémonos (en bien entendido).
Les dejo mi tema, y luego platíquenme sus opiniones a favor o en contra de las mías, y de ahí lo desarrollaremos.
“Capacidades diferentes”… mmm… “capacidades diferentes”, ¿diferentes de quién? ¿Diferentes de los demás…?
Veamos
Un ciego: ¿no puede oler, oír, palpar, caminar, hablar, sonreír, saltar, cantar, imaginar, inventar, comer… como todos los demás?
Un sordo: ¿No puede ver, amar, sentir, abrazar, correr, escribir, aprender, razonar, burlarse de mí, practicar deporte… como todos los demás?
Y no le sigo, para no aburrirlos, estimados lectores. Pero creo que queda clara la idea: ¿quiere decir entonces, que una persona “normal y completa” no puede desarrollar y poseer las habilidades que tiene una persona que padece alguna discapacidad? ¿O viceversa?
Por qué no nos ponemos a pensar un poquito, y utilizamos ese maravilloso don del que fuimos dotados: el raciocinio.
Se le conoce como una persona con “capacidades diferentes” a aquella que desarrolla habilidades comúnmente escasas entre las personas “normales”, con el fin de sobrevivir en este mundo debido a la falta de una capacidad “FÍSICA” (“FÍSICA” entiéndase, y también téngase en cuenta que un problema mental, igualmente es físico, puesto que recide en la disfunción de cierto aspecto del cerebro, órgano físico del cuerpo humano). Pero veamos: ¿es realmente el caso de que –como dije antes--, las personas normales no puedan desarrollar esas habilidades que por estricta necesidad son más patentes en la gente con discapacidad?
Ahora bien, ¿por qué se comenzó a utilizar esta denominación para dichas personas? Aparentemente, y según la idea más extendida, se debe a que es incorrecto llamarles “discapacitados”, puesto que, a pesar de sufrir algún impedimento X, según sea el caso, se valen de las tan mencionadas “capacidades diferentes”, para sobresalir entre el vulgo.
Sin embargo, consultemos el significado literal, y veamos si está correctamente empleado el término o no:
Discapacidad: “Cualidad de un discapacitado.”
Discapacitado: “adj. Dicho de una persona: Que tiene impedida o entorpecida alguna de las actividades cotidianas consideradas normales, por alteración de sus funciones intelectuales o físicas.” (Significados tomados literalmente de el diccionario de la Real Academia Española.)
Entonces, ¿cuál es el problema? ¿no es verdad que tienen impedido algún aspecto físico o intelectual?
Opinión personal: En mi experiencia, nunca me ha afectado de ningún modo la denominación popular de mi condición. Aunque varios utilicen el término invidente (mal utilizado por cierto, porque alguien vidente no es el que ve, si no más bien, se utiliza para denominar a una persona con la supuesta capacidad de ver el futuro o leer la mente), y otros, ciego (en este caso sí, bien utilizado), no tengo reparo en ninguna de las dos, y mucho menos si me dicen discapacitado o persona con capacidades diferentes. El problema radica en que al referirse a mi persona o a alguno de diversa condición dentro del mismo ámbito, es la actitud lo que entra en conflicto conmigo. A veces sin quererlo, puede incluso rayar en la hipocresía. Pórtense a la altura de las circunstancias. Para esto hay que ser inteligentes, y muy, pero muy observadores. La persona con x deficiencia, es exactamente “igual” (y lo pongo entre comillas porque ninguno es igual a otro, pero me refiero en el aspecto general) a los demás, con excepción de el impedimento en cuestión.
Claro está, si algún individuo sufre de impedimentos intelectuales, hay que ser muy disernidores, porque ya dependerá de la situación de cada quien.
Y particularmente, los que son realmente hipócritas y con todo conocimiento de causa, son los gobiernos (¿o será que son idiotas?). Supuestamente ponen rampitas en las aseras, para que los colegas en sillas de ruedas no batallen al subir pero, justo enfrente y sin espacio de maniobra… un poste, una caseta telefónica, un anuncio.
Pregonan los valores morales a favor de los discapacitados, o bien, como ellos presumen, “las personas con capacidades diferentes” y hacen alarde de que nosotros tenemos las mismas oportunidades y derechos pero, no nos dan trabajo, no fomentan la cultura, no existe un lugar con la infrestructura, moviliario, inmoviliario, material, tecnología y personal adecuado para nuestro uso (y hablo exclusivamente de nuestro país, y más específicamente de nuestro estado).
Y para muestra:
El otro día necesitaba urgentemente imprimir un documento al sistema braille (sistema utilizado por los ciegos para la lectura y escritura, que se caracteriza por las letras en relieve, formadas por puntos u orificios practicados en un papel), y había escuchado de varias personas el testimonio de que en la biblioteca central de la UAA existía la tecnología para ello. Supuestamente contaba con un espacio donde había literatura en braille, así como computadoras equipadas con el lector de pantalla adecuado para desenvolvernos, y una impresora braille. Afortunadamente conozco a una persona (muy amiga mía que merece mención honorífica por su paciencia y amistad hacia su servilleta) que está estudiando comunicaciones en dicha universidad, y le pedí de favor que me imprimiera dicho documento, después de lo cual yo pasaría a recogerlo. Pues bien, cuando me llamó para que pasara por él, y luego de que me presenté en la biblioteca de la universidad, donde otros dos chavos que se portaron muy bien conmigo estaban corrigiendo los errores de redacción y sintaxis del documento, conocí el lugar del que tanto me habían hablado: no, no hay literatura en braille disponible, no cuentan con el software apropiado, y bueno, la impresora existe, pero más que todo sobrevive al largo transcurrir de las primaveras, pues es más vieja que mi certificado de primaria.
En fin, me decidí a no decir nada, pues, a pesar de todo, quizás me sirviera de algo, y además se me estaba haciendo un favor (aunque luego de impreso el documento me cobrarían por el papel, claro). En cuanto a los amigos que me ayudaron a imprimirlo, no tengo palabras suficientes para agradecerles su tiempo y paciencia, y además de amabilidad. Pero de la calidad del trabajo --obviamente que los culpables son los administradores del lugar, y sostenido por el gobierno--, sí tengo mucho de qué quejarme.
Para no hacérselas más larga, porque ya es, el documento no me sirvió absolutamente de nada. La impresora escribe lo que le da la gana, y no lo que está en el archivo .doc encomendado a sus fierros.
Así las cosas. Pero, ¿y qué? Este post es uno más de los que no servirán de nada o de muy poco.
Bueno sí: me ayudan a distraerme de mis preocupaciones, porque yo estoy en la adolescencia y mi madre en la menopausia y mi padre en la andropausia (a ver si amanezco vivo por decir mentiras como estas…), y claro, tiene que haber roces estando todos aquí metidos el día entero.
Pero ya me desvié del tema: la idea era que yo no estoy de acuerdo con la denominación “Capacidades diferentes”.
