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sábado, 24 de agosto de 2013
El amor como agujero negro
Deslizándose cae el telón de un nuevo acto que culmina,
Alargando más esta triste obra, que sé, aquí no termina.
Estelares van y vienen sin sentido concreto,
Numerosas escenas giran y estallan creando un grotesco cuento.
¿Alguien preparó un libreto? Nadie me dio un guión,
¡Vaya si es por eso que lo llaman... improvisación!
Intenso público que hace de juez: grita y aplaude,
Cantan, ríen, lloran, añoran; y nadie se siente cobarde.
Todo es fácil de juzgar ahí, desde su asiento;
O sin enfrentarse a la acción ¡qué fácil es estar contento!
Rencores, sentimientos, impulsos y temores;
Intenciones, emociones, enojos y dolores.
Ahí sentados todos, tantos espectadores
Rostros que miran y gritan, desde mis interiores.
¿Alguien capaz de improvisar con esa clase de público,
Mostrando sobriedad, o ser, con aplomo, el único?
Intenta no juzgarme por amarte, si no conociste mi audiencia;
Rascando en mi interior ¿quién conoce de prudencia?
Es que no hay a quién culpar de una situación como la nuestra,
Zozobra es lo que causa tan grotesca obra maestra.
Este es mi papel, y he de enfrentarlo con furor,
Solo estoy, ¿hay un doble de mí... que comparta mi dolor?
Pensando caer en las estrellas, apunté hacia la luna;
¿Acaso fui a pensar que con algo de fortuna,
Rozando alcanzaría a tocar siquiera una?
Zambulléndome en negrura, comprendí que habría alguna...
Antaño siendo estrella, convirtióse en agujero negro... ¡qué inoportuna!
Categoría:
poemas,
sentimentalismos
sábado, 19 de febrero de 2011
Hace un año, no tenía blog.
Hace un año, creía que la amistad tenía algo personal contra mí. Aliada con el amor, se dedicaban a picarme las costillas y correr a esconderse. Hace un año sabía que moriría, pero no sabía cómo ni dónde. Hace un año era un baquetón flojonazo y holgazán, con un serio problema de alimentación e ingesta de Coca-Cola.
Hace un año mi hermana me hacía cara de fuchi cada vez que le hablaba o me acercaba, pero seguía siendo su única almohada en qué derramar sus lágrimas. Hace un año quería casarme, pues a pesar de todo seguía creyendo que algún día tendría una familia compuesta por mi esposa, un perrito y yo.
Sin embargo hoy las cosas son distintas:
Sigo creyendo que la amistad tiene algo contra mí, pues sigue aliada con el amor y se empeñan en molestarme, escabulléndose entre mis dedos. También es cierto que sé que moriré, pero sigo sin saber cómo ni dónde. Además, sigo siendo un baquetón flojonazo y holgazán, con el mismo problema de alimentación e ingesta de Coca-Cola.
Aún más: sigo recibiendo el mismo gesto al hablar o acercarme a mi hermana, pero todavía llora sobre mí cuando lo ocupa. ¡Ah! Y el proyecto de casarme y tener mi familia sigue igual.
¿Cuál es entonces la diferencia? Sencillamente que ahora tengo menos pelo, estoy más cachetón, un poco más viejo y tomo más Coca que antes.
Pero lo más importante de este post, es recordar que hace exactamente un año… inicié con lo que ahora conocemos como “Punto Ciego”.
Ciertamente he cambiado mucho durante todo este año, y el mismo blog me hace darme cuenta de ello. Si analizamos uno a uno los textos de los 91 posts publicados hasta hoy, podremos ver distintas facetas de mi transformación en lo que soy ahora.
Viví momentos románticos,
Momentos de angustia,
Critiqué gente,
Sufrí penas amorosas,
Desepciones… ¿amigosas? ¿Amigantes?
Me sentí orgulloso de mis textos,
...
...
...
...
(sí, prefiero permanecer buen rato en esta coma…)
También sentí vergüenza de mí… (¿Qué dijeron? “Este se balconeará…” ¡pues no…! Tá bien, ahí está el linc vergonzoso).
Hablé de mis miedos,
De mi ceguera,
Y hasta de mis sueños.
Los hice reír
Y los hice llorar.
¡Si hasta entré a un concurso con la pez!
Inventé un mundo de los muertos,
Creé una serie cuyo parecido con la realidad, es mera coincidencia
Y hasta hice una crónica detallada de los días prenupciales de Danielov.
Además, gracias al blog amé a
Pecesita,
Panqué,
Gracielawer,
Novak,
Rouge,
Malquerida,
Ego,
Elli,
Ghost
Y así (Son ellos con los que más conviví, pero son muchos más quienes recuerdo).
Pero sobre todo, El blog me ayudó a iniciar una magnífica amistad con quien ya conocía desde hacía años, y que nunca habíamos intimado; aquel que ahora es mi amigo, mi hermano, mi mentor:
El mismísimo Danielov.
Podrán ver por lo tanto, que blogger no es un pasatiempo más para mí, sino que –aunque suene bien cursiento—ya es parte de mi vida.
Por eso comparto con ustedes mis recuerdos y los hago partícipes del sentimiento que me embarga hoy, un sentimiento poderoso e inundante, algo que mueve las fibras más internas de mi ser: un sentimiento de absoluta flojera… ¡chiaz! No, no es cierto. Estoy feliz, porque nunca creí lograr lo que tengo hoy, amén de la experiencia en la escritura, he obtenido la aprobación de 35 seguidores declarados, y otros tantos lectores asíduos y casuales.
Así pues, tómense una Coca-Cola bien fría en mi honor, y deseénme un ¡muy feliz aniversario!
Se aceptan regalos y buenos deseos, además de nuevos seguidores. Y ya me voy, antes de ponerme más cursi, porque luego me dan agruras.
Postdata:
Si quieren comentar en algunas de las entradas pasadas que no habían leído háganlo, todos los comentarios los veo en mi correo, así que no se perderá su opinión.
¡Los amo! Y lo más importante ¡me amo! Porque:
Hace un año mi hermana me hacía cara de fuchi cada vez que le hablaba o me acercaba, pero seguía siendo su única almohada en qué derramar sus lágrimas. Hace un año quería casarme, pues a pesar de todo seguía creyendo que algún día tendría una familia compuesta por mi esposa, un perrito y yo.
Sin embargo hoy las cosas son distintas:
Sigo creyendo que la amistad tiene algo contra mí, pues sigue aliada con el amor y se empeñan en molestarme, escabulléndose entre mis dedos. También es cierto que sé que moriré, pero sigo sin saber cómo ni dónde. Además, sigo siendo un baquetón flojonazo y holgazán, con el mismo problema de alimentación e ingesta de Coca-Cola.
Aún más: sigo recibiendo el mismo gesto al hablar o acercarme a mi hermana, pero todavía llora sobre mí cuando lo ocupa. ¡Ah! Y el proyecto de casarme y tener mi familia sigue igual.
¿Cuál es entonces la diferencia? Sencillamente que ahora tengo menos pelo, estoy más cachetón, un poco más viejo y tomo más Coca que antes.
Pero lo más importante de este post, es recordar que hace exactamente un año… inicié con lo que ahora conocemos como “Punto Ciego”.
Ciertamente he cambiado mucho durante todo este año, y el mismo blog me hace darme cuenta de ello. Si analizamos uno a uno los textos de los 91 posts publicados hasta hoy, podremos ver distintas facetas de mi transformación en lo que soy ahora.
Viví momentos románticos,
Momentos de angustia,
Critiqué gente,
Sufrí penas amorosas,
Desepciones… ¿amigosas? ¿Amigantes?
Me sentí orgulloso de mis textos,
...
...
...
...
(sí, prefiero permanecer buen rato en esta coma…)
También sentí vergüenza de mí… (¿Qué dijeron? “Este se balconeará…” ¡pues no…! Tá bien, ahí está el linc vergonzoso).
Hablé de mis miedos,
De mi ceguera,
Y hasta de mis sueños.
Los hice reír
Y los hice llorar.
¡Si hasta entré a un concurso con la pez!
Inventé un mundo de los muertos,
Creé una serie cuyo parecido con la realidad, es mera coincidencia
Y hasta hice una crónica detallada de los días prenupciales de Danielov.
Además, gracias al blog amé a
Pecesita,
Panqué,
Gracielawer,
Novak,
Rouge,
Malquerida,
Ego,
Elli,
Ghost
Y así (Son ellos con los que más conviví, pero son muchos más quienes recuerdo).
Pero sobre todo, El blog me ayudó a iniciar una magnífica amistad con quien ya conocía desde hacía años, y que nunca habíamos intimado; aquel que ahora es mi amigo, mi hermano, mi mentor:
El mismísimo Danielov.
Podrán ver por lo tanto, que blogger no es un pasatiempo más para mí, sino que –aunque suene bien cursiento—ya es parte de mi vida.
Por eso comparto con ustedes mis recuerdos y los hago partícipes del sentimiento que me embarga hoy, un sentimiento poderoso e inundante, algo que mueve las fibras más internas de mi ser: un sentimiento de absoluta flojera… ¡chiaz! No, no es cierto. Estoy feliz, porque nunca creí lograr lo que tengo hoy, amén de la experiencia en la escritura, he obtenido la aprobación de 35 seguidores declarados, y otros tantos lectores asíduos y casuales.
Así pues, tómense una Coca-Cola bien fría en mi honor, y deseénme un ¡muy feliz aniversario!
Se aceptan regalos y buenos deseos, además de nuevos seguidores. Y ya me voy, antes de ponerme más cursi, porque luego me dan agruras.
Postdata:
Si quieren comentar en algunas de las entradas pasadas que no habían leído háganlo, todos los comentarios los veo en mi correo, así que no se perderá su opinión.
¡Los amo! Y lo más importante ¡me amo! Porque:
Qué bonito soy, qué bonito soy, cómo me quieeero, aaah, aaah.
Por mi me mueeeero, aaah, aaaah.
¡Jamás me podré olvidar!
Categoría:
Ocasiones especiales,
Personal,
sentimentalismos
jueves, 4 de noviembre de 2010
El otro hombre en la vida de mamá
Tomando en cuenta los datos recopilados hasta hoy, y habiendo observado detenidamente el comportamiento de mi madre en los últimos días, he llegado a una desastrosa y dolorosa conclusión:
soy el plato de segunda mesa en la vida de mi madre...
-Ejem, ¿O sea, cómo?-Dirán ustedes. Bueno, es que he notado que cuando mi mamá y yo andamos por la calle solos, o estamos en la casa de todos ustedes, ya sea haciendo quehacer, echando flojera, viendo tele, filosofando de la vida, etc, pero solo ella y yo estamos a gusto, sin discutir ni pelear, salvo contadísimas excepciones.
"Mas sin en cambio", si de pronto resulta que se encuentra alguien más con nosotros, llámese mi papá o mis hermanos... no sé, pero siento que paso a segundo plano, porque comienza a enojarse y a regañarme por cualquier cosa, y a pensar que todo lo que hago es en contra suya. O si me pide que la ayude en algo, si lo hago, se imagina que lo hago de malas y se enoja. Y si no lo hago, obviamente también se enoja. Pero si yo le digo que se imagina el hecho de que lo haga de malas, pss también se enoja... ni cómo hacerle.
Por eso yo decía que solo me quiere cuando no hay otra persona en la casa, ¿será? ¿O me lo imagino?
* * *
Amigos míos, lamento haberles hecho leer esto, pero no he tenido nada de tiempo ni demasiadas ideas para publicar otras cosas. Además estoy súper enojado porque el Messenger lleva días sin dejar que me conecte, aunque creo que no es el servicio en sí, si no más bien mi computadora Chafamex. Pero, ustedes disculparán la tardanza, y aún así no me olvido de ustedes.
¿ok Is varnis 10 4 chido liro liro? Sale pues, me voy antes de tirar más aceite.
soy el plato de segunda mesa en la vida de mi madre...
-Ejem, ¿O sea, cómo?-Dirán ustedes. Bueno, es que he notado que cuando mi mamá y yo andamos por la calle solos, o estamos en la casa de todos ustedes, ya sea haciendo quehacer, echando flojera, viendo tele, filosofando de la vida, etc, pero solo ella y yo estamos a gusto, sin discutir ni pelear, salvo contadísimas excepciones.
"Mas sin en cambio", si de pronto resulta que se encuentra alguien más con nosotros, llámese mi papá o mis hermanos... no sé, pero siento que paso a segundo plano, porque comienza a enojarse y a regañarme por cualquier cosa, y a pensar que todo lo que hago es en contra suya. O si me pide que la ayude en algo, si lo hago, se imagina que lo hago de malas y se enoja. Y si no lo hago, obviamente también se enoja. Pero si yo le digo que se imagina el hecho de que lo haga de malas, pss también se enoja... ni cómo hacerle.
Por eso yo decía que solo me quiere cuando no hay otra persona en la casa, ¿será? ¿O me lo imagino?
* * *
Amigos míos, lamento haberles hecho leer esto, pero no he tenido nada de tiempo ni demasiadas ideas para publicar otras cosas. Además estoy súper enojado porque el Messenger lleva días sin dejar que me conecte, aunque creo que no es el servicio en sí, si no más bien mi computadora Chafamex. Pero, ustedes disculparán la tardanza, y aún así no me olvido de ustedes.
¿ok Is varnis 10 4 chido liro liro? Sale pues, me voy antes de tirar más aceite.
martes, 19 de octubre de 2010
Mi sentir
El cariño que te profeso es inmortal, mas no inmune;
seguro tu sientes por mí un cariño igual, pero tu trato me confunde.
Cuando a tu lado voy quisiera sentirme protegido,
y aunque sé que lo estoy, tus palabras de temor me han sobrecogido.
No te haría daño mostrarme un poco más tu cariño,
por lo menos una vez al año, como cuando le hablas a un niño.
O preocúpate por lo que siento y no por lo que crees que pienso.
Dame palabras de aliento y no me trates como a un menso.
Toma mi mano o abrázame sin que sea obligación;
enorgullécete de mí y compláceme de todo corazón.
Camina a mi lado con el fin de apoyarme,
y cuando esté equivocado, sin echármelo en cara, muéstrame.
Esto no es un reclamo ni quiero discutir,
solo desde mi corazón clamo y te digo mi sentir.
Y si de todos modos no sirve esta expresión,
yo te quiero, el primero de todos, y te doy mi admiración.
seguro tu sientes por mí un cariño igual, pero tu trato me confunde.
Cuando a tu lado voy quisiera sentirme protegido,
y aunque sé que lo estoy, tus palabras de temor me han sobrecogido.
No te haría daño mostrarme un poco más tu cariño,
por lo menos una vez al año, como cuando le hablas a un niño.
O preocúpate por lo que siento y no por lo que crees que pienso.
Dame palabras de aliento y no me trates como a un menso.
Toma mi mano o abrázame sin que sea obligación;
enorgullécete de mí y compláceme de todo corazón.
Camina a mi lado con el fin de apoyarme,
y cuando esté equivocado, sin echármelo en cara, muéstrame.
Esto no es un reclamo ni quiero discutir,
solo desde mi corazón clamo y te digo mi sentir.
Y si de todos modos no sirve esta expresión,
yo te quiero, el primero de todos, y te doy mi admiración.
Categoría:
Personal,
poemas,
sentimentalismos
lunes, 27 de septiembre de 2010
La razón habla por mí. Parte II
Me había ausentado por algunas horas de mi hogar, pero ahora venía por fin de regreso. Algo me decía que no debía estar demasiado tiempo fuera de él, ya que pudiera necesitárseme para una u otra cosa.
Al fin llegué, pero encontré la puerta de la entrada semicerrada. Entonces, me asaltó un escalofrío que me recorrió entero. No fue un presentimiento, más bien algo como una deducción. El lugar era lúgubre e inquietante. Reinaba un absoluto silencio en todas las habitaciones, o al menos, no me llegaba ningún sonido claro.
Entonces lo vi: al entrar en la habitación principal me apareció el cuadro más espantoso imaginable. En el suelo, atado de pies y manos se encontraba él, salpicado de sangre en el rostro, con pequeñas gotas secas que le daban una imagen aún más aterradora. Pero no estaba desmayado ni dormido, sino que se encontraba bañado en un mar de lágrimas y ahogado por un nudo de sollozos.
-¿Pero qué rayos te sucedió? –Le pregunté inclinándome sobre él-- ¿Quién te ha hecho esto?
Él no podía responderme. El llanto se lo impedía por completo, este que de hecho se había intensificado nada más verme entrar a la alcoba. Yo traté de tranquilizarlo poco a poco, mientras lo desataba con mucho cuidado tratando de no lastimarlo más, pues las cuerdas se le habían undido en su piel, rasgándola incluso en algunas partes. Lo levanté y lo coloqué suavemente en la cama, mientras él se iba sosegando, hasta el grado de poder hablarme.
-Lo siento… perdóname por favor…
-¿Perdonarte yo? ¿De qué he de perdonarte? Mira cómo estás corazón. ¿Dime quién te hizo semejante atrocidad!
-Fue mi culpa… yo me dejé engañar y la dejé entrar a la casa. Es que se veía tan linda, tan bonita que… no pude negarle entrar cuando me lo pidió. Su voz era dulce y decía que venía a hacerme compañía. El perfume que emanaba de ella era embriagador, y al final me convenció.
-¿Pero por qué te hizo esto? ¿Qué fue lo que pasó?
-No lo sé en realidad… cuando entró me trató bien por un rato, pero luego pareció enloquecer, y comenzó a gritarme y luego a burlarse de mí. Entonces e quedó callada y parecía que estaba tramando algo. Yo más bien creía que estaba recapacitando, y más lo creí porque cuando volvió a hablar otra vez lo hacía tranquilamente y de manera persuasiva. Me dijo que cerrara los ojos y que me pusiera de espaldas a ella. Entonces fue cuando me ató de pies y manos, y me dejó recargado en la pared. Yo pensé que estaba jugando, pero cuando abrí los ojos vi que tomaba un plumón y comenzaba a pintarme la cara… ¡como a un payaso! Luego se empezó a burlar de mí con descaro, y me decía que era un tonto, que era muy fácil engañarme. Entonces me tiró al suelo y me dijo que ahí me quedaría hasta que tú volvieras, si es que no tardabas demasiado y… volvió a carcajearse en mi cara. Por fin, tomó sus cosas y se disponía a salir, pero antes, me dio dos cachetadas… y todavía, me dio un beso en la megilla, para que su esencia se quedara impregnada en mí, para seguir haciéndome sufrir aun cuando no estuviera aquí… ¡todavía puedo olerla…!
“Qué clase de persona hace estas cosas, qué cobarde, qué infamia…” Mientras pensaba en esto, al girarme a mi derecha alcancé a ver un montón de sueños en un rincón, y al acercarme un poco más, vi que estaban hechos pedazos.
-¿Y esto? ¿Ella lo hizo mientras estabas amarrado?
Otra vez rompió en llanto, impidiéndole contestarme en un buen rato. Cuando volvió a dominarlo un poco, me dijo:
-No… no fue ella…
-¿Entonces?
-Ella me… me obligó a que yo lo hiciera, antes de atarme las manos, aunque ya me había atado los pies para que no huyera.
-¿Pero cómo te obligó? ¡Podías haberte negado!
-Sí… pero ella empuñaba el látigo de su desprecio. Más me valía hacerle caso. Además, me puso de rodillas ante ella mientras lo hacía, para...
-...para ¿humillarte?
-...¡sí...!
-¡Pero por qué lo permitiste! Está visto que no puedo dejarte solo un momento… sabía que no debía salir y dejarte aquí. ¡Pero esto no es justo! Definitivamente no había razón para que ella actuara así contigo. Pero te prometo corazón, que no volveré a dejarte solo por ninguna circunstancia. Te mantendré conmigo, y estarás a salvo. Si es necesario te haré dormir un largo letargo, no importa que se forme hielo en tu interior. Porque con ese hielo y con mi coraje, vengaré el daño que te han hecho… juro que lo haré…
Entonces no pude más… y abrazándolo, rompimos a llorar amargamente.
Al fin llegué, pero encontré la puerta de la entrada semicerrada. Entonces, me asaltó un escalofrío que me recorrió entero. No fue un presentimiento, más bien algo como una deducción. El lugar era lúgubre e inquietante. Reinaba un absoluto silencio en todas las habitaciones, o al menos, no me llegaba ningún sonido claro.
Entonces lo vi: al entrar en la habitación principal me apareció el cuadro más espantoso imaginable. En el suelo, atado de pies y manos se encontraba él, salpicado de sangre en el rostro, con pequeñas gotas secas que le daban una imagen aún más aterradora. Pero no estaba desmayado ni dormido, sino que se encontraba bañado en un mar de lágrimas y ahogado por un nudo de sollozos.
-¿Pero qué rayos te sucedió? –Le pregunté inclinándome sobre él-- ¿Quién te ha hecho esto?
Él no podía responderme. El llanto se lo impedía por completo, este que de hecho se había intensificado nada más verme entrar a la alcoba. Yo traté de tranquilizarlo poco a poco, mientras lo desataba con mucho cuidado tratando de no lastimarlo más, pues las cuerdas se le habían undido en su piel, rasgándola incluso en algunas partes. Lo levanté y lo coloqué suavemente en la cama, mientras él se iba sosegando, hasta el grado de poder hablarme.
-Lo siento… perdóname por favor…
-¿Perdonarte yo? ¿De qué he de perdonarte? Mira cómo estás corazón. ¿Dime quién te hizo semejante atrocidad!
-Fue mi culpa… yo me dejé engañar y la dejé entrar a la casa. Es que se veía tan linda, tan bonita que… no pude negarle entrar cuando me lo pidió. Su voz era dulce y decía que venía a hacerme compañía. El perfume que emanaba de ella era embriagador, y al final me convenció.
-¿Pero por qué te hizo esto? ¿Qué fue lo que pasó?
-No lo sé en realidad… cuando entró me trató bien por un rato, pero luego pareció enloquecer, y comenzó a gritarme y luego a burlarse de mí. Entonces e quedó callada y parecía que estaba tramando algo. Yo más bien creía que estaba recapacitando, y más lo creí porque cuando volvió a hablar otra vez lo hacía tranquilamente y de manera persuasiva. Me dijo que cerrara los ojos y que me pusiera de espaldas a ella. Entonces fue cuando me ató de pies y manos, y me dejó recargado en la pared. Yo pensé que estaba jugando, pero cuando abrí los ojos vi que tomaba un plumón y comenzaba a pintarme la cara… ¡como a un payaso! Luego se empezó a burlar de mí con descaro, y me decía que era un tonto, que era muy fácil engañarme. Entonces me tiró al suelo y me dijo que ahí me quedaría hasta que tú volvieras, si es que no tardabas demasiado y… volvió a carcajearse en mi cara. Por fin, tomó sus cosas y se disponía a salir, pero antes, me dio dos cachetadas… y todavía, me dio un beso en la megilla, para que su esencia se quedara impregnada en mí, para seguir haciéndome sufrir aun cuando no estuviera aquí… ¡todavía puedo olerla…!
“Qué clase de persona hace estas cosas, qué cobarde, qué infamia…” Mientras pensaba en esto, al girarme a mi derecha alcancé a ver un montón de sueños en un rincón, y al acercarme un poco más, vi que estaban hechos pedazos.
-¿Y esto? ¿Ella lo hizo mientras estabas amarrado?
Otra vez rompió en llanto, impidiéndole contestarme en un buen rato. Cuando volvió a dominarlo un poco, me dijo:
-No… no fue ella…
-¿Entonces?
-Ella me… me obligó a que yo lo hiciera, antes de atarme las manos, aunque ya me había atado los pies para que no huyera.
-¿Pero cómo te obligó? ¡Podías haberte negado!
-Sí… pero ella empuñaba el látigo de su desprecio. Más me valía hacerle caso. Además, me puso de rodillas ante ella mientras lo hacía, para...
-...para ¿humillarte?
-...¡sí...!
-¡Pero por qué lo permitiste! Está visto que no puedo dejarte solo un momento… sabía que no debía salir y dejarte aquí. ¡Pero esto no es justo! Definitivamente no había razón para que ella actuara así contigo. Pero te prometo corazón, que no volveré a dejarte solo por ninguna circunstancia. Te mantendré conmigo, y estarás a salvo. Si es necesario te haré dormir un largo letargo, no importa que se forme hielo en tu interior. Porque con ese hielo y con mi coraje, vengaré el daño que te han hecho… juro que lo haré…
Entonces no pude más… y abrazándolo, rompimos a llorar amargamente.
Categoría:
Las peores desdichas,
Personal,
sentimentalismos
viernes, 10 de septiembre de 2010
La razón habla por mí
Había sido un día largo, no tanto como cuando creía que tenía el poder de conquistar el mundo a la noche, pero lo suficiente como para fatigar mi espíritu y mi cuerpo. Llegué a casa sin ánimos de hablar, ni siquiera de encontrarme a nadie antes de tropezar con la cama. Sin embargo, me topé con una silla cómoda en el camino, y para recuperar un poco de energías de manera que me permitieran arrastrarme hasta la cama, decidí sentarme.
Entonces lo vi, o lo escuché, o lo sentí… realmente no lo recuerdo. Ahí estaba parado frente a mí con las manos tapándose la cara y con el evidente ademán de querer llorar.
-Cállate –le dije--. ¡Cállate! No quiero que empieces de nuevo, ya sé que cuando estás así es porque algo hiciste. No entiendes, ¿verdad? Cada que tú pierdes el equilibrio en algún asunto, el que termina pagando los platos rotos soy yo. A ti nadie te ve, nadie te conoce, no pueden echarte la culpa sobre nada. En cambio a mí… ¡a mí! Todo mundo puede culparme de lo que tú haces sin que se den cuenta siquiera de que te lo advertí antes. Pero además, si te hacen daño, ¡yo soy el que tiene que andar cuidándote hasta que te recuperes! ¿Te acuerdas de aquella vez, Corazón, cuando te embriagaste de amor? Sí, fue terrible. Tus incoherencias al hablar brotaban sin control. Vomitabas palabras dulzonas y empalagosas, mezcladas con sentimientos de esperanzas e ilusiones sin fundamento; y claro, todo por el exceso de amor en tu estómago y que rápidamente se filtraba en tus venas… el que no vomitabas en el suelo de la habitación, claro. No podías ni caminar, pues no mantenías el equilibrio sobre tus dos prioridades. Y por si fuera poco, la típica necedad del borracho… imposible hacerte razonar. Y lo peor: apestabas a amor tan intensamente que penetrabas toda la casa.
-No seas exagerado, si fue muy bonito todo aquello, se sentía tan bien… parecía estar volando, como si fuera caminando sobre las nubes…
-¡Cállate! Ni me lo menciones, porque cada que empiezas a decirlo es porque traes algo entre manos. Se te olvida lo que pasó después, ¿verdad? Acuérdate de la tremenda cruda que te dio. No querías que te hablara, que te dijera el mal que habías hecho porque mis palabras lastimaban tus oídos y las sentías demasiado fuertes para ti, sin darte cuenta que era yo el único que te quería ayudar. Ya no te soporto, ¿sabes? No solamente es cuando te da por enamorarte; también sueles perder el control con tus resentimientos, tus malditos celos, tu rabia, etc. ¿Crees que es fácil andar enmendando lo que provocas en las demás personas? Y todo por no hacerme caso cuando te doy mis consejos. ¿No ves que la Razón debe mandar sobre tí? Pero en fin… ¿ahora qué es lo que te pasa?
-No es nada, solo que ayer me dieron una bofetada en plena cara y creo que no me lo merecía. Y ya me conoces, en el instante me dio mucho coraje, pero ahora tengo que llorar para desahogarme.
-Lo sé, yo tampoco entiendo del todo por qué la gente te trata así a veces; porque no eres malo, aunque seas molesto.
-Gracias…
-De todas formas, Corazón, siéntate aquí y abrázame, que tal vez yo también necesito un poco de descanso y consuelo por parte tuya.
Entonces se sentó a mi lado y me abrazó. Por supuesto, no pudo contenerse. Es un insoportable sentimental, así que rompió a llorar suavemente sobre mi hombro. Claro que me compadecí al verlo así, pero tampoco podía hacer demasiado por consolarlo, también yo me sentía mal. Cuando la Razón de la demás gente holgazanea sin cesar, me confunde tanto el actuar de esa gente que me fatiga mucho el descifrarlo. Por eso, lo único que atiné a decirle fue:
-No hagas caso, esa gente no sabe lo que hace. Mañana te voy a ayudar a que conquistes a una mujer hermosa, ¿quieres?
Por primera vez en la noche, lo vi sonreír. Espero que no se enoje conmigo cuando descubra que solo fue un embuste. No puedo permitirle enamorarse otra vez.
Entonces lo vi, o lo escuché, o lo sentí… realmente no lo recuerdo. Ahí estaba parado frente a mí con las manos tapándose la cara y con el evidente ademán de querer llorar.
-Cállate –le dije--. ¡Cállate! No quiero que empieces de nuevo, ya sé que cuando estás así es porque algo hiciste. No entiendes, ¿verdad? Cada que tú pierdes el equilibrio en algún asunto, el que termina pagando los platos rotos soy yo. A ti nadie te ve, nadie te conoce, no pueden echarte la culpa sobre nada. En cambio a mí… ¡a mí! Todo mundo puede culparme de lo que tú haces sin que se den cuenta siquiera de que te lo advertí antes. Pero además, si te hacen daño, ¡yo soy el que tiene que andar cuidándote hasta que te recuperes! ¿Te acuerdas de aquella vez, Corazón, cuando te embriagaste de amor? Sí, fue terrible. Tus incoherencias al hablar brotaban sin control. Vomitabas palabras dulzonas y empalagosas, mezcladas con sentimientos de esperanzas e ilusiones sin fundamento; y claro, todo por el exceso de amor en tu estómago y que rápidamente se filtraba en tus venas… el que no vomitabas en el suelo de la habitación, claro. No podías ni caminar, pues no mantenías el equilibrio sobre tus dos prioridades. Y por si fuera poco, la típica necedad del borracho… imposible hacerte razonar. Y lo peor: apestabas a amor tan intensamente que penetrabas toda la casa.
-No seas exagerado, si fue muy bonito todo aquello, se sentía tan bien… parecía estar volando, como si fuera caminando sobre las nubes…
-¡Cállate! Ni me lo menciones, porque cada que empiezas a decirlo es porque traes algo entre manos. Se te olvida lo que pasó después, ¿verdad? Acuérdate de la tremenda cruda que te dio. No querías que te hablara, que te dijera el mal que habías hecho porque mis palabras lastimaban tus oídos y las sentías demasiado fuertes para ti, sin darte cuenta que era yo el único que te quería ayudar. Ya no te soporto, ¿sabes? No solamente es cuando te da por enamorarte; también sueles perder el control con tus resentimientos, tus malditos celos, tu rabia, etc. ¿Crees que es fácil andar enmendando lo que provocas en las demás personas? Y todo por no hacerme caso cuando te doy mis consejos. ¿No ves que la Razón debe mandar sobre tí? Pero en fin… ¿ahora qué es lo que te pasa?
-No es nada, solo que ayer me dieron una bofetada en plena cara y creo que no me lo merecía. Y ya me conoces, en el instante me dio mucho coraje, pero ahora tengo que llorar para desahogarme.
-Lo sé, yo tampoco entiendo del todo por qué la gente te trata así a veces; porque no eres malo, aunque seas molesto.
-Gracias…
-De todas formas, Corazón, siéntate aquí y abrázame, que tal vez yo también necesito un poco de descanso y consuelo por parte tuya.
Entonces se sentó a mi lado y me abrazó. Por supuesto, no pudo contenerse. Es un insoportable sentimental, así que rompió a llorar suavemente sobre mi hombro. Claro que me compadecí al verlo así, pero tampoco podía hacer demasiado por consolarlo, también yo me sentía mal. Cuando la Razón de la demás gente holgazanea sin cesar, me confunde tanto el actuar de esa gente que me fatiga mucho el descifrarlo. Por eso, lo único que atiné a decirle fue:
-No hagas caso, esa gente no sabe lo que hace. Mañana te voy a ayudar a que conquistes a una mujer hermosa, ¿quieres?
Por primera vez en la noche, lo vi sonreír. Espero que no se enoje conmigo cuando descubra que solo fue un embuste. No puedo permitirle enamorarse otra vez.
Categoría:
sentimentalismos,
Vómitos verbales
miércoles, 1 de septiembre de 2010
Desde que te fuistes, ya no cuento más mis chistes...
Era una mujer de inigualable belleza.
Me encantaban sus tobillos, sus rodillas y su cabeza.
No era alta ni baja, ni gorda ni flaca,
sino todo lo contrario, y tan fuerte como una vaca.
Cuando se acercó, no pude resistirme
y tomándola por el cuello besé su nuca.
Tanto le encantó que con sus brazos quería comprimirme,
y yo me sentí feliz como antes nunca.
Su gracia al respirar y sus movimientos al comer
me tenían loco de atar, como ustedes pueden ver.
Tanto que sin mucho conocerla la invité a jugar Nintendo,
se lo propuse y aceptó tan pronto que aún no lo entiendo.
Se sentó en mi sillón y se comió mis chocolates,
prendió mi televisión y tiró mis cacahuates (por accidente).
Pero todo eso no me importó, pues la tenía a mi lado,
la tristeza me quitó y me tenía enamorado.
Sin embargo como siempre, un viejo barrigón,
de panza como la mía, pero un poco más pelón,
apareció de pronto, y piedra por piedra
construyó mi purgatorio, que llenó con venenosa hiedra.
Creí que mi princesa, por ser agradecida,
pelearía con el panzón aunque terminara torcida,
defendiendo nuestro amor y liberándome de la prisión,
donde ya estuve antes, pero se le olvidó a mi corazón.
Qué triste fue ver que con cruel desprecio,
deshechaba mi cariño, que pagué por un alto precio.
¡Compartí con ella tanto, mi Nintendo y mi sillón!
Y aún así se marcha azotando el portón.
No vuelvo a enamorarme, ¡jamás por Dios!
Porque no soporto tanto, ya no otro adiós.
Ya no hay quién le traiga cariño a mi corazón,
pues ella se fue con mis chocolates en su barriga
y entre sus brazos el panzón.
Me encantaban sus tobillos, sus rodillas y su cabeza.
No era alta ni baja, ni gorda ni flaca,
sino todo lo contrario, y tan fuerte como una vaca.
Cuando se acercó, no pude resistirme
y tomándola por el cuello besé su nuca.
Tanto le encantó que con sus brazos quería comprimirme,
y yo me sentí feliz como antes nunca.
Su gracia al respirar y sus movimientos al comer
me tenían loco de atar, como ustedes pueden ver.
Tanto que sin mucho conocerla la invité a jugar Nintendo,
se lo propuse y aceptó tan pronto que aún no lo entiendo.
Se sentó en mi sillón y se comió mis chocolates,
prendió mi televisión y tiró mis cacahuates (por accidente).
Pero todo eso no me importó, pues la tenía a mi lado,
la tristeza me quitó y me tenía enamorado.
Sin embargo como siempre, un viejo barrigón,
de panza como la mía, pero un poco más pelón,
apareció de pronto, y piedra por piedra
construyó mi purgatorio, que llenó con venenosa hiedra.
Creí que mi princesa, por ser agradecida,
pelearía con el panzón aunque terminara torcida,
defendiendo nuestro amor y liberándome de la prisión,
donde ya estuve antes, pero se le olvidó a mi corazón.
Qué triste fue ver que con cruel desprecio,
deshechaba mi cariño, que pagué por un alto precio.
¡Compartí con ella tanto, mi Nintendo y mi sillón!
Y aún así se marcha azotando el portón.
No vuelvo a enamorarme, ¡jamás por Dios!
Porque no soporto tanto, ya no otro adiós.
Ya no hay quién le traiga cariño a mi corazón,
pues ella se fue con mis chocolates en su barriga
y entre sus brazos el panzón.
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poemas,
sentimentalismos
martes, 24 de agosto de 2010
Mi reflejo
Hacía buen rato que me sentía ausente, fuera del tiempo y del espacio, divagando entre mis miedos, angustias y pensamientos más confusos.
De pronto me descubro frente al espejo de mi habitación, de espaldas a él y con los brazos cruzados sobre el pecho. Estoy con la cabeza baja y con el rostro sudoroso de tanto pensar y pensar, dándole vueltas al mismo asunto.
Ahora soy consciente de lo que sucedió el día de hoy y del por qué me encuentro aquí tan agitado. Claro, todo empezó cuando al salir de mi casa, la gente fijaba su mirada en mí, penetrante, escudriñadora y sobre todo con una fascinación y curiosidad morbosas. Examinaban mis movimientos, mis gestos, ademanes y expresiones a detalle. Tanto así, que a los niños se les solían atravesar algunos postes por el camino, y al estar tan absortos observándome, sus cabezas rebotaban con ellos sin remedio. Los adultos por su parte lo hacían más disimuladamente, pero sin lograr ocultarse de mi perspicacia, si así le podemos llamar. Era irritante sentir todas aquellas miradas sobre mi espalda siguiéndome y acosándome por doquier. Mi cara enrojecía y mi gesto se congeló en una eterna mueca de disgusto y frustración.
Aún no logro comprender qué es lo que sucedió hoy, por qué es que las personas tenían qué estar viéndome y criticándome... ¿cuál era la diferencia en mí con respecto a todos los demás? ¿Por qué nunca me había sentido tan marginado antes y qué había cambiado desde la última vez que salí a la calle?
Ahora lo comprendo: precisamente esa era mi intención al venir a detenerme frente al espejo, el descubrir de una vez por todas qué es lo que tanto atraía la curiosidad malsana de las personas. No tiene que ver con nada de mi interior, porque de ser así, no me comerían con la mirada. Evidentemente, era algo exterior, superficial, visible.
Sin embargo tengo ya buen rato parado aquí, de espaldas a mi reflejo. Mis pies me gritan, me exigen un movimiento para librarlos de mi peso. Mis manos sudan frío y mis lagrimales caprichosos exigen liberar dos lágrimas, contrario a mi voluntad. Tal vez... quizás tengo miedo encontrarme de frente con ese rasgo, esa característica que me hace tan distinto y tan señalable entre la gente. No me atrevo a recibir el grito de mi reflejo sobre mi rostro, penetrándome como la hoja de una espada de dos filos. Aún así, es necesario hacerlo para enfrentarme con él, no hay mejor modo de superarlo o bien, caer derrotado de una vez por todas, liberándome de todas formas de esta terrible angustia.
Lentamente dejo caer los brazos a mis costados: Palpo mi pantalón de mezclilla que se ciñe a mis piernas y mis caderas pero... no tiene nada que ver este asunto con mi vestimenta, ¿verdad?
-No seas cobarde y enfréntate --me digo a mí mismo--, no puede haber nada peor que la incertidumbre.
Claro, mi cerebro dibuja pedazos de razón en mis pensamientos, y creo que dadas las circunstancias, he de completar el cuadro de forma razonable también. Al fin, empiezo a girar pero aún con los ojos cerrados hasta quedar de frente. Con la mano derecha retiro el sudor que perla mi frente y al mismo tiempo la refresco con mi mano helada. Al fin me decido a abrir los ojos para visualizarme.
La cruda realidad me abofetea sin piedad.
-¡Pero esto no es nuevo! --pienso-- Esto es algo de todos los días, solo que... lo olvidé por unos segundos.
¡Pero la gente no lo olvida jamás! ¡Ellos recuerdan muy bien la pequeña gran diferencia! Mi puño hace añicos el espejo en un segundo, como si así pudiera cambiar la fría verdad de que... no puedo contemplar mi reflejo.
De pronto me descubro frente al espejo de mi habitación, de espaldas a él y con los brazos cruzados sobre el pecho. Estoy con la cabeza baja y con el rostro sudoroso de tanto pensar y pensar, dándole vueltas al mismo asunto.
Ahora soy consciente de lo que sucedió el día de hoy y del por qué me encuentro aquí tan agitado. Claro, todo empezó cuando al salir de mi casa, la gente fijaba su mirada en mí, penetrante, escudriñadora y sobre todo con una fascinación y curiosidad morbosas. Examinaban mis movimientos, mis gestos, ademanes y expresiones a detalle. Tanto así, que a los niños se les solían atravesar algunos postes por el camino, y al estar tan absortos observándome, sus cabezas rebotaban con ellos sin remedio. Los adultos por su parte lo hacían más disimuladamente, pero sin lograr ocultarse de mi perspicacia, si así le podemos llamar. Era irritante sentir todas aquellas miradas sobre mi espalda siguiéndome y acosándome por doquier. Mi cara enrojecía y mi gesto se congeló en una eterna mueca de disgusto y frustración.
Aún no logro comprender qué es lo que sucedió hoy, por qué es que las personas tenían qué estar viéndome y criticándome... ¿cuál era la diferencia en mí con respecto a todos los demás? ¿Por qué nunca me había sentido tan marginado antes y qué había cambiado desde la última vez que salí a la calle?
Ahora lo comprendo: precisamente esa era mi intención al venir a detenerme frente al espejo, el descubrir de una vez por todas qué es lo que tanto atraía la curiosidad malsana de las personas. No tiene que ver con nada de mi interior, porque de ser así, no me comerían con la mirada. Evidentemente, era algo exterior, superficial, visible.
Sin embargo tengo ya buen rato parado aquí, de espaldas a mi reflejo. Mis pies me gritan, me exigen un movimiento para librarlos de mi peso. Mis manos sudan frío y mis lagrimales caprichosos exigen liberar dos lágrimas, contrario a mi voluntad. Tal vez... quizás tengo miedo encontrarme de frente con ese rasgo, esa característica que me hace tan distinto y tan señalable entre la gente. No me atrevo a recibir el grito de mi reflejo sobre mi rostro, penetrándome como la hoja de una espada de dos filos. Aún así, es necesario hacerlo para enfrentarme con él, no hay mejor modo de superarlo o bien, caer derrotado de una vez por todas, liberándome de todas formas de esta terrible angustia.
Lentamente dejo caer los brazos a mis costados: Palpo mi pantalón de mezclilla que se ciñe a mis piernas y mis caderas pero... no tiene nada que ver este asunto con mi vestimenta, ¿verdad?
-No seas cobarde y enfréntate --me digo a mí mismo--, no puede haber nada peor que la incertidumbre.
Claro, mi cerebro dibuja pedazos de razón en mis pensamientos, y creo que dadas las circunstancias, he de completar el cuadro de forma razonable también. Al fin, empiezo a girar pero aún con los ojos cerrados hasta quedar de frente. Con la mano derecha retiro el sudor que perla mi frente y al mismo tiempo la refresco con mi mano helada. Al fin me decido a abrir los ojos para visualizarme.
La cruda realidad me abofetea sin piedad.
-¡Pero esto no es nuevo! --pienso-- Esto es algo de todos los días, solo que... lo olvidé por unos segundos.
¡Pero la gente no lo olvida jamás! ¡Ellos recuerdan muy bien la pequeña gran diferencia! Mi puño hace añicos el espejo en un segundo, como si así pudiera cambiar la fría verdad de que... no puedo contemplar mi reflejo.
lunes, 2 de agosto de 2010
Azar vs Amor
-Toma un respiro, tómalo profundamente. Cálmate, --él me dice-- si juegas, juega para subsistir. Toma un arma y cuenta hasta tres.
Mientras me habla, me escudriña con la mirada. Sus ojos se clavan en mi rostro tratando de penetrar en mi interior, intentando adivinar mis sentimientos. Yo no hago más que asentir a lo que él me dice, un poco atontada. Ahora ya no es igual que la noche que decidí venir aquí. Mi decisión era absoluta y mi postura inquebrantable. Estaba harta de que el azar jugara con mi vida y de que esta no tuviera ningún sentido. “Así que si de eso se trata –pensé—entonces dejaré en manos del maldito azar si sigo viviendo o no”. La verdad era que en mi interior yo no estaba tan segura de morir, pero tampoco tenía el valor suficiente para seguir viviendo, enfrentándome a lo que llaman “destino”… había quedado más que comprobado que yo no podía contra él, o que él estaba empeñado en hacerme la vida imposible. Entonces veremos qué opina ahora que le pongo mi vida en sus manos: si quiere matarme, adelante.