Pero en este post, es mucho muy importante su opinión… ¿me la regalan? Y peleémonos (en bien entendido).
martes, 6 de abril de 2010
SIN RESERVAS PARA LA III GUERRA MUNDIAL
¡Estoy arto!¿De qué? ¡De mí! Y es que, no me obedezco a mí mismo.
Cuando digo que mañana me voy a sentir bien, y que voy a traer un chorro de ganas de hacer cosas, divertidas y aburridas, pero que no me va a importar nada, y voy a tener el mejor de los optimismos que existen (si es que hay de esos aquí en el planeta), ¡nel! Amanezco con una flojera horrible, cansado, desanimado, deprimido, con sueño, sin hambre… y es que me podrán quitar todo, pero mi comida, mi música y mi cabeza ¡no!
Y luego digo: Hoy me duermo temprano, porque mañana me quiero levantar temprano. Pero, me acuesto. Luego, me pongo mi minicomponente en mis asquerosas orejas (bueno son unos audífonos pero son enormes, parecen vocinas de estéreo). Escucho 50 canciones de las 150 que trae mi ipod. Me los quito. Cuento borreguitos (y eso que sufro para contarlos, porque ni en mi cabeza los veo… tengo que andarlos persiguiendo). Me vuelvo a poner mis audífonos. Y luego me acuerdo de que tengo que cerrar los ojos para dormirme. Y ya cuando me dan las 3 o 4 de la mañana, me duermo.
Y viceversa: Cuando digo que me quiero quedar despierto, desvelarme, ver todas las películas de Pedro Infante que tiene mi papá, comiendo pan y tomando coca… Me dan las 12:00, y ya tengo sueño.
Y lo peor es que, cuando digo que me quiero deprimir horriblemente, y llorar y llorar, y quedarme en mi cama todo el día hasta que mis papás me pregunten tres veces qué tengo, y que luego se vayan enojados porque no confío en ellos, y sentirme la peor basura en la tierra ¿qué pasa? Exacto: amanezco súper feliz y nada me molesta. Me peyisco el puente entre mis fosas nasales para hacerme llorar y no sale nada más que mocos, pero no lloro.
Entonces, ¿de qué se trata? Hay veces que ya no quiero comer, y que quiero ponerme a dieta y dejar toda la comida chatarra incluída mi hermosa y adorada Coca, pero precisamente ese día, me muero de hambre y al final decido empezar luego.
Pero ayer, que no traía nada pero nada de ganas de comer, ni hambre traía, a mi hermana se le ocurre pedir pizza y traerme mi Coca frillita de la tienda (y eso que ni siquiera me pidió que la acompañara hasta la tienda que se encuentra en el lejano oeste). Así es que, comí bien poquito. Hasta sobró de las dos pizzas familiares que compran, mucho para la cena (y es que nunca duran cuando yo ando en mis buenos momentos).
¿Entonces? ¿Qué debo hacer? ¡Yasé! Voy a comprarme un control universal, de esos que sirven para todo a lo que le apuntes… igual y con eso puedo tener el control de mí mismo.
Fíjensen, y es que hasta cuando ando feliz y tengo ganas de escribir, se me va la inspiración y no surge nada interesante de mi cabeza, pero cuando no quiero escribir, y no traigo nada de ganas, es cuando mejor fluyen las ideas; por eso es que las últimas veces les han tocado entradas nefastas y ridículas… bueno, ni modo. Al fin que los seguidores son más fieles que los amigos y leen lo que tú les pongas.
Por cierto, ya tengo casi dos meses con esta cosa, y cada vez la amo más. Y se les agradece a todos los que tiran a la basura un cacho de su vida por leer mis sandeces.
Aguanten, pasó un ratón corriendo… dejen lo alcanzo.
Ya vine. Maldito ratón, se comió el cachito de queso que dejé en una esquina hace 2 años para tener algo que comer si venía la tercera guerra mundial, y ni así lo atrapé.
En fin. Ya me voy, porque ya me dio coraje. Desde hace rato que me estoy ordenando darme pena a mí mismo y nel, no siento nada. Tengo que llorar un rato, y es que, no hay a donde salir, creo que tenía más cosas qué hacer en la calle el tiempo en el que estaba de moda la influenza y que no te dejaban ir a ningún lado.
¡Ya! ¡Adiós!
Cuando digo que mañana me voy a sentir bien, y que voy a traer un chorro de ganas de hacer cosas, divertidas y aburridas, pero que no me va a importar nada, y voy a tener el mejor de los optimismos que existen (si es que hay de esos aquí en el planeta), ¡nel! Amanezco con una flojera horrible, cansado, desanimado, deprimido, con sueño, sin hambre… y es que me podrán quitar todo, pero mi comida, mi música y mi cabeza ¡no!
Y luego digo: Hoy me duermo temprano, porque mañana me quiero levantar temprano. Pero, me acuesto. Luego, me pongo mi minicomponente en mis asquerosas orejas (bueno son unos audífonos pero son enormes, parecen vocinas de estéreo). Escucho 50 canciones de las 150 que trae mi ipod. Me los quito. Cuento borreguitos (y eso que sufro para contarlos, porque ni en mi cabeza los veo… tengo que andarlos persiguiendo). Me vuelvo a poner mis audífonos. Y luego me acuerdo de que tengo que cerrar los ojos para dormirme. Y ya cuando me dan las 3 o 4 de la mañana, me duermo.
Y viceversa: Cuando digo que me quiero quedar despierto, desvelarme, ver todas las películas de Pedro Infante que tiene mi papá, comiendo pan y tomando coca… Me dan las 12:00, y ya tengo sueño.
Y lo peor es que, cuando digo que me quiero deprimir horriblemente, y llorar y llorar, y quedarme en mi cama todo el día hasta que mis papás me pregunten tres veces qué tengo, y que luego se vayan enojados porque no confío en ellos, y sentirme la peor basura en la tierra ¿qué pasa? Exacto: amanezco súper feliz y nada me molesta. Me peyisco el puente entre mis fosas nasales para hacerme llorar y no sale nada más que mocos, pero no lloro.
Entonces, ¿de qué se trata? Hay veces que ya no quiero comer, y que quiero ponerme a dieta y dejar toda la comida chatarra incluída mi hermosa y adorada Coca, pero precisamente ese día, me muero de hambre y al final decido empezar luego.
Pero ayer, que no traía nada pero nada de ganas de comer, ni hambre traía, a mi hermana se le ocurre pedir pizza y traerme mi Coca frillita de la tienda (y eso que ni siquiera me pidió que la acompañara hasta la tienda que se encuentra en el lejano oeste). Así es que, comí bien poquito. Hasta sobró de las dos pizzas familiares que compran, mucho para la cena (y es que nunca duran cuando yo ando en mis buenos momentos).
¿Entonces? ¿Qué debo hacer? ¡Yasé! Voy a comprarme un control universal, de esos que sirven para todo a lo que le apuntes… igual y con eso puedo tener el control de mí mismo.