Ahora estoy sudando, moviéndome lentamente. Ya no hay tiempo para pensar… es mi turno.
-Di una oración para ti misma –me dice--; cierra los ojos, a veces ayuda.
Pero entonces, al cerrar mis ojos, surge un pensamiento aterrador: él está aquí en medio, él que nunca a perdido en este juego… la ruleta rusa nunca ha logrado vencerlo, o más bien dicho, él a vencido al azar tantas veces…
Entonces siento su mano en mi hombro en un gesto de condescendencia. Tal vez ha leído en mis ojos la razón por la que estoy aquí, dispuesta a jugarme el todo por el todo.
¿Y qué es esto que siento? ¿Por qué ahora tengo ganas de seguir viviendo, de disfrutar otra vez de un nuevo sentimiento? Tal vez sean sus ojos color miel, o su sonrisa delicada con la que expresa todo y a la vez nada específico. Pero lo que más me cautiva es su voz… su forma de hablar tan sencilla en apariencia pero con una profundidad de pensamientos admirable.
-Dilssie –me dice sobresaltándome-- ¿te pasa algo?
Solo había quedado unos instantes meditando, pero él debió advertir que algo me inquietaba con su mirada suspicaz.
-Nada en absoluto, solo que no es tan sencillo como me pareció al principio.
-Lo sé y te entiendo. Lo he intentado varias veces, como sabes, y nunca he perdido (puesto que te estoy hablando), pero siempre es como la primera vez. ¿Sabes? No te veo tan convencida y no creo que estés lista para esto, pero si estás decidida…
-Claro que estoy decidida –lo interrumpí con un ademán que traté que se viera enérgico--, lo pensé mucho antes de aventurarme a hacerlo. El azar me ha jugado muchas malas pasadas y mi vida ahora carece de sentido. Así que deposito mi vida en manos de él y que decida por mí… porque yo ya estoy cansada.
-Lo único que no me cuadra es que cómo una mujer tan bonita e inteligente como tú llegara a sentirse tan mal.
-¿Y cómo sabes que soy inteligente si no me conoces?
-Es lógico, lo noto en tu forma de hablar.
Me vuelve a dirigir una mirada algo extraña, como si ya conociera todo de mí.
-Pues no lo soy, y obviamente tampoco soy bonita.
-De acuerdo, no vamos a discutir una mera apreciación personal; para mí lo eres y punto.
No recuerdo haber conocido a un hombre como él. Cada vez me cautiva más, y por supuesto tiene toda la razón… ya no estoy segura de querer hacerlo.
-¿Sabes? Creo que…
Lo sé –me interrumpe poniéndose un dedo en los labios para indicarme que no lo dijera--, yo también lo siento.
-¿Pero cómo sabes lo que te iba a decir, y que es algo que estoy sintiendo?
-¿Crees que el estar aquí tanto tiempo, observando las reacciones de cientos de personas al enfrentarse a la muerte no me ha dejado enseñanzas para identificar los pensamientos de los que hablan conmigo?
-Tal vez, pero creo que ahora estás equivocado. Ni siquiera yo estoy del todo segura de lo que te iba a decir. Ya no sé si quiero decírtelo…
-Entonces yo lo diré: me agradas, eres muy linda, bonita, inteligente, agradable, sensible y… eres muy cariñosa.
-¿qué? –entonces sí me sorprendí. Es la primera vez que nos vemos en la vida y ¿conoce mi personalidad a tal punto que sabe que yo solía ser cariñosa?— eso solo lo dices al AZAR, ¿verdad? No hay forma de que sepas cómo soy.
-Creo haberte dicho ya la razón de que me dé cuenta de tu forma de ser. No lo digo al azar y además acerté, puesto que no lo has negado.
Lo peor de todo esto es que, obviamente, a mí también me ha flechado este hombre, y en este preciso instante tengo una razón de peso para seguir viviendo, y así se lo expresé a él, quien pensaba algo parecido. Él tiene la marca más alta de juegos sin perder, pero ha sido simplemente coincidencia. Ha jugado varias veces prácticamente por la misma razón que yo, porque no se sentía con el valor suficiente de seguir viviendo, técnicamente, ambos somos unos cobardes. Sin embargo, el azar había decidido jugarle varias malas pasadas, puesto que hasta ahora, la bala se había negado a dispararse.
Entonces surge una idea en mi interior, algo que me ilumina enteramente: realizaré lo que vine a hacer de todas formas, jugaré contra el azar una partida de vida o muerte. Pero algo más: si gano, me quedaré junto a él de ahora en adelante, pero si pierdo, tal vez así tenía que ser. Se lo comenté a él y aunque ví una mueca de inquietud y dolor en su rostro, al final asintió y estuvo de acuerdo con la apuesta. No solo apuesto mi vida, sino nuestro… ¿amor?
-Tú puedes ver mi corazón latir, puedes verlo a través de mi pecho –le digo--,
estoy aterrada pero no me marcharé. Sé que tengo que pasar esta prueba. Solo apretaré el gatillo, y que el azar decida el resto.
-Toma el arma pues, sostenla con firmeza y gira la "ruleta” cuando estés lista. Entonces sin pensarlo, solo dispara.
Cuando mi vida parpadea ante mis ojos, me pregunto si volveré a ver el amanecer de nuevo.
Así que muchos no tendrán la oportunidad de decir adiós, pero es demasiado tarde para pensar en eso.
Él extiende sus manos y palpa algo sobre el mostrador, como buscando a tientas, cosa que me extraña bastante… y al fin, sus dedos tropiezan con un revólver, el cual me entrega luego de haberle colocado el respectivo proyectil.
-¿Estás lista?
-Claro –le digo tomando el arma--, pero antes quiero que sepas algo: si salgo vencedora, estaré contigo, te daré mi corazón, puesto que para eso sobreviviré…
No me deja decir más. Me abraza, y me deposita un beso suave en los labios. Mi corazón quiere salirse del pecho, y mis manos están frías y temblando.
Al fin me pongo en la posición correcta y apunto directo a mi cabeza. Giro el barril y luego de un instante… jalo el gatillo… oigo un chasquido que aturde mis oídos pero… ¿sigo viva? El rostro radiante de él me responde a mi pregunta. El azar ha decidido que siga viviendo.
Sin embargo, él extiende la mano y me arrebata el arma, diciendo:
-Es mi turno.
-¿qué? --Salto en seguida-- ¿Estás loco? ¡Gané la apuesta, ahora podemos estar juntos…!
-Lo sé, pero no solo eres tú, yo también tengo pendiente una revancha con el Azar como tú lo llamas, y le apuesto lo mismo que tú: mi vida y mis sentimientos. Te prometo, Dilssie, que si no muero, seré tuyo y tú serás mía.
Yo no doy crédito a mis oídos ni a mis ojos, y con aquel estado de estupor que me embarga, quedo petrificada mientras veo como decidida e inexorablemente, lleva el cañón a su sien. Quiero detenerlo, pero la aplastante fuerza de sus palabras y su mirada me lo impiden. Solo logro articular algunas palabras:
-No… no quiero que tú estés viéndome… ¡no me mires mientras lo haces!
Y él dice mientras gira el tambor con una voz profunda y hueca:
-Soy ciego, no puedo verte…
Y dispara.
Su cuerpo se desploma hacia atrás, sin darme oportunidad de tomarlo en mis brazos. Los ojos sin visión que antes me parecieran tan hermosos, tan vivos, se han cerrado para siempre.
P.D.: Esta historia está enteramente basada e inspirada en la canción Russian Roulette de Rihanna, por si no lo habían notado¬¬
Mientras me habla, me escudriña con la mirada. Sus ojos se clavan en mi rostro tratando de penetrar en mi interior, intentando adivinar mis sentimientos. Yo no hago más que asentir a lo que él me dice, un poco atontada. Ahora ya no es igual que la noche que decidí venir aquí. Mi decisión era absoluta y mi postura inquebrantable. Estaba harta de que el azar jugara con mi vida y de que esta no tuviera ningún sentido. “Así que si de eso se trata –pensé—entonces dejaré en manos del maldito azar si sigo viviendo o no”. La verdad era que en mi interior yo no estaba tan segura de morir, pero tampoco tenía el valor suficiente para seguir viviendo, enfrentándome a lo que llaman “destino”… había quedado más que comprobado que yo no podía contra él, o que él estaba empeñado en hacerme la vida imposible. Entonces veremos qué opina ahora que le pongo mi vida en sus manos: si quiere matarme, adelante.
Ahora estoy sudando, moviéndome lentamente. Ya no hay tiempo para pensar… es mi turno.
-Di una oración para ti misma –me dice--; cierra los ojos, a veces ayuda.
Pero entonces, al cerrar mis ojos, surge un pensamiento aterrador: él está aquí en medio, él que nunca a perdido en este juego… la ruleta rusa nunca ha logrado vencerlo, o más bien dicho, él a vencido al azar tantas veces…
Entonces siento su mano en mi hombro en un gesto de condescendencia. Tal vez ha leído en mis ojos la razón por la que estoy aquí, dispuesta a jugarme el todo por el todo.
¿Y qué es esto que siento? ¿Por qué ahora tengo ganas de seguir viviendo, de disfrutar otra vez de un nuevo sentimiento? Tal vez sean sus ojos color miel, o su sonrisa delicada con la que expresa todo y a la vez nada específico. Pero lo que más me cautiva es su voz… su forma de hablar tan sencilla en apariencia pero con una profundidad de pensamientos admirable.
-Dilssie –me dice sobresaltándome-- ¿te pasa algo?
Solo había quedado unos instantes meditando, pero él debió advertir que algo me inquietaba con su mirada suspicaz.
-Nada en absoluto, solo que no es tan sencillo como me pareció al principio.
-Lo sé y te entiendo. Lo he intentado varias veces, como sabes, y nunca he perdido (puesto que te estoy hablando), pero siempre es como la primera vez. ¿Sabes? No te veo tan convencida y no creo que estés lista para esto, pero si estás decidida…
-Claro que estoy decidida –lo interrumpí con un ademán que traté que se viera enérgico--, lo pensé mucho antes de aventurarme a hacerlo. El azar me ha jugado muchas malas pasadas y mi vida ahora carece de sentido. Así que deposito mi vida en manos de él y que decida por mí… porque yo ya estoy cansada.
-Lo único que no me cuadra es que cómo una mujer tan bonita e inteligente como tú llegara a sentirse tan mal.
-¿Y cómo sabes que soy inteligente si no me conoces?
-Es lógico, lo noto en tu forma de hablar.
Me vuelve a dirigir una mirada algo extraña, como si ya conociera todo de mí.
-Pues no lo soy, y obviamente tampoco soy bonita.
-De acuerdo, no vamos a discutir una mera apreciación personal; para mí lo eres y punto.
No recuerdo haber conocido a un hombre como él. Cada vez me cautiva más, y por supuesto tiene toda la razón… ya no estoy segura de querer hacerlo.
-¿Sabes? Creo que…
Lo sé –me interrumpe poniéndose un dedo en los labios para indicarme que no lo dijera--, yo también lo siento.
-¿Pero cómo sabes lo que te iba a decir, y que es algo que estoy sintiendo?
-¿Crees que el estar aquí tanto tiempo, observando las reacciones de cientos de personas al enfrentarse a la muerte no me ha dejado enseñanzas para identificar los pensamientos de los que hablan conmigo?
-Tal vez, pero creo que ahora estás equivocado. Ni siquiera yo estoy del todo segura de lo que te iba a decir. Ya no sé si quiero decírtelo…
-Entonces yo lo diré: me agradas, eres muy linda, bonita, inteligente, agradable, sensible y… eres muy cariñosa.
-¿qué? –entonces sí me sorprendí. Es la primera vez que nos vemos en la vida y ¿conoce mi personalidad a tal punto que sabe que yo solía ser cariñosa?— eso solo lo dices al AZAR, ¿verdad? No hay forma de que sepas cómo soy.
-Creo haberte dicho ya la razón de que me dé cuenta de tu forma de ser. No lo digo al azar y además acerté, puesto que no lo has negado.
Lo peor de todo esto es que, obviamente, a mí también me ha flechado este hombre, y en este preciso instante tengo una razón de peso para seguir viviendo, y así se lo expresé a él, quien pensaba algo parecido. Él tiene la marca más alta de juegos sin perder, pero ha sido simplemente coincidencia. Ha jugado varias veces prácticamente por la misma razón que yo, porque no se sentía con el valor suficiente de seguir viviendo, técnicamente, ambos somos unos cobardes. Sin embargo, el azar había decidido jugarle varias malas pasadas, puesto que hasta ahora, la bala se había negado a dispararse.
Entonces surge una idea en mi interior, algo que me ilumina enteramente: realizaré lo que vine a hacer de todas formas, jugaré contra el azar una partida de vida o muerte. Pero algo más: si gano, me quedaré junto a él de ahora en adelante, pero si pierdo, tal vez así tenía que ser. Se lo comenté a él y aunque ví una mueca de inquietud y dolor en su rostro, al final asintió y estuvo de acuerdo con la apuesta. No solo apuesto mi vida, sino nuestro… ¿amor?
-Tú puedes ver mi corazón latir, puedes verlo a través de mi pecho –le digo--,
estoy aterrada pero no me marcharé. Sé que tengo que pasar esta prueba. Solo apretaré el gatillo, y que el azar decida el resto.
-Toma el arma pues, sostenla con firmeza y gira la "ruleta” cuando estés lista. Entonces sin pensarlo, solo dispara.
Cuando mi vida parpadea ante mis ojos, me pregunto si volveré a ver el amanecer de nuevo.
Así que muchos no tendrán la oportunidad de decir adiós, pero es demasiado tarde para pensar en eso.
Él extiende sus manos y palpa algo sobre el mostrador, como buscando a tientas, cosa que me extraña bastante… y al fin, sus dedos tropiezan con un revólver, el cual me entrega luego de haberle colocado el respectivo proyectil.
-¿Estás lista?
-Claro –le digo tomando el arma--, pero antes quiero que sepas algo: si salgo vencedora, estaré contigo, te daré mi corazón, puesto que para eso sobreviviré…
No me deja decir más. Me abraza, y me deposita un beso suave en los labios. Mi corazón quiere salirse del pecho, y mis manos están frías y temblando.
Al fin me pongo en la posición correcta y apunto directo a mi cabeza. Giro el barril y luego de un instante… jalo el gatillo… oigo un chasquido que aturde mis oídos pero… ¿sigo viva? El rostro radiante de él me responde a mi pregunta. El azar ha decidido que siga viviendo.
Sin embargo, él extiende la mano y me arrebata el arma, diciendo:
-Es mi turno.
-¿qué? --Salto en seguida-- ¿Estás loco? ¡Gané la apuesta, ahora podemos estar juntos…!
-Lo sé, pero no solo eres tú, yo también tengo pendiente una revancha con el Azar como tú lo llamas, y le apuesto lo mismo que tú: mi vida y mis sentimientos. Te prometo, Dilssie, que si no muero, seré tuyo y tú serás mía.
Yo no doy crédito a mis oídos ni a mis ojos, y con aquel estado de estupor que me embarga, quedo petrificada mientras veo como decidida e inexorablemente, lleva el cañón a su sien. Quiero detenerlo, pero la aplastante fuerza de sus palabras y su mirada me lo impiden. Solo logro articular algunas palabras:
-No… no quiero que tú estés viéndome… ¡no me mires mientras lo haces!
Y él dice mientras gira el tambor con una voz profunda y hueca:
-Soy ciego, no puedo verte…
Y dispara.
Su cuerpo se desploma hacia atrás, sin darme oportunidad de tomarlo en mis brazos. Los ojos sin visión que antes me parecieran tan hermosos, tan vivos, se han cerrado para siempre.
P.D.: Esta historia está enteramente basada e inspirada en la canción Russian Roulette de Rihanna, por si no lo habían notado¬¬
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Puntos de "VISTA" de un ciego,
sentimentalismos
miércoles, 2 de junio de 2010
Sentimientos insensibles
¿Qué haces cuando la soledad te acompaña
la verdad es la que te engaña?
¿Qué, cuando las virtudes son defectos
y todo lo exacto es imperfecto?
La valentía se vuelve cobarde
y cuando algo suave te toca, sientes que te arde.
Es inútil todo lo que aprendes
y eres hábil en lo que no entiendes.
Los amigos son identidades utópicas
y el amor es como las drogas psicotrópicas,
que primero te dan felicidad y alegría, pero no son auténticas.
La gente que te rodea te tiene aislado
y el camino que recorres de pronto está truncado.
Los días te parecen tan lentos y tan largos
pero los demás no tienen tiempo ni para tomar unos tragos.
La realidad se esfuma y se convierte en un sueño
y de lo supuestamente tangible, tampoco eres dueño.
¡La tranquilidad está tan inquieta!
Y la sobriedad se tropieza con cualquier banqueta.
La libertad te mira desde dentro de una jaula con sendos candados
y las energías te tienen a ti y a tus ganas fuertemente atados.
La alegría tiene tantos días llorando
que la tristeza se levantó y la está consolando.
La compasión se hartó y lanzó un alarido
porque el optimismo todavía sigue deprimido.
Y entonces, cuando no sabes si puede ocurrir algo peor,
la prudencia se levanta y da su consejo con furor:
"Hagan lo que yo, y consíganse una amiga,
¡y quién mejor que la locura, que es tan divertida!"
la verdad es la que te engaña?
¿Qué, cuando las virtudes son defectos
y todo lo exacto es imperfecto?
La valentía se vuelve cobarde
y cuando algo suave te toca, sientes que te arde.
Es inútil todo lo que aprendes
y eres hábil en lo que no entiendes.
Los amigos son identidades utópicas
y el amor es como las drogas psicotrópicas,
que primero te dan felicidad y alegría, pero no son auténticas.
La gente que te rodea te tiene aislado
y el camino que recorres de pronto está truncado.
Los días te parecen tan lentos y tan largos
pero los demás no tienen tiempo ni para tomar unos tragos.
La realidad se esfuma y se convierte en un sueño
y de lo supuestamente tangible, tampoco eres dueño.
¡La tranquilidad está tan inquieta!
Y la sobriedad se tropieza con cualquier banqueta.
La libertad te mira desde dentro de una jaula con sendos candados
y las energías te tienen a ti y a tus ganas fuertemente atados.
La alegría tiene tantos días llorando
que la tristeza se levantó y la está consolando.
La compasión se hartó y lanzó un alarido
porque el optimismo todavía sigue deprimido.
Y entonces, cuando no sabes si puede ocurrir algo peor,
la prudencia se levanta y da su consejo con furor:
"Hagan lo que yo, y consíganse una amiga,
¡y quién mejor que la locura, que es tan divertida!"
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Vómitos verbales
domingo, 9 de mayo de 2010
Mi fin de semana. ¿Me da una pellizcada de... de nalga por favor? Y diuna vez, una de bubi
Yo que ustedes, dejaría de leer inmediatamente esta entrada. Pero si continúan, aquí hay constancia de que se los advertí...
Hace aproximadamente 3 horas, me fui caminando con mi hermana y un amigo a Villasunción. Durante el camino, no sucedió nada.
Llegamos al mencionado centro comercial, y procedimos a poner nuestras asentaderas en una banquita muy coqueta. Entonces, una hora después, me paré para estirarme, y mi hermana me palpó o más bien me apretujó, me torteó, etc, la nalga izquierda, abarcándola casi totalmente con su mano (ella dice que me iba a agarrar el brazo y que no se fijó... juzguen ustedes).
Luego de otra media hora, nos paramos y nos venimos caminando de regreso.
Le metí el pie dos veces a mi hermana, motivo por el cual ella me pellizcó una bubi... Acto seguido, me saqué un moco y se lo aventé a un niño que venía a mi derecha.
Este extrabruto... digo, exabrupto, solo sirve para no ser el único que sufra dichas desdichas tan desdichadamente desdichadas, acaecidas al desdichado autor.
Caso de la vida real. Si quieren fotos de mi nalga apretada, contáctenmennn.
Hace aproximadamente 3 horas, me fui caminando con mi hermana y un amigo a Villasunción. Durante el camino, no sucedió nada.
Llegamos al mencionado centro comercial, y procedimos a poner nuestras asentaderas en una banquita muy coqueta. Entonces, una hora después, me paré para estirarme, y mi hermana me palpó o más bien me apretujó, me torteó, etc, la nalga izquierda, abarcándola casi totalmente con su mano (ella dice que me iba a agarrar el brazo y que no se fijó... juzguen ustedes).
Luego de otra media hora, nos paramos y nos venimos caminando de regreso.
Le metí el pie dos veces a mi hermana, motivo por el cual ella me pellizcó una bubi... Acto seguido, me saqué un moco y se lo aventé a un niño que venía a mi derecha.
Este extrabruto... digo, exabrupto, solo sirve para no ser el único que sufra dichas desdichas tan desdichadamente desdichadas, acaecidas al desdichado autor.
Caso de la vida real. Si quieren fotos de mi nalga apretada, contáctenmennn.
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miércoles, 5 de mayo de 2010
LOS HERMOSOS OJOS VERDES de Patroclo
Pith Zahot:
¿Hacia dónde estás volteando, amor? Porque siento que no me estás MIRANDO.
Ariadna (VISIBLEMENTE sorprendida):
Pues hacia el frente, corazón, porque si no, nos caemos… ¿no VES que yo soy tus OJOS?
Pith Zahot (meditando):
"Mentirosa, bien sé hacia dónde está VIENDO. Pero no puedo decir nada, porque entonces la contrariada sería ella..."
Ariadna (interrumpiendo los pensamientos de aquel):
¿Por qué te has quedado tan pensativo, cariño?
Pith Zahot:
No es nada, pensaba en la dicotomía entre el cielo y el infierno.
Ariadna:
Amor, pero si sabes que el infierno como lo pintan no existe… habla y dime en qué pensabas.
Pith Zahot (con un suspiro):
De acuerdo: pensaba en que sé exactamente hacia qué rumbo iba tu MIRADA cuando te lo pregunté.
Ariadna (con un tono burlesco):
Pero tú ni VES… ¿Cómo rayos ibas a saber hacia dondeMIRABA?
Pith Zahot:
No, pero mi instinto me lo indicó infaliblemente.
Ariadna:
¿De verdad? Y según tu “instinto”, ¿hacia donde MIRABA, pues?
Pith Zahot:
¿Para qué decirlo? Solo te molestarás más… de acuerdo, de acuerdo, no me VEAS así, te lo diré: estabas VIENDO a Patroclo directamente a sus OJAZOS VERDES.
Ariadna (todavía más sorprendida e incómoda):
¡Pero tú ni VES! ¿Cómo sabes eso?
Pith Zahot (con la misma calma que le caracteriza):
Por favor, no soy estúpido. Hace ya tiempo que lo observas, sé que te gusta su MIRADA y sobre todo esos OJOS VERDES tan VISTOSOS.
Ariadna (algo ruborizada):
Pero… pero… ¿cómo puedes tú saber eso? ¿Quién te ha dicho semejante cosa?
Pith Zahot:
Eso no importa, lo que importa es que hasta ahora no lo has negado, y que tú sola me estás confirmando algo que solo era una ligera sospecha.
Ariadna:
¡Claro que no! Yo solo…
Pith Zahot (perdiendo la calma):
¡Ya basta! No me digas más, no me trates de VER la cara y no lo niegues ahora, amor. Ambos sabemos que esa pregunta de “¿qué tiene él que no tenga yo?” sería estúpida. ¡Acéptalo! Adoras sus OJOS VERDES.
Ariadna (con la MIRADA baja):
Lo siento, de verdad lo lamento. Es que… yo te quiero a ti, pero al VER sus hermosos OJOS VERDES... no pude evitar MIRARLOS y luego se volvió un vicio; no podía dejar de alimentarme de la luz de sus hermosos OJOS VERDES y de su MIRADA tan triste y tan encantadora que me llena el alma, que me hace vibrar, que me estremece cuando la VEO, que me mueve el suelo, que…
Pith Zahot:
¡Respira mujer, respira! ¡No tienes qué echarme en cara todas sus bellezas OCULARES!
Ariadna (luego de tomar estrepitosamente el aire):
Pero no te enojes conmigo… o qué, ¿estás celoso? ¿Es eso? ¿Ahora resulta que eres celoso e inseguro? ¿Me vas a hacer una escenita? ¿VES moros con tranchetes?
Pith Zahot (ya muy molesto pensó):
“¡Yo no VEO nada!" –Y luego dijo-- ¿Y por qué no? ¡Tú sabes que nunca lo he sido, pero si hay algo contra lo que no puedo luchar y perfectamente pudiera celar a mi chica es precisamente por esto! ¿Cómo puedo yo saber cuándo estás VIENDO los OJOS de otro hombre? ¿Cómo saber qué es lo que te gusta de la MIRADA de aquel que vas VIENDO y MIENTRAS tranquilamente sigues caminando al lado de este tonto que no te puede ofrecer absolutamente nada al respecto? ¡Nunca te he celado hasta ahora! ¡Gané tu corazón a pulso, con todas mis cualidades te fui enamorando hasta que llegaste a ser para mí por mis méritos! ¡Luché contra todo lo que te ofrecían todos los demás y vencí, me gané tu corazón! –Luego, bajando el tono y visiblemente más triste que enfadado prosiguió—Y ahora resulta que te fijas en LOS HERMOSOS OJOS VERDES de Patroclo.
No importa, amada mía, vete con él y déjame aquí si es lo que quieres. Luego VEREMOS qué es lo que sí tengo yo, que no tenga él.
¿Hacia dónde estás volteando, amor? Porque siento que no me estás MIRANDO.
Ariadna (VISIBLEMENTE sorprendida):
Pues hacia el frente, corazón, porque si no, nos caemos… ¿no VES que yo soy tus OJOS?
Pith Zahot (meditando):
"Mentirosa, bien sé hacia dónde está VIENDO. Pero no puedo decir nada, porque entonces la contrariada sería ella..."
Ariadna (interrumpiendo los pensamientos de aquel):
¿Por qué te has quedado tan pensativo, cariño?
Pith Zahot:
No es nada, pensaba en la dicotomía entre el cielo y el infierno.
Ariadna:
Amor, pero si sabes que el infierno como lo pintan no existe… habla y dime en qué pensabas.
Pith Zahot (con un suspiro):
De acuerdo: pensaba en que sé exactamente hacia qué rumbo iba tu MIRADA cuando te lo pregunté.
Ariadna (con un tono burlesco):
Pero tú ni VES… ¿Cómo rayos ibas a saber hacia dondeMIRABA?
Pith Zahot:
No, pero mi instinto me lo indicó infaliblemente.
Ariadna:
¿De verdad? Y según tu “instinto”, ¿hacia donde MIRABA, pues?
Pith Zahot:
¿Para qué decirlo? Solo te molestarás más… de acuerdo, de acuerdo, no me VEAS así, te lo diré: estabas VIENDO a Patroclo directamente a sus OJAZOS VERDES.
Ariadna (todavía más sorprendida e incómoda):
¡Pero tú ni VES! ¿Cómo sabes eso?
Pith Zahot (con la misma calma que le caracteriza):
Por favor, no soy estúpido. Hace ya tiempo que lo observas, sé que te gusta su MIRADA y sobre todo esos OJOS VERDES tan VISTOSOS.
Ariadna (algo ruborizada):
Pero… pero… ¿cómo puedes tú saber eso? ¿Quién te ha dicho semejante cosa?
Pith Zahot:
Eso no importa, lo que importa es que hasta ahora no lo has negado, y que tú sola me estás confirmando algo que solo era una ligera sospecha.
Ariadna:
¡Claro que no! Yo solo…
Pith Zahot (perdiendo la calma):
¡Ya basta! No me digas más, no me trates de VER la cara y no lo niegues ahora, amor. Ambos sabemos que esa pregunta de “¿qué tiene él que no tenga yo?” sería estúpida. ¡Acéptalo! Adoras sus OJOS VERDES.
Ariadna (con la MIRADA baja):
Lo siento, de verdad lo lamento. Es que… yo te quiero a ti, pero al VER sus hermosos OJOS VERDES... no pude evitar MIRARLOS y luego se volvió un vicio; no podía dejar de alimentarme de la luz de sus hermosos OJOS VERDES y de su MIRADA tan triste y tan encantadora que me llena el alma, que me hace vibrar, que me estremece cuando la VEO, que me mueve el suelo, que…
Pith Zahot:
¡Respira mujer, respira! ¡No tienes qué echarme en cara todas sus bellezas OCULARES!
Ariadna (luego de tomar estrepitosamente el aire):
Pero no te enojes conmigo… o qué, ¿estás celoso? ¿Es eso? ¿Ahora resulta que eres celoso e inseguro? ¿Me vas a hacer una escenita? ¿VES moros con tranchetes?
Pith Zahot (ya muy molesto pensó):
“¡Yo no VEO nada!" –Y luego dijo-- ¿Y por qué no? ¡Tú sabes que nunca lo he sido, pero si hay algo contra lo que no puedo luchar y perfectamente pudiera celar a mi chica es precisamente por esto! ¿Cómo puedo yo saber cuándo estás VIENDO los OJOS de otro hombre? ¿Cómo saber qué es lo que te gusta de la MIRADA de aquel que vas VIENDO y MIENTRAS tranquilamente sigues caminando al lado de este tonto que no te puede ofrecer absolutamente nada al respecto? ¡Nunca te he celado hasta ahora! ¡Gané tu corazón a pulso, con todas mis cualidades te fui enamorando hasta que llegaste a ser para mí por mis méritos! ¡Luché contra todo lo que te ofrecían todos los demás y vencí, me gané tu corazón! –Luego, bajando el tono y visiblemente más triste que enfadado prosiguió—Y ahora resulta que te fijas en LOS HERMOSOS OJOS VERDES de Patroclo.
No importa, amada mía, vete con él y déjame aquí si es lo que quieres. Luego VEREMOS qué es lo que sí tengo yo, que no tenga él.
lunes, 26 de abril de 2010
El amor, los besos y el chocolate. Advertencia: Este post está súper largo, pero muy interesante.
Quise compartirles este artículo que está por demás interesante, en lo que recobro mi habilidad imaginativa y escritora...
¿Qué es el amor? Para todos los que se lo preguntan, por fin, una respuesta exacta y coherente.
*********************
Con este artículo pretendo ofrecer en un tono divertido y ameno una visión fundamentalmente química de algo tan sencillo como maravilloso que nos ocurre a todos alguna vez en la vida: ¡Enamorarnos!
Los poetas nos han deleitado cantando al más maravilloso de los sentimientos desde todos los ángulos y con infinitos matices, pero los químicos también tenemos cosas que decir al respecto, quizás menos seductoras pero no por ello menos importantes.
¿Por qué nos enamoramos de una determinada persona y no de otra? Innumerables investigaciones psicológicas demuestran lo decisivo de los recuerdos infantiles -conscientes e inconscientes-. La llamada teoría de la correspondencia puede resumirse en la frase: "cada cual busca la pareja que cree merecer".
Parece ser que antes de que una persona se fije en otra ya ha construido un mapa mental, un molde completo de circuitos cerebrales que determinan lo que le hará enamorarse de una persona y no de otra. El sexólogo John Money considera que los niños desarrollan esos mapas entre los 5 y 8 años de edad como resultado de asociaciones con miembros de su familia, con amigos, con experiencias y hechos fortuitos. Así pues antes de que el verdadero amor llame a nuestra puerta el sujeto ya ha elaborado los rasgos esenciales de la persona ideal a quien amar.
La química del amor es una expresión acertada. En la cascada de reacciones emocionales hay electricidad (descargas neuronales) y hay química (hormonas y otras sustancias que participan). Ellas son las que hacen que una pasión amorosa descontrole nuestra vida y ellas son las que explican buena parte de los signos del enamoramiento.
Cuando encontramos a la persona deseada se dispara la señal de alarma, nuestro organismo entra entonces en ebullición. A través del sistema nervioso el hipotálamo envía mensajes a las diferentes glándulas del cuerpo ordenando a las glándulas suprarrenales que aumenten inmediatamente la producción de adrenalina y noradrenalina (neurotransmisores que comunican entre sí a las células nerviosas).
Sus efectos se hacen notar al instante:
Antífanes -388-311 a. C.-, comediógrafo griego
Los síntomas del enamoramiento que muchas personas hemos percibido alguna vez, si hemos sido afortunados, son el resultado de complejas reacciones químicas del organismo que nos hacen a todos sentir aproximadamente lo mismo, aunque a nuestro amor lo sintamos como único en el mundo.
Ese estado de "imbecilidad transitoria", en palabras de Ortega y Gasset, no se puede mantener bioquímicamente por mucho tiempo.
No hay duda: el amor es una enfermedad. Tiene su propio rosario de pensamientos obsesivos y su propio ámbito de acción. Si en la cirrosis es el hígado, los padecimientos y goces del amor se esconden, irónicamente, en esa ingente telaraña de nudos y filamentos que llamamos sistema nervioso autónomo. En ese sistema, todo es impulso y oleaje químico. Aquí se asientan el miedo, el orgullo, los celos, el ardor y, por supuesto, el enamoramiento. A través de nervios microscópicos, los impulsos se transmiten a todos los capilares, folículos pilosos y glándulas sudoríparas del cuerpo. El suave músculo intestinal, las glándulas lacrimales, la vejiga y los genitales, el organismo entero está sometido al bombardeo que parte de este arco vibrante de nudos y cuerdas.
Las órdenes se suceden a velocidades de vértigo: ¡constricción!, ¡dilatación!, ¡secreción!, ¡erección! Todo es urgente, efervescente, impelente... Aquí no manda el intelecto ni la fuerza de voluntad. Es el reino del siento-luego-existo, de la carne, las atracciones y repulsiones primarias..., el territorio donde la razón es una intrusa.
Hace apenas 13 años que se planteó el estudio del amor como un proceso bioquímico que se inicia en la corteza cerebral, pasa a las neuronas y de allí al sistema endocrino, dando lugar a respuestas fisiológicas intensas.
El verdadero enamoramiento parece ser que sobreviene cuando se produce en el cerebro la FENILETILAMINA, compuesto orgánico de la familia de las anfetaminas.
Al inundarse el cerebro de esta sustancia, éste responde mediante la secreción de dopamina (neurotransmisor responsable de los mecanismos de refuerzo del cerebro, es decir, de la capacidad de desear algo y de repetir un comportamiento que proporciona placer), norepinefrina y oxiticina (además de estimular las contracciones uterinas para el parto y hacer brotar la leche, parece ser además un mensajero químico del deseo sexual), y comienza el trabajo de los neurotransmisores que dan lugar a los arrebatos sentimentales, en síntesis: se está enamorado. Estos compuestos combinados hacen que los enamorados puedan permanecer horas haciendo el amor y noches enteras conversando, sin sensación alguna de cansancio o sueño.
El affair de la feniletilamina con el amor se inició con la teoría propuesta por los médicos Donald F. Klein y Michael Lebowitz del Instituto Psiquiátrico de Nueva York, que sugirieron que el cerebro de una persona enamorada contenía grandes cantidades de feniletilamina y que sería la responsable de las sensaciones y modificaciones fisiológicas que experimentamos cuando estamos enamorados.
Sospecharon de su existencia mientras realizaban un estudio con pacientes aquejados "de mal de amor", una depresión psíquica causada por una desilusión amorosa. Les llamó la atención la compulsiva tendencia de estas personas a devorar grandes cantidades de chocolate, un alimento especialmente rico en feniletilamina por lo que dedujeron que su adicción debía ser una especie de automedicación para combatir el síndrome de abstinencia causado por la falta de esa sustancia. Según su hipótesis el, por ellos llamado, centro de placer del cerebro comienza a producir feniletilamina a gran escala y así es como perdemos la cabeza, vemos el mundo de color de rosa y nos sentimos flotando.
Es decir: las anfetaminas naturales te ponen a cien.
El 50% de las mujeres entrevistadas para el libro "Por qué necesitan las mujeres del chocolate" confesó que elegiría el chocolate antes que el sexo. Hay quienes al chocolate lo llaman EL PROZAC VEGETAL.
En una de las aventuras de Charlie Brown se puede leer "una buena manera de olvidar una historia de amor es comerse un buen pudín de chocolate".
Su actividad perdura de 2 a 3 años, incluso a veces más, pero al final la atracción bioquímica decae. La fase de atracción no dura para siempre. La pareja, entonces, se encuentra ante una dicotomía: separarse o habituarse a manifestaciones más tibias de amor -compañerismo, afecto y tolerancia-. Dos citas muy interesantes son:
El amor es como la mayonesa: cuando se corta, hay que tirarlo y empezar otro nuevo.
Enrique Jardiel Poncela.
El amor es como Don Quijote: cuando recobra el juicio es para morir.
Jacinto Benavente.
Con el tiempo el organismo se va haciendo resistente a los efectos de estas sustancias y toda la locura de la pasión se desvanece gradualmente, la fase de atracción no dura para siempre y comienza entonces una segunda fase que podemos denominar de pertenencia dando paso a un amor más sosegado. Se trata de un sentimiento de seguridad, comodidad y paz. Dicho estado está asociado a otra DUCHA QUÍMICA. En este caso son las endorfinas -compuestos químicos naturales de estructura similar a la de la morfina y otros opiáceos- los que confieren la sensación común de seguridad comenzando una nueva etapa, la del apego. Por ello se sufre tanto al perder al ser querido, dejamos de recibir la dosis diaria de narcóticos.
Para conservar la pareja es necesario buscar mecanismos socioculturales (grata convivencia, costumbre, intereses mutuos, etc.), hemos de luchar por que el proceso deje de ser solo químico. Si no se han establecido ligazones de intereses comunes y empatía, la pareja, tras la bajada de FEA, se sentirá cada vez menos enamorada y por ahí llegará la insatisfacción, la frustración, separación e incluso el odio.
Parece que tienen mayor poder estimulante los sentimientos y las emociones que las simples substancias por sí mismas, aquellos sí que pueden activar la alquimia y no al sentido contrario.
Un estudio alemán ha analizado las consecuencias del beso matutino, ése que se dan los cónyuges al despedirse cuando se van a trabajar. Los hombres que besan a sus esposas por la mañana pierden menos días de trabajo por enfermedad, tienen menos accidentes de tráfico, ganan de un 20% a un 30% más y viven unos ¡cinco años más! Para Arthur Sazbo, uno de los científicos autores del estudio, la explicación es sencilla: "Los que salen de casa dando un beso empiezan el día con una actitud más positiva".
Es cierto, no podemos negarlo, es un hecho científico que existe una química interna que se relaciona con nuestras emociones y sentimientos, con nuestro comportamiento, ya que hasta el más sublime está conectado a la producción de alguna hormona.
No hay una causa y un efecto en la conducta sexual, sino eventos físicos, químicos, psíquicos, afectivos y comunicacionales que se conectan de algún modo, que interactúan y se afectan unos a otros.
Existe, sí, una alquimia sexual, pero se relaciona íntimamente con los significados que le damos a los estímulos, y éstos con el poder que les ha concedido una cultura que, a su vez, serán interpretados por cada uno que los vive de acuerdo con sus recursos personales y su historia. Esperemos que estos estudios en un futuro nos conduzcan a descubrir aplicaciones farmacológicas para aliviar las penas de amor.
Espero que una vez leído este artículo no le digáis a vuestra pareja después de hacer el amor: "he tenido una sensación sumamente agradable producto del aumento de testosterona y la disminución consiguiente de serotonina", entre otras cosas porque os estrangularía.
Para terminar, otras interesantes citas:
Dicen que el hombre no es hombre mientras no oye su nombre de labios de una mujer.
Antonio Machado
El amor es ciego, el matrimonio le devuelve la vista.
¿Qué es el amor? Para todos los que se lo preguntan, por fin, una respuesta exacta y coherente.
*********************
Con este artículo pretendo ofrecer en un tono divertido y ameno una visión fundamentalmente química de algo tan sencillo como maravilloso que nos ocurre a todos alguna vez en la vida: ¡Enamorarnos!
Los poetas nos han deleitado cantando al más maravilloso de los sentimientos desde todos los ángulos y con infinitos matices, pero los químicos también tenemos cosas que decir al respecto, quizás menos seductoras pero no por ello menos importantes.
¿Por qué nos enamoramos de una determinada persona y no de otra? Innumerables investigaciones psicológicas demuestran lo decisivo de los recuerdos infantiles -conscientes e inconscientes-. La llamada teoría de la correspondencia puede resumirse en la frase: "cada cual busca la pareja que cree merecer".
Parece ser que antes de que una persona se fije en otra ya ha construido un mapa mental, un molde completo de circuitos cerebrales que determinan lo que le hará enamorarse de una persona y no de otra. El sexólogo John Money considera que los niños desarrollan esos mapas entre los 5 y 8 años de edad como resultado de asociaciones con miembros de su familia, con amigos, con experiencias y hechos fortuitos. Así pues antes de que el verdadero amor llame a nuestra puerta el sujeto ya ha elaborado los rasgos esenciales de la persona ideal a quien amar.
La química del amor es una expresión acertada. En la cascada de reacciones emocionales hay electricidad (descargas neuronales) y hay química (hormonas y otras sustancias que participan). Ellas son las que hacen que una pasión amorosa descontrole nuestra vida y ellas son las que explican buena parte de los signos del enamoramiento.
Cuando encontramos a la persona deseada se dispara la señal de alarma, nuestro organismo entra entonces en ebullición. A través del sistema nervioso el hipotálamo envía mensajes a las diferentes glándulas del cuerpo ordenando a las glándulas suprarrenales que aumenten inmediatamente la producción de adrenalina y noradrenalina (neurotransmisores que comunican entre sí a las células nerviosas).
Sus efectos se hacen notar al instante:
- El corazón late más deprisa (130 pulsaciones por minuto).
- La presión arterial sistólica (lo que conocemos como máxima) sube.
- Se liberan grasas y azúcares para aumentar la capacidad muscular.
- Se generan más glóbulos rojos a fin de mejorar el transporte de oxígeno por la corriente sanguínea.
Antífanes -388-311 a. C.-, comediógrafo griego
Los síntomas del enamoramiento que muchas personas hemos percibido alguna vez, si hemos sido afortunados, son el resultado de complejas reacciones químicas del organismo que nos hacen a todos sentir aproximadamente lo mismo, aunque a nuestro amor lo sintamos como único en el mundo.
Ese estado de "imbecilidad transitoria", en palabras de Ortega y Gasset, no se puede mantener bioquímicamente por mucho tiempo.
No hay duda: el amor es una enfermedad. Tiene su propio rosario de pensamientos obsesivos y su propio ámbito de acción. Si en la cirrosis es el hígado, los padecimientos y goces del amor se esconden, irónicamente, en esa ingente telaraña de nudos y filamentos que llamamos sistema nervioso autónomo. En ese sistema, todo es impulso y oleaje químico. Aquí se asientan el miedo, el orgullo, los celos, el ardor y, por supuesto, el enamoramiento. A través de nervios microscópicos, los impulsos se transmiten a todos los capilares, folículos pilosos y glándulas sudoríparas del cuerpo. El suave músculo intestinal, las glándulas lacrimales, la vejiga y los genitales, el organismo entero está sometido al bombardeo que parte de este arco vibrante de nudos y cuerdas.
Las órdenes se suceden a velocidades de vértigo: ¡constricción!, ¡dilatación!, ¡secreción!, ¡erección! Todo es urgente, efervescente, impelente... Aquí no manda el intelecto ni la fuerza de voluntad. Es el reino del siento-luego-existo, de la carne, las atracciones y repulsiones primarias..., el territorio donde la razón es una intrusa.