Fíjensen, y es que hasta cuando ando feliz y tengo ganas de escribir, se me va la inspiración y no surge nada interesante de mi cabeza, pero cuando no quiero escribir, y no traigo nada de ganas, es cuando mejor fluyen las ideas; por eso es que las últimas veces les han tocado entradas nefastas y ridículas… bueno, ni modo. Al fin que los seguidores son más fieles que los amigos y leen lo que tú les pongas.
Por cierto, ya tengo casi dos meses con esta cosa, y cada vez la amo más. Y se les agradece a todos los que tiran a la basura un cacho de su vida por leer mis sandeces.
Aguanten, pasó un ratón corriendo… dejen lo alcanzo.
Ya vine. Maldito ratón, se comió el cachito de queso que dejé en una esquina hace 2 años para tener algo que comer si venía la tercera guerra mundial, y ni así lo atrapé.
En fin. Ya me voy, porque ya me dio coraje. Desde hace rato que me estoy ordenando darme pena a mí mismo y nel, no siento nada. Tengo que llorar un rato, y es que, no hay a donde salir, creo que tenía más cosas qué hacer en la calle el tiempo en el que estaba de moda la influenza y que no te dejaban ir a ningún lado.
¡Ya! ¡Adiós!
Categoría:
Personal,
sentimentalismos,
Vómitos verbales
viernes, 2 de abril de 2010
¡ZONA DE DESASTRE!
Hoy me levanté de buenas. No sé, tal vez Marte se alineó con la tierra y esto influyó en mi humor (bueno, es que es tan raro este suceso en los últimos días que no sé a qué atribuir semejante milagro).
Por lo tanto, me decidí a hacer algo que va en contra de todas mis convicciones y creencias, y que además probablemente me arrepentiré luego. Créanme, fenómenos como este no se dan en varias décadas o quizá siglos: tengo la intención de revelarles los más oscuros pasajes de mi vida… ¿a qué me refiero? A los más terribles ridículos y metidas de pata de toda mi existencia.
Claro, no sin pedirles algo a cambio: al publicar esta información clasificada, habrá un acuerdo tácito e inmutable bajo ninguna circunstancia entre ustedes y yo, de que, jamás, pero jamás, se me hará burla de cualesquier suceso expuesto en esta entrada. De lo contrario, el que se atreva a hacer escarnio de mis desventuras se arriesga a mi más terrible e inimaginable venganza. Definitivamente no evitaré que se burlen de mi mientras leen estas anécdotas, y están en su derecho, pero… ¡hasta ahí! ¿Entendido?
Bueno, iniciemos. Aún no sé porqué estoy haciendo semejante barbajanería. Solo sé que, en parte, es para mantener contentos a mis lectores, y en estos casos, a veces hay que sacrificarse.
¡Rayos! Ustedes comprenderán que me tarde en iniciar, pero… ¡No es fácil! ¡Es mi reputación la que queda destrozada en mil pedazos!
Comenzaré relatando la más reciente, y de ahí, la que se me venga a la mente. Ok… pfff, ahora sí:
¡Rayos! Este es de los peores…
1.-Hace ya algunos meses fuimos a León, y más propiamente, al centro comercial Plaza mayor. Nos acompañaba una amiga mía, y un primo (otro, no el mismo). Cuando después de algunas horas de deambular por la plaza, nuestro cuerpo exigía ser liberado de la excesiva hidratación. Por lo tanto, fuimos al baño: estando allí, empezamos a jugar y a bromear con que nos asomábamos al mingitorio contiguo (claro, solo entre mi hermano mi primo y yo). Yo me asomaba más descaradamente para hacerlos enojar, porque, obvio, no había problema de que viera nada indebido. Sin embargo, ellos comenzaron a molestarme más, y yo, con ánimos de venganza, me acerqué a uno de los mingitorios y asomé la cabeza completamente, pero… pero… no era ni mi hermano, ni mi primo… ¡era un señor extraño! ¡RAYOOOOOOS, QUEEE PEEEENAAAAA! Por supuesto, le explicamos al señor mi situación, y aunque no quedó muy conforme, ya no dijo nada.
2.-Este ya tiene más tiempo. Un amigo y yo, fuimos a un centro comercial a comprar gusguerías. Al ir saliendo, en la puerta hay varios escalones, y justo terminando el descenso, está el estacionamiento, con todos los carros acomodados en batería de frente a la entrada, o salida, según lo vean. Pues bien, empezamos a bajar los escalones cuando… se me dobló un pie y me fui de bruces. Lo peor es que, había varios carros llegando a estacionarse, y más aún, una señora estaba justo enfrente de donde yo me caí. Pues la mugrera, ¡descaradamente se burló de mi caída! ¡Vieja sangrona!
3.-Estando todavía en la escuela, en una ocasión estaba platicando con algunas amigas. Jugando, empezamos a hacernos enojar, y la verdad no me acuerdo porqué, pero, ya ven que después de algunos comentarios, uno se hace el enojado y según eso se da la media vuelta para irse esperando que te agarren y te digan que no hagas caso o que los perdones. Bueno, al hacer yo un comentario de esos, una de mis amigas se hizo la ofendida. Entonces mi intuición –equivocada en este caso—me indicó que se iba a ir caminando, por lo cual, yo estiré la mano para agarrarla por el hombro y detenerla. Pero por desgracia, ella no se había dado media vuelta, y en lugar de agarrarle el hombro, tuve la desdicha de tomarle una bubi… ¡LES JURO POR MI HONOR –si es que todavía me queda alguno-- QUE FUE SIN QUERER! Ya sabrán, no me la acabé con la carrilla durante vaaarios días.
4.-Otra vez, en la escuela. Mientras transcurría el tiempo de una hora en la que el maestro no asistió (o al menos eso creo, no recuerdo si no fue o si estaba fuera del salón), obviamente se hace mucho relajo. Yo por mi parte, me subí a una silla y empecé a hacer y decir payasadas. Claro, no estaba enfrente del salón, era una de las mesas de la fila pegada a la pared y por en medio más o menos. Pues bien, mientras yo hacía mis espectáculos, el compañero sentado en la silla contigua me jaló el pants (ese día llevábamos uniforme deportivo, y de bajo, yo traía boxer), el efecto de la fuerza imprimida al jalón, y la inercia, lograron que el pants, junto con el boxer resbalaran por mi cuerpo. Afortunadamente alcancé a reaccionar, así que solo quedó al aire mi linda y delicada pompi derecha. Por supuesto, las niñas se volvieron locas de la emoción buajajaja si claro.
5.-En una ocasión, hace ya buen tiempo, acompañé a mi mamá por la despensa, a una tienda de autoservicio. Ya ven que en esas tiendas –puesto que por lo regular se compran varios artículos—existen los comúnmente llamados “carritos”; pues bien, yo venía caminando junto al carrito de mi madre, cuando, por x circunstancia, me solté unos segundos para acomodar o tomar algo de mi bolsillo. Cuando volví a extender la mano para tomarme de un costado del mencionado carrito, lo encontré, y seguí caminando felizmente. Sin embargo, luego de unos cuantos pasos, sentí una mano aferrándome por el hombro y apartándome del susodicho carrito… era mi mamá. Sí, iba agarrado del carrito de otra señora. La verdad no sé si la señora no había visto al intruso aferrado a su vehículo, pero no me había dicho nada hasta que mi madre me jaló, y le dio risa a la señora.