Hace apenas 13 años que se planteó el estudio del amor como un proceso bioquímico que se inicia en la corteza cerebral, pasa a las neuronas y de allí al sistema endocrino, dando lugar a respuestas fisiológicas intensas.
El verdadero enamoramiento parece ser que sobreviene cuando se produce en el cerebro la FENILETILAMINA, compuesto orgánico de la familia de las anfetaminas.
Al inundarse el cerebro de esta sustancia, éste responde mediante la secreción de dopamina (neurotransmisor responsable de los mecanismos de refuerzo del cerebro, es decir, de la capacidad de desear algo y de repetir un comportamiento que proporciona placer), norepinefrina y oxiticina (además de estimular las contracciones uterinas para el parto y hacer brotar la leche, parece ser además un mensajero químico del deseo sexual), y comienza el trabajo de los neurotransmisores que dan lugar a los arrebatos sentimentales, en síntesis: se está enamorado. Estos compuestos combinados hacen que los enamorados puedan permanecer horas haciendo el amor y noches enteras conversando, sin sensación alguna de cansancio o sueño.
El affair de la feniletilamina con el amor se inició con la teoría propuesta por los médicos Donald F. Klein y Michael Lebowitz del Instituto Psiquiátrico de Nueva York, que sugirieron que el cerebro de una persona enamorada contenía grandes cantidades de feniletilamina y que sería la responsable de las sensaciones y modificaciones fisiológicas que experimentamos cuando estamos enamorados.
Sospecharon de su existencia mientras realizaban un estudio con pacientes aquejados "de mal de amor", una depresión psíquica causada por una desilusión amorosa. Les llamó la atención la compulsiva tendencia de estas personas a devorar grandes cantidades de chocolate, un alimento especialmente rico en feniletilamina por lo que dedujeron que su adicción debía ser una especie de automedicación para combatir el síndrome de abstinencia causado por la falta de esa sustancia. Según su hipótesis el, por ellos llamado, centro de placer del cerebro comienza a producir feniletilamina a gran escala y así es como perdemos la cabeza, vemos el mundo de color de rosa y nos sentimos flotando.
Es decir: las anfetaminas naturales te ponen a cien.
El 50% de las mujeres entrevistadas para el libro "Por qué necesitan las mujeres del chocolate" confesó que elegiría el chocolate antes que el sexo. Hay quienes al chocolate lo llaman EL PROZAC VEGETAL.
En una de las aventuras de Charlie Brown se puede leer "una buena manera de olvidar una historia de amor es comerse un buen pudín de chocolate".
Su actividad perdura de 2 a 3 años, incluso a veces más, pero al final la atracción bioquímica decae. La fase de atracción no dura para siempre. La pareja, entonces, se encuentra ante una dicotomía: separarse o habituarse a manifestaciones más tibias de amor -compañerismo, afecto y tolerancia-. Dos citas muy interesantes son:
El amor es como la mayonesa: cuando se corta, hay que tirarlo y empezar otro nuevo.
Enrique Jardiel Poncela.
El amor es como Don Quijote: cuando recobra el juicio es para morir.
Jacinto Benavente.
Con el tiempo el organismo se va haciendo resistente a los efectos de estas sustancias y toda la locura de la pasión se desvanece gradualmente, la fase de atracción no dura para siempre y comienza entonces una segunda fase que podemos denominar de pertenencia dando paso a un amor más sosegado. Se trata de un sentimiento de seguridad, comodidad y paz. Dicho estado está asociado a otra DUCHA QUÍMICA. En este caso son las endorfinas -compuestos químicos naturales de estructura similar a la de la morfina y otros opiáceos- los que confieren la sensación común de seguridad comenzando una nueva etapa, la del apego. Por ello se sufre tanto al perder al ser querido, dejamos de recibir la dosis diaria de narcóticos.
Para conservar la pareja es necesario buscar mecanismos socioculturales (grata convivencia, costumbre, intereses mutuos, etc.), hemos de luchar por que el proceso deje de ser solo químico. Si no se han establecido ligazones de intereses comunes y empatía, la pareja, tras la bajada de FEA, se sentirá cada vez menos enamorada y por ahí llegará la insatisfacción, la frustración, separación e incluso el odio.
Parece que tienen mayor poder estimulante los sentimientos y las emociones que las simples substancias por sí mismas, aquellos sí que pueden activar la alquimia y no al sentido contrario.
Un estudio alemán ha analizado las consecuencias del beso matutino, ése que se dan los cónyuges al despedirse cuando se van a trabajar. Los hombres que besan a sus esposas por la mañana pierden menos días de trabajo por enfermedad, tienen menos accidentes de tráfico, ganan de un 20% a un 30% más y viven unos ¡cinco años más! Para Arthur Sazbo, uno de los científicos autores del estudio, la explicación es sencilla: "Los que salen de casa dando un beso empiezan el día con una actitud más positiva".
Es cierto, no podemos negarlo, es un hecho científico que existe una química interna que se relaciona con nuestras emociones y sentimientos, con nuestro comportamiento, ya que hasta el más sublime está conectado a la producción de alguna hormona.
No hay una causa y un efecto en la conducta sexual, sino eventos físicos, químicos, psíquicos, afectivos y comunicacionales que se conectan de algún modo, que interactúan y se afectan unos a otros.
Existe, sí, una alquimia sexual, pero se relaciona íntimamente con los significados que le damos a los estímulos, y éstos con el poder que les ha concedido una cultura que, a su vez, serán interpretados por cada uno que los vive de acuerdo con sus recursos personales y su historia. Esperemos que estos estudios en un futuro nos conduzcan a descubrir aplicaciones farmacológicas para aliviar las penas de amor.
Espero que una vez leído este artículo no le digáis a vuestra pareja después de hacer el amor: "he tenido una sensación sumamente agradable producto del aumento de testosterona y la disminución consiguiente de serotonina", entre otras cosas porque os estrangularía.
Para terminar, otras interesantes citas:
Dicen que el hombre no es hombre mientras no oye su nombre de labios de una mujer.
Antonio Machado
El amor es ciego, el matrimonio le devuelve la vista.
Categoría:
Investigaciones del inspector Davget,
sentimentalismos
lunes, 19 de abril de 2010
FELICES BODAS DE PLATA MATRIMONIO MARTÍNEZ
Para el día de hoy tenía pactado publicar algo que ya tenía preparado desde el viernes. Sin embargo, no pude dejar pasar un suceso como este, que, como el título lo indica, es sumamente importante en nuestras vidas (de la familia).
Mis papás cumplieron 25 felices años de casados la semana pasada, y desde hace unos meses tenían idea de hacer algo grande. Tal vez irse de vacaciones como segunda luna de miel, o alguna reunión de personas allegadas en un salón con todo muy bien preparado. Pero debido a la severa crisis que atraviesa el mundo entero y particularmente nuestro país, fue completamente imposible hacer otra cosa más que irse a cenar el día de su celebración a un restaurante conocido de nuestra ciudad.
Aún así, hubo fiesta. Gracias a la colaboración de algunas personas muy queridas y allegadas a nosotros, se planeó y organizó un sencillo pero bonito festín.
Les relataré algunos detalles, puesto que, como suele suceder en este tipo de circunstancias, hay cosas dignas de recordarse, y otras dignas de causar risa.
Para empezar tengo que darle el crédito en su mayor parte, a Christy mi hermana, por la preparación, organización y por supuesto el cubrimiento de gran parte de los gastos generados.
Tienen que saber, que no había nada planeado para el jueves pasado, aunque ya se tenía la idea de lo que se iba a hacer. Sin embargo, para el viernes se comenzó a pensar en la cantidad de invitados que acudirían a dicha reunión. De principio se tenía contemplado hacer algo sencillo en nuestra casa (suya también); se planeaba sacar a mis papás de alguna forma, y luego decorar el lugar con globos, serpentinas, y demás adornos apropiados, junto con su respectivo letrero de veinticinco aniversario.
El problema estuvo cuando procedimos a contar de la lista el total de invitados de los cuales no podíamos prescindir: por lo menos resultaron 50, y aún faltaba gente que debía ser considerada. Pues bien, con el problema anterior cerniéndose sobre nosotros, hubimos de arreglárnoslas para conseguir un salón bonito, bueno y barato que estuviera disponible, y tomen en cuenta que ya era viernes por la noche, y la celebración estaba pensada para el domingo.
Afortunadamente recordamos que uno de nuestros primos, y más específicamente su abuelito, tiene un pequeño y cómodo salón de fiestas infantiles, pero que bien pudiera servirnos para la ocasión, además de que lo renta en muy bajo costo para los conocidos suyos. Así que mi hermana procedió a telefonear a mi primo encargándole rentarlo si es que estaba disponible. Y para nuestra fortuna, así fue. Por lo tanto, salón, sillas y mesas, ya estaban.
Al siguiente día, tocaba el turno de encargar el pastel. Por la misma crisis mencionada, no teníamos la posibilidad de pedir algo demasiado elevado en costo, así que Christy se dio a la tarea –junto con una señora objeto de nuestro más grande cariño y confianza—de buscar un lugar donde los prepararan a un bajo precio. Por fin se encontró dicho lugar, y el pastel fue encargado junto con la leyenda de veinticinco aniversario, los nombres de mis papás, y claro, los novios de chocolate.
Otro detalle que olvidaba comentar, fue el hecho de que un señor también muy querido nuestro, se había ofrecido a preparar una presentación en power point, con fotografías de mis papás y de la familia a medida que fue transcurriendo el tiempo, desde el casamiento de ellos, hasta la actualidad. Y es que, les comento esto porque también tiene que ver con lo que sucedió el mero día de la pachanga.
Para ya no alargárselas más, todo iba más o menos como lo planeamos, y se llegó el domingo.
Mis papás salieron (invitados a comer previamente por otra familia que nos ayudó con la sorpresa), y nosotros nos encaminamos al salón donde se iba a celebrar el asunto. Entre Christy, la señora que tanto nos ayudó, su hija y yo, comenzamos a adornar el lugar. Puesto que a mí no me era posible acomodar las cosas, o pegar los adornos en las paredes, mi trabajo consistió exclusivamente en inflar los cien globos que se ocuparían (quedó de manifiesto que no fumo…).
Pero algo no andaba bien. Primero, nos llegó un mensaje de la familia que había invitado a comer a mis papás diciéndonos que iban para nuestra casa… Entonces sí sentimos cerca el problema. La señora con la que estábamos le mandó un mensaje a mi papá diciéndole que nos había invitado a comer, porque se había enterado que ellos se habían ido como pareja, y que había pasado por nosotros. Afortunadamente todo salió bien, pues mi papá solo pasó a la casa por un mínimo detalle, y el cuento se lo tragó.
Luego resultó que el señor que tenía preparada la presentación de fotos no había llegado, y se comenzaba a hacer tarde, pues a mis papás los esperábamos a las 5 y eran 15 para las 4 y el señor no llegaba, y obvio, había que instalar el proyector, la computadora, el sonido, etc.
Por fin llegó y se comenzó a alistar todo. Pero luego, otro problema: la laptop que llevamos no quería abrir la presentación… y al mismo tiempo, le avisaban a mi hermana que el pastel que habían encargado y que fueron a recoger, no estaba listo…
Por otra parte, la familia que invitó a mis papás ya no encontraba la forma de entretenerlos, y buscaban de muchos medios para lograrlo. Luego, la señora (después nos platicaron), se levantó al baño para hablarnos a los que estábamos en el salón preparándolo todo, pero para su mala fortuna, mi mamá se paró junto con ella, así que le fue imposible marcarnos, hasta que por fin se safó de mi madre y brevemente nos explicó que se acercaba la hora.
Volviendo al salón, el pastel seguía sin llegar, y la computadora sin funcionar hasta que, por fin, por lo menos quiso reproducir música, y se acordó que las fotos se pasarían hasta luego que llegaran ellos y comieran, lo cual permitiría tiempo para que trajeran otra computadora más útil.
Tal vez unos 15 minutos antes de que llegaran mis papás, por fin decidió aparecer el pastel pero… ahora traía un decorado (o bueno dos detalles) que no habíamos pedido, y que definitivamente no aceptábamos. Mi hermana estaba histérica. En fin, hubo que recurrir a un método muy rudimentario pero que resultó útil en aquel apremiante instante: se comieron el detalle de chocolate que no habíamos pedido, y el pastel, afortunadamente, quedó perfecto.
Todo comenzó a encajar en su lugar; los invitados empezaron a llegar, aunque algunos llegaron exactamente 2 minutos antes de que aparecieran mis papás. Y luego, por fin el mensaje temido: “ya vamos para allá”.
Todos nos apostamos cerca de la puerta de entrada con serpentinas a punto de ser lanzadas al entrar ellos. Había un espía apostado directamente junto a la puerta, con el fin de hacer señas cuando estuvieran por empujarla.
Al fin, sucedió: la puerta se abrió, la música de fondo subió su volumen con su canción favorita de amor, las serpentinas volaron y sonó un estruendoso ¡FELIZ ANIVERSARIO! Proseguido por un aplauso. Abrazos, besos y lágrimas…
La tarde se puso mejor. Se sirvió la sencilla comida preparada, luego se partió el pastel, y todavía, hasta baile hubo.
Y ya como broche de oro, se proyectaron las fotos en la pared del salón al anochecer, y, a continuación y a petición de algunos invitados, los hijos pronunciamos palabras hacia los festejados luego de lo cual ellos también dijeron lo que el nudo en la garganta les permitió.
La noche se disfrutó y se gozó, y los invitados comenzaron a retirarse paulatinamente. Así, se festejó el vigésimo quinto aniversario de mis padres, que, no estaba ni planeado ni presupuestado.
Muchas gracias a todos los que asistieron, los que ayudaron a preparar los detalles, y los que apoyaron de diversas maneras.
Vuelvo a repetir, que gran parte del crédito y mención la merece mi hermana Christy, y la familia Slagle, Gama y López. Y a los que no menciono, es por falta de memoria (imperfecta), pero que les quedamos infinitamente agradecidos.
Así pues, QUERIDOS PAPÁ Y MAMÁ:
¡FELIZ VEINTICINCO ANIVERSARIO!
Posdata: No consideré adecuado mostrarles fotos de la ocasión, puesto que se nos ha dicho de diversas formas y medios, que es peligroso revelar información personal de forma visual o escrita que pudiera dar oportunidad a los siberdelincuentes. Para los que me conocen personalmente, por supuesto que con toda confianza pueden pedir que en un momento posterior se las muestre, y hasta nos tomamos un cafecito (digo, si les parece).
Mis papás cumplieron 25 felices años de casados la semana pasada, y desde hace unos meses tenían idea de hacer algo grande. Tal vez irse de vacaciones como segunda luna de miel, o alguna reunión de personas allegadas en un salón con todo muy bien preparado. Pero debido a la severa crisis que atraviesa el mundo entero y particularmente nuestro país, fue completamente imposible hacer otra cosa más que irse a cenar el día de su celebración a un restaurante conocido de nuestra ciudad.
Aún así, hubo fiesta. Gracias a la colaboración de algunas personas muy queridas y allegadas a nosotros, se planeó y organizó un sencillo pero bonito festín.
Les relataré algunos detalles, puesto que, como suele suceder en este tipo de circunstancias, hay cosas dignas de recordarse, y otras dignas de causar risa.
Para empezar tengo que darle el crédito en su mayor parte, a Christy mi hermana, por la preparación, organización y por supuesto el cubrimiento de gran parte de los gastos generados.
Tienen que saber, que no había nada planeado para el jueves pasado, aunque ya se tenía la idea de lo que se iba a hacer. Sin embargo, para el viernes se comenzó a pensar en la cantidad de invitados que acudirían a dicha reunión. De principio se tenía contemplado hacer algo sencillo en nuestra casa (suya también); se planeaba sacar a mis papás de alguna forma, y luego decorar el lugar con globos, serpentinas, y demás adornos apropiados, junto con su respectivo letrero de veinticinco aniversario.
El problema estuvo cuando procedimos a contar de la lista el total de invitados de los cuales no podíamos prescindir: por lo menos resultaron 50, y aún faltaba gente que debía ser considerada. Pues bien, con el problema anterior cerniéndose sobre nosotros, hubimos de arreglárnoslas para conseguir un salón bonito, bueno y barato que estuviera disponible, y tomen en cuenta que ya era viernes por la noche, y la celebración estaba pensada para el domingo.
Afortunadamente recordamos que uno de nuestros primos, y más específicamente su abuelito, tiene un pequeño y cómodo salón de fiestas infantiles, pero que bien pudiera servirnos para la ocasión, además de que lo renta en muy bajo costo para los conocidos suyos. Así que mi hermana procedió a telefonear a mi primo encargándole rentarlo si es que estaba disponible. Y para nuestra fortuna, así fue. Por lo tanto, salón, sillas y mesas, ya estaban.
Al siguiente día, tocaba el turno de encargar el pastel. Por la misma crisis mencionada, no teníamos la posibilidad de pedir algo demasiado elevado en costo, así que Christy se dio a la tarea –junto con una señora objeto de nuestro más grande cariño y confianza—de buscar un lugar donde los prepararan a un bajo precio. Por fin se encontró dicho lugar, y el pastel fue encargado junto con la leyenda de veinticinco aniversario, los nombres de mis papás, y claro, los novios de chocolate.
Otro detalle que olvidaba comentar, fue el hecho de que un señor también muy querido nuestro, se había ofrecido a preparar una presentación en power point, con fotografías de mis papás y de la familia a medida que fue transcurriendo el tiempo, desde el casamiento de ellos, hasta la actualidad. Y es que, les comento esto porque también tiene que ver con lo que sucedió el mero día de la pachanga.
Para ya no alargárselas más, todo iba más o menos como lo planeamos, y se llegó el domingo.
Mis papás salieron (invitados a comer previamente por otra familia que nos ayudó con la sorpresa), y nosotros nos encaminamos al salón donde se iba a celebrar el asunto. Entre Christy, la señora que tanto nos ayudó, su hija y yo, comenzamos a adornar el lugar. Puesto que a mí no me era posible acomodar las cosas, o pegar los adornos en las paredes, mi trabajo consistió exclusivamente en inflar los cien globos que se ocuparían (quedó de manifiesto que no fumo…).
Pero algo no andaba bien. Primero, nos llegó un mensaje de la familia que había invitado a comer a mis papás diciéndonos que iban para nuestra casa… Entonces sí sentimos cerca el problema. La señora con la que estábamos le mandó un mensaje a mi papá diciéndole que nos había invitado a comer, porque se había enterado que ellos se habían ido como pareja, y que había pasado por nosotros. Afortunadamente todo salió bien, pues mi papá solo pasó a la casa por un mínimo detalle, y el cuento se lo tragó.
Luego resultó que el señor que tenía preparada la presentación de fotos no había llegado, y se comenzaba a hacer tarde, pues a mis papás los esperábamos a las 5 y eran 15 para las 4 y el señor no llegaba, y obvio, había que instalar el proyector, la computadora, el sonido, etc.
Por fin llegó y se comenzó a alistar todo. Pero luego, otro problema: la laptop que llevamos no quería abrir la presentación… y al mismo tiempo, le avisaban a mi hermana que el pastel que habían encargado y que fueron a recoger, no estaba listo…
Por otra parte, la familia que invitó a mis papás ya no encontraba la forma de entretenerlos, y buscaban de muchos medios para lograrlo. Luego, la señora (después nos platicaron), se levantó al baño para hablarnos a los que estábamos en el salón preparándolo todo, pero para su mala fortuna, mi mamá se paró junto con ella, así que le fue imposible marcarnos, hasta que por fin se safó de mi madre y brevemente nos explicó que se acercaba la hora.
Volviendo al salón, el pastel seguía sin llegar, y la computadora sin funcionar hasta que, por fin, por lo menos quiso reproducir música, y se acordó que las fotos se pasarían hasta luego que llegaran ellos y comieran, lo cual permitiría tiempo para que trajeran otra computadora más útil.
Tal vez unos 15 minutos antes de que llegaran mis papás, por fin decidió aparecer el pastel pero… ahora traía un decorado (o bueno dos detalles) que no habíamos pedido, y que definitivamente no aceptábamos. Mi hermana estaba histérica. En fin, hubo que recurrir a un método muy rudimentario pero que resultó útil en aquel apremiante instante: se comieron el detalle de chocolate que no habíamos pedido, y el pastel, afortunadamente, quedó perfecto.
Todo comenzó a encajar en su lugar; los invitados empezaron a llegar, aunque algunos llegaron exactamente 2 minutos antes de que aparecieran mis papás. Y luego, por fin el mensaje temido: “ya vamos para allá”.
Todos nos apostamos cerca de la puerta de entrada con serpentinas a punto de ser lanzadas al entrar ellos. Había un espía apostado directamente junto a la puerta, con el fin de hacer señas cuando estuvieran por empujarla.
Al fin, sucedió: la puerta se abrió, la música de fondo subió su volumen con su canción favorita de amor, las serpentinas volaron y sonó un estruendoso ¡FELIZ ANIVERSARIO! Proseguido por un aplauso. Abrazos, besos y lágrimas…
La tarde se puso mejor. Se sirvió la sencilla comida preparada, luego se partió el pastel, y todavía, hasta baile hubo.
Y ya como broche de oro, se proyectaron las fotos en la pared del salón al anochecer, y, a continuación y a petición de algunos invitados, los hijos pronunciamos palabras hacia los festejados luego de lo cual ellos también dijeron lo que el nudo en la garganta les permitió.
La noche se disfrutó y se gozó, y los invitados comenzaron a retirarse paulatinamente. Así, se festejó el vigésimo quinto aniversario de mis padres, que, no estaba ni planeado ni presupuestado.
Muchas gracias a todos los que asistieron, los que ayudaron a preparar los detalles, y los que apoyaron de diversas maneras.
Vuelvo a repetir, que gran parte del crédito y mención la merece mi hermana Christy, y la familia Slagle, Gama y López. Y a los que no menciono, es por falta de memoria (imperfecta), pero que les quedamos infinitamente agradecidos.
Así pues, QUERIDOS PAPÁ Y MAMÁ:
¡FELIZ VEINTICINCO ANIVERSARIO!
Posdata: No consideré adecuado mostrarles fotos de la ocasión, puesto que se nos ha dicho de diversas formas y medios, que es peligroso revelar información personal de forma visual o escrita que pudiera dar oportunidad a los siberdelincuentes. Para los que me conocen personalmente, por supuesto que con toda confianza pueden pedir que en un momento posterior se las muestre, y hasta nos tomamos un cafecito (digo, si les parece).
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Golden age,
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lunes, 12 de abril de 2010
Todos los niños algún día creceremos...
Durante mi corta, tortuosa, pero al mismo tiempo aburrida, lenta, aunque también maravillosa vida, he sufrido numerosos reveses. Y por supuesto, podríamos decir que unos de los más dolorosos, son los desaires amorosos. Sin embargo, y a pesar de que, como dice el dicho, “No hay bonita sin pero, ni fea sin gracia; pero yo a todas las quiero por fortuna o por desgracia”, hay algo de lo que no me recuperaría jamás: Que me quiten el amor y la compañía de los niños.
Y no, no sean puercos ni malpensados (digo digo, para los que lo pensaron claro, y si es que lo pensaron). Me explico: Tengo varios conocidos y amigos que tienen hijos pequeños, algunos son bebés todavía, y otros ya son un poco más grandes. Estos últimos días he tenido mucho trato con ellos, e incluso, me ha tocado ser niñera (y he descubierto que soy bueno para eso, ¿eeeh?, por si les interesa mi servicio), y me he puesto a pensar mucho al respecto: si bien soy el Enemigo público porque –como he manifestado en ocasiones anteriores—la gente se está portando muy mal, dejando de lado todos los valores, y sobre todo la cualidad del amor fraternal; jamás, pero jamás, sería enemigo de un niño.
Los niños son maravillosos, y seguramente todos lo fuimos cuando teníamos esa edad. Nada nos inquietaba, y si definitivamente había algo que llegara a romper con nuestra felicidad, simplemente llorábamos y listo. Después de 5 o máximo 10 minutos de pucheros y lágrimas torrenciales, se nos olvidaba el problema que, por supuesto, ya estaba arreglado por mamá, papá o aún mejor, abuelita. Y ahora –al menos en mi caso personal--, aunque tenga ganas de llorar, de desfogar mi furia, tristeza, enojo, desepción, impotencia, y un repetitivo etcétera, en las lágrimas, me es material y físicamente imposible. Tengo días queriendo llorar, y no puedo.
Aún más, a esa edad siempre preguntas el por qué de las cosas y el cómo o el dónde. Y todavía lo hacemos, pero la gran diferencia es que, de niños, no preguntamos para JUZGAR, si no para APRENDER.
De niño no eres racista por tí mismo, porque si a caso lo llegaras a ser, es porque imitas lo que tus padres hacen, y no por tus convicciones (y con “racista” no me refiero a la discriminación étnica únicamente).
Precisamente ayer fuimos a un parquecito que está en Canteras de Todos los Santos (y es que, hay Canteras de San Javier, San José, San Jorge… y no sé que tantos más), a una pequeña convivencia. Entre todos los invitados obviamente estaban los niños a los que hice referencia antes. Pues bien, hay una niña de 10 años que acabo de conocer, tendrá tal vez unas 3 ó 4 semanas de haberla conocido, con la que estuve la mayor parte del tiempo. Pero lo que me llamó más la atención, era ver la inteligencia de la niña, la calidez y cariño con que sentí que me trataba, la delicadeza y habilidad con la que me guiaba por todas partes a donde íbamos; y eso que no lo había hecho nunca.
Bueno, el caso es que me puse a pensar todo el día, y parte de la noche (hasta que pude dormir) de ayer, en aquellos maravillosos y magníficos días de la infancia. De ahí la razón de esta entrada. Piénsenlo de verdad: ¿qué hay más hermoso que el corazón, los sentimientos, el pensamiento y el punto de vista de un niño?
*****
Pasando a otro orden de ideas, les comunico que –debido a una indisposición, y más específicamente una crisis de confianza del autor de este blog—yo estaré escribiendo aquí por tiempo indefinido. El susodicho autor me encargó la tarea de mantenerles entretenidos con mis escritos por el tiempo que sea necesario para su recuperación. Así es, es el mismo cuerpo, las mismas manos, y tal vez la misma mente que han estado escribiendo hasta ahora, pero no soy la misma persona de antes. A veces lo que sucede en el cotidiano andar de los días –o bien lo que no sucede o deja de ocurrir muy drásticamente--, hace que la gente varíe un poco su comportamiento habitual. Por lo cual, si notan una extraña modificación en el estilo de mi redacción, ahora entenderán.
No sé si tenga el valor para expresar lo que sucede o no sucede aquí en el blog, pero de cualquier forma, trataré de que afecte lo menos posible a este pasatiempo tan genial. ¿Por qué dejar que cosas externas afecten a uno de mis pasatiempos favoritos?
Bueno, ya basta de lloriqueos. Tengo que retirarme en contra de mi voluntad. Las ideas huyen despavoridas de mi cabeza, y se esconden bajo mi cama donde no las alcanzo. Tal vez allí mismo es donde resida el ratón ladronzuelo del otro día. No sé, quizá tenga que hacer limpieza a fondo en ese lugar porque, el otro día que me asomé, pude encontrar todo tipo de artilugios extraños en ese recoveco: estaban las pantuflas de hace 10 años, que creo que ya tenían champiñones y no solo hongos, estaba una bocina de grabadora vieja, un calcetín roto, una moneda de 5 centavos, un balón con la que los mayas jugaban al juego de pelota, algo que por su olor y aspecto me di cuenta que debió de haber sido comida alguna vez, la segunda pista de Blue, mi hermano, y otras cosas de menor importancia.
En fin, retírome.
Y no, no sean puercos ni malpensados (digo digo, para los que lo pensaron claro, y si es que lo pensaron). Me explico: Tengo varios conocidos y amigos que tienen hijos pequeños, algunos son bebés todavía, y otros ya son un poco más grandes. Estos últimos días he tenido mucho trato con ellos, e incluso, me ha tocado ser niñera (y he descubierto que soy bueno para eso, ¿eeeh?, por si les interesa mi servicio), y me he puesto a pensar mucho al respecto: si bien soy el Enemigo público porque –como he manifestado en ocasiones anteriores—la gente se está portando muy mal, dejando de lado todos los valores, y sobre todo la cualidad del amor fraternal; jamás, pero jamás, sería enemigo de un niño.
Los niños son maravillosos, y seguramente todos lo fuimos cuando teníamos esa edad. Nada nos inquietaba, y si definitivamente había algo que llegara a romper con nuestra felicidad, simplemente llorábamos y listo. Después de 5 o máximo 10 minutos de pucheros y lágrimas torrenciales, se nos olvidaba el problema que, por supuesto, ya estaba arreglado por mamá, papá o aún mejor, abuelita. Y ahora –al menos en mi caso personal--, aunque tenga ganas de llorar, de desfogar mi furia, tristeza, enojo, desepción, impotencia, y un repetitivo etcétera, en las lágrimas, me es material y físicamente imposible. Tengo días queriendo llorar, y no puedo.
Aún más, a esa edad siempre preguntas el por qué de las cosas y el cómo o el dónde. Y todavía lo hacemos, pero la gran diferencia es que, de niños, no preguntamos para JUZGAR, si no para APRENDER.
De niño no eres racista por tí mismo, porque si a caso lo llegaras a ser, es porque imitas lo que tus padres hacen, y no por tus convicciones (y con “racista” no me refiero a la discriminación étnica únicamente).
Precisamente ayer fuimos a un parquecito que está en Canteras de Todos los Santos (y es que, hay Canteras de San Javier, San José, San Jorge… y no sé que tantos más), a una pequeña convivencia. Entre todos los invitados obviamente estaban los niños a los que hice referencia antes. Pues bien, hay una niña de 10 años que acabo de conocer, tendrá tal vez unas 3 ó 4 semanas de haberla conocido, con la que estuve la mayor parte del tiempo. Pero lo que me llamó más la atención, era ver la inteligencia de la niña, la calidez y cariño con que sentí que me trataba, la delicadeza y habilidad con la que me guiaba por todas partes a donde íbamos; y eso que no lo había hecho nunca.
Bueno, el caso es que me puse a pensar todo el día, y parte de la noche (hasta que pude dormir) de ayer, en aquellos maravillosos y magníficos días de la infancia. De ahí la razón de esta entrada. Piénsenlo de verdad: ¿qué hay más hermoso que el corazón, los sentimientos, el pensamiento y el punto de vista de un niño?
*****
Pasando a otro orden de ideas, les comunico que –debido a una indisposición, y más específicamente una crisis de confianza del autor de este blog—yo estaré escribiendo aquí por tiempo indefinido. El susodicho autor me encargó la tarea de mantenerles entretenidos con mis escritos por el tiempo que sea necesario para su recuperación. Así es, es el mismo cuerpo, las mismas manos, y tal vez la misma mente que han estado escribiendo hasta ahora, pero no soy la misma persona de antes. A veces lo que sucede en el cotidiano andar de los días –o bien lo que no sucede o deja de ocurrir muy drásticamente--, hace que la gente varíe un poco su comportamiento habitual. Por lo cual, si notan una extraña modificación en el estilo de mi redacción, ahora entenderán.
No sé si tenga el valor para expresar lo que sucede o no sucede aquí en el blog, pero de cualquier forma, trataré de que afecte lo menos posible a este pasatiempo tan genial. ¿Por qué dejar que cosas externas afecten a uno de mis pasatiempos favoritos?
Bueno, ya basta de lloriqueos. Tengo que retirarme en contra de mi voluntad. Las ideas huyen despavoridas de mi cabeza, y se esconden bajo mi cama donde no las alcanzo. Tal vez allí mismo es donde resida el ratón ladronzuelo del otro día. No sé, quizá tenga que hacer limpieza a fondo en ese lugar porque, el otro día que me asomé, pude encontrar todo tipo de artilugios extraños en ese recoveco: estaban las pantuflas de hace 10 años, que creo que ya tenían champiñones y no solo hongos, estaba una bocina de grabadora vieja, un calcetín roto, una moneda de 5 centavos, un balón con la que los mayas jugaban al juego de pelota, algo que por su olor y aspecto me di cuenta que debió de haber sido comida alguna vez, la segunda pista de Blue, mi hermano, y otras cosas de menor importancia.
En fin, retírome.
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martes, 6 de abril de 2010
SIN RESERVAS PARA LA III GUERRA MUNDIAL
¡Estoy arto!¿De qué? ¡De mí! Y es que, no me obedezco a mí mismo.
Cuando digo que mañana me voy a sentir bien, y que voy a traer un chorro de ganas de hacer cosas, divertidas y aburridas, pero que no me va a importar nada, y voy a tener el mejor de los optimismos que existen (si es que hay de esos aquí en el planeta), ¡nel! Amanezco con una flojera horrible, cansado, desanimado, deprimido, con sueño, sin hambre… y es que me podrán quitar todo, pero mi comida, mi música y mi cabeza ¡no!
Y luego digo: Hoy me duermo temprano, porque mañana me quiero levantar temprano. Pero, me acuesto. Luego, me pongo mi minicomponente en mis asquerosas orejas (bueno son unos audífonos pero son enormes, parecen vocinas de estéreo). Escucho 50 canciones de las 150 que trae mi ipod. Me los quito. Cuento borreguitos (y eso que sufro para contarlos, porque ni en mi cabeza los veo… tengo que andarlos persiguiendo). Me vuelvo a poner mis audífonos. Y luego me acuerdo de que tengo que cerrar los ojos para dormirme. Y ya cuando me dan las 3 o 4 de la mañana, me duermo.
Y viceversa: Cuando digo que me quiero quedar despierto, desvelarme, ver todas las películas de Pedro Infante que tiene mi papá, comiendo pan y tomando coca… Me dan las 12:00, y ya tengo sueño.
Y lo peor es que, cuando digo que me quiero deprimir horriblemente, y llorar y llorar, y quedarme en mi cama todo el día hasta que mis papás me pregunten tres veces qué tengo, y que luego se vayan enojados porque no confío en ellos, y sentirme la peor basura en la tierra ¿qué pasa? Exacto: amanezco súper feliz y nada me molesta. Me peyisco el puente entre mis fosas nasales para hacerme llorar y no sale nada más que mocos, pero no lloro.
Entonces, ¿de qué se trata? Hay veces que ya no quiero comer, y que quiero ponerme a dieta y dejar toda la comida chatarra incluída mi hermosa y adorada Coca, pero precisamente ese día, me muero de hambre y al final decido empezar luego.
Pero ayer, que no traía nada pero nada de ganas de comer, ni hambre traía, a mi hermana se le ocurre pedir pizza y traerme mi Coca frillita de la tienda (y eso que ni siquiera me pidió que la acompañara hasta la tienda que se encuentra en el lejano oeste). Así es que, comí bien poquito. Hasta sobró de las dos pizzas familiares que compran, mucho para la cena (y es que nunca duran cuando yo ando en mis buenos momentos).
¿Entonces? ¿Qué debo hacer? ¡Yasé! Voy a comprarme un control universal, de esos que sirven para todo a lo que le apuntes… igual y con eso puedo tener el control de mí mismo.
Fíjensen, y es que hasta cuando ando feliz y tengo ganas de escribir, se me va la inspiración y no surge nada interesante de mi cabeza, pero cuando no quiero escribir, y no traigo nada de ganas, es cuando mejor fluyen las ideas; por eso es que las últimas veces les han tocado entradas nefastas y ridículas… bueno, ni modo. Al fin que los seguidores son más fieles que los amigos y leen lo que tú les pongas.
Por cierto, ya tengo casi dos meses con esta cosa, y cada vez la amo más. Y se les agradece a todos los que tiran a la basura un cacho de su vida por leer mis sandeces.
Aguanten, pasó un ratón corriendo… dejen lo alcanzo.
Ya vine. Maldito ratón, se comió el cachito de queso que dejé en una esquina hace 2 años para tener algo que comer si venía la tercera guerra mundial, y ni así lo atrapé.
En fin. Ya me voy, porque ya me dio coraje. Desde hace rato que me estoy ordenando darme pena a mí mismo y nel, no siento nada. Tengo que llorar un rato, y es que, no hay a donde salir, creo que tenía más cosas qué hacer en la calle el tiempo en el que estaba de moda la influenza y que no te dejaban ir a ningún lado.
¡Ya! ¡Adiós!
Cuando digo que mañana me voy a sentir bien, y que voy a traer un chorro de ganas de hacer cosas, divertidas y aburridas, pero que no me va a importar nada, y voy a tener el mejor de los optimismos que existen (si es que hay de esos aquí en el planeta), ¡nel! Amanezco con una flojera horrible, cansado, desanimado, deprimido, con sueño, sin hambre… y es que me podrán quitar todo, pero mi comida, mi música y mi cabeza ¡no!
Y luego digo: Hoy me duermo temprano, porque mañana me quiero levantar temprano. Pero, me acuesto. Luego, me pongo mi minicomponente en mis asquerosas orejas (bueno son unos audífonos pero son enormes, parecen vocinas de estéreo). Escucho 50 canciones de las 150 que trae mi ipod. Me los quito. Cuento borreguitos (y eso que sufro para contarlos, porque ni en mi cabeza los veo… tengo que andarlos persiguiendo). Me vuelvo a poner mis audífonos. Y luego me acuerdo de que tengo que cerrar los ojos para dormirme. Y ya cuando me dan las 3 o 4 de la mañana, me duermo.
Y viceversa: Cuando digo que me quiero quedar despierto, desvelarme, ver todas las películas de Pedro Infante que tiene mi papá, comiendo pan y tomando coca… Me dan las 12:00, y ya tengo sueño.
Y lo peor es que, cuando digo que me quiero deprimir horriblemente, y llorar y llorar, y quedarme en mi cama todo el día hasta que mis papás me pregunten tres veces qué tengo, y que luego se vayan enojados porque no confío en ellos, y sentirme la peor basura en la tierra ¿qué pasa? Exacto: amanezco súper feliz y nada me molesta. Me peyisco el puente entre mis fosas nasales para hacerme llorar y no sale nada más que mocos, pero no lloro.
Entonces, ¿de qué se trata? Hay veces que ya no quiero comer, y que quiero ponerme a dieta y dejar toda la comida chatarra incluída mi hermosa y adorada Coca, pero precisamente ese día, me muero de hambre y al final decido empezar luego.
Pero ayer, que no traía nada pero nada de ganas de comer, ni hambre traía, a mi hermana se le ocurre pedir pizza y traerme mi Coca frillita de la tienda (y eso que ni siquiera me pidió que la acompañara hasta la tienda que se encuentra en el lejano oeste). Así es que, comí bien poquito. Hasta sobró de las dos pizzas familiares que compran, mucho para la cena (y es que nunca duran cuando yo ando en mis buenos momentos).
¿Entonces? ¿Qué debo hacer? ¡Yasé! Voy a comprarme un control universal, de esos que sirven para todo a lo que le apuntes… igual y con eso puedo tener el control de mí mismo.
Fíjensen, y es que hasta cuando ando feliz y tengo ganas de escribir, se me va la inspiración y no surge nada interesante de mi cabeza, pero cuando no quiero escribir, y no traigo nada de ganas, es cuando mejor fluyen las ideas; por eso es que las últimas veces les han tocado entradas nefastas y ridículas… bueno, ni modo. Al fin que los seguidores son más fieles que los amigos y leen lo que tú les pongas.
Por cierto, ya tengo casi dos meses con esta cosa, y cada vez la amo más. Y se les agradece a todos los que tiran a la basura un cacho de su vida por leer mis sandeces.
Aguanten, pasó un ratón corriendo… dejen lo alcanzo.
Ya vine. Maldito ratón, se comió el cachito de queso que dejé en una esquina hace 2 años para tener algo que comer si venía la tercera guerra mundial, y ni así lo atrapé.
En fin. Ya me voy, porque ya me dio coraje. Desde hace rato que me estoy ordenando darme pena a mí mismo y nel, no siento nada. Tengo que llorar un rato, y es que, no hay a donde salir, creo que tenía más cosas qué hacer en la calle el tiempo en el que estaba de moda la influenza y que no te dejaban ir a ningún lado.
¡Ya! ¡Adiós!
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Personal,
sentimentalismos,
Vómitos verbales
viernes, 2 de abril de 2010
¡ZONA DE DESASTRE!
Hoy me levanté de buenas. No sé, tal vez Marte se alineó con la tierra y esto influyó en mi humor (bueno, es que es tan raro este suceso en los últimos días que no sé a qué atribuir semejante milagro).
Por lo tanto, me decidí a hacer algo que va en contra de todas mis convicciones y creencias, y que además probablemente me arrepentiré luego. Créanme, fenómenos como este no se dan en varias décadas o quizá siglos: tengo la intención de revelarles los más oscuros pasajes de mi vida… ¿a qué me refiero? A los más terribles ridículos y metidas de pata de toda mi existencia.
Claro, no sin pedirles algo a cambio: al publicar esta información clasificada, habrá un acuerdo tácito e inmutable bajo ninguna circunstancia entre ustedes y yo, de que, jamás, pero jamás, se me hará burla de cualesquier suceso expuesto en esta entrada. De lo contrario, el que se atreva a hacer escarnio de mis desventuras se arriesga a mi más terrible e inimaginable venganza. Definitivamente no evitaré que se burlen de mi mientras leen estas anécdotas, y están en su derecho, pero… ¡hasta ahí! ¿Entendido?
Bueno, iniciemos. Aún no sé porqué estoy haciendo semejante barbajanería. Solo sé que, en parte, es para mantener contentos a mis lectores, y en estos casos, a veces hay que sacrificarse.
¡Rayos! Ustedes comprenderán que me tarde en iniciar, pero… ¡No es fácil! ¡Es mi reputación la que queda destrozada en mil pedazos!
Comenzaré relatando la más reciente, y de ahí, la que se me venga a la mente. Ok… pfff, ahora sí:
¡Rayos! Este es de los peores…
1.-Hace ya algunos meses fuimos a León, y más propiamente, al centro comercial Plaza mayor. Nos acompañaba una amiga mía, y un primo (otro, no el mismo). Cuando después de algunas horas de deambular por la plaza, nuestro cuerpo exigía ser liberado de la excesiva hidratación. Por lo tanto, fuimos al baño: estando allí, empezamos a jugar y a bromear con que nos asomábamos al mingitorio contiguo (claro, solo entre mi hermano mi primo y yo). Yo me asomaba más descaradamente para hacerlos enojar, porque, obvio, no había problema de que viera nada indebido. Sin embargo, ellos comenzaron a molestarme más, y yo, con ánimos de venganza, me acerqué a uno de los mingitorios y asomé la cabeza completamente, pero… pero… no era ni mi hermano, ni mi primo… ¡era un señor extraño! ¡RAYOOOOOOS, QUEEE PEEEENAAAAA! Por supuesto, le explicamos al señor mi situación, y aunque no quedó muy conforme, ya no dijo nada.
2.-Este ya tiene más tiempo. Un amigo y yo, fuimos a un centro comercial a comprar gusguerías. Al ir saliendo, en la puerta hay varios escalones, y justo terminando el descenso, está el estacionamiento, con todos los carros acomodados en batería de frente a la entrada, o salida, según lo vean. Pues bien, empezamos a bajar los escalones cuando… se me dobló un pie y me fui de bruces. Lo peor es que, había varios carros llegando a estacionarse, y más aún, una señora estaba justo enfrente de donde yo me caí. Pues la mugrera, ¡descaradamente se burló de mi caída! ¡Vieja sangrona!