¡Y EL PEOR! Espero, de verdad, sobrevivir a la siguiente confesión:
6.-Cuando yo tenía aproximadamente 2 añitos de edad, me ocurrió lo más horrible y espantoso que le puede suceder a un ser humano. Gateando por mi acogedor hogar, y más específicamente, por la sala de mi maravillosa casa, mi pequeña manita tropezó con un objeto algo extraño. A simple vista, me pareció comestible, y por lo tanto, me lo llevé a la boca y lo degusté. Según lo que mi cerebro decodificó de las vibraciones sensoriales por medio de mis dedos, me indicó que era un cheeto. Sin embargo… no, no lo era: Era el excremento de mi pequeña mascota… mi perrito. ¡Sí señor, me comí un maldito excremento de perro! Por supuesto, mi mamá hizo hasta lo imposible por desinfectarme la boca, y desde luego, deshaciéndose en lágrimas de compasión e impotencia.
***
¡Ya basta! Ha quedado completamente destrozada mi autoconfianza, mi autoestima, ¡mi dignidad!
En fin, ninguna de estas aventuras eran secretas, siempre hubo quién me acompañara en mi dolor, aunque se burlaran descaradamente de mis desgracias. Sed buenos conmigo y compadecedse: escriban algo espeluznante que les haya sucedido en sus comentarios ¡por favor!
Bueno, apelo a su buen corazón, y mientras tanto, me voy. Tengo que ir a llorar 5 litros de lágrimas por cada cuenca ocular (sí, porque ojos no hay… jaja humor negro), y abrazarme con mi osito de peluche más querido para que me consuele.
Por lo tanto, me decidí a hacer algo que va en contra de todas mis convicciones y creencias, y que además probablemente me arrepentiré luego. Créanme, fenómenos como este no se dan en varias décadas o quizá siglos: tengo la intención de revelarles los más oscuros pasajes de mi vida… ¿a qué me refiero? A los más terribles ridículos y metidas de pata de toda mi existencia.
Claro, no sin pedirles algo a cambio: al publicar esta información clasificada, habrá un acuerdo tácito e inmutable bajo ninguna circunstancia entre ustedes y yo, de que, jamás, pero jamás, se me hará burla de cualesquier suceso expuesto en esta entrada. De lo contrario, el que se atreva a hacer escarnio de mis desventuras se arriesga a mi más terrible e inimaginable venganza. Definitivamente no evitaré que se burlen de mi mientras leen estas anécdotas, y están en su derecho, pero… ¡hasta ahí! ¿Entendido?
Bueno, iniciemos. Aún no sé porqué estoy haciendo semejante barbajanería. Solo sé que, en parte, es para mantener contentos a mis lectores, y en estos casos, a veces hay que sacrificarse.
¡Rayos! Ustedes comprenderán que me tarde en iniciar, pero… ¡No es fácil! ¡Es mi reputación la que queda destrozada en mil pedazos!
Comenzaré relatando la más reciente, y de ahí, la que se me venga a la mente. Ok… pfff, ahora sí:
¡Rayos! Este es de los peores…
1.-Hace ya algunos meses fuimos a León, y más propiamente, al centro comercial Plaza mayor. Nos acompañaba una amiga mía, y un primo (otro, no el mismo). Cuando después de algunas horas de deambular por la plaza, nuestro cuerpo exigía ser liberado de la excesiva hidratación. Por lo tanto, fuimos al baño: estando allí, empezamos a jugar y a bromear con que nos asomábamos al mingitorio contiguo (claro, solo entre mi hermano mi primo y yo). Yo me asomaba más descaradamente para hacerlos enojar, porque, obvio, no había problema de que viera nada indebido. Sin embargo, ellos comenzaron a molestarme más, y yo, con ánimos de venganza, me acerqué a uno de los mingitorios y asomé la cabeza completamente, pero… pero… no era ni mi hermano, ni mi primo… ¡era un señor extraño! ¡RAYOOOOOOS, QUEEE PEEEENAAAAA! Por supuesto, le explicamos al señor mi situación, y aunque no quedó muy conforme, ya no dijo nada.
2.-Este ya tiene más tiempo. Un amigo y yo, fuimos a un centro comercial a comprar gusguerías. Al ir saliendo, en la puerta hay varios escalones, y justo terminando el descenso, está el estacionamiento, con todos los carros acomodados en batería de frente a la entrada, o salida, según lo vean. Pues bien, empezamos a bajar los escalones cuando… se me dobló un pie y me fui de bruces. Lo peor es que, había varios carros llegando a estacionarse, y más aún, una señora estaba justo enfrente de donde yo me caí. Pues la mugrera, ¡descaradamente se burló de mi caída! ¡Vieja sangrona!
3.-Estando todavía en la escuela, en una ocasión estaba platicando con algunas amigas. Jugando, empezamos a hacernos enojar, y la verdad no me acuerdo porqué, pero, ya ven que después de algunos comentarios, uno se hace el enojado y según eso se da la media vuelta para irse esperando que te agarren y te digan que no hagas caso o que los perdones. Bueno, al hacer yo un comentario de esos, una de mis amigas se hizo la ofendida. Entonces mi intuición –equivocada en este caso—me indicó que se iba a ir caminando, por lo cual, yo estiré la mano para agarrarla por el hombro y detenerla. Pero por desgracia, ella no se había dado media vuelta, y en lugar de agarrarle el hombro, tuve la desdicha de tomarle una bubi… ¡LES JURO POR MI HONOR –si es que todavía me queda alguno-- QUE FUE SIN QUERER! Ya sabrán, no me la acabé con la carrilla durante vaaarios días.
4.-Otra vez, en la escuela. Mientras transcurría el tiempo de una hora en la que el maestro no asistió (o al menos eso creo, no recuerdo si no fue o si estaba fuera del salón), obviamente se hace mucho relajo. Yo por mi parte, me subí a una silla y empecé a hacer y decir payasadas. Claro, no estaba enfrente del salón, era una de las mesas de la fila pegada a la pared y por en medio más o menos. Pues bien, mientras yo hacía mis espectáculos, el compañero sentado en la silla contigua me jaló el pants (ese día llevábamos uniforme deportivo, y de bajo, yo traía boxer), el efecto de la fuerza imprimida al jalón, y la inercia, lograron que el pants, junto con el boxer resbalaran por mi cuerpo. Afortunadamente alcancé a reaccionar, así que solo quedó al aire mi linda y delicada pompi derecha. Por supuesto, las niñas se volvieron locas de la emoción buajajaja si claro.