3.-Estando todavía en la escuela, en una ocasión estaba platicando con algunas amigas. Jugando, empezamos a hacernos enojar, y la verdad no me acuerdo porqué, pero, ya ven que después de algunos comentarios, uno se hace el enojado y según eso se da la media vuelta para irse esperando que te agarren y te digan que no hagas caso o que los perdones. Bueno, al hacer yo un comentario de esos, una de mis amigas se hizo la ofendida. Entonces mi intuición –equivocada en este caso—me indicó que se iba a ir caminando, por lo cual, yo estiré la mano para agarrarla por el hombro y detenerla. Pero por desgracia, ella no se había dado media vuelta, y en lugar de agarrarle el hombro, tuve la desdicha de tomarle una bubi… ¡LES JURO POR MI HONOR –si es que todavía me queda alguno-- QUE FUE SIN QUERER! Ya sabrán, no me la acabé con la carrilla durante vaaarios días.
4.-Otra vez, en la escuela. Mientras transcurría el tiempo de una hora en la que el maestro no asistió (o al menos eso creo, no recuerdo si no fue o si estaba fuera del salón), obviamente se hace mucho relajo. Yo por mi parte, me subí a una silla y empecé a hacer y decir payasadas. Claro, no estaba enfrente del salón, era una de las mesas de la fila pegada a la pared y por en medio más o menos. Pues bien, mientras yo hacía mis espectáculos, el compañero sentado en la silla contigua me jaló el pants (ese día llevábamos uniforme deportivo, y de bajo, yo traía boxer), el efecto de la fuerza imprimida al jalón, y la inercia, lograron que el pants, junto con el boxer resbalaran por mi cuerpo. Afortunadamente alcancé a reaccionar, así que solo quedó al aire mi linda y delicada pompi derecha. Por supuesto, las niñas se volvieron locas de la emoción buajajaja si claro.
5.-En una ocasión, hace ya buen tiempo, acompañé a mi mamá por la despensa, a una tienda de autoservicio. Ya ven que en esas tiendas –puesto que por lo regular se compran varios artículos—existen los comúnmente llamados “carritos”; pues bien, yo venía caminando junto al carrito de mi madre, cuando, por x circunstancia, me solté unos segundos para acomodar o tomar algo de mi bolsillo. Cuando volví a extender la mano para tomarme de un costado del mencionado carrito, lo encontré, y seguí caminando felizmente. Sin embargo, luego de unos cuantos pasos, sentí una mano aferrándome por el hombro y apartándome del susodicho carrito… era mi mamá. Sí, iba agarrado del carrito de otra señora. La verdad no sé si la señora no había visto al intruso aferrado a su vehículo, pero no me había dicho nada hasta que mi madre me jaló, y le dio risa a la señora.
¡Y EL PEOR! Espero, de verdad, sobrevivir a la siguiente confesión:
6.-Cuando yo tenía aproximadamente 2 añitos de edad, me ocurrió lo más horrible y espantoso que le puede suceder a un ser humano. Gateando por mi acogedor hogar, y más específicamente, por la sala de mi maravillosa casa, mi pequeña manita tropezó con un objeto algo extraño. A simple vista, me pareció comestible, y por lo tanto, me lo llevé a la boca y lo degusté. Según lo que mi cerebro decodificó de las vibraciones sensoriales por medio de mis dedos, me indicó que era un cheeto. Sin embargo… no, no lo era: Era el excremento de mi pequeña mascota… mi perrito. ¡Sí señor, me comí un maldito excremento de perro! Por supuesto, mi mamá hizo hasta lo imposible por desinfectarme la boca, y desde luego, deshaciéndose en lágrimas de compasión e impotencia.
***
¡Ya basta! Ha quedado completamente destrozada mi autoconfianza, mi autoestima, ¡mi dignidad!
En fin, ninguna de estas aventuras eran secretas, siempre hubo quién me acompañara en mi dolor, aunque se burlaran descaradamente de mis desgracias. Sed buenos conmigo y compadecedse: escriban algo espeluznante que les haya sucedido en sus comentarios ¡por favor!
Bueno, apelo a su buen corazón, y mientras tanto, me voy. Tengo que ir a llorar 5 litros de lágrimas por cada cuenca ocular (sí, porque ojos no hay… jaja humor negro), y abrazarme con mi osito de peluche más querido para que me consuele.
Por lo tanto, me decidí a hacer algo que va en contra de todas mis convicciones y creencias, y que además probablemente me arrepentiré luego. Créanme, fenómenos como este no se dan en varias décadas o quizá siglos: tengo la intención de revelarles los más oscuros pasajes de mi vida… ¿a qué me refiero? A los más terribles ridículos y metidas de pata de toda mi existencia.
Claro, no sin pedirles algo a cambio: al publicar esta información clasificada, habrá un acuerdo tácito e inmutable bajo ninguna circunstancia entre ustedes y yo, de que, jamás, pero jamás, se me hará burla de cualesquier suceso expuesto en esta entrada. De lo contrario, el que se atreva a hacer escarnio de mis desventuras se arriesga a mi más terrible e inimaginable venganza. Definitivamente no evitaré que se burlen de mi mientras leen estas anécdotas, y están en su derecho, pero… ¡hasta ahí! ¿Entendido?
Bueno, iniciemos. Aún no sé porqué estoy haciendo semejante barbajanería. Solo sé que, en parte, es para mantener contentos a mis lectores, y en estos casos, a veces hay que sacrificarse.
¡Rayos! Ustedes comprenderán que me tarde en iniciar, pero… ¡No es fácil! ¡Es mi reputación la que queda destrozada en mil pedazos!
Comenzaré relatando la más reciente, y de ahí, la que se me venga a la mente. Ok… pfff, ahora sí:
¡Rayos! Este es de los peores…
1.-Hace ya algunos meses fuimos a León, y más propiamente, al centro comercial Plaza mayor. Nos acompañaba una amiga mía, y un primo (otro, no el mismo). Cuando después de algunas horas de deambular por la plaza, nuestro cuerpo exigía ser liberado de la excesiva hidratación. Por lo tanto, fuimos al baño: estando allí, empezamos a jugar y a bromear con que nos asomábamos al mingitorio contiguo (claro, solo entre mi hermano mi primo y yo). Yo me asomaba más descaradamente para hacerlos enojar, porque, obvio, no había problema de que viera nada indebido. Sin embargo, ellos comenzaron a molestarme más, y yo, con ánimos de venganza, me acerqué a uno de los mingitorios y asomé la cabeza completamente, pero… pero… no era ni mi hermano, ni mi primo… ¡era un señor extraño! ¡RAYOOOOOOS, QUEEE PEEEENAAAAA! Por supuesto, le explicamos al señor mi situación, y aunque no quedó muy conforme, ya no dijo nada.
2.-Este ya tiene más tiempo. Un amigo y yo, fuimos a un centro comercial a comprar gusguerías. Al ir saliendo, en la puerta hay varios escalones, y justo terminando el descenso, está el estacionamiento, con todos los carros acomodados en batería de frente a la entrada, o salida, según lo vean. Pues bien, empezamos a bajar los escalones cuando… se me dobló un pie y me fui de bruces. Lo peor es que, había varios carros llegando a estacionarse, y más aún, una señora estaba justo enfrente de donde yo me caí. Pues la mugrera, ¡descaradamente se burló de mi caída! ¡Vieja sangrona!
3.-Estando todavía en la escuela, en una ocasión estaba platicando con algunas amigas. Jugando, empezamos a hacernos enojar, y la verdad no me acuerdo porqué, pero, ya ven que después de algunos comentarios, uno se hace el enojado y según eso se da la media vuelta para irse esperando que te agarren y te digan que no hagas caso o que los perdones. Bueno, al hacer yo un comentario de esos, una de mis amigas se hizo la ofendida. Entonces mi intuición –equivocada en este caso—me indicó que se iba a ir caminando, por lo cual, yo estiré la mano para agarrarla por el hombro y detenerla. Pero por desgracia, ella no se había dado media vuelta, y en lugar de agarrarle el hombro, tuve la desdicha de tomarle una bubi… ¡LES JURO POR MI HONOR –si es que todavía me queda alguno-- QUE FUE SIN QUERER! Ya sabrán, no me la acabé con la carrilla durante vaaarios días.
4.-Otra vez, en la escuela. Mientras transcurría el tiempo de una hora en la que el maestro no asistió (o al menos eso creo, no recuerdo si no fue o si estaba fuera del salón), obviamente se hace mucho relajo. Yo por mi parte, me subí a una silla y empecé a hacer y decir payasadas. Claro, no estaba enfrente del salón, era una de las mesas de la fila pegada a la pared y por en medio más o menos. Pues bien, mientras yo hacía mis espectáculos, el compañero sentado en la silla contigua me jaló el pants (ese día llevábamos uniforme deportivo, y de bajo, yo traía boxer), el efecto de la fuerza imprimida al jalón, y la inercia, lograron que el pants, junto con el boxer resbalaran por mi cuerpo. Afortunadamente alcancé a reaccionar, así que solo quedó al aire mi linda y delicada pompi derecha. Por supuesto, las niñas se volvieron locas de la emoción buajajaja si claro.
5.-En una ocasión, hace ya buen tiempo, acompañé a mi mamá por la despensa, a una tienda de autoservicio. Ya ven que en esas tiendas –puesto que por lo regular se compran varios artículos—existen los comúnmente llamados “carritos”; pues bien, yo venía caminando junto al carrito de mi madre, cuando, por x circunstancia, me solté unos segundos para acomodar o tomar algo de mi bolsillo. Cuando volví a extender la mano para tomarme de un costado del mencionado carrito, lo encontré, y seguí caminando felizmente. Sin embargo, luego de unos cuantos pasos, sentí una mano aferrándome por el hombro y apartándome del susodicho carrito… era mi mamá. Sí, iba agarrado del carrito de otra señora. La verdad no sé si la señora no había visto al intruso aferrado a su vehículo, pero no me había dicho nada hasta que mi madre me jaló, y le dio risa a la señora.
¡Y EL PEOR! Espero, de verdad, sobrevivir a la siguiente confesión:
6.-Cuando yo tenía aproximadamente 2 añitos de edad, me ocurrió lo más horrible y espantoso que le puede suceder a un ser humano. Gateando por mi acogedor hogar, y más específicamente, por la sala de mi maravillosa casa, mi pequeña manita tropezó con un objeto algo extraño. A simple vista, me pareció comestible, y por lo tanto, me lo llevé a la boca y lo degusté. Según lo que mi cerebro decodificó de las vibraciones sensoriales por medio de mis dedos, me indicó que era un cheeto. Sin embargo… no, no lo era: Era el excremento de mi pequeña mascota… mi perrito. ¡Sí señor, me comí un maldito excremento de perro! Por supuesto, mi mamá hizo hasta lo imposible por desinfectarme la boca, y desde luego, deshaciéndose en lágrimas de compasión e impotencia.
***
¡Ya basta! Ha quedado completamente destrozada mi autoconfianza, mi autoestima, ¡mi dignidad!
En fin, ninguna de estas aventuras eran secretas, siempre hubo quién me acompañara en mi dolor, aunque se burlaran descaradamente de mis desgracias. Sed buenos conmigo y compadecedse: escriban algo espeluznante que les haya sucedido en sus comentarios ¡por favor!
Bueno, apelo a su buen corazón, y mientras tanto, me voy. Tengo que ir a llorar 5 litros de lágrimas por cada cuenca ocular (sí, porque ojos no hay… jaja humor negro), y abrazarme con mi osito de peluche más querido para que me consuele.
Categoría:
Golden age,
Personal,
sentimentalismos,
Vómitos verbales
jueves, 1 de abril de 2010
LA CRISIS DEL DESEMPLEO Y DE LA ECONOMÍA Y DEL ALIMENTO Y DE LA EDUCACIÓN... AH SÍ, Y DE LA AMISTAD
Hay veces que ya no sé qué pensar de la gente en general, o en particular también. Yo entiendo que el ser humano tiene cualidades innatas muy hermosas, y por lo regular apelo a ellas; pero, en otras ocasiones, bien pueden portarse como verdaderos animales. Entiéndase: No es una ofensa para nadie en particular, solo comento el comportamiento que observo en la gente y que, tampoco es siempre, hay momentos específicos donde pueden perder la razón (y es que, con “animales” me refería a los seres animados que actúan por instinto y no por raciocinio).
El día de hoy me había levantado con un humor razonable –no súper feliz, pero tampoco enojado ni molesto--, Pero ahora estoy contrariado. No quiero plasmar gráficamente lo que sucede, porque no soy el único involucrado en el asunto, y tengo que respetar la individualidad. Solo pretendo desahogarme, liberar la ansiedad que me provocó este incidente; que tal vez sea una pequeñez, pero que no deja de ser molesto, incómodo, desesperante…
Confías en la gente, haces todo lo posible por llenar sus expectativas (y no hablo de las expectativas románticas, como cuando pretendes atraer la atención de alguien), tratas de que se sienta bien contigo, cómod@, feliz, que se sienta comprendid@... Pero, a pesar de todo lo anterior, no sirve de nada, o al menos, no de mucho.
Sí, estoy molesto con la… ¿falsa? Amistad que profesan algunos (no tengo la certeza de que sea falsa, pero hay momentos en los que no tengo tampoco la seguridad de su autenticidad).
Pareciera que únicamente cuando te necesitan, entonces acuden a ti con cara de que te han extrañado, y so pretexto de juntarse a platicar contigo, de disfrutar de un momento de “amigos como los de antes ¿te acuerdas?” te invitan a su casa, a tomar un café, o simplemente te llaman durante la hora que dura el relato de sus problemas y el ánimo o solución que puedas proporcionarles y, entonces, otros tantos meses sin saber de ellos.
¡ah! Pero claro, si el problema es tuyo, o simplemente las ganas de platicar con un amigo confiable provienen de ti, “[están] muuuyy ocupados, por que la verdad es que [tienen] un chorro de tarea, de pendientes en el trabajo, [tienen] que ir con su abuelita…”.
Francamente, sigo creyendo en la amistad pero, a fuerza de puntapiés, están logrando que deje de creer en la gente, en la parte humana del hombre (¿será que ya me había tardado?). Vuelvo a insistir, son cosas muy mínimas, pero un proverbio hebreo –y más propiamente bíblico—dice que “el que es fiel en lo mínimo, es fiel también en lo mucho”, y aunque el contexto se refiere a otra cosa, creo que bien puede aplicarse aquí. Por supuesto que yo no me las doy de muy “amigo perfecto”, pero la verdad –y los que realmente han sido mis amigos pueden confirmarlo y sin estar yo presente--, es que me esfuerzo para darles lo mejor que tengo.
Chale, la verdad que me pusieron chípil, y alomejor ya les aburrió esta patética entrada pero, ¿qué quieren? Se siente feo, y uno de los mejores medios de sacarlo y liberarte es escribirlo ¿no?
Yo no tengo idea de si la persona a la que me estoy refiriendo –o bueno, no me referí a ella en todo el texto, pero la persona que me puso así—sepa o no que es la razón de esta entrada. Pero por si las moscas, yo nada más digo que la sigo queriendo (él o ella), pero de favor le pido que deje de pensar mal de mi amistad, que me conozca mejor si es que eso hace falta.
Hasta ahí. No me quiero poner más sentimental de lo que pueda controlar. Mejor me largo ¿va? La neta hoy no están obligados moralmente a comentar por que la entrada es nefasta, les prometo que el perrito se queda amarrado con su correa al tubo de mi litera, pero si se conduelen de mi, pues perfecto, muy bien me harían sus palabras.
***INSERCIÓN DESPUÉS DE PUBLICADA LA ENTRADA***
Creo que tantos pensamientos sin rumbo fijo sueltos en mi cabeza me empiezan a afectar: En cuanto publiqué la entrada, y la rebicé haber como había quedado, me di cuenta de algo que, en mis cuatro sentidos, habría notado desde un principio. Y es que, ahora sé por qué tengo el problema que relato arriba. Leí la entrada y ví que todo estaba bien, pero al final decía: "Publicado por El enemigo público"... ¡Con razón!
Ya, me voy.
El día de hoy me había levantado con un humor razonable –no súper feliz, pero tampoco enojado ni molesto--, Pero ahora estoy contrariado. No quiero plasmar gráficamente lo que sucede, porque no soy el único involucrado en el asunto, y tengo que respetar la individualidad. Solo pretendo desahogarme, liberar la ansiedad que me provocó este incidente; que tal vez sea una pequeñez, pero que no deja de ser molesto, incómodo, desesperante…
Confías en la gente, haces todo lo posible por llenar sus expectativas (y no hablo de las expectativas románticas, como cuando pretendes atraer la atención de alguien), tratas de que se sienta bien contigo, cómod@, feliz, que se sienta comprendid@... Pero, a pesar de todo lo anterior, no sirve de nada, o al menos, no de mucho.
Sí, estoy molesto con la… ¿falsa? Amistad que profesan algunos (no tengo la certeza de que sea falsa, pero hay momentos en los que no tengo tampoco la seguridad de su autenticidad).
Pareciera que únicamente cuando te necesitan, entonces acuden a ti con cara de que te han extrañado, y so pretexto de juntarse a platicar contigo, de disfrutar de un momento de “amigos como los de antes ¿te acuerdas?” te invitan a su casa, a tomar un café, o simplemente te llaman durante la hora que dura el relato de sus problemas y el ánimo o solución que puedas proporcionarles y, entonces, otros tantos meses sin saber de ellos.
¡ah! Pero claro, si el problema es tuyo, o simplemente las ganas de platicar con un amigo confiable provienen de ti, “[están] muuuyy ocupados, por que la verdad es que [tienen] un chorro de tarea, de pendientes en el trabajo, [tienen] que ir con su abuelita…”.
Francamente, sigo creyendo en la amistad pero, a fuerza de puntapiés, están logrando que deje de creer en la gente, en la parte humana del hombre (¿será que ya me había tardado?). Vuelvo a insistir, son cosas muy mínimas, pero un proverbio hebreo –y más propiamente bíblico—dice que “el que es fiel en lo mínimo, es fiel también en lo mucho”, y aunque el contexto se refiere a otra cosa, creo que bien puede aplicarse aquí. Por supuesto que yo no me las doy de muy “amigo perfecto”, pero la verdad –y los que realmente han sido mis amigos pueden confirmarlo y sin estar yo presente--, es que me esfuerzo para darles lo mejor que tengo.
Chale, la verdad que me pusieron chípil, y alomejor ya les aburrió esta patética entrada pero, ¿qué quieren? Se siente feo, y uno de los mejores medios de sacarlo y liberarte es escribirlo ¿no?
Yo no tengo idea de si la persona a la que me estoy refiriendo –o bueno, no me referí a ella en todo el texto, pero la persona que me puso así—sepa o no que es la razón de esta entrada. Pero por si las moscas, yo nada más digo que la sigo queriendo (él o ella), pero de favor le pido que deje de pensar mal de mi amistad, que me conozca mejor si es que eso hace falta.
Hasta ahí. No me quiero poner más sentimental de lo que pueda controlar. Mejor me largo ¿va? La neta hoy no están obligados moralmente a comentar por que la entrada es nefasta, les prometo que el perrito se queda amarrado con su correa al tubo de mi litera, pero si se conduelen de mi, pues perfecto, muy bien me harían sus palabras.
***INSERCIÓN DESPUÉS DE PUBLICADA LA ENTRADA***
Creo que tantos pensamientos sin rumbo fijo sueltos en mi cabeza me empiezan a afectar: En cuanto publiqué la entrada, y la rebicé haber como había quedado, me di cuenta de algo que, en mis cuatro sentidos, habría notado desde un principio. Y es que, ahora sé por qué tengo el problema que relato arriba. Leí la entrada y ví que todo estaba bien, pero al final decía: "Publicado por El enemigo público"... ¡Con razón!
Ya, me voy.
Categoría:
Personal,
sentimentalismos,
Vómitos verbales
sábado, 20 de marzo de 2010
COF COF
Así es, amigos. Llevo prácticamente un mes enfermo.
Que bonito inicio ¿no? Bueno, esque recuerdo aquellos días de salud, juventud, bienestar, alegría, lucidez, energía e incluso belleza (bueno, la lucha se le hacía).
Pero ahora solo quedan los harapos de aquel hombre. Como dije al principio, no me he podido recuperar de esta molesta gripa, la que incluye tos de perro, dolor de cabeza, escurrimiento nasal, ojos llorosos, cuerpo cortado y ¡peor! ahora hasta el oído tapado. Imagínense: Ciego, y sordo de una oreja... ¡a dónde voy a ir a parar!
Por cierto, esto me recuerda algo interesante, o más bien molesto, pero que merece la pena ser mencionado: ¿recuerdan aquella entrada en la que me quejaba de expresiones comunes dichas a las personas en mi situación? Bueno, recordé otra: "Que bueno que no ves, así no te das cuenta de tanta porquería que hay en el mundo".
De acuerdo, conservemos la calma y vayamos por partes: ¿”Que bueno que no ves”? ¿Es una palabra de aliento? ¿Es sarcasmo (porque entonces lo entendería...)? ¿o es a caso...... un cumplido?
Bien, analicemos el contexto y tal vez nos ayude: “así no te das cuenta de tanta porquería que hay en el mundo".
Aah, entiendo: ¿quiere decir esto que es mejor no ver las porquerías del mundo y al mismo tiempo perderse un imponente atardecer, una soberbia noche estrellada, unas magníficas cataratas, un inmenso mar azul, una hermosa mujer, la sonrisa de un niñito......? Al fin y al cabo, eso es lo de menos.
Hablando en serio, no digan esas cosas. Se sobreentiende la “buena intención”, pero es mejor decir otras cosas, o, en dado caso, no decir nada y mejor dar un abrazo o una palmadita en el hombro.
En fin, ¿en qué estábamos?
Ah sí: en que ando malito. Es en serio, llevo un mes y cacho así; me enfermé el 14 de febrero (y no es de amor), y me acuerdo porque ese día se celebró la segunda asamblea en Zacatecas, a la que también asistimos. Estuve enfermo unos días y se me quitó brevemente, pero luego volví (por las fechas en que escribí la entrada “fin de semana de perros”), y ahora, de nuevo.