5.-En una ocasión, hace ya buen tiempo, acompañé a mi mamá por la despensa, a una tienda de autoservicio. Ya ven que en esas tiendas –puesto que por lo regular se compran varios artículos—existen los comúnmente llamados “carritos”; pues bien, yo venía caminando junto al carrito de mi madre, cuando, por x circunstancia, me solté unos segundos para acomodar o tomar algo de mi bolsillo. Cuando volví a extender la mano para tomarme de un costado del mencionado carrito, lo encontré, y seguí caminando felizmente. Sin embargo, luego de unos cuantos pasos, sentí una mano aferrándome por el hombro y apartándome del susodicho carrito… era mi mamá. Sí, iba agarrado del carrito de otra señora. La verdad no sé si la señora no había visto al intruso aferrado a su vehículo, pero no me había dicho nada hasta que mi madre me jaló, y le dio risa a la señora.
¡Y EL PEOR! Espero, de verdad, sobrevivir a la siguiente confesión:
6.-Cuando yo tenía aproximadamente 2 añitos de edad, me ocurrió lo más horrible y espantoso que le puede suceder a un ser humano. Gateando por mi acogedor hogar, y más específicamente, por la sala de mi maravillosa casa, mi pequeña manita tropezó con un objeto algo extraño. A simple vista, me pareció comestible, y por lo tanto, me lo llevé a la boca y lo degusté. Según lo que mi cerebro decodificó de las vibraciones sensoriales por medio de mis dedos, me indicó que era un cheeto. Sin embargo… no, no lo era: Era el excremento de mi pequeña mascota… mi perrito. ¡Sí señor, me comí un maldito excremento de perro! Por supuesto, mi mamá hizo hasta lo imposible por desinfectarme la boca, y desde luego, deshaciéndose en lágrimas de compasión e impotencia.
***
¡Ya basta! Ha quedado completamente destrozada mi autoconfianza, mi autoestima, ¡mi dignidad!
En fin, ninguna de estas aventuras eran secretas, siempre hubo quién me acompañara en mi dolor, aunque se burlaran descaradamente de mis desgracias. Sed buenos conmigo y compadecedse: escriban algo espeluznante que les haya sucedido en sus comentarios ¡por favor!
Bueno, apelo a su buen corazón, y mientras tanto, me voy. Tengo que ir a llorar 5 litros de lágrimas por cada cuenca ocular (sí, porque ojos no hay… jaja humor negro), y abrazarme con mi osito de peluche más querido para que me consuele.
Categoría:
Golden age,
Personal,
sentimentalismos,
Vómitos verbales
jueves, 1 de abril de 2010
LA CRISIS DEL DESEMPLEO Y DE LA ECONOMÍA Y DEL ALIMENTO Y DE LA EDUCACIÓN... AH SÍ, Y DE LA AMISTAD
Hay veces que ya no sé qué pensar de la gente en general, o en particular también. Yo entiendo que el ser humano tiene cualidades innatas muy hermosas, y por lo regular apelo a ellas; pero, en otras ocasiones, bien pueden portarse como verdaderos animales. Entiéndase: No es una ofensa para nadie en particular, solo comento el comportamiento que observo en la gente y que, tampoco es siempre, hay momentos específicos donde pueden perder la razón (y es que, con “animales” me refería a los seres animados que actúan por instinto y no por raciocinio).
El día de hoy me había levantado con un humor razonable –no súper feliz, pero tampoco enojado ni molesto--, Pero ahora estoy contrariado. No quiero plasmar gráficamente lo que sucede, porque no soy el único involucrado en el asunto, y tengo que respetar la individualidad. Solo pretendo desahogarme, liberar la ansiedad que me provocó este incidente; que tal vez sea una pequeñez, pero que no deja de ser molesto, incómodo, desesperante…
Confías en la gente, haces todo lo posible por llenar sus expectativas (y no hablo de las expectativas románticas, como cuando pretendes atraer la atención de alguien), tratas de que se sienta bien contigo, cómod@, feliz, que se sienta comprendid@... Pero, a pesar de todo lo anterior, no sirve de nada, o al menos, no de mucho.
Sí, estoy molesto con la… ¿falsa? Amistad que profesan algunos (no tengo la certeza de que sea falsa, pero hay momentos en los que no tengo tampoco la seguridad de su autenticidad).
Pareciera que únicamente cuando te necesitan, entonces acuden a ti con cara de que te han extrañado, y so pretexto de juntarse a platicar contigo, de disfrutar de un momento de “amigos como los de antes ¿te acuerdas?” te invitan a su casa, a tomar un café, o simplemente te llaman durante la hora que dura el relato de sus problemas y el ánimo o solución que puedas proporcionarles y, entonces, otros tantos meses sin saber de ellos.
¡ah! Pero claro, si el problema es tuyo, o simplemente las ganas de platicar con un amigo confiable provienen de ti, “[están] muuuyy ocupados, por que la verdad es que [tienen] un chorro de tarea, de pendientes en el trabajo, [tienen] que ir con su abuelita…”.
Francamente, sigo creyendo en la amistad pero, a fuerza de puntapiés, están logrando que deje de creer en la gente, en la parte humana del hombre (¿será que ya me había tardado?). Vuelvo a insistir, son cosas muy mínimas, pero un proverbio hebreo –y más propiamente bíblico—dice que “el que es fiel en lo mínimo, es fiel también en lo mucho”, y aunque el contexto se refiere a otra cosa, creo que bien puede aplicarse aquí. Por supuesto que yo no me las doy de muy “amigo perfecto”, pero la verdad –y los que realmente han sido mis amigos pueden confirmarlo y sin estar yo presente--, es que me esfuerzo para darles lo mejor que tengo.
Chale, la verdad que me pusieron chípil, y alomejor ya les aburrió esta patética entrada pero, ¿qué quieren? Se siente feo, y uno de los mejores medios de sacarlo y liberarte es escribirlo ¿no?
Yo no tengo idea de si la persona a la que me estoy refiriendo –o bueno, no me referí a ella en todo el texto, pero la persona que me puso así—sepa o no que es la razón de esta entrada. Pero por si las moscas, yo nada más digo que la sigo queriendo (él o ella), pero de favor le pido que deje de pensar mal de mi amistad, que me conozca mejor si es que eso hace falta.
Hasta ahí. No me quiero poner más sentimental de lo que pueda controlar. Mejor me largo ¿va? La neta hoy no están obligados moralmente a comentar por que la entrada es nefasta, les prometo que el perrito se queda amarrado con su correa al tubo de mi litera, pero si se conduelen de mi, pues perfecto, muy bien me harían sus palabras.
***INSERCIÓN DESPUÉS DE PUBLICADA LA ENTRADA***
Creo que tantos pensamientos sin rumbo fijo sueltos en mi cabeza me empiezan a afectar: En cuanto publiqué la entrada, y la rebicé haber como había quedado, me di cuenta de algo que, en mis cuatro sentidos, habría notado desde un principio. Y es que, ahora sé por qué tengo el problema que relato arriba. Leí la entrada y ví que todo estaba bien, pero al final decía: "Publicado por El enemigo público"... ¡Con razón!
Ya, me voy.
El día de hoy me había levantado con un humor razonable –no súper feliz, pero tampoco enojado ni molesto--, Pero ahora estoy contrariado. No quiero plasmar gráficamente lo que sucede, porque no soy el único involucrado en el asunto, y tengo que respetar la individualidad. Solo pretendo desahogarme, liberar la ansiedad que me provocó este incidente; que tal vez sea una pequeñez, pero que no deja de ser molesto, incómodo, desesperante…
Confías en la gente, haces todo lo posible por llenar sus expectativas (y no hablo de las expectativas románticas, como cuando pretendes atraer la atención de alguien), tratas de que se sienta bien contigo, cómod@, feliz, que se sienta comprendid@... Pero, a pesar de todo lo anterior, no sirve de nada, o al menos, no de mucho.
Sí, estoy molesto con la… ¿falsa? Amistad que profesan algunos (no tengo la certeza de que sea falsa, pero hay momentos en los que no tengo tampoco la seguridad de su autenticidad).
Pareciera que únicamente cuando te necesitan, entonces acuden a ti con cara de que te han extrañado, y so pretexto de juntarse a platicar contigo, de disfrutar de un momento de “amigos como los de antes ¿te acuerdas?” te invitan a su casa, a tomar un café, o simplemente te llaman durante la hora que dura el relato de sus problemas y el ánimo o solución que puedas proporcionarles y, entonces, otros tantos meses sin saber de ellos.
¡ah! Pero claro, si el problema es tuyo, o simplemente las ganas de platicar con un amigo confiable provienen de ti, “[están] muuuyy ocupados, por que la verdad es que [tienen] un chorro de tarea, de pendientes en el trabajo, [tienen] que ir con su abuelita…”.
Francamente, sigo creyendo en la amistad pero, a fuerza de puntapiés, están logrando que deje de creer en la gente, en la parte humana del hombre (¿será que ya me había tardado?). Vuelvo a insistir, son cosas muy mínimas, pero un proverbio hebreo –y más propiamente bíblico—dice que “el que es fiel en lo mínimo, es fiel también en lo mucho”, y aunque el contexto se refiere a otra cosa, creo que bien puede aplicarse aquí. Por supuesto que yo no me las doy de muy “amigo perfecto”, pero la verdad –y los que realmente han sido mis amigos pueden confirmarlo y sin estar yo presente--, es que me esfuerzo para darles lo mejor que tengo.
Chale, la verdad que me pusieron chípil, y alomejor ya les aburrió esta patética entrada pero, ¿qué quieren? Se siente feo, y uno de los mejores medios de sacarlo y liberarte es escribirlo ¿no?
Yo no tengo idea de si la persona a la que me estoy refiriendo –o bueno, no me referí a ella en todo el texto, pero la persona que me puso así—sepa o no que es la razón de esta entrada. Pero por si las moscas, yo nada más digo que la sigo queriendo (él o ella), pero de favor le pido que deje de pensar mal de mi amistad, que me conozca mejor si es que eso hace falta.
Hasta ahí. No me quiero poner más sentimental de lo que pueda controlar. Mejor me largo ¿va? La neta hoy no están obligados moralmente a comentar por que la entrada es nefasta, les prometo que el perrito se queda amarrado con su correa al tubo de mi litera, pero si se conduelen de mi, pues perfecto, muy bien me harían sus palabras.
***INSERCIÓN DESPUÉS DE PUBLICADA LA ENTRADA***
Creo que tantos pensamientos sin rumbo fijo sueltos en mi cabeza me empiezan a afectar: En cuanto publiqué la entrada, y la rebicé haber como había quedado, me di cuenta de algo que, en mis cuatro sentidos, habría notado desde un principio. Y es que, ahora sé por qué tengo el problema que relato arriba. Leí la entrada y ví que todo estaba bien, pero al final decía: "Publicado por El enemigo público"... ¡Con razón!
Ya, me voy.
Categoría:
Personal,
sentimentalismos,
Vómitos verbales
sábado, 20 de marzo de 2010
COF COF
Así es, amigos. Llevo prácticamente un mes enfermo.
Que bonito inicio ¿no? Bueno, esque recuerdo aquellos días de salud, juventud, bienestar, alegría, lucidez, energía e incluso belleza (bueno, la lucha se le hacía).
Pero ahora solo quedan los harapos de aquel hombre. Como dije al principio, no me he podido recuperar de esta molesta gripa, la que incluye tos de perro, dolor de cabeza, escurrimiento nasal, ojos llorosos, cuerpo cortado y ¡peor! ahora hasta el oído tapado. Imagínense: Ciego, y sordo de una oreja... ¡a dónde voy a ir a parar!
Por cierto, esto me recuerda algo interesante, o más bien molesto, pero que merece la pena ser mencionado: ¿recuerdan aquella entrada en la que me quejaba de expresiones comunes dichas a las personas en mi situación? Bueno, recordé otra: "Que bueno que no ves, así no te das cuenta de tanta porquería que hay en el mundo".
De acuerdo, conservemos la calma y vayamos por partes: ¿”Que bueno que no ves”? ¿Es una palabra de aliento? ¿Es sarcasmo (porque entonces lo entendería...)? ¿o es a caso...... un cumplido?
Bien, analicemos el contexto y tal vez nos ayude: “así no te das cuenta de tanta porquería que hay en el mundo".
Aah, entiendo: ¿quiere decir esto que es mejor no ver las porquerías del mundo y al mismo tiempo perderse un imponente atardecer, una soberbia noche estrellada, unas magníficas cataratas, un inmenso mar azul, una hermosa mujer, la sonrisa de un niñito......? Al fin y al cabo, eso es lo de menos.
Hablando en serio, no digan esas cosas. Se sobreentiende la “buena intención”, pero es mejor decir otras cosas, o, en dado caso, no decir nada y mejor dar un abrazo o una palmadita en el hombro.
En fin, ¿en qué estábamos?
Ah sí: en que ando malito. Es en serio, llevo un mes y cacho así; me enfermé el 14 de febrero (y no es de amor), y me acuerdo porque ese día se celebró la segunda asamblea en Zacatecas, a la que también asistimos. Estuve enfermo unos días y se me quitó brevemente, pero luego volví (por las fechas en que escribí la entrada “fin de semana de perros”), y ahora, de nuevo.
De niño era más sano, o saludable... ¡Aquellos tiempos! La mayoría de la gente cuando son niños desean fervientemente ser grandes --para acompañar a su papá, para cruzar la calle solitos, para ir al antro, para poder tomar bebidas alcohólicas, para que no les digan lo que tienen que hacer, etc—pero yo fui la excepción. Desde niño observaba a los adultos y no me gustaba su vida, prefería quedarme así, y seguir jugando eternamente con mis carritos (no se burlen, era un niño).
Era divertido molestar a tu hermana mayor, tener a tu hermano menor a tu mando so pena de golpes, robarle a tu mamá el chocolate Abuelita de la alacena y comértelo a mordidas (y aunque después te regañaran, el disfrute nadie te lo quitaba), romper adornos con tu pelota, etc.