De niño era más sano, o saludable... ¡Aquellos tiempos! La mayoría de la gente cuando son niños desean fervientemente ser grandes --para acompañar a su papá, para cruzar la calle solitos, para ir al antro, para poder tomar bebidas alcohólicas, para que no les digan lo que tienen que hacer, etc—pero yo fui la excepción. Desde niño observaba a los adultos y no me gustaba su vida, prefería quedarme así, y seguir jugando eternamente con mis carritos (no se burlen, era un niño).
Era divertido molestar a tu hermana mayor, tener a tu hermano menor a tu mando so pena de golpes, robarle a tu mamá el chocolate Abuelita de la alacena y comértelo a mordidas (y aunque después te regañaran, el disfrute nadie te lo quitaba), romper adornos con tu pelota, etc.
Luego, la secundaria. Claro, aceptemos que también fue de los mejores años de mi vida: A mí me hacían los exámenes junto con otro compañero (que por lo regular era uno de mis mejores amigos), y para ello, nos mandaban a otro salón que estuviera vacío para poder hablar sin problemas (sí, parece injusto, pero qué quieren, los maestros eran muy flojos como para hacérmelos ellos mismos). Y, obviamente, nos daban la mano y agarrábamos el pie. Terminábamos el examen lo más pronto que podíamos, y puesto que éramos dos, era muy rápido, y luego... ñaca ñaca, ¡a hacer travesuras!
Con el pretexto de que yo tenía que escribir algunos problemas en braille para poder leerlos yo mismo y entenderlos mejor (otro mito sobre los ciegos del cuál después hablaremos, o creo que ya lo mencioné, no somos tontos aunque todos lo crean), pedíamos tres horas para realizar el examen. Aproximadamente nos tardábamos 30 minutos (tiempo real) en acabarlo, y nos restaban dos horas y media. Si por casualidad nos encontraba algún maestro fuera del salón, bastaba con decir que íbamos al baño o que veníamos de él. Aunque por lo regular no era necesario, puesto que éramos muy hábiles para evitar esas situaciones incómodas y peligrosas.
Entre nuestras travesuras estaban: ir a la parte trasera de la escuela y arrojarles piedras a los autos estacionados en aquella calle solitaria; desde un segundo piso (por lo regular el mismo salón en donde realizábamos el examen), arrojar piedrecitas a las ventanas del salón inferior hasta que la maestra de aquella clase se asomara a ver que sucedía, y en cuanto se metiera de regreso, reiniciar. Son algunas de las que recuerdo pero, ¡nadie debe saberlo!
No sé, pero tengo la ligera impresión de que estoy divagando en los temas. Espero que no les importe, son fragmentos de pensamientos recogidos al azar de toda mi cabeza (de entre las neuronas menos afectadas).
Bueno, para evitar revelar información clasificada, me retiro. Si alguien puede darme un remedio para mi espantosa gripa, se lo agradecería, y más si ese remedio consiste en chiquearme.
Que bonito inicio ¿no? Bueno, esque recuerdo aquellos días de salud, juventud, bienestar, alegría, lucidez, energía e incluso belleza (bueno, la lucha se le hacía).
Pero ahora solo quedan los harapos de aquel hombre. Como dije al principio, no me he podido recuperar de esta molesta gripa, la que incluye tos de perro, dolor de cabeza, escurrimiento nasal, ojos llorosos, cuerpo cortado y ¡peor! ahora hasta el oído tapado. Imagínense: Ciego, y sordo de una oreja... ¡a dónde voy a ir a parar!
Por cierto, esto me recuerda algo interesante, o más bien molesto, pero que merece la pena ser mencionado: ¿recuerdan aquella entrada en la que me quejaba de expresiones comunes dichas a las personas en mi situación? Bueno, recordé otra: "Que bueno que no ves, así no te das cuenta de tanta porquería que hay en el mundo".
De acuerdo, conservemos la calma y vayamos por partes: ¿”Que bueno que no ves”? ¿Es una palabra de aliento? ¿Es sarcasmo (porque entonces lo entendería...)? ¿o es a caso...... un cumplido?
Bien, analicemos el contexto y tal vez nos ayude: “así no te das cuenta de tanta porquería que hay en el mundo".
Aah, entiendo: ¿quiere decir esto que es mejor no ver las porquerías del mundo y al mismo tiempo perderse un imponente atardecer, una soberbia noche estrellada, unas magníficas cataratas, un inmenso mar azul, una hermosa mujer, la sonrisa de un niñito......? Al fin y al cabo, eso es lo de menos.
Hablando en serio, no digan esas cosas. Se sobreentiende la “buena intención”, pero es mejor decir otras cosas, o, en dado caso, no decir nada y mejor dar un abrazo o una palmadita en el hombro.
En fin, ¿en qué estábamos?
Ah sí: en que ando malito. Es en serio, llevo un mes y cacho así; me enfermé el 14 de febrero (y no es de amor), y me acuerdo porque ese día se celebró la segunda asamblea en Zacatecas, a la que también asistimos. Estuve enfermo unos días y se me quitó brevemente, pero luego volví (por las fechas en que escribí la entrada “fin de semana de perros”), y ahora, de nuevo.
De niño era más sano, o saludable... ¡Aquellos tiempos! La mayoría de la gente cuando son niños desean fervientemente ser grandes --para acompañar a su papá, para cruzar la calle solitos, para ir al antro, para poder tomar bebidas alcohólicas, para que no les digan lo que tienen que hacer, etc—pero yo fui la excepción. Desde niño observaba a los adultos y no me gustaba su vida, prefería quedarme así, y seguir jugando eternamente con mis carritos (no se burlen, era un niño).
Era divertido molestar a tu hermana mayor, tener a tu hermano menor a tu mando so pena de golpes, robarle a tu mamá el chocolate Abuelita de la alacena y comértelo a mordidas (y aunque después te regañaran, el disfrute nadie te lo quitaba), romper adornos con tu pelota, etc.
Luego, la secundaria. Claro, aceptemos que también fue de los mejores años de mi vida: A mí me hacían los exámenes junto con otro compañero (que por lo regular era uno de mis mejores amigos), y para ello, nos mandaban a otro salón que estuviera vacío para poder hablar sin problemas (sí, parece injusto, pero qué quieren, los maestros eran muy flojos como para hacérmelos ellos mismos). Y, obviamente, nos daban la mano y agarrábamos el pie. Terminábamos el examen lo más pronto que podíamos, y puesto que éramos dos, era muy rápido, y luego... ñaca ñaca, ¡a hacer travesuras!
Con el pretexto de que yo tenía que escribir algunos problemas en braille para poder leerlos yo mismo y entenderlos mejor (otro mito sobre los ciegos del cuál después hablaremos, o creo que ya lo mencioné, no somos tontos aunque todos lo crean), pedíamos tres horas para realizar el examen. Aproximadamente nos tardábamos 30 minutos (tiempo real) en acabarlo, y nos restaban dos horas y media. Si por casualidad nos encontraba algún maestro fuera del salón, bastaba con decir que íbamos al baño o que veníamos de él. Aunque por lo regular no era necesario, puesto que éramos muy hábiles para evitar esas situaciones incómodas y peligrosas.
Entre nuestras travesuras estaban: ir a la parte trasera de la escuela y arrojarles piedras a los autos estacionados en aquella calle solitaria; desde un segundo piso (por lo regular el mismo salón en donde realizábamos el examen), arrojar piedrecitas a las ventanas del salón inferior hasta que la maestra de aquella clase se asomara a ver que sucedía, y en cuanto se metiera de regreso, reiniciar. Son algunas de las que recuerdo pero, ¡nadie debe saberlo!
No sé, pero tengo la ligera impresión de que estoy divagando en los temas. Espero que no les importe, son fragmentos de pensamientos recogidos al azar de toda mi cabeza (de entre las neuronas menos afectadas).
Bueno, para evitar revelar información clasificada, me retiro. Si alguien puede darme un remedio para mi espantosa gripa, se lo agradecería, y más si ese remedio consiste en chiquearme.
martes, 2 de marzo de 2010
TU NOMBRE
1.-Caminaba por el parque al atardecer. Nada me preocupaba, nada me faltaba. No entendía porqué me sentía tan feliz, porqué mi pecho se hinchaba de alegría, porqué los latidos de mi corazón estaban tan acelerados. De pronto lo comprendí: sentí algo en mi mano derecha, sí, algo tibio, suave, delicado. Eras tú; tú y yo tomados de la mano, caminando juntos.
No había nadie a nuestro alrededor, solo tú y yo y el correr de la brisa, el sonido de nuestros pies descalzos al avanzar por el pasto, el canto de los pájaros regresando a sus nidos al ponerse el sol.
2.-No pronunciábamos palabra ni emitíamos sonido alguno; solo percibía tus movimientos al andar junto a mí, el aroma de tu piel que se esparcía envolviéndome, y el roce de tus cabellos sueltos que movía el viento. No parecías darte cuenta de mi presencia siquiera.
Entonces quise hablar, pronunciar tu nombre, decirte cómo me sentía en ese preciso instante, y además, escuchar tu voz en respuesta. Pero cuando lo intenté, no salió sonido de mi garganta, no pude pronunciar ni una palabra.
Traté de tranquilizarme, al fin y al cabo, estaba contigo, era feliz, y nada más importaba. Intenté recordar tu nombre para llamar tu atención pero… ¡no lo sabía!
Entonces quise evocar tu voz en mis recuerdos para tranquilizarme, y tampoco la tenía registrada mi cerebro. Parecía como si nunca la hubiera escuchado, como si nunca te hubiera tratado.
3.-De pronto, como en respuesta a mis pensamientos, tú me soltaste la mano, y por un instante creí desfallecer, pero en seguida recobré la calma al sentir que tu brazo se deslizaba por mi espalda y tu mano tocaba mi hombro izquierdo. No creí posible más felicidad. Hubo un movimiento inesperado en tu cuerpo, intuí que querías detenerte, que te habías vuelto hacia mí; y entonces, te detuviste.
4.-Estábamos a la sombra de un árbol frondoso –lo sé por las enormes raíces que sobresalían del suelo a mis pies—y no tenía idea de tus intenciones hasta que… sí, te aproximaste a mí lentamente; aquellos fueron los instantes más largos y más maravillosos de toda mi vida.
Cuando tu rostro y el mío estaban ya muy cerca, con nuestros labios a punto de rozarse, sentí un sobresalto: estaba temblando y no hacía frío, sudando y no hacía calor. Extendí mi mano para alcanzarte y palpé unas ropas suaves y húmedas... mis sábanas.
5.-No pude conciliar el sueño durante el resto de la noche, mis pensamientos corrían incesantemente por mi cabeza. Al siguiente día, no dejaba de pensar en ti, y me torturaba la idea de no saber tu nombre, de no recordar tu voz; y aún así, tenía la sensación de haberte encontrado en otra parte, en otro momento similar tiempo atrás. Pero claro, era posible aquello, puesto que mi cerebro te había creado en el sueño, podía tener la ilusión de haberte conocido antes.
6.-En todo aquel día nunca estuve tranquilo, todo me sobresaltaba y me impresionaba.
Al fin, la noche. La había estado esperando con ansias, y debido al agotamiento físico y mental de la angustia vivida en todo aquel día, me fui a acostar temprano. Sin embargo, no dormí si no hasta entrada la madrugada, pero desperté pronto, asustado, temblando y sudoroso: había tenido una pesadilla que ni siquiera recordaba.
No volví a dormir, y al amanecer, escuché a mi hermana alistándose para el trabajo, así que me decidí a acompañarla a desayunar. A ella le sorprendió, y más al ver mi semblante: se habían formado profundas ojeras en mi rostro e incluso me notaba ligeramente pálido.
El díia transcurrió sin novedad ni diferencia con respecto al anterior, y mis fuerzas físicas, morales y espirituales iban menguando.
Quería desesperadamente que llegara la noche… seguía teniendo la esperanza de volverte a ver, y recordar tu identidad que era lo que más me afectaba.
7.-Al fin llegó, y, nuevamente, me acosté temprano. Esta vez, en cuanto me acomodé y me arropé en mi cama quedé profundamente dormido, aunque no recuerdo haber soñado nada en seguida.
Entrada la madrugada, me visualicé nuevamente en aquel mismo parque, con el mismo escenario del sueño anterior pero… tú no estabas conmigo. Te comencé a buscar guiado únicamente por mi instinto y mis sentidos. Trataba de percibir algo de ti, tu aroma, tu voz –aunque no la recordara—o el calor de tu piel. Mi desesperación iba en aumento al no tener noticias tuyas ni encontrar rastro de tu presencia, y las ganas de gritar tu nombre me quemaban la garganta, pero seguía sin recordarlo.
8.-Al fin, un sonido: suave pero distante, subyugador y cautivante. Aunque no era muy claro, lo supe en seguida: ¡era tu voz! Comencé a caminar en la dirección del sonido, guiándome por mi instinto, palpando con mis pies el terreno que pisaba. Cuando me fui acercando capté otro sonido: era constante y grave, era como un fluir o un correr. “Un río”. No sonaba caudaloso, pero tampoco era pequeño; aún así yo estaba decidido a cruzarlo si fuera necesario para encontrarte.
9.-Al llegar a la orilla, efectivamente me dí cuenta de que tú estabas al otro extremo pero ahora tu voz era más clara; parecías charlar con alguien que te acompañaba, sin embargo no entendía tus palabras. Sin pensarlo, salté desnudo dentro del río y comencé a nadar impetuosamente. La desesperación parecía alargarlo, pero mi amor parecía darme fuerzas y velocidad. Al fin, cuando daba una brazada con mi extremidad derecha, mi mano chocó con tierra firme: era la orilla opuesta, y me aferré a ella como un náufrago.
Con lo que me pareció un solo movimiento, salté a tierra y me puse en pie rápidamente.
10.-Caminé en tu dirección –o al menos donde mi intuición me indicaba que te encontrabas, puesto que habías dejado de hablar—y extendí mi mano derecha para buscarte... y te encontré. Toqué tu hombro izquierdo; estaba desnudo. Tú no pareciste darte cuenta de mi presencia, no te sobresaltaste ni te volviste hacia mí.
Mi mano siguió su camino: Recorrí tu hombro hacia tu cuello, y continué recorriendo con mis dedos tu tersa piel. Continué hasta tu mejilla que parecía estar ruborizada, pues la sentí caliente, y había algunos mechones de cabello que el viento agitaba.
Entonces decidí recorrer la distancia que separaba a mis dedos de tus labios.
11.-Ansiosa pero lentamente, deslicé mi mano en su dirección y… las yemas de mis dedos tropezaron: ¿un rostro? Áspero y grande… ¿otro hombre?
Tus labios y sus labios se unían en un beso apasionado. Con mi mano libre alcancé tu brazo y seguí su dirección curva: lo sujetabas por su cintura y lo atraías hacia ti.
12.-Mis sentidos se nublaron: Dejé de oler, dejé de escuchar y perdí la sensibilidad. Algo estalló dentro de mí y un dolor indescriptible se expandió por mi pecho y mis entrañas. Sentí mi corazón quebrarse en pedazos; y antes de desvanecerme por completo, con las últimas fuerzas de mi ser, lancé un grito desgarrador pronunciando...
TU NOMBRE
De: David Martínez
No había nadie a nuestro alrededor, solo tú y yo y el correr de la brisa, el sonido de nuestros pies descalzos al avanzar por el pasto, el canto de los pájaros regresando a sus nidos al ponerse el sol.
2.-No pronunciábamos palabra ni emitíamos sonido alguno; solo percibía tus movimientos al andar junto a mí, el aroma de tu piel que se esparcía envolviéndome, y el roce de tus cabellos sueltos que movía el viento. No parecías darte cuenta de mi presencia siquiera.
Entonces quise hablar, pronunciar tu nombre, decirte cómo me sentía en ese preciso instante, y además, escuchar tu voz en respuesta. Pero cuando lo intenté, no salió sonido de mi garganta, no pude pronunciar ni una palabra.
Traté de tranquilizarme, al fin y al cabo, estaba contigo, era feliz, y nada más importaba. Intenté recordar tu nombre para llamar tu atención pero… ¡no lo sabía!
Entonces quise evocar tu voz en mis recuerdos para tranquilizarme, y tampoco la tenía registrada mi cerebro. Parecía como si nunca la hubiera escuchado, como si nunca te hubiera tratado.
3.-De pronto, como en respuesta a mis pensamientos, tú me soltaste la mano, y por un instante creí desfallecer, pero en seguida recobré la calma al sentir que tu brazo se deslizaba por mi espalda y tu mano tocaba mi hombro izquierdo. No creí posible más felicidad. Hubo un movimiento inesperado en tu cuerpo, intuí que querías detenerte, que te habías vuelto hacia mí; y entonces, te detuviste.
4.-Estábamos a la sombra de un árbol frondoso –lo sé por las enormes raíces que sobresalían del suelo a mis pies—y no tenía idea de tus intenciones hasta que… sí, te aproximaste a mí lentamente; aquellos fueron los instantes más largos y más maravillosos de toda mi vida.
Cuando tu rostro y el mío estaban ya muy cerca, con nuestros labios a punto de rozarse, sentí un sobresalto: estaba temblando y no hacía frío, sudando y no hacía calor. Extendí mi mano para alcanzarte y palpé unas ropas suaves y húmedas... mis sábanas.
5.-No pude conciliar el sueño durante el resto de la noche, mis pensamientos corrían incesantemente por mi cabeza. Al siguiente día, no dejaba de pensar en ti, y me torturaba la idea de no saber tu nombre, de no recordar tu voz; y aún así, tenía la sensación de haberte encontrado en otra parte, en otro momento similar tiempo atrás. Pero claro, era posible aquello, puesto que mi cerebro te había creado en el sueño, podía tener la ilusión de haberte conocido antes.
6.-En todo aquel día nunca estuve tranquilo, todo me sobresaltaba y me impresionaba.
Al fin, la noche. La había estado esperando con ansias, y debido al agotamiento físico y mental de la angustia vivida en todo aquel día, me fui a acostar temprano. Sin embargo, no dormí si no hasta entrada la madrugada, pero desperté pronto, asustado, temblando y sudoroso: había tenido una pesadilla que ni siquiera recordaba.
No volví a dormir, y al amanecer, escuché a mi hermana alistándose para el trabajo, así que me decidí a acompañarla a desayunar. A ella le sorprendió, y más al ver mi semblante: se habían formado profundas ojeras en mi rostro e incluso me notaba ligeramente pálido.
El díia transcurrió sin novedad ni diferencia con respecto al anterior, y mis fuerzas físicas, morales y espirituales iban menguando.
Quería desesperadamente que llegara la noche… seguía teniendo la esperanza de volverte a ver, y recordar tu identidad que era lo que más me afectaba.
7.-Al fin llegó, y, nuevamente, me acosté temprano. Esta vez, en cuanto me acomodé y me arropé en mi cama quedé profundamente dormido, aunque no recuerdo haber soñado nada en seguida.
Entrada la madrugada, me visualicé nuevamente en aquel mismo parque, con el mismo escenario del sueño anterior pero… tú no estabas conmigo. Te comencé a buscar guiado únicamente por mi instinto y mis sentidos. Trataba de percibir algo de ti, tu aroma, tu voz –aunque no la recordara—o el calor de tu piel. Mi desesperación iba en aumento al no tener noticias tuyas ni encontrar rastro de tu presencia, y las ganas de gritar tu nombre me quemaban la garganta, pero seguía sin recordarlo.
8.-Al fin, un sonido: suave pero distante, subyugador y cautivante. Aunque no era muy claro, lo supe en seguida: ¡era tu voz! Comencé a caminar en la dirección del sonido, guiándome por mi instinto, palpando con mis pies el terreno que pisaba. Cuando me fui acercando capté otro sonido: era constante y grave, era como un fluir o un correr. “Un río”. No sonaba caudaloso, pero tampoco era pequeño; aún así yo estaba decidido a cruzarlo si fuera necesario para encontrarte.
9.-Al llegar a la orilla, efectivamente me dí cuenta de que tú estabas al otro extremo pero ahora tu voz era más clara; parecías charlar con alguien que te acompañaba, sin embargo no entendía tus palabras. Sin pensarlo, salté desnudo dentro del río y comencé a nadar impetuosamente. La desesperación parecía alargarlo, pero mi amor parecía darme fuerzas y velocidad. Al fin, cuando daba una brazada con mi extremidad derecha, mi mano chocó con tierra firme: era la orilla opuesta, y me aferré a ella como un náufrago.
Con lo que me pareció un solo movimiento, salté a tierra y me puse en pie rápidamente.
10.-Caminé en tu dirección –o al menos donde mi intuición me indicaba que te encontrabas, puesto que habías dejado de hablar—y extendí mi mano derecha para buscarte... y te encontré. Toqué tu hombro izquierdo; estaba desnudo. Tú no pareciste darte cuenta de mi presencia, no te sobresaltaste ni te volviste hacia mí.
Mi mano siguió su camino: Recorrí tu hombro hacia tu cuello, y continué recorriendo con mis dedos tu tersa piel. Continué hasta tu mejilla que parecía estar ruborizada, pues la sentí caliente, y había algunos mechones de cabello que el viento agitaba.
Entonces decidí recorrer la distancia que separaba a mis dedos de tus labios.
11.-Ansiosa pero lentamente, deslicé mi mano en su dirección y… las yemas de mis dedos tropezaron: ¿un rostro? Áspero y grande… ¿otro hombre?
Tus labios y sus labios se unían en un beso apasionado. Con mi mano libre alcancé tu brazo y seguí su dirección curva: lo sujetabas por su cintura y lo atraías hacia ti.
12.-Mis sentidos se nublaron: Dejé de oler, dejé de escuchar y perdí la sensibilidad. Algo estalló dentro de mí y un dolor indescriptible se expandió por mi pecho y mis entrañas. Sentí mi corazón quebrarse en pedazos; y antes de desvanecerme por completo, con las últimas fuerzas de mi ser, lancé un grito desgarrador pronunciando...
TU NOMBRE
De: David Martínez
Categoría:
poemas,
Puntos de "VISTA" de un ciego,
sentimentalismos
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