Luego, la secundaria. Claro, aceptemos que también fue de los mejores años de mi vida: A mí me hacían los exámenes junto con otro compañero (que por lo regular era uno de mis mejores amigos), y para ello, nos mandaban a otro salón que estuviera vacío para poder hablar sin problemas (sí, parece injusto, pero qué quieren, los maestros eran muy flojos como para hacérmelos ellos mismos). Y, obviamente, nos daban la mano y agarrábamos el pie. Terminábamos el examen lo más pronto que podíamos, y puesto que éramos dos, era muy rápido, y luego... ñaca ñaca, ¡a hacer travesuras!
Con el pretexto de que yo tenía que escribir algunos problemas en braille para poder leerlos yo mismo y entenderlos mejor (otro mito sobre los ciegos del cuál después hablaremos, o creo que ya lo mencioné, no somos tontos aunque todos lo crean), pedíamos tres horas para realizar el examen. Aproximadamente nos tardábamos 30 minutos (tiempo real) en acabarlo, y nos restaban dos horas y media. Si por casualidad nos encontraba algún maestro fuera del salón, bastaba con decir que íbamos al baño o que veníamos de él. Aunque por lo regular no era necesario, puesto que éramos muy hábiles para evitar esas situaciones incómodas y peligrosas.
Entre nuestras travesuras estaban: ir a la parte trasera de la escuela y arrojarles piedras a los autos estacionados en aquella calle solitaria; desde un segundo piso (por lo regular el mismo salón en donde realizábamos el examen), arrojar piedrecitas a las ventanas del salón inferior hasta que la maestra de aquella clase se asomara a ver que sucedía, y en cuanto se metiera de regreso, reiniciar. Son algunas de las que recuerdo pero, ¡nadie debe saberlo!
No sé, pero tengo la ligera impresión de que estoy divagando en los temas. Espero que no les importe, son fragmentos de pensamientos recogidos al azar de toda mi cabeza (de entre las neuronas menos afectadas).
Bueno, para evitar revelar información clasificada, me retiro. Si alguien puede darme un remedio para mi espantosa gripa, se lo agradecería, y más si ese remedio consiste en chiquearme.
Que bonito inicio ¿no? Bueno, esque recuerdo aquellos días de salud, juventud, bienestar, alegría, lucidez, energía e incluso belleza (bueno, la lucha se le hacía).
Pero ahora solo quedan los harapos de aquel hombre. Como dije al principio, no me he podido recuperar de esta molesta gripa, la que incluye tos de perro, dolor de cabeza, escurrimiento nasal, ojos llorosos, cuerpo cortado y ¡peor! ahora hasta el oído tapado. Imagínense: Ciego, y sordo de una oreja... ¡a dónde voy a ir a parar!
Por cierto, esto me recuerda algo interesante, o más bien molesto, pero que merece la pena ser mencionado: ¿recuerdan aquella entrada en la que me quejaba de expresiones comunes dichas a las personas en mi situación? Bueno, recordé otra: "Que bueno que no ves, así no te das cuenta de tanta porquería que hay en el mundo".
De acuerdo, conservemos la calma y vayamos por partes: ¿”Que bueno que no ves”? ¿Es una palabra de aliento? ¿Es sarcasmo (porque entonces lo entendería...)? ¿o es a caso...... un cumplido?
Bien, analicemos el contexto y tal vez nos ayude: “así no te das cuenta de tanta porquería que hay en el mundo".
Aah, entiendo: ¿quiere decir esto que es mejor no ver las porquerías del mundo y al mismo tiempo perderse un imponente atardecer, una soberbia noche estrellada, unas magníficas cataratas, un inmenso mar azul, una hermosa mujer, la sonrisa de un niñito......? Al fin y al cabo, eso es lo de menos.
Hablando en serio, no digan esas cosas. Se sobreentiende la “buena intención”, pero es mejor decir otras cosas, o, en dado caso, no decir nada y mejor dar un abrazo o una palmadita en el hombro.
En fin, ¿en qué estábamos?
Ah sí: en que ando malito. Es en serio, llevo un mes y cacho así; me enfermé el 14 de febrero (y no es de amor), y me acuerdo porque ese día se celebró la segunda asamblea en Zacatecas, a la que también asistimos. Estuve enfermo unos días y se me quitó brevemente, pero luego volví (por las fechas en que escribí la entrada “fin de semana de perros”), y ahora, de nuevo.
De niño era más sano, o saludable... ¡Aquellos tiempos! La mayoría de la gente cuando son niños desean fervientemente ser grandes --para acompañar a su papá, para cruzar la calle solitos, para ir al antro, para poder tomar bebidas alcohólicas, para que no les digan lo que tienen que hacer, etc—pero yo fui la excepción. Desde niño observaba a los adultos y no me gustaba su vida, prefería quedarme así, y seguir jugando eternamente con mis carritos (no se burlen, era un niño).
Era divertido molestar a tu hermana mayor, tener a tu hermano menor a tu mando so pena de golpes, robarle a tu mamá el chocolate Abuelita de la alacena y comértelo a mordidas (y aunque después te regañaran, el disfrute nadie te lo quitaba), romper adornos con tu pelota, etc.
Luego, la secundaria. Claro, aceptemos que también fue de los mejores años de mi vida: A mí me hacían los exámenes junto con otro compañero (que por lo regular era uno de mis mejores amigos), y para ello, nos mandaban a otro salón que estuviera vacío para poder hablar sin problemas (sí, parece injusto, pero qué quieren, los maestros eran muy flojos como para hacérmelos ellos mismos). Y, obviamente, nos daban la mano y agarrábamos el pie. Terminábamos el examen lo más pronto que podíamos, y puesto que éramos dos, era muy rápido, y luego... ñaca ñaca, ¡a hacer travesuras!
Con el pretexto de que yo tenía que escribir algunos problemas en braille para poder leerlos yo mismo y entenderlos mejor (otro mito sobre los ciegos del cuál después hablaremos, o creo que ya lo mencioné, no somos tontos aunque todos lo crean), pedíamos tres horas para realizar el examen. Aproximadamente nos tardábamos 30 minutos (tiempo real) en acabarlo, y nos restaban dos horas y media. Si por casualidad nos encontraba algún maestro fuera del salón, bastaba con decir que íbamos al baño o que veníamos de él. Aunque por lo regular no era necesario, puesto que éramos muy hábiles para evitar esas situaciones incómodas y peligrosas.
Entre nuestras travesuras estaban: ir a la parte trasera de la escuela y arrojarles piedras a los autos estacionados en aquella calle solitaria; desde un segundo piso (por lo regular el mismo salón en donde realizábamos el examen), arrojar piedrecitas a las ventanas del salón inferior hasta que la maestra de aquella clase se asomara a ver que sucedía, y en cuanto se metiera de regreso, reiniciar. Son algunas de las que recuerdo pero, ¡nadie debe saberlo!
No sé, pero tengo la ligera impresión de que estoy divagando en los temas. Espero que no les importe, son fragmentos de pensamientos recogidos al azar de toda mi cabeza (de entre las neuronas menos afectadas).
Bueno, para evitar revelar información clasificada, me retiro. Si alguien puede darme un remedio para mi espantosa gripa, se lo agradecería, y más si ese remedio consiste en chiquearme.
lunes, 8 de marzo de 2010
Fin de semana de perros
Es por demás. La decadencia del ser humano es más que patente. Hace aproximadamente 3 semanas me enfermé de la garganta, dejándome una tos de perro vastante desagradable. Después de una semana de sufrirla, aparentemente la había librado, pero ¡no!
Este sábado por la mañana volví a amanecer con una voz de hombre como los que ya no existen, y un ligero ardor en la garganta. Pensé que sería solo una irritación provocada por haberme enfriado el día anterior, y así pasé el día. Pero por la noche empeoré al grado de tener un dolor en la garganta insufrible. Y como consecuencia, no pude dormir en toda la noche. ¡no les exagero! Me acosté como a las 12 y dormité una hora cuando mucho. De ahí en adelante me la pasé con los ojos pelones (ups perdón, la costumbre, quise decir despierto).
Hasta me puse a ver una peliculilla mafufa que --bendito sea Dios-- pasaron a las 4 de la madrugada en el canal 5 a diferencia de todos los demás canales donde solo eran comerciales de esos de productos que para la próstata, que para bajar de peso, para hacer ejercicio sin moverte, y todas esas ñoñerías.
En fin, me dieron las 8 y seguía despierto. Ya nada más pude dormitar unas 2 horas, pero cuando desperté el dolor de garganta era peor... no lo creí posible.
Para colmo, a mi considerado papasito se le ocurrió llevarnos a un rancho con unos hermanos que nos invitaron a comer, y no me quejo de la hospitalidad de la gente, sino de que hacía un aiggggronaso del demonio.
Y claro, como era de suponerse, hoy estoy peor. Ni comer a gusto puedo debido al dolor de garganta. Habían de llevarme al rastro, ya para que me hagan caca...rnitas (perdón, se me va la voz).
Luego para colmo me hacen enfadar el sábado. Haber, qué afán ese de preguntarle a un ciego cada que lo saludas: haber… ¿quién soy?
Chale, parecen niños con juguete nuevo, y eso que me conocen hace un buen. y ¡peor! Todavía tienen el descaro de que cuando uno les contesta, y les dice acertadamente quienes son, dicen: aayy, que bonito, sí le atinó.
¡RAYOS! ¡NI QUE FUERA UNO MENSO! (al menos no por ese lado), somos "ciegos" no idiotas... bueno algunos.
Consejo: nunca hagan eso. Lo único que logran no es poner de manifiesto las habilidades auditivas del ciego en cuestión para reconocer voces. Solo están haciendo enojar al individuo y además le recuerdan que no es una persona “normal”, aunque no sea ese su propósito.
No, y dejen de eso. Yo no sé porqué hay esa costumbre de que cuando llegan a saludar a las personas en esta situación, por lo regular le gritan: ¡HOLA! ¡¿CÓMO ESTÁ?!
Y al recibir la respuesta acostumbrada de “bien gracias” vuelven a gritar: ¡QUÉ BUENO! ¡ME DA MUCHO GUSTO!
Haber, ¿qué parte de “CIEGOS” y no sordos no entienden?
Bueno, la verdad esque varios de nuestros colegas de profesión (porque sí es una profesión, no tienen idea el trabajo que cuesta desenvolverse eee) han dado esa impresión a los demás. Tal vez de ahí vengan esas costumbres.
En fin, no voy a cambiar al mundo. Solo es que ando en mis días difíciles (digo, los hombres tenemos derecho a tener días emocionales, mas no físicos, claro. Aunque con diferente frecuencia).
Bueno, ahora ya saben mis penas. Grrr, empieza a dolerme la cabeza, por si faltaba algo.
Ya dije. Ahora de aquí en adelante todo seguirá igual.
Este sábado por la mañana volví a amanecer con una voz de hombre como los que ya no existen, y un ligero ardor en la garganta. Pensé que sería solo una irritación provocada por haberme enfriado el día anterior, y así pasé el día. Pero por la noche empeoré al grado de tener un dolor en la garganta insufrible. Y como consecuencia, no pude dormir en toda la noche. ¡no les exagero! Me acosté como a las 12 y dormité una hora cuando mucho. De ahí en adelante me la pasé con los ojos pelones (ups perdón, la costumbre, quise decir despierto).
Hasta me puse a ver una peliculilla mafufa que --bendito sea Dios-- pasaron a las 4 de la madrugada en el canal 5 a diferencia de todos los demás canales donde solo eran comerciales de esos de productos que para la próstata, que para bajar de peso, para hacer ejercicio sin moverte, y todas esas ñoñerías.
En fin, me dieron las 8 y seguía despierto. Ya nada más pude dormitar unas 2 horas, pero cuando desperté el dolor de garganta era peor... no lo creí posible.
Para colmo, a mi considerado papasito se le ocurrió llevarnos a un rancho con unos hermanos que nos invitaron a comer, y no me quejo de la hospitalidad de la gente, sino de que hacía un aiggggronaso del demonio.
Y claro, como era de suponerse, hoy estoy peor. Ni comer a gusto puedo debido al dolor de garganta. Habían de llevarme al rastro, ya para que me hagan caca...rnitas (perdón, se me va la voz).
Luego para colmo me hacen enfadar el sábado. Haber, qué afán ese de preguntarle a un ciego cada que lo saludas: haber… ¿quién soy?
Chale, parecen niños con juguete nuevo, y eso que me conocen hace un buen. y ¡peor! Todavía tienen el descaro de que cuando uno les contesta, y les dice acertadamente quienes son, dicen: aayy, que bonito, sí le atinó.
¡RAYOS! ¡NI QUE FUERA UNO MENSO! (al menos no por ese lado), somos "ciegos" no idiotas... bueno algunos.
Consejo: nunca hagan eso. Lo único que logran no es poner de manifiesto las habilidades auditivas del ciego en cuestión para reconocer voces. Solo están haciendo enojar al individuo y además le recuerdan que no es una persona “normal”, aunque no sea ese su propósito.
No, y dejen de eso. Yo no sé porqué hay esa costumbre de que cuando llegan a saludar a las personas en esta situación, por lo regular le gritan: ¡HOLA! ¡¿CÓMO ESTÁ?!
Y al recibir la respuesta acostumbrada de “bien gracias” vuelven a gritar: ¡QUÉ BUENO! ¡ME DA MUCHO GUSTO!
Haber, ¿qué parte de “CIEGOS” y no sordos no entienden?
Bueno, la verdad esque varios de nuestros colegas de profesión (porque sí es una profesión, no tienen idea el trabajo que cuesta desenvolverse eee) han dado esa impresión a los demás. Tal vez de ahí vengan esas costumbres.
En fin, no voy a cambiar al mundo. Solo es que ando en mis días difíciles (digo, los hombres tenemos derecho a tener días emocionales, mas no físicos, claro. Aunque con diferente frecuencia).
Bueno, ahora ya saben mis penas. Grrr, empieza a dolerme la cabeza, por si faltaba algo.
Ya dije. Ahora de aquí en adelante todo seguirá igual.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)